October 25th, 2026
1080 • El Heraldo Digital – Institucional • Volumen XVII • 25 de octubre del 2026
Familias dirigidas por el Espíritu Santo: el análisis de la familia de Jacob - Parte XXX
José: la agenda para la restauración y transformación de la familia de Jacob
“Cuando Jacob se enteró de que había trigo en Egipto, les dijo a sus hijos: «¿Qué hacen mirándose los unos a los otros sin hacer nada? 2 Miren, me enteré de que hay trigo en Egipto. Vayan allá y compren trigo para nosotros. De esa manera podremos sobrevivir y no nos dejaremos morir». 3 Entonces diez de los hermanos de José se fueron a Egipto a comprar trigo. 4 Pero Jacob no mandó con sus otros hermanos a Benjamín, el hermano de José, porque temía que le pasara algo. 5 Así los hijos de Israel se fueron a comprar trigo, en compañía de muchos otros, porque la escasez había alcanzado la tierra de Canaán.
6 José era el gobernador del país. Él era el que vendía el trigo a toda la gente de la tierra. Los hermanos de José llegaron y se postraron rostro en tierra ante él. 7 Cuando José vio a sus hermanos, los reconoció, pero actuó como si no los conociera. Les habló de una manera muy dura y les preguntó: —¿De dónde vienen? Ellos respondieron: —Venimos de la tierra de Canaán, a comprar comida. 8 José reconoció a sus hermanos, pero ellos no lo reconocieron a él. 9 José también se acordó de los sueños que había tenido sobre ellos. Les dijo: —Ustedes son espías, han venido a ver cuáles son nuestros puntos débiles. 10 Pero sus hermanos le dijeron: —No, señor. Nosotros, sus siervos, vinimos a comprar comida. 11 Todos somos hijos de un mismo hombre. Somos personas honestas. Nosotros, sus siervos, no somos espías. 12 Entonces José les dijo: —¡No! Ustedes han venido a ver cuáles son nuestros puntos débiles. 13 Ellos dijeron: —¡No! Nosotros, sus siervos, somos doce hermanos, hijos de un hombre en la tierra de Canaán. Nuestro hermano menor está con nuestro papá, y nuestro otro hermano ya murió.” (Gén 42:1-2, PDT)
El capítulo cuarenta y dos (42) de la saga de José nos permite adentrarnos en la agenda que Dios puso en función a través del undécimo hijo de Jacob para restaurar y transformar la familia de este último. Algunos especialistas en el Libro de Génesis describen esa agenda como una que está dividida en tres (3) actos.
El profesor Leon R. Kass la subdivide así:
El Profesor Warren W. Wiersbe la presenta de la siguiente manera:
Estos datos sirven como apoyo para concluir que los capítulos 42 al 44 del primer libro de la Biblia funcionan como una unidad literaria.
El Profesor Walter Bureggemann añade que los capítulos 42 al 44 son una contraparte balanceada de los capítulos 39 al 41.[4] Estos últimos tratan con la agenda necesaria para que José pudiera ser capaz de gobernar y enderezar el rumbo del reino egipcio. Los capítulos que comenzaremos a analizar (42 al 44) tratan con la agenda necesaria para que José pudiera ser capaz de gobernar y enderezar la vida de sus hermanos y la de Jacob.
El análisis acerca de la estructura de estos pasajes arroja mucha luz sobre el mensaje y los propósitos que Dios nos comunica a través de estos textos. Esta estructura y su mensaje se amplían cuando observamos que los capítulos que tratan con la agenda de Dios para colocar a José como primer ministro de Egipto, son precedidos por el capítulo que describe los sueños de José (cap. 37). Así mismo, los capítulos que tratan con la agenda de Dios para colocar a José ante la oportunidad de enderezar las vidas de su padre y la de sus hermanos son seguidos por el capítulo en el que se describe el cumplimiento de los sueños que Dios le había dado a José.
Veamos esa estructura:
Añadimos a todos estos datos que la Biblia dice que los procesos aleatorios al desarrollo de esa agenda ocurrieron durante los primeros dos (2) años de la hambruna que había sido profetizada. Es José el que presenta este dato luego de haberle revelado su identidad a sus hermanos.
“5 Ahora, pues, no os entristezcáis, ni os pese de haberme vendido acá; porque para preservación de vida me envió Dios delante de vosotros. 6 Pues ya ha habido dos años de hambre en medio de la tierra, y aún quedan cinco años en los cuales ni habrá arada ni siega. 7 Y Dios me envió delante de vosotros, para preservaros posteridad sobre la tierra, y para daros vida por medio de gran liberación.” (Gén 45:5-7, RV 1960)
Debemos compartir algunas observaciones que servirán como puntas de lanza para los análisis y las reflexiones que hemos de compartir acerca de esas agendas.
Una de estas observaciones gira alrededor de las evidencias y los testimonios directos de transformación que nos ofrecen los procesos por los que Dios hizo atravesar a José. Una buena noticia acerca de esto es que la Biblia nos permite examinar y calificar cuánto había cambiado este hombre durante esos 13 años. El hombre que Dios usó para trabajar con la restauración de su familia no era el mismo que fue llevado como esclavo a Egipto.
Algunos comentaristas bíblicos han realizado el ejercicio de examinar y calificar esa transformación. Por ejemplo, Brueggeman destaca que las características de José que nos ofrece el capítulo 37, un joven ingenuo, inocente, pero al mismo tiempo arrogante, contrastan con las que ofrecen los capítulos 39 al 41. Esos capítulos nos permiten observar un joven adulto íntegro, que ni siquiera se dejaba intimidar por las mujeres, o por los oficiales de la corte del Faraón. Así mismo, esto contrasta con la descripción que nos ofrecen los capítulos 42 al 44, la de un José estratégico, calculador, que entendía el potencial y las responsabilidades de la posición que ocupaba.
Ese José fue capaz de manejar las fichas que estaban en sus tableros para conseguir aquello que tenía que ser el resultado final de los procesos en los que él estaba insertado como instrumento en las manos de Dios.[6] Tenemos que admitir que esa clase de transformación va mucho más allá de la madurez que esperamos desarrollar en la vida. La mano de Dios estaba insertada aquí.
Otra observación es que estos datos sirven para afirmar cómo es que Dios puede utilizar procesos estructurados para desarrollar sus agendas de restauración y transformación. En otras palabras, la presencia de Dios y sus intervenciones no cancela el uso ni la pertinencia de los procesos ni de las estructuras. Otra observación es que resulta extraordinario el hecho de que Dios no escatime tiempo, espacio y/o ambientes para manifestar así su gracia y su misericordia. Dios se revela en la historia y a través de la historia.
No podemos dejar fuera de estas observaciones que esta estructura bíblica nos enseña que existen ocasiones en las que Dios establece que es necesario que haya un tiempo de espera y de preparación entre los sueños que Él nos ha entregado y el cumplimiento de estos. Esto nos conduce a la necesidad de incluir períodos de oración en los debemos pedir a Dios que dirija nuestras vidas con precisión durante ese tiempo de espera. En otras palabras, tenemos que pedir al Señor que nos asista y nos prepare para poder manejar con responsabilidad lo que ocurrirá entre la palabra que Él ha dicho y su cumplimiento.
Es importante destacar que hay intervenciones de Dios que ocurren en el acto, en la misma hora o en el mismo momento en el que Dios dice la palabra (Mat 8:13; Lcs 7:21; Hch 3:1-0; 16:18; 22:13). En cambio, encontramos en la Biblia varios pasajes que ilustran que existen instantes en los que Dios inserta un tiempo de espera entre la palabra que hemos recibido y su cumplimiento, o del momento en el que recibiremos lo que Dios nos ha prometido.
Una de esas narrativas bíblicas es la que describe el llamamiento al ministerio que el Señor le hizo a Saulo (Pablo) y el tiempo que él tuvo que esperar para ver el cumplimiento de ese llamado.
“10 Había entonces en Damasco un discípulo llamado Ananías, a quien el Señor dijo en visión: Ananías. Y él respondió: Heme aquí, Señor. 11 Y el Señor le dijo: Levántate, y vé a la calle que se llama Derecha, y busca en casa de Judas a uno llamado Saulo, de Tarso; porque he aquí, él ora, 12 y ha visto en visión a un varón llamado Ananías, que entra y le pone las manos encima para que recobre la vista. 13 Entonces Ananías respondió: Señor, he oído de muchos acerca de este hombre, cuántos males ha hecho a tus santos en Jerusalén; 14 y aun aquí tiene autoridad de los principales sacerdotes para prender a todos los que invocan tu nombre. 15 El Señor le dijo: Vé, porque instrumento escogido me es éste, para llevar mi nombre en presencia de los gentiles, y de reyes, y de los hijos de Israel; 16 porque yo le mostraré cuánto le es necesario padecer por mi nombre. 17 Fue entonces Ananías y entró en la casa, y poniendo sobre él las manos, dijo: Hermano Saulo, el Señor Jesús, que se te apareció en el camino por donde venías, me ha enviado para que recibas la vista y seas lleno del Espíritu Santo. 18 Y al momento le cayeron de los ojos como escamas, y recibió al instante la vista; y levantándose, fue bautizado. 19 Y habiendo tomado alimento, recobró fuerzas. Y estuvo Saulo por algunos días con los discípulos que estaban en Damasco.” (Hch 9:10-19, RV 1960)
Necesitamos destacar algunos datos que nos comunica esta narrativa bíblica. El pasaje que acabamos de citar no dice que Pablo sería escogido. Ese pasaje afirma que Dios ya lo había escogido (v.15). Siendo esto así, ¿por qué y para qué esperar si Dios ya lo había escogido? Además, ese pasaje no dice que Dios escogió a Saulo para predicar el Evangelio de Cristo. El pasaje dice que lo había escogido para predicarle a los gentiles.
“15 Pero el Señor le dijo: —¡Ve! Yo elegí a Saulo para la misión de dar a conocer mi mensaje ante reyes, israelitas y gente de otras naciones.” (v. 15, PDT)
En otras palabras, que Pablo podía estar predicando el Evangelio, tal y como lo hizo, pero había una palabra profética que no se había cumplido. Es hermoso ver que es en el mismo Libro de los Hechos de los Apóstoles que encontramos las evidencias de que el cumplimiento de esa palabra dada por Dios requirió un tiempo de espera. El texto bíblico dice que Saulo tuvo que esperar a ser separado por el Espíritu Santo junto a Bernabé para ver ese cumplimiento.
“Entre los profetas y maestros de la iglesia de Antioquía de Siria se encontraban Bernabé, Simeón (llamado «el Negro»), Lucio (de Cirene), Manaén (compañero de infancia del rey Herodes Antipas) y Saulo. 2 Cierto día, mientras estos hombres adoraban al Señor y ayunaban, el Espíritu Santo dijo: «Designen a Bernabé y a Saulo para el trabajo especial al cual los he llamado». 3 Así que, después de pasar más tiempo en ayuno y oración, les impusieron las manos y los enviaron.” (Hch 13:1-3, NTV)
Pablo escribe algunas cartas en las que nos permite conocer que hubo un tiempo de espera entre la palabra recibida cuando él se convirtió a Cristo (Hch 9:1-19; 1 Tim 1:15) y su cumplimiento. Sabemos que Saulo se convirtió a Cristo cerca del año 35 D.C.. La Biblia dice que luego de eso él se fue a la región de Arabia y de Damasco por unos tres (3) años (Gál 1:17-19). Es luego de esto que él visita la ciudad de Jerusalén. O sea, que su primera visita a Jerusalén, para estar con Pedro y con Santiago, ocurrió en el año 38 de la era Cristiana. La Biblia continúa diciendo que Saulo se relocalizó en las regiones de Siria y de Cilicia, su región natal, luego de esa vista (vv. 21-22).
Es en esa región que ocurre lo que se describe en el capítulo 13 del Libro de Los Hechos. Los especialistas en la historia bíblica afirman que los datos que ofrece ese pasaje ocurrieron en el año 49 D.C.. Dicho de otra forma, que transcurrieron 14 años entre su conversión, su llamado misionero, la palabra recibida y su primer viaje misionero. Además, hay 11 años de espera entre su visita a Jerusalén y ese viaje que comienza a ser descrito en el capítulo 16 del Libro de Los Hechos.[7]
Otro pasaje muy interesante que describe un tiempo de espera es el que encontramos en el Evangelio de Juan.
“46 Vino, pues, Jesús otra vez a Caná de Galilea, donde había convertido el agua en vino. Y había en Capernaum un oficial del rey, cuyo hijo estaba enfermo. 47 Este, cuando oyó que Jesús había llegado de Judea a Galilea, vino a él y le rogó que descendiese y sanase a su hijo, que estaba a punto de morir. 48 Entonces Jesús le dijo: Si no viereis señales y prodigios, no creeréis. 49 El oficial del rey le dijo: Señor, desciende antes que mi hijo muera. 50 Jesús le dijo: Vé, tu hijo vive. Y el hombre creyó la palabra que Jesús le dijo, y se fue. 51 Cuando ya él descendía, sus siervos salieron a recibirle, y le dieron nuevas, diciendo: Tu hijo vive. 52 Entonces él les preguntó a qué hora había comenzado a estar mejor. Y le dijeron: Ayer a las siete le dejó la fiebre. 53 El padre entonces entendió que aquella era la hora en que Jesús le había dicho: Tu hijo vive; y creyó él con toda su casa. 54 Esta segunda señal hizo Jesús, cuando fue de Judea a Galilea.” (Jn 4:46-54, RV 1960)
Este pasaje describe que este oficial del rey recibió la palabra que ordenaba la salud de su hijo de la misma boca de Jesús nuestro Señor (v. 50). Ese pasaje dice que él no presentó cuestionamientos ni elementos de duda sobre lo que Cristo había dicho (v. 50). El pasaje bíblico dice que ese hombre creyó a la palabra de Jesús y se fue. Ese pasaje añade que ese hombre llegó a su casa al otro día de haberse encontrado con Jesús (v. 52). Un dato sumamente interesante que ese pasaje contiene es que el milagro ordenado por nuestro Señor ocurrió en el mismo momento en el que Cristo lo dijo. No obstante, este oficial de la corte real no recibió la respuesta a su oración, no pudo ser testigo de ello sino hasta el día después.
Sin duda alguna que el pasaje bíblico más ilustrativo acerca de los tiempos de espera es el de la promesa que Abraham recibe de parte de Dios (Gén 15) y su cumplimiento (Gén 21). Abram fue llamado por Dios cuando tenía 75 años (Gén 12:4). Abraham recibió el cumplimiento de la promesa divina de que sería padre de Isaac cuando tenía 100 años (Gén 17:17; 21:5).[8]
Hay otros pasajes bíblicos que hemos podido considerar aquí. Por ejemplo, la unción de David para ser rey de Israel y el momento en el que esto ocurrió. Otro, el de la palabra profética que recibió Noé ordenando la construcción de un arca para poder escapar del juicio de Dios y los 120 años que él tuvo que esperar para ver el cumplimiento de esto.
En otras palabras, José no es una excepción en los procesos que Dios desarrolla con sus hijos. Es Dios el que establece la necesidad de un tiempo de espera entre la palabra recibida y su cumplimiento.
¿Cuántas preguntas y consideraciones pudieron haber pasado por los pensamientos de Pablo, por los del oficial del rey, los de Abraham, los de David, los de Noé y los de José? ¿Qué ocurrió en ellos mientras esperaban con paciencia el cumplimiento de la palabra recibida? Los pasajes bíblicos que describen esos tiempos de espera nos permiten observar la fidelidad, el compromiso y la perseverancia de estos hombres en la fe en el Señor. Sin duda alguna, todos ellos tuvieron que enfrentar batallas y conflictos espirituales, emocionales, relacionales y hasta físicos. No obstante, las narrativas bíblicas nos permiten conocer que fueron tenidos por dignos de recibir el cumplimiento de las palabras proféticas que habían recibido.
Sabemos que la agenda de restauración de la familia de Jacob fue una acelerada y mucho más rápida que la agenda anterior. La celeridad con la que ocurrieron esos procesos nos permite destacar la urgencia de Dios con esta. Estamos convencidos de que una de las razones de mayor peso para que esto fuera así era la edad de Jacob. Dios no podía permitir que ese patriarca cerrara sus ojos sin ver el cumplimiento de la palabra que Él le había entregado a él, así como a Abraham e Isaac.
Tenemos que aclarar que esta celeridad no podía ser tomada como una excusa para saltar o evitar procesos. Uno de estos, la necesidad que la reconciliación entre José y sus hermanos fuera una estructurada, que no levantara dudas acerca del carácter genuino de la misma, y sin dejar cabos sueltos.
El Profesor Warren W. Wiersbe dice lo siguiente acerca del proceso de reconciliación de José con sus hermanos:
“La verdadera reconciliación, sin embargo, requiere un arrepentimiento sincero y una humilde confesión del pecado; a menudo, una persona necesita tiempo para llegar a ese punto. Considero que José trató a sus hermanos de una manera paciente, amorosa y sabia, y es por eso que su enfoque tuvo éxito.”[9]
Los procesos para alcanzar esto también debían ser capaces de contestar algunas preguntas que José debía haberse formulado.
Los capítulos que describen esa agenda serán analizados en nuestras próximas reflexiones.
[1] Kass, Leon R. The beginning of wisdom: reading Genesis. Chicago: The University of Chicago Press, 2003, pp. 574-603.
[2] Wiersbe, Warren W.. Be Authentic (Genesis 25-50): Exhibiting Real Faith in the Real World (The BE Series), pp. 121-136.
[3] Es muy interesante que Wiersbe no considere el capítulo 44 como parte de esta agenda. Él argumenta que los capítulos 44 al 45 pueden ser agrupados bajo un segmento que él clasifica como revelación de la verdad y sus consecuencias.
[4] Brueggemann, Walter. Genesis: Interpretation: A Bible Commentary for Teaching and Preaching. Commentary) (p. 335). David C. Cook. Kindle Edition.
[5] Brueggemann, Walter. Op. cit., p. 335.
[6] Brueggemann, Walter. Op. cit., p. 337.
[7] https://bereanbiblesociety.org/the-timeline-of-pauls-ministry/
[8] La diferencia entre estos nombres es solo una muestra de las transformaciones que este hombre tuvo que experimentar en el camino.
[9] Wiersbe, Warren W.. Op. cit., p. 121.
Familias dirigidas por el Espíritu Santo: el análisis de la familia de Jacob - Parte XXX
José: la agenda para la restauración y transformación de la familia de Jacob
“Cuando Jacob se enteró de que había trigo en Egipto, les dijo a sus hijos: «¿Qué hacen mirándose los unos a los otros sin hacer nada? 2 Miren, me enteré de que hay trigo en Egipto. Vayan allá y compren trigo para nosotros. De esa manera podremos sobrevivir y no nos dejaremos morir». 3 Entonces diez de los hermanos de José se fueron a Egipto a comprar trigo. 4 Pero Jacob no mandó con sus otros hermanos a Benjamín, el hermano de José, porque temía que le pasara algo. 5 Así los hijos de Israel se fueron a comprar trigo, en compañía de muchos otros, porque la escasez había alcanzado la tierra de Canaán.
6 José era el gobernador del país. Él era el que vendía el trigo a toda la gente de la tierra. Los hermanos de José llegaron y se postraron rostro en tierra ante él. 7 Cuando José vio a sus hermanos, los reconoció, pero actuó como si no los conociera. Les habló de una manera muy dura y les preguntó: —¿De dónde vienen? Ellos respondieron: —Venimos de la tierra de Canaán, a comprar comida. 8 José reconoció a sus hermanos, pero ellos no lo reconocieron a él. 9 José también se acordó de los sueños que había tenido sobre ellos. Les dijo: —Ustedes son espías, han venido a ver cuáles son nuestros puntos débiles. 10 Pero sus hermanos le dijeron: —No, señor. Nosotros, sus siervos, vinimos a comprar comida. 11 Todos somos hijos de un mismo hombre. Somos personas honestas. Nosotros, sus siervos, no somos espías. 12 Entonces José les dijo: —¡No! Ustedes han venido a ver cuáles son nuestros puntos débiles. 13 Ellos dijeron: —¡No! Nosotros, sus siervos, somos doce hermanos, hijos de un hombre en la tierra de Canaán. Nuestro hermano menor está con nuestro papá, y nuestro otro hermano ya murió.” (Gén 42:1-2, PDT)
El capítulo cuarenta y dos (42) de la saga de José nos permite adentrarnos en la agenda que Dios puso en función a través del undécimo hijo de Jacob para restaurar y transformar la familia de este último. Algunos especialistas en el Libro de Génesis describen esa agenda como una que está dividida en tres (3) actos.
El profesor Leon R. Kass la subdivide así:
- Reconocimiento y distanciamiento (Gén 42:1- 38)
- Protegiendo a Benjamín, los protectores de Benjamín (Gén 43:1-34)
- Judá al rescate (Gén 44:1-34)[1]
El Profesor Warren W. Wiersbe la presenta de la siguiente manera:
- Un tiempo de prueba (Gén 42:1-24)
- Tiempo de tensión (Gén 42:25-43:15)
- Tiempo de transición (Gén 43:16-34)[2],[3]
Estos datos sirven como apoyo para concluir que los capítulos 42 al 44 del primer libro de la Biblia funcionan como una unidad literaria.
El Profesor Walter Bureggemann añade que los capítulos 42 al 44 son una contraparte balanceada de los capítulos 39 al 41.[4] Estos últimos tratan con la agenda necesaria para que José pudiera ser capaz de gobernar y enderezar el rumbo del reino egipcio. Los capítulos que comenzaremos a analizar (42 al 44) tratan con la agenda necesaria para que José pudiera ser capaz de gobernar y enderezar la vida de sus hermanos y la de Jacob.
El análisis acerca de la estructura de estos pasajes arroja mucha luz sobre el mensaje y los propósitos que Dios nos comunica a través de estos textos. Esta estructura y su mensaje se amplían cuando observamos que los capítulos que tratan con la agenda de Dios para colocar a José como primer ministro de Egipto, son precedidos por el capítulo que describe los sueños de José (cap. 37). Así mismo, los capítulos que tratan con la agenda de Dios para colocar a José ante la oportunidad de enderezar las vidas de su padre y la de sus hermanos son seguidos por el capítulo en el que se describe el cumplimiento de los sueños que Dios le había dado a José.
Veamos esa estructura:
- Capítulo 37: Los sueños de José.
- Capítulos 39-41: gobernar y enderezar la vida de Egipto
- Capítulos 42-44: gobernar y enderezar las vidas de su padre y de sus hermanos
- Capítulo 45: Cumplimiento de los sueños.[5
Añadimos a todos estos datos que la Biblia dice que los procesos aleatorios al desarrollo de esa agenda ocurrieron durante los primeros dos (2) años de la hambruna que había sido profetizada. Es José el que presenta este dato luego de haberle revelado su identidad a sus hermanos.
“5 Ahora, pues, no os entristezcáis, ni os pese de haberme vendido acá; porque para preservación de vida me envió Dios delante de vosotros. 6 Pues ya ha habido dos años de hambre en medio de la tierra, y aún quedan cinco años en los cuales ni habrá arada ni siega. 7 Y Dios me envió delante de vosotros, para preservaros posteridad sobre la tierra, y para daros vida por medio de gran liberación.” (Gén 45:5-7, RV 1960)
Debemos compartir algunas observaciones que servirán como puntas de lanza para los análisis y las reflexiones que hemos de compartir acerca de esas agendas.
Una de estas observaciones gira alrededor de las evidencias y los testimonios directos de transformación que nos ofrecen los procesos por los que Dios hizo atravesar a José. Una buena noticia acerca de esto es que la Biblia nos permite examinar y calificar cuánto había cambiado este hombre durante esos 13 años. El hombre que Dios usó para trabajar con la restauración de su familia no era el mismo que fue llevado como esclavo a Egipto.
Algunos comentaristas bíblicos han realizado el ejercicio de examinar y calificar esa transformación. Por ejemplo, Brueggeman destaca que las características de José que nos ofrece el capítulo 37, un joven ingenuo, inocente, pero al mismo tiempo arrogante, contrastan con las que ofrecen los capítulos 39 al 41. Esos capítulos nos permiten observar un joven adulto íntegro, que ni siquiera se dejaba intimidar por las mujeres, o por los oficiales de la corte del Faraón. Así mismo, esto contrasta con la descripción que nos ofrecen los capítulos 42 al 44, la de un José estratégico, calculador, que entendía el potencial y las responsabilidades de la posición que ocupaba.
Ese José fue capaz de manejar las fichas que estaban en sus tableros para conseguir aquello que tenía que ser el resultado final de los procesos en los que él estaba insertado como instrumento en las manos de Dios.[6] Tenemos que admitir que esa clase de transformación va mucho más allá de la madurez que esperamos desarrollar en la vida. La mano de Dios estaba insertada aquí.
Otra observación es que estos datos sirven para afirmar cómo es que Dios puede utilizar procesos estructurados para desarrollar sus agendas de restauración y transformación. En otras palabras, la presencia de Dios y sus intervenciones no cancela el uso ni la pertinencia de los procesos ni de las estructuras. Otra observación es que resulta extraordinario el hecho de que Dios no escatime tiempo, espacio y/o ambientes para manifestar así su gracia y su misericordia. Dios se revela en la historia y a través de la historia.
No podemos dejar fuera de estas observaciones que esta estructura bíblica nos enseña que existen ocasiones en las que Dios establece que es necesario que haya un tiempo de espera y de preparación entre los sueños que Él nos ha entregado y el cumplimiento de estos. Esto nos conduce a la necesidad de incluir períodos de oración en los debemos pedir a Dios que dirija nuestras vidas con precisión durante ese tiempo de espera. En otras palabras, tenemos que pedir al Señor que nos asista y nos prepare para poder manejar con responsabilidad lo que ocurrirá entre la palabra que Él ha dicho y su cumplimiento.
Es importante destacar que hay intervenciones de Dios que ocurren en el acto, en la misma hora o en el mismo momento en el que Dios dice la palabra (Mat 8:13; Lcs 7:21; Hch 3:1-0; 16:18; 22:13). En cambio, encontramos en la Biblia varios pasajes que ilustran que existen instantes en los que Dios inserta un tiempo de espera entre la palabra que hemos recibido y su cumplimiento, o del momento en el que recibiremos lo que Dios nos ha prometido.
Una de esas narrativas bíblicas es la que describe el llamamiento al ministerio que el Señor le hizo a Saulo (Pablo) y el tiempo que él tuvo que esperar para ver el cumplimiento de ese llamado.
“10 Había entonces en Damasco un discípulo llamado Ananías, a quien el Señor dijo en visión: Ananías. Y él respondió: Heme aquí, Señor. 11 Y el Señor le dijo: Levántate, y vé a la calle que se llama Derecha, y busca en casa de Judas a uno llamado Saulo, de Tarso; porque he aquí, él ora, 12 y ha visto en visión a un varón llamado Ananías, que entra y le pone las manos encima para que recobre la vista. 13 Entonces Ananías respondió: Señor, he oído de muchos acerca de este hombre, cuántos males ha hecho a tus santos en Jerusalén; 14 y aun aquí tiene autoridad de los principales sacerdotes para prender a todos los que invocan tu nombre. 15 El Señor le dijo: Vé, porque instrumento escogido me es éste, para llevar mi nombre en presencia de los gentiles, y de reyes, y de los hijos de Israel; 16 porque yo le mostraré cuánto le es necesario padecer por mi nombre. 17 Fue entonces Ananías y entró en la casa, y poniendo sobre él las manos, dijo: Hermano Saulo, el Señor Jesús, que se te apareció en el camino por donde venías, me ha enviado para que recibas la vista y seas lleno del Espíritu Santo. 18 Y al momento le cayeron de los ojos como escamas, y recibió al instante la vista; y levantándose, fue bautizado. 19 Y habiendo tomado alimento, recobró fuerzas. Y estuvo Saulo por algunos días con los discípulos que estaban en Damasco.” (Hch 9:10-19, RV 1960)
Necesitamos destacar algunos datos que nos comunica esta narrativa bíblica. El pasaje que acabamos de citar no dice que Pablo sería escogido. Ese pasaje afirma que Dios ya lo había escogido (v.15). Siendo esto así, ¿por qué y para qué esperar si Dios ya lo había escogido? Además, ese pasaje no dice que Dios escogió a Saulo para predicar el Evangelio de Cristo. El pasaje dice que lo había escogido para predicarle a los gentiles.
“15 Pero el Señor le dijo: —¡Ve! Yo elegí a Saulo para la misión de dar a conocer mi mensaje ante reyes, israelitas y gente de otras naciones.” (v. 15, PDT)
En otras palabras, que Pablo podía estar predicando el Evangelio, tal y como lo hizo, pero había una palabra profética que no se había cumplido. Es hermoso ver que es en el mismo Libro de los Hechos de los Apóstoles que encontramos las evidencias de que el cumplimiento de esa palabra dada por Dios requirió un tiempo de espera. El texto bíblico dice que Saulo tuvo que esperar a ser separado por el Espíritu Santo junto a Bernabé para ver ese cumplimiento.
“Entre los profetas y maestros de la iglesia de Antioquía de Siria se encontraban Bernabé, Simeón (llamado «el Negro»), Lucio (de Cirene), Manaén (compañero de infancia del rey Herodes Antipas) y Saulo. 2 Cierto día, mientras estos hombres adoraban al Señor y ayunaban, el Espíritu Santo dijo: «Designen a Bernabé y a Saulo para el trabajo especial al cual los he llamado». 3 Así que, después de pasar más tiempo en ayuno y oración, les impusieron las manos y los enviaron.” (Hch 13:1-3, NTV)
Pablo escribe algunas cartas en las que nos permite conocer que hubo un tiempo de espera entre la palabra recibida cuando él se convirtió a Cristo (Hch 9:1-19; 1 Tim 1:15) y su cumplimiento. Sabemos que Saulo se convirtió a Cristo cerca del año 35 D.C.. La Biblia dice que luego de eso él se fue a la región de Arabia y de Damasco por unos tres (3) años (Gál 1:17-19). Es luego de esto que él visita la ciudad de Jerusalén. O sea, que su primera visita a Jerusalén, para estar con Pedro y con Santiago, ocurrió en el año 38 de la era Cristiana. La Biblia continúa diciendo que Saulo se relocalizó en las regiones de Siria y de Cilicia, su región natal, luego de esa vista (vv. 21-22).
Es en esa región que ocurre lo que se describe en el capítulo 13 del Libro de Los Hechos. Los especialistas en la historia bíblica afirman que los datos que ofrece ese pasaje ocurrieron en el año 49 D.C.. Dicho de otra forma, que transcurrieron 14 años entre su conversión, su llamado misionero, la palabra recibida y su primer viaje misionero. Además, hay 11 años de espera entre su visita a Jerusalén y ese viaje que comienza a ser descrito en el capítulo 16 del Libro de Los Hechos.[7]
Otro pasaje muy interesante que describe un tiempo de espera es el que encontramos en el Evangelio de Juan.
“46 Vino, pues, Jesús otra vez a Caná de Galilea, donde había convertido el agua en vino. Y había en Capernaum un oficial del rey, cuyo hijo estaba enfermo. 47 Este, cuando oyó que Jesús había llegado de Judea a Galilea, vino a él y le rogó que descendiese y sanase a su hijo, que estaba a punto de morir. 48 Entonces Jesús le dijo: Si no viereis señales y prodigios, no creeréis. 49 El oficial del rey le dijo: Señor, desciende antes que mi hijo muera. 50 Jesús le dijo: Vé, tu hijo vive. Y el hombre creyó la palabra que Jesús le dijo, y se fue. 51 Cuando ya él descendía, sus siervos salieron a recibirle, y le dieron nuevas, diciendo: Tu hijo vive. 52 Entonces él les preguntó a qué hora había comenzado a estar mejor. Y le dijeron: Ayer a las siete le dejó la fiebre. 53 El padre entonces entendió que aquella era la hora en que Jesús le había dicho: Tu hijo vive; y creyó él con toda su casa. 54 Esta segunda señal hizo Jesús, cuando fue de Judea a Galilea.” (Jn 4:46-54, RV 1960)
Este pasaje describe que este oficial del rey recibió la palabra que ordenaba la salud de su hijo de la misma boca de Jesús nuestro Señor (v. 50). Ese pasaje dice que él no presentó cuestionamientos ni elementos de duda sobre lo que Cristo había dicho (v. 50). El pasaje bíblico dice que ese hombre creyó a la palabra de Jesús y se fue. Ese pasaje añade que ese hombre llegó a su casa al otro día de haberse encontrado con Jesús (v. 52). Un dato sumamente interesante que ese pasaje contiene es que el milagro ordenado por nuestro Señor ocurrió en el mismo momento en el que Cristo lo dijo. No obstante, este oficial de la corte real no recibió la respuesta a su oración, no pudo ser testigo de ello sino hasta el día después.
Sin duda alguna que el pasaje bíblico más ilustrativo acerca de los tiempos de espera es el de la promesa que Abraham recibe de parte de Dios (Gén 15) y su cumplimiento (Gén 21). Abram fue llamado por Dios cuando tenía 75 años (Gén 12:4). Abraham recibió el cumplimiento de la promesa divina de que sería padre de Isaac cuando tenía 100 años (Gén 17:17; 21:5).[8]
Hay otros pasajes bíblicos que hemos podido considerar aquí. Por ejemplo, la unción de David para ser rey de Israel y el momento en el que esto ocurrió. Otro, el de la palabra profética que recibió Noé ordenando la construcción de un arca para poder escapar del juicio de Dios y los 120 años que él tuvo que esperar para ver el cumplimiento de esto.
En otras palabras, José no es una excepción en los procesos que Dios desarrolla con sus hijos. Es Dios el que establece la necesidad de un tiempo de espera entre la palabra recibida y su cumplimiento.
¿Cuántas preguntas y consideraciones pudieron haber pasado por los pensamientos de Pablo, por los del oficial del rey, los de Abraham, los de David, los de Noé y los de José? ¿Qué ocurrió en ellos mientras esperaban con paciencia el cumplimiento de la palabra recibida? Los pasajes bíblicos que describen esos tiempos de espera nos permiten observar la fidelidad, el compromiso y la perseverancia de estos hombres en la fe en el Señor. Sin duda alguna, todos ellos tuvieron que enfrentar batallas y conflictos espirituales, emocionales, relacionales y hasta físicos. No obstante, las narrativas bíblicas nos permiten conocer que fueron tenidos por dignos de recibir el cumplimiento de las palabras proféticas que habían recibido.
Sabemos que la agenda de restauración de la familia de Jacob fue una acelerada y mucho más rápida que la agenda anterior. La celeridad con la que ocurrieron esos procesos nos permite destacar la urgencia de Dios con esta. Estamos convencidos de que una de las razones de mayor peso para que esto fuera así era la edad de Jacob. Dios no podía permitir que ese patriarca cerrara sus ojos sin ver el cumplimiento de la palabra que Él le había entregado a él, así como a Abraham e Isaac.
Tenemos que aclarar que esta celeridad no podía ser tomada como una excusa para saltar o evitar procesos. Uno de estos, la necesidad que la reconciliación entre José y sus hermanos fuera una estructurada, que no levantara dudas acerca del carácter genuino de la misma, y sin dejar cabos sueltos.
El Profesor Warren W. Wiersbe dice lo siguiente acerca del proceso de reconciliación de José con sus hermanos:
“La verdadera reconciliación, sin embargo, requiere un arrepentimiento sincero y una humilde confesión del pecado; a menudo, una persona necesita tiempo para llegar a ese punto. Considero que José trató a sus hermanos de una manera paciente, amorosa y sabia, y es por eso que su enfoque tuvo éxito.”[9]
Los procesos para alcanzar esto también debían ser capaces de contestar algunas preguntas que José debía haberse formulado.
- Conocer si su papá y Benjamín estaban vivos.
- Conoce si Jacob lo había rechazado, si lo amaba y si su partida la había angustiado.
- Conocer si sus hermanos se habían arrepentido o si eran movidos por el remordimiento.
Los capítulos que describen esa agenda serán analizados en nuestras próximas reflexiones.
[1] Kass, Leon R. The beginning of wisdom: reading Genesis. Chicago: The University of Chicago Press, 2003, pp. 574-603.
[2] Wiersbe, Warren W.. Be Authentic (Genesis 25-50): Exhibiting Real Faith in the Real World (The BE Series), pp. 121-136.
[3] Es muy interesante que Wiersbe no considere el capítulo 44 como parte de esta agenda. Él argumenta que los capítulos 44 al 45 pueden ser agrupados bajo un segmento que él clasifica como revelación de la verdad y sus consecuencias.
[4] Brueggemann, Walter. Genesis: Interpretation: A Bible Commentary for Teaching and Preaching. Commentary) (p. 335). David C. Cook. Kindle Edition.
[5] Brueggemann, Walter. Op. cit., p. 335.
[6] Brueggemann, Walter. Op. cit., p. 337.
[7] https://bereanbiblesociety.org/the-timeline-of-pauls-ministry/
[8] La diferencia entre estos nombres es solo una muestra de las transformaciones que este hombre tuvo que experimentar en el camino.
[9] Wiersbe, Warren W.. Op. cit., p. 121.
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