1061 • El Heraldo Digital – Institucional • Volumen XVII • 14 de junio del 2026

1061 • El Heraldo Digital – Institucional • Volumen XVII • 14 de junio del 2026
Familias dirigidas por el Espíritu Santo: el análisis de la familia de Jacob - Parte XIII


“20 Y tomó su amo a José, y lo puso en la cárcel, donde estaban los presos del rey, y estuvo allí en la cárcel. 21 Pero Jehová estaba con José y le extendió su misericordia, y le dio gracia en los ojos del jefe de la cárcel. 22 Y el jefe de la cárcel entregó en mano de José el cuidado de todos los presos que había en aquella prisión; todo lo que se hacía allí, él lo hacía. 23 No necesitaba atender el jefe de la cárcel cosa alguna de las que estaban al cuidado de José, porque Jehová estaba con José, y lo que él hacía, Jehová lo prosperaba.”  (Gén 39:20-23, RV1960)

Nota editorial:
El pasado miércoles 10 de junio el Señor envió las órdenes para la “mudanza” a las mansiones celestiales de nuestro amado Hermano Eduardo Figueroa Gandía. Esta partida ha consternado a toda nuestra congregación. Eduardo anhelaba irse con el Señor; lo manifestó así desde el momento en que recibió la noticia acerca de la enfermedad que lo aquejaba. Su confianza y su seguridad en las promesas de la vida eterna eran inmensurables.

El testimonio intachable de Eduardo, su integridad y su fidelidad al Señor lo convirtieron en una de las personas favoritas de toda nuestra congregación. Su compromiso incuestionable con el servicio al Señor, con la iglesia y con el prójimo se convirtió en un modelo a ser imitado. La gracia con la que nos recibía en el estacionamiento alegraba nuestros corazones. Sin duda alguna que lo vamos a extrañar. Nos consuela saber que lo volveremos a ver en la mañana de la resurrección.

Oramos incesantemente por su viuda, la amada Hermana María V. (Vicky) Aponte Rivera, por sus hijos Eduardo y Keila, por sus hermanos y demás familiares. Sabemos que la misericordia y la bondad de Dios los ha estado sosteniendo. Le pedimos al Todopoderoso que los inunde con su paz.

“13 Oí una voz que desde el cielo me decía: Escribe: Bienaventurados de aquí en adelante los muertos que mueren en el Señor. Sí, dice el Espíritu, descansarán de sus trabajos, porque sus obras con ellos
siguen.”
 (Apo 14:13)
~
Nuestra reflexión anterior fue utilizada para proponer y argumentar acerca de cómo es que la cárcel atípica a la que José fue enviado (“bayith ṣōhar”, H1004-H5470)[1]se convirtió en un “aula” para el adiestramiento y la transformación de ese joven. Recordemos que el concepto hebreo que se traduce aquí como cárcel es utilizado en ocho (8) ocasiones en la Biblia y en todas ellas su uso está relacionado al lugar al que José fue enviado. En otras palabras, que no hay una cárcel similar a esta en el resto del Antiguo Testamento.

Estamos convencidos de que José, al llegar allí, debe haberse preguntado por qué Potifar no lo mató en vez de enviarlo a esa prisión. Joseph Telushkin argumenta que sería inverosímil que un esclavo en el sur de los Estados Unidos fuera capaz de sobrevivir a una acusación así, sin importar si esta fuera cierta o falsa.[2] La decisión de Potifar revela que él no le creyó a su esposa y que tan solo estaba procurando proteger el honor de su casa.
 
La prisión a la que José fue enviado pudo haberse convertido en un espacio para la auto conmiseración. En cambio, creemos que esta se convirtió en un lugar para reflexionar, pensar, analizar, y para buscar el rostro del Señor.

Las cárceles que enfrentamos y sufrimos en la vida son así. Estas son catalogadas como crisis centrales que tienen como denominador común la provocación y la provisión del espacio para el desarrollo de estas acciones reflexivas. Aquellos que hemos estado allí sabemos que estas nos provocan con mucha frecuencia a reflexionar acerca de lo que hicimos antes de entrar en esas crisis. Estas nos provocan a reflexionar acerca de lo que no debimos haber hecho, de aquello que debimos haber hecho y acerca de las alternativas que no consideramos antes de entrar a esas prisiones. Es común ver que esos lugares se convierten en espacios separados por Dios, no solo para proveernos el tiempo para repasar lo sucedido, sino para procurar encontrar respuestas, proponer alternativas y sobre todo, para buscar el rostro del Señor, su iluminación y su dirección.

Estas actividades debieron ocupar una parte esencial del tiempo de José cuando este llegó a la cárcel en la que se encontraban los presos del rey (Gén 39:20).

¿Sobre qué cosas reflexionó José? En primer lugar, creemos que José tuvo que haber reflexionado acerca de la presencia de Dios. Hay que puntualizar que cuando atravesamos por experiencias que parecen prisiones, por lo general, somos los últimos en darnos cuenta de los niveles de gracia y de misericordia que Dios exhibe a través de nosotros. No obstante, creemos que el testimonio de la presencia del favor y del poder de Dios en la cárcel en la que José estaba eran demasiado fuertes y evidentes como para ser ignorados por él. José no podía estar ciego ante esas demostraciones de la mano de Dios.

José debió haberse preguntado por qué estaba sucediendo esto, por qué Dios se estaba manifestando así en un ambiente pagano y politeísta y qué estaba procurando Dios con esto.
 
Sabemos que hemos visitado en otras reflexiones los conceptos que son utilizados en los versos bíblicos que aparecen en el epígrafe de este documento. No obstante, creemos que es necesario profundizar un poco más en el estudio de estos de modo que podamos extraer otras conclusiones que son fundamentales para el análisis que procuramos desarrollar aquí.

El texto bíblico dice que el Señor estaba con José (Gén 39: 21). Hay otras versiones bíblicas que recogen esa expresión de la misma manera: PDT, NTV. La versión Dios Habla Hoy lo traduce así: “el Señor siguió estando con José.”

El concepto hebreo que es utilizado aquí es revelador. El texto bíblico pudo decir que Dios estaba allí utilizando un concepto hebreo que se usa para describir que “ese”, “este”, que “él mismo”, que “de manera intencional”[3] estaba allí (“hâvâʼ”; H1933): como el Omnipresente, el Invisible, el Gobernante del mundo.[4] Es muy interesante que la Concordancia Strong invite al lector a considerar este concepto y las diferencias que existen entre este y el que se usa en el pasaje bíblico que estamos analizando.[5]

El verbo hebreo que es traducido en ese pasaje del libro de Génesis como “estar” es “hâyâh” (H1961; conjugado en ese verso como “way-hî”: el texto hebreo dice “way-hî Yah-weh”).[6] Ese verbo puede ser traducido como “es”, “ser” o “existir”. En otras palabras, que la presencia de Dios que José estaba experimentando era la del Dios que se revela, que es y que existe. Dicho de otra forma: el “Yo Soy”, estaba allí, el Dios que es, que existe y que está presente estaba allí con José. O sea, que su presencia era revelada, era palpable, continua y ocupaba todos los espacios de esa cárcel. José no pudo haber pasado por alto una experiencia de esta magnitud. ¿Por qué? Porque se trataba de una revelación: el Dios Eterno, el que es y que siempre será, estaba en esa prisión con su hijo. Dios estaba revelándose en esa cárcel.
 
Entonces, esta conclusión coloca la prisión en la que estaba José en la dimensión o el escenario de un repaso de la revelación de la presencia de Dios que Abram había recibido: “Yo soy Jehová” (“’ă-nî Yah-weh”; Gén 15:7), “Yo soy el Dios Todopoderoso” (“’ă-nî-’êl šad-day”; Gén 17:1).

Esta clase de manifestación de la presencia de Dios en la vida de José también parecería un repaso de la revelación que Dios le había dado a Jacob.

“24 Y se le apareció Jehová aquella noche, y le dijo: Yo soy el Dios (“’ā-nō-ḵî ’ĕ-lō-hê”) de Abraham tu padre; no temas, porque yo estoy contigo, y te bendeciré, y multiplicaré tu descendencia por amor de Abraham mi siervo.” (Gén 26:24)

Además, esa clase de manifestación de la presencia de Dios parecería ser un preludio de lo que Moisés vería en el Sinaí cuando Dios se le reveló.

“14 Y respondió Dios a Moisés: YO SOY EL QUE SOY. Y dijo: Así dirás a los hijos de Israel: YO SOY me envió a vosotros. 15 Además dijo Dios a Moisés: Así dirás a los hijos de Israel: Jehová, el Dios de vuestros padres, el Dios de Abraham, Dios de Isaac y Dios de Jacob, me ha enviado a vosotros. Este es mi nombre para siempre; con él se me recordará por todos los siglos. 16 Vé, y reúne a los ancianos de Israel, y diles: Jehová, el Dios de vuestros padres, el Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob, me apareció diciendo: En verdad os he visitado, y he visto lo que se os hace en Egipto;” (Éxo 3:14-16, RV 1960)

Cuando traducimos esto al lenguaje del Nuevo Testamento, tendríamos que decir que esa revelación es similar a decir que Aquél que dijo “Yo soy el pan de vida” (Jn 6:35) estaba allí. Aquél que dijo “Yo soy la luz del mundo” (Jn 8:12) estaba allí. Aquél que dijo “Yo soy la puerta” (Jn 10:7-9) estaba allí. Aquél que dijo “Yo soy el buen Pastor” (Jn 10:12) estaba allí. Aquél que dijo “Yo soy la resurrección y la vida” (Jn 11:25) estaba allí. Aquél que dijo “Yo soy el camino, la verdad y la vida” (Jn 14:6) estaba allí. Aquel que dijo “Yo soy la vid verdadera” (Jn 15:1) estaba allí. ¡Dios es y está! Él es y está presente en medio de nuestras prisiones.

El texto bíblico continúa diciendo que lo que Dios le extendió a José fue su misericordia.

¿Qué significado tiene ese concepto en esa narrativa bíblica? El concepto hebreo que es traducido aquí como misericordia contesta esta pregunta. Se trata del concepto “chêsêd” (H2617). Los recursos académicos consultados lo traducen como bondad, amabilidad, como hacer favores y extender beneficios: bondad que se muestra a necesitados, a los miserables y a los humildes. Estos recursos señalan que en ocasiones este es traducido en la Biblia como misericordia (Gén 21:23; 24:27), como fidelidad y como gracia (Est 2:9).[7]
 
La traducción al inglés de ese concepto (“loving-kindness”) se describe como un afecto tierno y benevolente.[8] Se trata del amor divino manifestado como amorosa bondad al condescender a las necesidades de sus criaturas.[9],[10] Esto es, acomodarse por bondad o conveniencia al gusto y voluntad de aquellos que tienen necesidad.
 
La Biblia enseña que esa bondad se manifiesta como su favor para ser rescatados de enemigos y de problemas. Se trata de la bondad de Dios manifestada en la preservación de la vida frente a la muerte, en la vivificación de la vida espiritual, en la redención del pecado, en el cumplimiento de los pactos, tal y como sucedió con Abraham con Moisés e Israel, con David y su dinastía y con Sion como esposa de Dios.[11]

Los especialistas que han definido este concepto puntualizan que la Biblia nos invita a confiar y a regocijarnos en esa misericordia; a tener esperanza en ella.    

Además, la Biblia dice que el “chêsêd” de Dios es abundante, grande en extensión, que se conserva de manera ilimitada y que es grande como los cielos (Sal 103:11). Ella dice que la tierra está llena de ese “chêsêd” (Sal 33:5) y que esa misericordia es eterna (Isa 54:8).

El siempre recordado Rdo. Dr. Roberto Amparo Rivera decía que ese concepto hebreo es lo más parecido al concepto griego que traducimos como “gracia.”

Todo esto fue lo que Dios le extendió a José en la cárcel en la que estaban los presos del rey.

Estos versos bíblicos describen la acción de extender esa misericordia de una forma muy particular (v. 21). El concepto hebreo utilizado aquí es “nâṭâh” (H5186). Ese verbo implica que la acción de extender que se describe aquí es sin duda una personalizada. Lo sabemos porque este verbo es utilizado en la Biblia para describir la acción de extender la mano (Exo 7:19; 9:23; Jos 8:18), de instalar, desplegar o levantar una tienda de campaña extendiendo sus lonas (Gén 12:8), para describir la acción de inclinarse (Gén 49:15; Sal 62:3; Sal 40:1), de avanzar una sombra, de declinar el día (2 Rey 20:10; Jue 19:8) y/o de tender un cordel (usado como regla; Isa 44:13).[12],[13]
 
Dicho de otra forma, ese verso bíblico no dice que Dios lanzó o envió la misericordia desde los cielos. Ese verso dice que Dios extendió esa misericordia con su mano. Ese verso dice que Dios instaló esa misericordia en y sobre la vida de José como se extiende una tienda de campaña y que Dios también extendió esa cobertura sobre esa prisión. Ese verso dice que Dios se inclinó e hizo avanzar su misericordia sobre José y sobre la cárcel en la que él estaba. Ese verso dice que Dios tendió esa misericordia dentro de esa cárcel como se extiende un cordel. Todos los que ocupaban ese lugar experimentaron esto, comenzando por José. Este verso bíblico dice eso porque Dios estaba en esa cárcel con José.

No existe una experiencia de gracia y bondad más poderosa que esta. No hay una medicina para el alma que supere esta demostración del favor de Dios. El Señor conoce que arribar a prisiones tales como el tener que transitar por el valle de sombra de muerte cuando no lo esperamos, tales como experimentar y/o sufrir la pérdida de un hijo o un cáncer, o sufrir los embates y los dolores provocados por los abusos físicos o emocionales, generalmente nos dejan si fuerzas y con muchas preguntas. La presencia casi tangible del Gran Yo Soy es insuperable para tratar con todo esto. La presencia de Aquél que es el mismo ayer, hoy y por todos los siglos inclinándose sobre nosotros es restauradora. La presencia del Eterno extendiendo su misericordia sobre nosotros como un cordel de esperanza y cubriéndonos con esta como una tienda de campaña sana el alma. Dios, que está presente en medio de nuestras cárceles, usa sus manos para extendernos su misericordia.

Tal y como dice el profeta Isaías:

“13 Porque yo Jehová soy tu Dios, quien te sostiene de tu mano derecha, y te dice: No temas, yo te ayudo. 14 No temas, gusano de Jacob, oh vosotros los pocos de Israel; yo soy tu socorro, dice Jehová; el Santo de Israel es tu Redentor.” (Isa 41:13)

Es imposible pasar por alto que estos versos señalan que aquellos que estaban alrededor de José se beneficiaron con el derramamiento de esa misericordia. Esto nos permite aseverar que aquellos que confían en el Señor son instrumentos para facilitar el derramamiento de ese “chêsêd”, de esa gracia, en donde quiera que se encuentren: incluyendo las prisiones.

Pero eso no fue lo único que Dios hizo con José en la cárcel. La Biblia dice que Dios “le dio gracia en los ojos del jefe de la cárcel” (v. 21). O sea, que “lo ayudó haciendo que se ganara la confianza del carcelero” (PDT); que “hizo que José fuera el preferido del encargado de la cárcel” (NTV); que “hizo que se ganara la simpatía del jefe de la cárcel” (DHH).

Es obvio que José tuvo que haber reflexionado en esa cárcel acerca de la presencia de Dios, una que era casi tangible y sin duda evidente.

Esta vertiente analítica nos conduce a concluir que es muy probable que José también haya repasado allí su historia. Nosotros, que tenemos la ventaja de conocer cómo termina la historia de este paladín de las Sagradas Escrituras, sabemos que José saldría de esa prisión capacitado para enderezar el rumbo y la historia del imperio egipcio, así como el rumbo y la historia de sus hermanos. Nos preguntamos: ¿qué cosas habrá considerado él acerca de estos?

Tenemos que insertar aquí unos datos históricos y culturales. En primer lugar, el análisis de la historia del pueblo de Israel nos permite conocer las formas y maneras en las que las tradiciones orales acompañaron a ese pueblo desde los patriarcas hasta el desarrollo de ellos como pueblo. Esto es, antes de que la Biblia fuera escrita. En segundo lugar, es un dato histórico que ese pueblo ha sido educado para repasar esas historias constantemente. Algunas miniseries recientes en la televisión han destacado esto. Aquellos que hemos tenido el privilegio de entrar a sinagogas durante los adiestramientos de los niños y los jóvenes judíos lo hemos podido constatar. En tercer lugar, los miembros de la comunidad judía se pasan cantando y recitando sus historias en cada celebración religiosa y familiar. Esto ha sido adoptado como una costumbre que se enseña a los hijos desde que son muy pequeños.

En cuarto lugar, Moisés aprovechó esta costumbre para indicar al pueblo de Israel que insertara en esta la acción de repetir las enseñanzas dadas por Dios mientras estaban en Egipto. El pueblo de Israel fue instruido a insertar en esta costumbre aquello que habían visto y sufrido en el lugar de su cautiverio, lo que habían visto en el desierto y las enseñanzas que habían recibido del Eterno.

“7 Pues, ¿qué gran nación tiene un dios que esté tan cerca de ellos de la manera que el Señor nuestro Dios está cerca de nosotros cada vez que lo invocamos? 8 ¿Y qué gran nación tiene decretos y ordenanzas tan justas e imparciales como este conjunto de leyes que te entrego hoy? 9 »¡Pero cuidado! Asegúrate de nunca olvidar lo que viste con tus propios ojos. ¡No dejes que esas experiencias se te borren de la mente mientras vivas! Y asegúrate de transmitirlas a tus hijos y a tus nietos. 10 Jamás te olvides del día que estuviste ante el Señor tu Dios en el monte Sinaí, donde él me dijo: “Convoca al pueblo para que se presente ante mí, y yo mismo lo instruiré. Entonces ellos aprenderán a temerme toda su vida y les enseñarán a sus hijos que también me teman.” (Det 4:7-10, NTV).

Hemos insertado estos datos aquí porque una de las tradiciones orales del pueblo de Israel, que luego fueron documentadas, es la que describe las luchas entre hermanos que encontramos en el libro de Génesis. Las historias de cuatro (4) parejas de hermanos aparecen en los relatos bíblicos del primer libro de la Biblia.[14] El final de cada una de las primeras tres (3) es doloroso y en ocasiones trágico. La historia de la primera pareja de hermanos que aparece en ese libro, la de Caín y Abel, termina con una tragedia. La Biblia dice que el mayor de los hermanos mató al menor (Gén 4:6-8). La segunda pareja de hermanos que aparece en ese libro, la de Ismael e Isaac, fue desbandada por Abraham, su padre, impidiendo así que ellos pudieran interactuar como familia (Gén 21:9-14). La Biblia da a entender que ellos solo se veían en los funerales (Gén 25:7-10). La tercera historia acerca de las relaciones entre hermanos que aparece en ese libro es la Esaú (Edom, Gén 36:1, 43) y Jacob, el padre de José. Esa relación nunca fue muy prometedora ni favorable. La Biblia dice que Esaú, en un momento de su historia, se consolaba (“nâcham”, H5162), que “respiraba” con la idea de matar a su hermano Jacob (Gén 27:41-42). O sea, que Esaú imaginaba esto constantemente. Es cierto que la Biblia dice que ambos hermanos se pudieron reconciliar (Gén 33:4-15), pero también dice que luego de eso cada uno siguió por su camino (Gén 35:16-17) y que aparentemente solo se veían en los funerales (Gén 35:29). Esto formaba parte de las tradiciones orales que luego fueron documentadas para nosotros.

José se crio dentro de esa tragedia. Sin duda alguna él debió haber sufrido los efectos de este tipo de anti-testimonios de relaciones fraternales en los que él se desarrolló.

Creemos que José debió haber repasado esa tradición oral. Este repaso lo debió haber conducido a preguntarse si su historia terminaría así. ¿La historia de sus relaciones fraternales terminaría de la misma manera en la que terminaron las anteriores que habían sido recogidas en la tradición oral de su familia? Creemos que la revelación de Dios lo iluminó para convencerlo de que si el Todopoderoso le concedía la oportunidad para ver a sus hermanos una vez más, él debería procurar cambiar ese resultado trágico en uno de esperanza.

Al mismo tiempo, creemos que José debió haber experimentado la transformación de su vida de oración en esa prisión. Hemos visto en otras reflexiones que Jeremías nos dice en el libro de su profecía que él necesitó estar en prisión para poder conocer lo que es el clamor a Dios.

“1 Vino palabra de Jehová a Jeremías la segunda vez, estando él aún preso en el patio de la cárcel, diciendo: 2 Así ha dicho Jehová, que hizo la tierra, Jehová que la formó para afirmarla; Jehová es su nombre: 3 Clama a mí, y yo te responderé, y te enseñaré cosas grandes y ocultas que tú no conoces.”  (Jer 33:1-3, RV 1960)

Este profeta esperó hasta el capítulo treinta y tres (33) de su profecía para decirnos que él aprendió esto en una de sus prisiones. O sea, que Jeremías no conocía esa dimensión de la oración, del clamor, antes de ir a esa cárcel. Compartimos lo siguiente acerca de este clamor en una reflexión acerca de la oración publicada el 9 de noviembre del año 2025:

“El concepto hebreo traducido aquí como clamor es “qârâʼ” (H7121). Los recursos académicos consultados nos permiten conocer que este puede ser traducido de muchas formas. Dentro de estas encontramos llamar o convocar. Es decir, llamar a una persona para que se presente o encomendarle una tarea (Éxo 12:31);[15] llamar por su nombre,[16] convocarlo, (Est 2:14); designar con un nombre o título y así dar nombre a algo, ya sea un nombre propio o un título representativo (Gén 1:5); llamado, designado, conocido como, considerado por (Det 3:13; 1Sam 9:9; Pro 16:21); ser llamado (Isa 48:8; 58:12; 61:3; 62:2; Eze 10:13+); proclamar, anunciar, es decir, hacer un llamado público a la información o un evento (1Rey 21:9).[17]

Hay que observar aquí que este concepto hebreo destaca la relación que posee aquél que llama (“qârâʼ”, H7121) con la persona a la que está llamando. En otras palabras, el clamor al que Jeremías se refiere requiere que la persona que clama conozca a Aquél al que está clamando; que lo conozca por su nombre. El uso de este concepto en el Salmo 34:6 es una validación de esta aseveración porque el “pobre” (“ʽânı̂y”, H6041: “depressed”) que clama en ese verso conoce quién es Dios.
 
“6 Este pobre clamó, y le oyó Jehová, Y lo libró de todas sus angustias.” (Sal 34:6)
 
Compartimos lo siguiente acerca de la afirmación de Jeremías en la reflexión de El Heraldo publicada el 22 de julio del 2022:
 
“El vocabulario utilizado por Jeremías para hacer referencia al clamor (“qârâʼ”, H7121), es uno que describe que éste provoca que Dios enseñe y realice unas manifestaciones (“te enseñaré”: “nâgad”, H5046). Ese clamor provoca que Dios haga anuncios y exposiciones. Estos anuncios, enseñanzas y exposiciones tienen como propósito servir como herramientas para el crecimiento y el desarrollo espiritual personal e institucional de todo aquél que la recibe. En el caso de los cristianos, esto permite que el creyente en Cristo pueda desarrollar su relación con Dios y alcanzar la madurez necesaria para mantenerse enfocado en el propósito de Dios para su vida.”

Jeremías aprendió esto en una prisión. Elementos claves de la enseñanza que Dios nos quiere ofrecer están supeditados a que decidamos aprender el valor del clamor. Este profeta necesitó estar recluido en una cárcel para tener el tiempo necesario para aprender esto.

Estamos convencidos de que José tuvo la misma oportunidad. Los resultados documentados en la Biblia confirman que él fue un buen estudiante y aprendió el valor del clamor a Dios.

Por último, José debió haber aprendido a manejar con prudencia sus pensamientos en esa cárcel. La Biblia dice que aquellos que amamos al Señor podemos ser capaces de poblar nuestra mente con lo que el salmista llama “los años de la diestra del Altísimo.”

“9 ¿Ha olvidado Dios el tener misericordia? ¿Ha encerrado con ira sus piedades? Selah 10 Dije: Enfermedad mía es esta; Traeré, pues, a la memoria los años de la diestra del Altísimo. 11 Me acordaré de las obras de JAH; Sí, haré yo memoria de tus maravillas antiguas. 12 Meditaré en todas tus obras, Y hablaré de tus hechos.”    (Sal 77:19-12, RV 1960).

“9 ¿Se ha olvidado Dios de ser bondadoso? ¿Habrá cerrado de un portazo la entrada a su compasión? (Interludio) 10 Y yo digo: «Este es mi destino; el Altísimo volvió su mano contra mí». 11 Pero después me acuerdo de todo lo que has hecho, oh Señor; recuerdo tus obras maravillosas de tiempos pasados. 12 Siempre están en mis pensamientos; no puedo dejar de pensar en tus obras poderosas” (NTV)  

El Apóstol Pablo se acerca a este consejo bíblico y celestial parafraseando el mismo de la siguiente manera:

“3 Es cierto que vivimos en este mundo, pero no luchamos como los seres humanos que viven en él. 4 Las armas con las que luchamos no son de este mundo, sino que tienen el poder de Dios para destruir las fortalezas del enemigo. Con nuestras armas, también destruimos los argumentos de los que están en contra nuestra 5 y acabamos con el orgullo que no le permite a la gente conocer a Dios. Así podemos capturar todos los pensamientos y hacer que obedezcan a Cristo.” (2 Cor 10:3-5, PDT)

En otras palabras, que la Biblia ofrece recursos extraordinarios para que seamos capaces de mantener en control nuestros pensamientos. Tenemos que aceptar que no existe manera alguna en que se pueda vencer una prisión si permitimos que nuestros pensamientos galopen en nuestras mentes sin disciplina y sin control. Estos versos escritos por el Apóstol Pablo afirman que poblar nuestras mentes con los testimonios del poder, de la bondad y de la misericordia de Dios permite que seamos capaces de llevar cautivos nuestros pensamientos en obediencia a Cristo.

Esta acción, dirigida por el Espíritu Santo, orquestada sobre la Palabra de Dios que hayamos atesorado y los testimonios que tenemos de la gracia y el “chêsêd” de Dios, nos permite sincronizar nuestros pensamientos obedeciendo lo que Cristo ha dicho, obedeciendo el plan perfecto que Él ha diseñado para nosotros (Efe 2:10) y a su propósito (Efe 3:11; 2 Tes 2:11; 2 Tim 2:9).

Ninguna prisión puede obstaculizar esto cuando nos alineamos con lo que la Biblia dice.


 
[1] Gesenius, W., & Tregelles, S. P. (2003). En Gesenius’ Hebrew and Chaldee lexicon to the Old Testament Scriptures (p. 580). Logos Bible Software.
[2] Telushkin, Joseph. Jewish Literacy: the most important things to know about the Jewish religion, its people, and its story. New York: William Morrow and Company, Inc., 1991, p. 41.
[3] Chávez, M. (1992). En Diccionario de hebreo bı́blico (1. ed., p. 149). Editorial Mundo Hispano.
[4] Whitaker, R., Brown, F., Driver, S. R. (Samuel R., & Briggs, C. A. (Charles A. (1906). En The Abridged Brown-Driver-Briggs Hebrew-English Lexicon of the Old Testament: from A Hebrew and English Lexicon of the Old Testament by Francis Brown, S.R. Driver and Charles Briggs, based on the lexicon of Wilhelm Gesenius. Houghton, Mifflin and Company.
[5] Strong, J. (2020). הִיא ,הוּא. In Strong’s Talking Greek and Hebrew Dictionary. WORDsearch.
[6] https://biblehub.com/text/genesis/39-21.htm.
[7] Chávez, M. (1992). En Diccionario de hebreo bı́blico (1. ed., p. 205). Editorial Mundo Hispano.
[8] https://www.merriam-webster.com/dictionary/loving-kindness: “tender and benevolent affection.”
[9] Strong, J. (1995). En Enhanced Strong’s Lexicon. Woodside Bible Fellowship.
[10] International Standard Bible Encyclopedia. James Orr, editor general. Electronic Edition STEP Files Copyright © 1998, Parsons Technology, Inc.: “lovingkindness.”
[11] Whitaker, R., Brown, F., Driver, S. R. (Samuel R., & Briggs, C. A. (Charles A. (1906). En The Abridged Brown-Driver-Briggs Hebrew-English Lexicon of the Old Testament: from A Hebrew and English Lexicon of the Old Testament by Francis Brown, S.R. Driver and Charles Briggs, based on the lexicon of Wilhelm Gesenius. Houghton, Mifflin and Company.
[12] Chávez, M. (1992). En Diccionario de hebreo bı́blico (1. ed., pp. 427–428). Editorial Mundo Hispano.
[13] Whitaker, R., Brown, F., Driver, S. R. (Samuel R., & Briggs, C. A. (Charles A. (1906). En The Abridged Brown-Driver-Briggs Hebrew-English Lexicon of the Old Testament: from A Hebrew and English Lexicon of the Old Testament by Francis Brown, S.R. Driver and Charles Briggs, based on the lexicon of Wilhelm Gesenius. Houghton, Mifflin and Company.
[14] Telushkin, Joseph. Op. cit., p. 42.
[15] Swanson, J. (1997). En Dictionary of Biblical Languages with Semantic Domains: Hebrew (Old Testament) (electronic ed.). Logos Research Systems, Inc.
[16] Strong, J. (1995). En Enhanced Strong’s Lexicon. Woodside Bible Fellowship.
[17] Chávez, M. (1992). En Diccionario de hebreo bı́blico (1. ed., pp. 613–614). Editorial Mundo Hispano.






Posted in
Posted in ,

No Comments


Categories

Archive

 2026
 2025
 2024

Recent

Tags