September 13th, 2026
1074 • El Heraldo Digital – Institucional • Volumen XVII • 13 de septiembre del 2026
Familias dirigidas por el Espíritu Santo: el análisis de la familia de Jacob - Parte XXV
Los sueños del Faraón
“37 El faraón y todos sus ministros aprobaron la propuesta. 38 Luego el faraón les dijo a sus ministros:—¿Podríamos encontrar a otro hombre como este, que tenga el espíritu de Dios en él? 39 Entonces el faraón le dijo a José: —Como Dios te ha mostrado todo esto a ti, no existe nadie más sabio e inteligente que tú.” (Gén 41:37-39, PDT)
La narrativa bíblica acerca de los sueños del Faraón que aparece en el capítulo 41 del Libro de Génesis nos ha absorbido. Nuestra reflexión anterior giró alrededor de cómo Dios tomó el control de todo lo que aconteció en el encuentro entre José y el Faraón. Analizamos en esa reflexión cómo fue que José insertó a Dios en sus respuestas al Faraón y cuál fue la reacción de este. Además, dedicamos un espacio para analizar las acciones de José previas a ese encuentro.
Como una nota editorial compartimos que hemos decidido no desarrollar el análisis de la propuesta o el plan de acción que José le propuso al monarca de Egipto. Esto, debido a que estamos convencidos de que ese plan de acción merece ser analizado como parte de una batería de reflexiones acerca del liderazgo y de la planeación estratégica.
La Biblia dice que las propuestas de José “fueron bien recibidas por el faraón y sus funcionarios” (Gen 41:37, NTV). En otras palabras, que se tomó una decisión gubernamental acerca del plan propuesto por José. Es obvio que el peso que tuvo la posición del monarca de Egipto acerca de esto hizo académica las posturas de los funcionarios del rey. No obstante, este dato se reviste de importancia de cara a las decisiones que José tomaría en el futuro y los planes de acción que él pondría en ejecución.
Ahora bien, es imprescindible repetir que esa narrativa describe las expresiones que utilizó el Faraón. Ese pasaje bíblico dice que el monarca egipcio utilizó el mismo nombre de Dios que escuchó de los labios de José en cuatro (4) ocasiones.
Algunos exégetas bíblicos han postulado que el Faraón pudo haber reaccionado así creyendo que se trataba de un dios adicional a los que él ya conocía. La realidad es que esto es así: Faraón no conocía al Elohim (“ʼĕlôhı̂ym”, H430). Utilizando el modelo paulino podemos decir que José le había hablado al Faraón acerca del Dios no conocido:
“22 Entonces Pablo, de pie ante el Concilio,[f] les dirigió las siguientes palabras: «Hombres de Atenas, veo que ustedes son muy religiosos en todo sentido, 23 porque mientras caminaba observé la gran cantidad de lugares sagrados. Y uno de sus altares tenía la siguiente inscripción: “A un Dios Desconocido”. Este Dios, a quien ustedes rinden culto sin conocer, es de quien yo les hablo. 24 »Él es el Dios que hizo el mundo y todo lo que hay en él. Ya que es el Señor del cielo y de la tierra, no vive en templos hechos por hombres, 25 y las manos humanas no pueden servirlo, porque él no tiene ninguna necesidad. Él es quien da vida y aliento a todo y satisface cada necesidad.” (Hch 17:22-25, NTV)
Sin embargo, esta posición exegética no puede explicar por qué es que el Faraón creía que Elohim puede poner su Espíritu dentro de un ser humano al que quería utilizar.
Hace falta explicar que la religión del antiguo Egipto es extraordinariamente compleja[1]. En esta se describe el desarrollo de espíritus desde muy temprano en la fundación de ese reino. Existen evidencias acerca de esto que datan del 3500 A.C.. Estos eran descritos como seres divinos (netjerw) jerárquicamente superiores a los seres humanos, pero inferiores a los dioses. Las clasificaciones que se los egipcio les dieron a los espíritus son muy interesantes. Dentro de estas encontramos espíritus enemigos (kheftyu), monstruos (weret), asesinos (khaytyw), mensajeros (weputyu) y vagabundos (shemayu)[2], solo por mencionar algunas. Es más, los egipcios creían que hasta los difuntos podían participar de esos escenarios. Creemos que es mucho más fácil resumir estas clasificaciones presentando que la religión egipcia creía en espíritus que acompañaban a los dioses y en espíritu que los enfrentaban. [3]
Por otro lado, los dioses egipcios, aunque no eran considerados infalibles, eran vistos como los señores de la creación y custodios del orden. Estos también eran vistos como amigos muy cercanos que mostraban interés en ayudar a los seres humanos. Los especialistas en la cultura egipcia han concluido que esos dioses eran el reflejo de la experiencia humana.[4]
Tenemos que indicar que no hemos encontrado evidencias historiográficas que describan que los dioses podían estar dentro de los seres humanos. Continuamos realizando investigaciones para sostener este punto o, de ser necesario, corregirlo.
Esta es una de las razones para acentuar lo extraordinaria que es la expresión que utilizó el Faraón. El monarca egipcio no identificó lo que tenía José como el espíritu de alguno de los dioses del antiguo Egipto. Decir que Amón/Ra, Osiris, Isis, Hathor u otro de los dioses egipcios había puesto su espíritu dentro de José sería contrario a su teología. La frase utilizada por el Faraón afirma que el Dios que José describió, no solo era distinto a los dioses que él conocía, sino que hasta podía poner su Espíritu dentro de los seres humanos.
¿Quién le enseñó esto a este monarca? ¿De dónde obtuvo el Faraón esa teología? Estamos convencidos de que Dios no se limitó a darle dos (2) sueños a este monarca egipcio. Esos regalos de Dios vinieron acompañados de la sensibilidad que produce el Espíritu de Dios para convertir los corazones de los seres humanos en tierra fértil para escuchar la voz del Eterno.
Ahora bien, afirmamos en la reflexión anterior que las reacciones que el Faraón tendría ante la palabra revelada eran de su entera responsabilidad.
En nuestra reflexión anterior presentamos que la frase usada por el Faraón, “Espíritu de Dios” (“rū-aḥ ’ĕ-lō-hîm”) no había sido utilizada en la Biblia desde su uso en el primer capítulo del Libro del Génesis.
“2 La tierra no tenía forma y estaba vacía, y la oscuridad cubría las aguas profundas; y el Espíritu de Dios se movía en el aire sobre la superficie de las aguas.” (Gén 1:2, NTV)
Compartimos en otra reflexión anterior una expresión del siempre recordado Dr. Rev. Roberto Amparo Rivera: “el caos es una invitación para que el Espíritu de Dios se pasee sobre este.” Vimos allí que ese pasaje bíblico establece que el Espíritu de Dios se movía sobre el caos y sobre la oscuridad que existía antes de la creación: “el Espíritu de Dios fue el primer agente en función para poner en orden el caos existente.” [5]
Repetimos que esto amplía las expresiones del Faraón. En otras palabras, que hay un mensaje mucho más amplio cuando la Biblia dice que él postuló en su palacio que el Espíritu de Dios podía estar depositado en el interior de un ser humano. Esa expresión afirmaba que Dios podía utilizar a un ser humano para convertirlo en agente mediador y reparador del caos que venía de camino.
La Biblia enseña que Cristo prometió que el Espíritu Santo estaría dentro de nosotros.
“38 El que cree en mí, como dice la Escritura, de su interior correrán ríos de agua viva. 39 Esto dijo del Espíritu que habían de recibir los que creyesen en él; pues aún no había venido el Espíritu Santo, porque Jesús no había sido aún glorificado.” (Jn 7:38-39, RV 1960)
¿Qué cosas dice la Biblia acerca de la presencia del Espíritu en nuestro interior como creyentes en Cristo? La Biblia dice que el Espíritu de Dios posee varias funciones en la vida del creyente en Cristo. A continuación, algunas de esas funciones:
1) Es maestro.
“26 Mas el Consolador, el Espíritu Santo, a quien el Padre enviará en mi nombre, él os enseñará todas las cosas, y os recordará todo lo que yo os he dicho.” (Jn 14:26)
2) Nos da testimonio de la relación que tenemos con el Padre.
“16 El Espíritu mismo da testimonio a nuestro espíritu, de que somos hijos de Dios.” (Rom 8:16).
3) Nos guía a la verdad.
“13 Pero cuando venga el Espíritu de verdad, él os guiará a toda la verdad; porque no hablará por su propia cuenta, sino que hablará todo lo que oyere, y os hará saber las cosas que habrán de venir.” (Jn 16:13)
4) Glorifica a Cristo.
“14 Él me glorificará; porque tomará de lo mío, y os lo hará saber.” (Jn 16:14)
5) Dirige la evangelización.
“6 Y atravesando Frigia y la provincia de Galacia, les fue prohibido por el Espíritu Santo hablar la palabra en Asia;” (Hch 16:6)
6) Nos conduce.
“13 Pero cuando venga el Espíritu de verdad, él os guiará a toda la verdad; porque no hablará por su propia cuenta, sino que hablará todo lo que oyere, y os hará saber las cosas que habrán de venir.” (Jn 16:13)
7) Intercede por nosotros.
“26 De igual manera, el Espíritu nos ayuda en nuestra debilidad. Por ejemplo, cuando no sabemos qué pedirle a Dios, el Espíritu mismo le pide a Dios por nosotros. El Espíritu le habla a Dios a través de gemidos imposibles de expresar con palabras. 27 Pero Dios nos conoce a fondo y entiende lo que el Espíritu quiere decir, porque el Espíritu ruega a favor de su pueblo santo de acuerdo a la voluntad de Dios.” (Rom 8:26-27, PDT).
8) Nos envía.
“4 Entonces Bernabé y Saulo fueron enviados por el Espíritu Santo. Descendieron hasta el puerto de Seleucia y después navegaron hacia la isla de Chipre.” (Hch 13:4, NTV).
9) Toma decisiones.
“El Espíritu Santo, y nosotros mismos, hemos decidido no imponerles ninguna carga más que las Indispensables.” (Hch 15:28)
10) Provoca y produce la palabra profética.
“27 En aquellos días unos profetas descendieron de Jerusalén a Antioquía. 28 Y levantándose uno de ellos, llamado Agabo, daba a entender por el Espíritu, que vendría una gran hambre en toda la tierra habitada; la cual sucedió en tiempo de Claudio.” (Hch 11:27-28)
“11 quien viniendo a vernos, tomó el cinto de Pablo, y atándose los pies y las manos, dijo: Esto dice el Espíritu Santo: Así atarán los judíos en Jerusalén al varón de quien es este cinto, y le entregarán en manos de los gentiles.” (Hch 21:11)
11) Da órdenes.
“12 Y el Espíritu me dijo que fuese con ellos sin dudar. Fueron también conmigo estos seis hermanos, y entramos en casa de un varón,” (Hch 11:12)
“2 Ministrando éstos al Señor, y ayunando, dijo el Espíritu Santo: Apartadme a Bernabé y a Saulo para la obra a que los he llamado.” (Hch 13:2)
12) Da carismas (dones).
“7 Pero a cada uno le es dada la manifestación del Espíritu para provecho. 8 Porque a éste es dada por el Espíritu palabra de sabiduría; a otro, palabra de ciencia según el mismo Espíritu; 9 a otro, fe por el mismo Espíritu; y a otro, dones de sanidades por el mismo Espíritu. 10 A otro, el hacer milagros; a otro profecía; a otro, discernimiento de espíritus; a otro, diversos géneros de lenguas; y a otro, interpretación de lenguas. 11 Pero todas estas cosas las hace uno y el mismo Espíritu, repartiendo a cada uno en particular como él quiere.” (1Cor 12:7-11)
13) Revela.
“25 Y he aquí había en Jerusalén un hombre llamado Simeón, y este hombre, justo y piadoso, esperaba la consolación de Israel; y el Espíritu Santo estaba sobre él. 26 Y le había sido revelado por el Espíritu Santo, que no vería la muerte antes que viese al Ungido del Señor. 27 Y movido por el Espíritu, vino al templo. Y cuando los padres del niño Jesús lo trajeron al templo, para hacer por él conforme al rito de la ley,” (Lcs 2:25-26)
Sabemos que esta lista no recoge todas las funciones del Espíritu Santo que aparecen en la Biblia. La presentamos como una muestra de todo lo que Él hace en la vida de los creyentes en Cristo. Celebramos que los creyentes en Cristo disfrutamos de todas estas funciones del Espíritu Santo desde que aceptamos a Jesucristo como Señor y Salvador nuestro.
Ahora bien, es sumamente importante entender que encontramos en la Biblia descripción de funciones del Espíritu de Dios mucho antes de que este descendiera en el día de Pentecostés sobre los 120 que estaban reunidos en el aposento alto (Hch 2). El testimonio de Simeón que hemos compartido en los párrafos anteriores y que aparece en el capítulo dos (2) del Evangelio de Lucas, es tan solo una muestra de ello. Ese pasaje afirma que el Espíritu Santo estaba sobre Simeón, le daba revelación a este hombre y que lo movía a ir a los lugares a los que debía ir. Todo esto antes de que ocurriera el derramamiento del Espíritu Santo el día de Pentecostés.
Repetimos que la presencia del Espíritu Santo en la vida del creyente en Cristo, así como en la Iglesia del Señor adquirió unas dimensiones únicas desde el día de ese derramamiento. La Biblia afirma que es desde ese momento que Él está presente constantemente en el creyente y en la Iglesia.
No obstante, no es menos cierto que encontramos pasajes en el Antiguo Testamento que afirman la presencia del Espíritu Santo operando en la vida de algunos personajes bíblicos. Ejemplo de esto son dos (2) pasajes que encontramos en el Libro del Éxodo. Ambos describen el empoderamiento de unos artesanos que eran imprescindibles para realizar el trabajo especializado de la construcción del Tabernáculo de reunión que Dios le había revelado a Moisés.
“1 Habló Jehová a Moisés, diciendo: 2 Mira, yo he llamado por nombre a Bezaleel hijo de Uri, hijo de Hur, de la tribu de Judá; 3 y lo he llenado del Espíritu de Dios, en sabiduría y en inteligencia, en ciencia y en todo arte, 4 para inventar diseños, para trabajar en oro, en plata y en bronce, 5 y en artificio de piedras para engastarlas, y en artificio de madera; para trabajar en toda clase de labor.” (Éxo 31:1-5, RV 1960)
Ese pasaje bíblico señala que Dios había llenado a Bezaleel con el “rū-aḥ ’ĕ-lō-hîm”, la misma frase utilizada para describir lo que había sido puesto en José.
Otro pasaje de ese mismo libro confirma lo que hemos leído.
“30 Y dijo Moisés a los hijos de Israel: Mirad, Jehová ha nombrado a Bezaleel hijo de Uri, hijo de Hur, de la tribu de Judá; 31 y lo ha llenado del Espíritu de Dios, en sabiduría, en inteligencia, en ciencia y en todo arte, 32 para proyectar diseños, para trabajar en oro, en plata y en bronce, 33 y en la talla de piedras de engaste, y en obra de madera, para trabajar en toda labor ingeniosa. 34 Y ha puesto en su corazón el que pueda enseñar, así él como Aholiab hijo de Ahisamac, de la tribu de Dan;” (Éxo 35:30-34)
La frase utilizada aquí es la misma que encontramos en el pasaje anterior: “rū-aḥ ’ĕ-lō-hîm”.
El Primer Libro de Samuel presenta varias ocasiones en la que la presencia del Espíritu de Dios descendió sobre algunos personajes bíblicos. Veamos a algunos ejemplos de esto.
“9 Aconteció luego, que al volver él la espalda para apartarse de Samuel, le mudó Dios su corazón; y todas estas señales acontecieron en aquel día. 10 Y cuando llegaron allá al collado, he aquí la compañía de los profetas que venía a encontrarse con él; y el Espíritu de Dios vino sobre él con poder, y profetizó entre ellos.” (1 Sam 10:9-10)
“18 Huyó, pues, David, y escapó, y vino a Samuel en Ramá, y le dijo todo lo que Saúl había hecho con él. Y él y Samuel se fueron y moraron en Naiot. 19 Y fue dado aviso a Saúl, diciendo: He aquí que David está en Naiot en Ramá. 20 Entonces Saúl envió mensajeros para que trajeran a David, los cuales vieron una compañía de profetas que profetizaban, y a Samuel que estaba allí y los presidía. Y vino el Espíritu de Dios sobre los mensajeros de Saúl, y ellos también profetizaron. 21 Cuando lo supo Saúl, envió otros mensajeros, los cuales también profetizaron. Y Saúl volvió a enviar mensajeros por tercera vez, y ellos también profetizaron. 22 Entonces él mismo fue a Ramá; y llegando al gran pozo que está en Secú, preguntó diciendo: ¿Dónde están Samuel y David? Y uno respondió: He aquí están en Naiot en Ramá. 23 Y fue a Naiot en Ramá; y también vino sobre él el Espíritu de Dios, y siguió andando y profetizando hasta que llegó a Naiot en Ramá.” (1 Sam 19:18-23)
Encontramos unas expresiones similares en el Segundo Libro de Crónicas.
“1 Vino el Espíritu de Dios sobre Azarías hijo de Obed, 2 y salió al encuentro de Asa, y le dijo: Oídme, Asa y todo Judá y Benjamín: Jehová estará con vosotros, si vosotros estuviereis con él; y si le buscareis, será hallado de vosotros; mas si le dejareis, él también os dejará.” (2 Cró 15:1-2)
“20 Entonces el Espíritu de Dios vino sobre Zacarías hijo del sacerdote Joiada; y puesto en pie, donde estaba más alto que el pueblo, les dijo: Así ha dicho Dios: ¿Por qué quebrantáis los mandamientos de Jehová? No os vendrá bien por ello; porque por haber dejado a Jehová, él también os abandonará.” (2 Cró 24:20)
En todos estos casos se utiliza la misma frase: “rū-aḥ ’ĕ-lō-hîm”.
Además, tenemos que destacar que el Antiguo Testamento presenta pasajes en los que el Espíritu de Dios es llamado Espíritu Santo. Veamos algunos ejemplos de esto:
“10 Mas ellos fueron rebeldes, e hicieron enojar su santo espíritu; por lo cual se les volvió enemigo, y él mismo peleó contra ellos. 11 Pero se acordó de los días antiguos, de Moisés y de su pueblo, diciendo: ¿Dónde está el que les hizo subir del mar con el pastor de su rebaño? ¿dónde el que puso en medio de él su santo espíritu, 12 el que los guió por la diestra de Moisés con el brazo de su gloria; el que dividió las
aguas delante de ellos, haciéndose así nombre perpetuo, 13 el que los condujo por los abismos, como un caballo por el desierto, sin que tropezaran? 14 El Espíritu de Jehová los pastoreó, como a una bestia que desciende al valle; así pastoreaste a tu pueblo, para hacerte nombre glorioso.” (Isa 63:10-14)
“11 No me eches de delante de ti, Y no quites de mí tu santo Espíritu.” (Sal 51:11)
La frase en hebreo que es traducida como Espíritu Santo en el Libro del profeta Isaías es “rū-aḥ qā-ḏə-šōw.” La frase traducida en el Salmo de David es “wə-rū-aḥ qāḏ-šə-ḵā” (y el Espíritu de tu santidad). En ambos pasajes bíblicos es descrito como una persona).
También, debemos destacar que el verso once (11) del Salmo 51 describe que el génesis de algunas de las angustias que David sufrió por haber pecado contra Dios era el temor que él tenía de perder la presencia del Espíritu Santo.
Regresando al análisis del 41 del Libro de Génesis, este describe que el Faraón reconoció esta presencia dentro del undécimo hijo de Jacob. En otras palabras, que Faraón reconoció que había algo sobrenatural operando desde el interior de José. La presencia de Aquél que ordena el caos estaba dentro de José. La presencia de Aquél que es maestro y da testimonio de que somos hijos de Dios estaba en José. La conducción del Espíritu Santo, su dirección y las formas en las que Él nos guía estaban en José. La presencia de Aquél que envía, que toma decisiones, que provoca y produce la palabra profética estaba en el undécimo hijo de Jacob. La presencia de Aquél que da órdenes, que revela lo que ha de ocurrir y nos mueve a ir a los lugares a los que debemos acudir estaba en José. La presencia de Aquél que empodera y capacita estaba dentro de José.
El Espíritu Santo había poseído a José para que no temiera hablar con autoridad profética. El Espíritu Santo había decidido acompañar al siervo que había sido escogido para poner en acción los propósitos del Todopoderoso Dios. Faraón no conocía estos datos, pero su declaración afirmó que todo esto estaba operando dentro de un joven adulto llamado José.
[1] https://www.worldhistory.org/trans/es/1-14280/religion-en-el-antiguo-egipto/
[2] Estas son las transliteraciones de los nombres en egipcio. Esto es, escritos en fonética.
[3] Graves-Brown, C. (2018). Daemons and Spirits in Ancient Egypt. University of Wales Press.
[4] https://egyptmythology.com/the-god-within-exploring-the-human-element-in-the-deities-of-ancient-egypt/
[5] El Heraldo, Boletín Institucional, 30 de agosto de 2026.
Familias dirigidas por el Espíritu Santo: el análisis de la familia de Jacob - Parte XXV
Los sueños del Faraón
“37 El faraón y todos sus ministros aprobaron la propuesta. 38 Luego el faraón les dijo a sus ministros:—¿Podríamos encontrar a otro hombre como este, que tenga el espíritu de Dios en él? 39 Entonces el faraón le dijo a José: —Como Dios te ha mostrado todo esto a ti, no existe nadie más sabio e inteligente que tú.” (Gén 41:37-39, PDT)
La narrativa bíblica acerca de los sueños del Faraón que aparece en el capítulo 41 del Libro de Génesis nos ha absorbido. Nuestra reflexión anterior giró alrededor de cómo Dios tomó el control de todo lo que aconteció en el encuentro entre José y el Faraón. Analizamos en esa reflexión cómo fue que José insertó a Dios en sus respuestas al Faraón y cuál fue la reacción de este. Además, dedicamos un espacio para analizar las acciones de José previas a ese encuentro.
Como una nota editorial compartimos que hemos decidido no desarrollar el análisis de la propuesta o el plan de acción que José le propuso al monarca de Egipto. Esto, debido a que estamos convencidos de que ese plan de acción merece ser analizado como parte de una batería de reflexiones acerca del liderazgo y de la planeación estratégica.
La Biblia dice que las propuestas de José “fueron bien recibidas por el faraón y sus funcionarios” (Gen 41:37, NTV). En otras palabras, que se tomó una decisión gubernamental acerca del plan propuesto por José. Es obvio que el peso que tuvo la posición del monarca de Egipto acerca de esto hizo académica las posturas de los funcionarios del rey. No obstante, este dato se reviste de importancia de cara a las decisiones que José tomaría en el futuro y los planes de acción que él pondría en ejecución.
Ahora bien, es imprescindible repetir que esa narrativa describe las expresiones que utilizó el Faraón. Ese pasaje bíblico dice que el monarca egipcio utilizó el mismo nombre de Dios que escuchó de los labios de José en cuatro (4) ocasiones.
Algunos exégetas bíblicos han postulado que el Faraón pudo haber reaccionado así creyendo que se trataba de un dios adicional a los que él ya conocía. La realidad es que esto es así: Faraón no conocía al Elohim (“ʼĕlôhı̂ym”, H430). Utilizando el modelo paulino podemos decir que José le había hablado al Faraón acerca del Dios no conocido:
“22 Entonces Pablo, de pie ante el Concilio,[f] les dirigió las siguientes palabras: «Hombres de Atenas, veo que ustedes son muy religiosos en todo sentido, 23 porque mientras caminaba observé la gran cantidad de lugares sagrados. Y uno de sus altares tenía la siguiente inscripción: “A un Dios Desconocido”. Este Dios, a quien ustedes rinden culto sin conocer, es de quien yo les hablo. 24 »Él es el Dios que hizo el mundo y todo lo que hay en él. Ya que es el Señor del cielo y de la tierra, no vive en templos hechos por hombres, 25 y las manos humanas no pueden servirlo, porque él no tiene ninguna necesidad. Él es quien da vida y aliento a todo y satisface cada necesidad.” (Hch 17:22-25, NTV)
Sin embargo, esta posición exegética no puede explicar por qué es que el Faraón creía que Elohim puede poner su Espíritu dentro de un ser humano al que quería utilizar.
Hace falta explicar que la religión del antiguo Egipto es extraordinariamente compleja[1]. En esta se describe el desarrollo de espíritus desde muy temprano en la fundación de ese reino. Existen evidencias acerca de esto que datan del 3500 A.C.. Estos eran descritos como seres divinos (netjerw) jerárquicamente superiores a los seres humanos, pero inferiores a los dioses. Las clasificaciones que se los egipcio les dieron a los espíritus son muy interesantes. Dentro de estas encontramos espíritus enemigos (kheftyu), monstruos (weret), asesinos (khaytyw), mensajeros (weputyu) y vagabundos (shemayu)[2], solo por mencionar algunas. Es más, los egipcios creían que hasta los difuntos podían participar de esos escenarios. Creemos que es mucho más fácil resumir estas clasificaciones presentando que la religión egipcia creía en espíritus que acompañaban a los dioses y en espíritu que los enfrentaban. [3]
Por otro lado, los dioses egipcios, aunque no eran considerados infalibles, eran vistos como los señores de la creación y custodios del orden. Estos también eran vistos como amigos muy cercanos que mostraban interés en ayudar a los seres humanos. Los especialistas en la cultura egipcia han concluido que esos dioses eran el reflejo de la experiencia humana.[4]
Tenemos que indicar que no hemos encontrado evidencias historiográficas que describan que los dioses podían estar dentro de los seres humanos. Continuamos realizando investigaciones para sostener este punto o, de ser necesario, corregirlo.
Esta es una de las razones para acentuar lo extraordinaria que es la expresión que utilizó el Faraón. El monarca egipcio no identificó lo que tenía José como el espíritu de alguno de los dioses del antiguo Egipto. Decir que Amón/Ra, Osiris, Isis, Hathor u otro de los dioses egipcios había puesto su espíritu dentro de José sería contrario a su teología. La frase utilizada por el Faraón afirma que el Dios que José describió, no solo era distinto a los dioses que él conocía, sino que hasta podía poner su Espíritu dentro de los seres humanos.
¿Quién le enseñó esto a este monarca? ¿De dónde obtuvo el Faraón esa teología? Estamos convencidos de que Dios no se limitó a darle dos (2) sueños a este monarca egipcio. Esos regalos de Dios vinieron acompañados de la sensibilidad que produce el Espíritu de Dios para convertir los corazones de los seres humanos en tierra fértil para escuchar la voz del Eterno.
Ahora bien, afirmamos en la reflexión anterior que las reacciones que el Faraón tendría ante la palabra revelada eran de su entera responsabilidad.
En nuestra reflexión anterior presentamos que la frase usada por el Faraón, “Espíritu de Dios” (“rū-aḥ ’ĕ-lō-hîm”) no había sido utilizada en la Biblia desde su uso en el primer capítulo del Libro del Génesis.
“2 La tierra no tenía forma y estaba vacía, y la oscuridad cubría las aguas profundas; y el Espíritu de Dios se movía en el aire sobre la superficie de las aguas.” (Gén 1:2, NTV)
Compartimos en otra reflexión anterior una expresión del siempre recordado Dr. Rev. Roberto Amparo Rivera: “el caos es una invitación para que el Espíritu de Dios se pasee sobre este.” Vimos allí que ese pasaje bíblico establece que el Espíritu de Dios se movía sobre el caos y sobre la oscuridad que existía antes de la creación: “el Espíritu de Dios fue el primer agente en función para poner en orden el caos existente.” [5]
Repetimos que esto amplía las expresiones del Faraón. En otras palabras, que hay un mensaje mucho más amplio cuando la Biblia dice que él postuló en su palacio que el Espíritu de Dios podía estar depositado en el interior de un ser humano. Esa expresión afirmaba que Dios podía utilizar a un ser humano para convertirlo en agente mediador y reparador del caos que venía de camino.
La Biblia enseña que Cristo prometió que el Espíritu Santo estaría dentro de nosotros.
“38 El que cree en mí, como dice la Escritura, de su interior correrán ríos de agua viva. 39 Esto dijo del Espíritu que habían de recibir los que creyesen en él; pues aún no había venido el Espíritu Santo, porque Jesús no había sido aún glorificado.” (Jn 7:38-39, RV 1960)
¿Qué cosas dice la Biblia acerca de la presencia del Espíritu en nuestro interior como creyentes en Cristo? La Biblia dice que el Espíritu de Dios posee varias funciones en la vida del creyente en Cristo. A continuación, algunas de esas funciones:
1) Es maestro.
“26 Mas el Consolador, el Espíritu Santo, a quien el Padre enviará en mi nombre, él os enseñará todas las cosas, y os recordará todo lo que yo os he dicho.” (Jn 14:26)
2) Nos da testimonio de la relación que tenemos con el Padre.
“16 El Espíritu mismo da testimonio a nuestro espíritu, de que somos hijos de Dios.” (Rom 8:16).
3) Nos guía a la verdad.
“13 Pero cuando venga el Espíritu de verdad, él os guiará a toda la verdad; porque no hablará por su propia cuenta, sino que hablará todo lo que oyere, y os hará saber las cosas que habrán de venir.” (Jn 16:13)
4) Glorifica a Cristo.
“14 Él me glorificará; porque tomará de lo mío, y os lo hará saber.” (Jn 16:14)
5) Dirige la evangelización.
“6 Y atravesando Frigia y la provincia de Galacia, les fue prohibido por el Espíritu Santo hablar la palabra en Asia;” (Hch 16:6)
6) Nos conduce.
“13 Pero cuando venga el Espíritu de verdad, él os guiará a toda la verdad; porque no hablará por su propia cuenta, sino que hablará todo lo que oyere, y os hará saber las cosas que habrán de venir.” (Jn 16:13)
7) Intercede por nosotros.
“26 De igual manera, el Espíritu nos ayuda en nuestra debilidad. Por ejemplo, cuando no sabemos qué pedirle a Dios, el Espíritu mismo le pide a Dios por nosotros. El Espíritu le habla a Dios a través de gemidos imposibles de expresar con palabras. 27 Pero Dios nos conoce a fondo y entiende lo que el Espíritu quiere decir, porque el Espíritu ruega a favor de su pueblo santo de acuerdo a la voluntad de Dios.” (Rom 8:26-27, PDT).
8) Nos envía.
“4 Entonces Bernabé y Saulo fueron enviados por el Espíritu Santo. Descendieron hasta el puerto de Seleucia y después navegaron hacia la isla de Chipre.” (Hch 13:4, NTV).
9) Toma decisiones.
“El Espíritu Santo, y nosotros mismos, hemos decidido no imponerles ninguna carga más que las Indispensables.” (Hch 15:28)
10) Provoca y produce la palabra profética.
“27 En aquellos días unos profetas descendieron de Jerusalén a Antioquía. 28 Y levantándose uno de ellos, llamado Agabo, daba a entender por el Espíritu, que vendría una gran hambre en toda la tierra habitada; la cual sucedió en tiempo de Claudio.” (Hch 11:27-28)
“11 quien viniendo a vernos, tomó el cinto de Pablo, y atándose los pies y las manos, dijo: Esto dice el Espíritu Santo: Así atarán los judíos en Jerusalén al varón de quien es este cinto, y le entregarán en manos de los gentiles.” (Hch 21:11)
11) Da órdenes.
“12 Y el Espíritu me dijo que fuese con ellos sin dudar. Fueron también conmigo estos seis hermanos, y entramos en casa de un varón,” (Hch 11:12)
“2 Ministrando éstos al Señor, y ayunando, dijo el Espíritu Santo: Apartadme a Bernabé y a Saulo para la obra a que los he llamado.” (Hch 13:2)
12) Da carismas (dones).
“7 Pero a cada uno le es dada la manifestación del Espíritu para provecho. 8 Porque a éste es dada por el Espíritu palabra de sabiduría; a otro, palabra de ciencia según el mismo Espíritu; 9 a otro, fe por el mismo Espíritu; y a otro, dones de sanidades por el mismo Espíritu. 10 A otro, el hacer milagros; a otro profecía; a otro, discernimiento de espíritus; a otro, diversos géneros de lenguas; y a otro, interpretación de lenguas. 11 Pero todas estas cosas las hace uno y el mismo Espíritu, repartiendo a cada uno en particular como él quiere.” (1Cor 12:7-11)
13) Revela.
“25 Y he aquí había en Jerusalén un hombre llamado Simeón, y este hombre, justo y piadoso, esperaba la consolación de Israel; y el Espíritu Santo estaba sobre él. 26 Y le había sido revelado por el Espíritu Santo, que no vería la muerte antes que viese al Ungido del Señor. 27 Y movido por el Espíritu, vino al templo. Y cuando los padres del niño Jesús lo trajeron al templo, para hacer por él conforme al rito de la ley,” (Lcs 2:25-26)
Sabemos que esta lista no recoge todas las funciones del Espíritu Santo que aparecen en la Biblia. La presentamos como una muestra de todo lo que Él hace en la vida de los creyentes en Cristo. Celebramos que los creyentes en Cristo disfrutamos de todas estas funciones del Espíritu Santo desde que aceptamos a Jesucristo como Señor y Salvador nuestro.
Ahora bien, es sumamente importante entender que encontramos en la Biblia descripción de funciones del Espíritu de Dios mucho antes de que este descendiera en el día de Pentecostés sobre los 120 que estaban reunidos en el aposento alto (Hch 2). El testimonio de Simeón que hemos compartido en los párrafos anteriores y que aparece en el capítulo dos (2) del Evangelio de Lucas, es tan solo una muestra de ello. Ese pasaje afirma que el Espíritu Santo estaba sobre Simeón, le daba revelación a este hombre y que lo movía a ir a los lugares a los que debía ir. Todo esto antes de que ocurriera el derramamiento del Espíritu Santo el día de Pentecostés.
Repetimos que la presencia del Espíritu Santo en la vida del creyente en Cristo, así como en la Iglesia del Señor adquirió unas dimensiones únicas desde el día de ese derramamiento. La Biblia afirma que es desde ese momento que Él está presente constantemente en el creyente y en la Iglesia.
No obstante, no es menos cierto que encontramos pasajes en el Antiguo Testamento que afirman la presencia del Espíritu Santo operando en la vida de algunos personajes bíblicos. Ejemplo de esto son dos (2) pasajes que encontramos en el Libro del Éxodo. Ambos describen el empoderamiento de unos artesanos que eran imprescindibles para realizar el trabajo especializado de la construcción del Tabernáculo de reunión que Dios le había revelado a Moisés.
“1 Habló Jehová a Moisés, diciendo: 2 Mira, yo he llamado por nombre a Bezaleel hijo de Uri, hijo de Hur, de la tribu de Judá; 3 y lo he llenado del Espíritu de Dios, en sabiduría y en inteligencia, en ciencia y en todo arte, 4 para inventar diseños, para trabajar en oro, en plata y en bronce, 5 y en artificio de piedras para engastarlas, y en artificio de madera; para trabajar en toda clase de labor.” (Éxo 31:1-5, RV 1960)
Ese pasaje bíblico señala que Dios había llenado a Bezaleel con el “rū-aḥ ’ĕ-lō-hîm”, la misma frase utilizada para describir lo que había sido puesto en José.
Otro pasaje de ese mismo libro confirma lo que hemos leído.
“30 Y dijo Moisés a los hijos de Israel: Mirad, Jehová ha nombrado a Bezaleel hijo de Uri, hijo de Hur, de la tribu de Judá; 31 y lo ha llenado del Espíritu de Dios, en sabiduría, en inteligencia, en ciencia y en todo arte, 32 para proyectar diseños, para trabajar en oro, en plata y en bronce, 33 y en la talla de piedras de engaste, y en obra de madera, para trabajar en toda labor ingeniosa. 34 Y ha puesto en su corazón el que pueda enseñar, así él como Aholiab hijo de Ahisamac, de la tribu de Dan;” (Éxo 35:30-34)
La frase utilizada aquí es la misma que encontramos en el pasaje anterior: “rū-aḥ ’ĕ-lō-hîm”.
El Primer Libro de Samuel presenta varias ocasiones en la que la presencia del Espíritu de Dios descendió sobre algunos personajes bíblicos. Veamos a algunos ejemplos de esto.
“9 Aconteció luego, que al volver él la espalda para apartarse de Samuel, le mudó Dios su corazón; y todas estas señales acontecieron en aquel día. 10 Y cuando llegaron allá al collado, he aquí la compañía de los profetas que venía a encontrarse con él; y el Espíritu de Dios vino sobre él con poder, y profetizó entre ellos.” (1 Sam 10:9-10)
“18 Huyó, pues, David, y escapó, y vino a Samuel en Ramá, y le dijo todo lo que Saúl había hecho con él. Y él y Samuel se fueron y moraron en Naiot. 19 Y fue dado aviso a Saúl, diciendo: He aquí que David está en Naiot en Ramá. 20 Entonces Saúl envió mensajeros para que trajeran a David, los cuales vieron una compañía de profetas que profetizaban, y a Samuel que estaba allí y los presidía. Y vino el Espíritu de Dios sobre los mensajeros de Saúl, y ellos también profetizaron. 21 Cuando lo supo Saúl, envió otros mensajeros, los cuales también profetizaron. Y Saúl volvió a enviar mensajeros por tercera vez, y ellos también profetizaron. 22 Entonces él mismo fue a Ramá; y llegando al gran pozo que está en Secú, preguntó diciendo: ¿Dónde están Samuel y David? Y uno respondió: He aquí están en Naiot en Ramá. 23 Y fue a Naiot en Ramá; y también vino sobre él el Espíritu de Dios, y siguió andando y profetizando hasta que llegó a Naiot en Ramá.” (1 Sam 19:18-23)
Encontramos unas expresiones similares en el Segundo Libro de Crónicas.
“1 Vino el Espíritu de Dios sobre Azarías hijo de Obed, 2 y salió al encuentro de Asa, y le dijo: Oídme, Asa y todo Judá y Benjamín: Jehová estará con vosotros, si vosotros estuviereis con él; y si le buscareis, será hallado de vosotros; mas si le dejareis, él también os dejará.” (2 Cró 15:1-2)
“20 Entonces el Espíritu de Dios vino sobre Zacarías hijo del sacerdote Joiada; y puesto en pie, donde estaba más alto que el pueblo, les dijo: Así ha dicho Dios: ¿Por qué quebrantáis los mandamientos de Jehová? No os vendrá bien por ello; porque por haber dejado a Jehová, él también os abandonará.” (2 Cró 24:20)
En todos estos casos se utiliza la misma frase: “rū-aḥ ’ĕ-lō-hîm”.
Además, tenemos que destacar que el Antiguo Testamento presenta pasajes en los que el Espíritu de Dios es llamado Espíritu Santo. Veamos algunos ejemplos de esto:
“10 Mas ellos fueron rebeldes, e hicieron enojar su santo espíritu; por lo cual se les volvió enemigo, y él mismo peleó contra ellos. 11 Pero se acordó de los días antiguos, de Moisés y de su pueblo, diciendo: ¿Dónde está el que les hizo subir del mar con el pastor de su rebaño? ¿dónde el que puso en medio de él su santo espíritu, 12 el que los guió por la diestra de Moisés con el brazo de su gloria; el que dividió las
aguas delante de ellos, haciéndose así nombre perpetuo, 13 el que los condujo por los abismos, como un caballo por el desierto, sin que tropezaran? 14 El Espíritu de Jehová los pastoreó, como a una bestia que desciende al valle; así pastoreaste a tu pueblo, para hacerte nombre glorioso.” (Isa 63:10-14)
“11 No me eches de delante de ti, Y no quites de mí tu santo Espíritu.” (Sal 51:11)
La frase en hebreo que es traducida como Espíritu Santo en el Libro del profeta Isaías es “rū-aḥ qā-ḏə-šōw.” La frase traducida en el Salmo de David es “wə-rū-aḥ qāḏ-šə-ḵā” (y el Espíritu de tu santidad). En ambos pasajes bíblicos es descrito como una persona).
También, debemos destacar que el verso once (11) del Salmo 51 describe que el génesis de algunas de las angustias que David sufrió por haber pecado contra Dios era el temor que él tenía de perder la presencia del Espíritu Santo.
Regresando al análisis del 41 del Libro de Génesis, este describe que el Faraón reconoció esta presencia dentro del undécimo hijo de Jacob. En otras palabras, que Faraón reconoció que había algo sobrenatural operando desde el interior de José. La presencia de Aquél que ordena el caos estaba dentro de José. La presencia de Aquél que es maestro y da testimonio de que somos hijos de Dios estaba en José. La conducción del Espíritu Santo, su dirección y las formas en las que Él nos guía estaban en José. La presencia de Aquél que envía, que toma decisiones, que provoca y produce la palabra profética estaba en el undécimo hijo de Jacob. La presencia de Aquél que da órdenes, que revela lo que ha de ocurrir y nos mueve a ir a los lugares a los que debemos acudir estaba en José. La presencia de Aquél que empodera y capacita estaba dentro de José.
El Espíritu Santo había poseído a José para que no temiera hablar con autoridad profética. El Espíritu Santo había decidido acompañar al siervo que había sido escogido para poner en acción los propósitos del Todopoderoso Dios. Faraón no conocía estos datos, pero su declaración afirmó que todo esto estaba operando dentro de un joven adulto llamado José.
[1] https://www.worldhistory.org/trans/es/1-14280/religion-en-el-antiguo-egipto/
[2] Estas son las transliteraciones de los nombres en egipcio. Esto es, escritos en fonética.
[3] Graves-Brown, C. (2018). Daemons and Spirits in Ancient Egypt. University of Wales Press.
[4] https://egyptmythology.com/the-god-within-exploring-the-human-element-in-the-deities-of-ancient-egypt/
[5] El Heraldo, Boletín Institucional, 30 de agosto de 2026.
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AUTOR: MIZRAIM ESQUILIN GARCIA
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