March 8th, 2026
1047 • El Heraldo Digital – Institucional • Volumen XVII • 8 de marzo del 2026
Familias dirigidas por el Espíritu Santo: el análisis de la familia de Jacob -Parte II
“28 Estas son las doce tribus de Israel, y esto es lo que su padre dijo a sus hijos al despedirse de ellos. Los bendijo con un mensaje apropiado para cada uno. 29 Entonces Jacob les dio las siguientes instrucciones: «Yo moriré pronto y me uniré con mis antepasados. Entiérrenme junto con mi padre y mi abuelo en la cueva que está en el campo de Efrón el hitita. 30 Es la cueva del campo de Macpela, cerca de Mamre, en Canaán, la cual Abraham compró a Efrón el hitita como lugar de sepultura permanente. 31 Allí están enterrados Abraham y su esposa Sara; allí también están enterrados Isaac y su esposa Rebeca; y allí enterré a Lea. 32 Es la parcela de tierra y la cueva que mi abuelo Abraham les compró a los hititas». 33 Cuando Jacob terminó de dar este encargo a sus hijos, metió los pies en la cama, dio su último suspiro y se reunió con sus antepasados al morir.” (Gén 49:28-33, NTV)
El análisis del modelo de familia de Jacob nos condujo a utilizar la reflexión anterior para revisar algunos planteamientos sobre una teoría de familia, la presentada por Edwin H. Friedman.[1]
La historia de Jacob es una llena de aciertos y desaciertos, de triunfos monumentales y de crisis indescriptibles. La historia de Jacob también es una que está repleta de evidencias del favor de Dios, de su dirección y de su misericordia. Una de las metas que pretendemos alcanzar en esta batería de reflexiones es la de tratar de entender la naturaleza de las transformaciones que este patriarca experimenta y de aquellas situaciones que tuvo que enfrentar para poder regresar a ser el líder de su familia. En este caso, las que ocurrieron en su entorno familiar. Las mismas obedecen a la voluntad expresa de Dios para su vida, así como para la vida de su descendencia a través de todas las generaciones de la historia de la humanidad.
Comenzamos señalando que el plan perfecto de Dios incluyó la creación de una nación llamada Israel. Ese plan incluía que de esa nación nacería Cristo, el Señor y el Salvador del mundo. También, que los hijos de esa nación tendrían la necesidad de desarrollar un carácter muy particular para poder ser capaces de enfrentar retos que ningún otro pueblo de la tierra ha enfrentado logrando sobrevivir a estos. Es un secreto a voces que esa nación lo ha logrado de forma milagrosa.
Casi todo el mundo conoce acerca de las grandes persecuciones que esa nación ha tenido que enfrentar a través de su historia. Conocemos acerca del cautiverio Asirio (Siglo 8 A.C.), en el que diez (10) de las tribus de Israel fueron llevadas cautivas para luego ser esparcidas sobre la faz de la tierra. Conocemos acerca del exilio babilónico (Siglo 6 A.C.) y de la destrucción del Segundo Templo de Jerusalén (70 D.C.); un evento que marcó el fin de la existencia política de esa nación en la tierra en la que se habían asentado. Esa existencia política fue recuperada de manera milagrosa, con acentos proféticos (Isa 66:8) el 14 de mayo de 1948.
La mayoría de los lectores conoce acerca de la Diáspora Sefardí (1492), cuando los reyes de España ordenaron la expulsión de los judíos que vivían allí. Es de todos conocido las tragedias que vivieron estos durante el Holocausto (“Shoah”)[2] organizado por el gobierno Nazi en Alemania a mediados del siglo 20 (1933-1945). Seis millones de judíos fueron exterminados en los campos de concentración durante ese período.
Lo que pocas personas conocen es la cantidad inusitada de persecuciones y tragedias adicionales, intercaladas entre estos eventos, que el pueblo judío ha tenido que sufrir en la historia. Por ejemplo, la ocupación de Israel y la opresión producida por el Imperio Seléucida (Siglo 2 A.C.). Otro ejemplo, que la destrucción del segundo templo en el año 70D.C. fue seguida casi inmediatamente después por una persecución organizada por el Emperador Adriano (117-138 D.C.). Luego, durante el período medieval observamos que este se caracterizó por un tipo de antisemitismo en Europa que tenía etiqueta religiosa. En esa época sucedió que los cristianos y los miembros del clero responsabilizaron a los judíos por la muerte de Jesús. Esto provocó que los judíos fueran perseguidos, torturados y masacrados. Añadimos a esto las persecuciones orquestadas contra ellos por el mundo musulmán: notables. Así también las de la Rusia Zarista durante gran parte del siglo 19, aislándolos y restringiendo sus oportunidades para trabajar y para poder desplazarse a otras regiones del país.
Sabemos que el pueblo de Israel ha operado bajo la cobertura de la protección divina, de las promesas de Dios y de la fe en Él. Esta es la razón por la que continúan siendo una nación 2,700 años después de haber comenzado a enfrentar estos desafíos. Hay que señalar que esa nación no es perfecta y que es pecadora, como lo son todas las demás. También, que en ocasiones se les ocurre llevar a cabo acciones deplorables que producen mucho dolor. No obstante, ellos, además de ser el pueblo de Dios, son un pueblo que parece poseer algunas características generacionales vitales que les conminan y les facilitan mantenerse luchando unidos y sin rendirse. No olvidemos que el plan de Dios incluye que esa nación naciera de la familia de Jacob.
Estamos convencidos de que esta batería de reflexiones no provee el espacio suficiente para presentar un análisis completo de este tema. Reconocemos esto considerando la cantidad de variables que tendríamos que analizar para lograr un análisis responsable. Lo que sí podemos concluir es que la narrativa de la familia de Jacob que la Biblia nos presenta incluye algunas características que esa nación ha mantenido a través de los siglos.
Es aquí que la teoría de familia de Friedman se convierte en una pieza vital para este análisis. Por un lado, esta nos regala la oportunidad de identificar rasgos de ese modelo familiar (aspecto descriptivo). Por otro lado, nos permite correlacionar fenómenos y ver principios fundamentales que sostienen esas relaciones familiares (aspecto explicativo). Al mismo tiempo, esta teoría nos permite examinar conductas de esta familia que han sido extrapoladas a través de generaciones en su historia como pueblo (aspecto predictivo).
El estudio de la historia de Jacob nos revela que él se casa y tiene 12 hijos y varias hijas (Gén 37:35). La Biblia nos permite conocer que el carácter y la unidad de esa familia dependía y giraba alrededor de este patriarca. Sus defectos y los efectos producidos por los malos modelos familiares que tuvo en la casa de sus padres podían haber sido muchos, pero la familia se mantenía unida a pesar de todo esto. Estas aseveraciones afirman que Jacob estaba siendo capaz de mantener el balance de su casa durante los primeros años de desarrollo de su familia.
Todo parecía caminar bien en ese hogar. La Biblia dice que Jacob hasta había peleado con Dios y había vencido (Gén 32:24-30). Ella dice que Dios le cambió el nombre a Israel (Gén 32:28). También dice que este patriarca fue capaz de reconciliarse con su hermano Esaú (Gén 33:1-20). Durante esa época la familia de este patriarca estaba cosechando resultados extraordinarios. De hecho, un incidente de violencia provocado por dos (2) de sus hijos, Simeón y Levi, había sido manejado por él con cierto grado de sensatez (Gén 34:1-31). La Biblia dice que el Señor ordenó una mudanza después de estos incidentes y añade que los clanes agredidos y lastimados por las acciones de los dos (2) hijos de Jacob no se atrevieron perseguir esa familia porque Dios los protegió.
“1 Dijo Dios a Jacob: Levántate y sube a Bet-el, y quédate allí; y haz allí un altar al Dios que te apareció cuando huías de tu hermano Esaú. 2 Entonces Jacob dijo a su familia y a todos los que con él estaban: Quitad los dioses ajenos que hay entre vosotros, y limpiaos, y mudad vuestros vestidos. 3 Y levantémonos, y subamos a Bet-el; y haré allí altar al Dios que me respondió en el día de mi angustia, y ha estado conmigo en el camino que he andado. 4 Así dieron a Jacob todos los dioses ajenos que había en poder de ellos, y los zarcillos que estaban en sus orejas; y Jacob los escondió debajo de una encina que estaba junto a Siquem. 5 Y salieron, y el terror de Dios estuvo sobre las ciudades que había en sus alrededores, y no persiguieron a los hijos de Jacob.” (Gén 35:1-5, RV1960).
Observamos en esta porción de las Sagradas Escritura que esta intervención divina requirió que Jacob y los suyos renunciaran a la idolatría y a toda clase de contaminación. Afirmamos que esta verdad bíblica nunca ha perdido su vigencia.
Ese pasaje bíblico dice que Dios continuaba protegiendo a Jacob y a su familia. Además, acentúa que Jacob continuaba recibiendo revelación del Señor, que había aprendido a obedecer la voz de Dios y que había comenzado a ver los resultados de la mano de Eterno sobre él y sobre los suyos (vv. 2-4). La Biblia añade que este hombre iba edificando altares para el Señor por donde quiera que él iba (Gén 33:20; 35:6-7). En otras palabras, que estaba en comunión con Dios y que peregrinaba adorando al Señor.
Es entonces que surgen unos eventos que colocan a Jacob y a su familia al borde del despeñadero. En primer lugar, la muerte de Débora en Bet-el. Esta era “la ama” (“yânaq”, H3243), la nodriza de Rebeca (Gén 35:8), la madre de Jacob. La Biblia dice que Rebeca salió acompañada de su nodriza y de sus doncellas cuando se marchó de su casa para casarse con Isaac (Gén 24:59-61). Es interesante que el escritor del libro de Génesis no nos ofrece el nombre de esta en ese pasaje bíblico. Suponemos que Débora debió haber venido a vivir con la familia de Jacob después de la muerte de Rebeca.
Destacamos que nos es común que la Biblia señale esta clase de eventos. Esto es, describir la muerte de una persona que no conocíamos por su nombre hasta ese momento. Es por eso que esta nota editorial es tan importante. Parece que Débora se había convertido en alguien influyente en esa familia; alguien que brindaba estabilidad y balance al seno familiar.
Una plataforma digital para estudios bíblicos (Bible Hub) nos dice lo siguiente acerca de este suceso:
“En el antiguo Israel, una nodriza era más que una cuidadora; a menudo se convertía en un miembro de confianza del hogar, involucrada en la crianza y guía de los niños. La mención de Débora al momento de su muerte sugiere que gozaba de considerable afecto y respeto en la familia de Jacob. Fuentes “midráshicas” destacan que siguió a Jacob a petición de Rebeca, cumpliendo su promesa de traerlo a casa, demostrando así su papel de compañera fiel y devota.
La muerte de Débora ocurrió cerca de Betel, y fue enterrada bajo un roble llamado Alón-bacut, que significa "Roble del Llanto". Este nombre refleja el duelo y el respeto que inspiraba, simbolizando el fin de una era y los vínculos emocionales dentro del hogar patriarcal. Su muerte se registra en un momento crucial en la vida de Jacob, durante su regreso a la tierra de sus antepasados, lo que enfatiza la importancia de su presencia y la estabilidad que le brindó. Centro Bíblico
La historia de Débora ilustra la experiencia humana de la pérdida y la importancia de honrar a quienes desempeñan un papel fundamental en nuestras vidas. Su lealtad, servicio y el duelo por su muerte resaltan la profundidad de las relaciones más allá de los lazos de sangre, demostrando que quienes cuidan y acompañan a otros pueden dejar un impacto espiritual y emocional duradero. Su vida y su muerte sirven como recordatorio de la devoción, la fidelidad y la influencia perdurable de quienes nutren y guían a otros.”[3] (traducción libre)
Con toda probabilidad la muerte de Débora representaba para Jacob el inicio del cierre de las relaciones con las generaciones anteriores.
Es muy interesante que la Biblia ofrezca información acerca de la muerte de esta nodriza y no ofrezca detalles acerca de la muerte de Rebeca. Muchos exégetas bíblicos creen que la madre de Jacob y de Esaú murió antes que Isaac (Gén 35:27). Lo que la Biblia sí describe es que Rebeca fue sepultada en la tumba de los patriarcas junto a su esposo (Gén 49:31).
En segundo lugar, Jacob tiene que enfrentarse a la muerte de Raquel, la esposa que él amaba con locura (Gén 29:20). Esta pérdida ocurrió casi inmediatamente después de la muerte de Débora (Gén 35:16-20). Sin duda alguna que esta pérdida produjo unos resultados catastróficos en la vida de este hombre. Por ejemplo, su inclinación a proteger a sus hijos menores, José y Benjamín, los hijos que tuvo con Raquel. Al mismo tiempo, esto debió ser un agente catalítico para provocar en él la necesidad de reproducir en ellos una inversión del modelaje paterno filial que vio en Isaac. La Biblia dice que Isaac prefería a su primogénito. En cambio, Jacob privilegia a sus hijos más pequeños, particularmente a José.
“3 Jacob amaba a José más que a sus otros hijos porque le había nacido en su vejez. Por eso, un día, Jacob mandó a hacer un regalo especial para José: una hermosa túnica.” (Gén 37:3, NTV)
La tercera pérdida que Jacob experimenta ocurre muy poco tiempo después de las anteriores: la muerte de Isaac su padre (Gén 35:27-29).
Estas pérdidas parecen haber provocado que Jacob perdiera la capacidad de ser un líder auto diferenciado. Esto es, su capacidad para separarse de los procesos emocionales circundantes se perdió.
Las capacidades que tenía este patriarca para operar a base de los principios rectores de su vida, las promesas y la visión que Dios le había dado a Abraham y a Isaac, también se perdieron. La narrativa bíblica acerca de la supuesta muerte de José acentúa que Jacob también perdió la capacidad y la disposición para exponerse y ser vulnerable ante los suyos.
“34 Entonces Jacob rasgó su ropa y se vistió de tela áspera, e hizo duelo por su hijo durante mucho tiempo. 35 Toda su familia intentó consolarlo, pero él no quiso ser consolado. A menudo decía: «Me iré a la tumba llorando a mi hijo», y entonces sollozaba.” (Gén 37:34-35)
De hecho, el preludio de esa narrativa bíblica, la descripción de las luchas que había entre José y sus hermanos, revelan que Jacob había perdido la capacidad de autorregular sus emociones ante el sabotaje reactivo que esos hijos estaban desarrollando.
Al mismo tiempo, debemos comprender que Jacob al menos debió haber conocido el grado de tirantez que había entre ellos. La Biblia dice que ellos odiaban a José y que no había comunicación positiva (“shâlôm”, H7965) entre ellos.
“4 Pero sus hermanos lo odiaban porque su padre lo amaba más que a ellos. No dirigían ni una sola palabra amable hacia José.” (Gén 37:4)
Esto formaba parte de la resistencia intrafamiliar que ellos estaban exhibiendo y que les impedía continuar operando como una familia unida. Por otro lado, la historia bíblica nos dice que José era el que le contaba a Jacob acerca de las fechorías que cometían sus hermanos.
“2 Este es el relato de Jacob y su familia. Cuando José tenía diecisiete años de edad, a menudo cuidaba los rebaños de su padre. Trabajaba para sus medios hermanos, los hijos de Bilha y Zilpa, dos de las esposas de su padre, así que le contaba a su padre acerca de las fechorías que hacían sus hermanos.” (Gén 37:2)
En otras palabras, que de cierta manera Jacob expuso a José a ese peligro, probablemente con el fin de conocer acerca del comportamiento de sus otros hijos. Todo esto nos conduce a concluir que el preludio de la narrativa bíblica de lo que ocurrió a José, la descripción de las luchas que había entre José y sus hermanos, afirman que Jacob también había perdido sus capacidades para hacerle frente a la resistencia inercial que esos hijos estaban presentando.
Un dato que parece ratificar este punto es que el hombre a quien Dios llama Israel (v.10) y a quien le ratifica el pacto hecho a su abuelo y a su padre (vv. 12), vuelve a ser llamado Jacob luego de un caso de inmoralidad perpetrado por Rubén, el mayor de sus hijos (v.22). Ofreceremos nuestro análisis de esa historia en la próxima reflexión. En otras palabras, parece que Jacob había perdido la capacidad para operar desde la dimensión de la revelación de Dios para su vida.
De ahí en adelante, la historia de esta familia evidencia sin reserva alguna los efectos de la pérdida del equilibrio o el balance en la familia.
Creemos que la pérdida de la homeostasis en esta familia comenzó a ocurrir aquí. Las psicodinámicas individuales que encontramos en sus hijos evidencian que la estructura familiar había sido sacudida. Las narrativas bíblicas señalan que la presencia de Jacob como líder de confianza, con impacto afectivo, había comenzado a deteriorarse. Al parecer, las pérdidas experimentadas aislaron a Jacob y lo condujeron a perder su disposición para asumir la responsabilidad de su propia existencia emocional, al mismo tiempo que perdía sus capacidades para manejar las variables cruciales que él tenía que atender para poder ser capaz de continuar alcanzando el éxito como líder de este clan.
Sin duda alguna que el Señor tenía que intervenir en la familia de Jacob para poder conseguir que el cumplimiento de sus propósitos en esta. Esto forma parte de las características de la misericordia, la bondad y de la gracia de nuestro Señor. Él siempre está dispuesto a intervenir en nuestras tragedias como individuos y como familias. Él siempre está dispuesto para ayudarnos a enfrentar y manejar nuestras pérdidas y convertirlas en ganancia.
Existe una condición para que esto ocurra. El Señor ha prometido intervenir a nuestro favor en todos los momentos en los que nosotros declaramos y aceptamos nuestra incapacidad para llevar a cabo nuestra tarea. Se trata de esos momentos en los que somos invitados por Dios a reconocer nuestra incapacidad: aprender a decir “no puedo.” Vemos que Dios se inserta en esos escenarios con poder y gracia cuando confesamos nuestra incapacidad.
La Biblia dice que Moisés experimentó esto dirigiendo a la gran familia del pueblo de Israel. La narrativa bíblica dice que él admitió que no era capaz de llevar a cabo esa tarea por sí solo. La Biblia dice que Dios le hizo provisión de un plan poderoso.
“14 No puedo yo solo soportar a todo este pueblo, que me es pesado en demasía.” (Núm 11:14, RV1960)
“9 En aquel tiempo yo os hablé diciendo: Yo solo no puedo llevaros. 10 Jehová vuestro Dios os ha multiplicado, y he aquí hoy vosotros sois como las estrellas del cielo en multitud. 11 ¡Jehová Dios de vuestros padres os haga mil veces más de lo que ahora sois, y os bendiga, como os ha prometido! 12 Cómo llevaré yo solo vuestras molestias, vuestras cargas y vuestros pleitos? 13 Dadme de entre vosotros, de vuestras tribus, varones sabios y entendidos y expertos, para que yo los ponga por vuestros jefes. 14 Y me respondisteis y dijisteis: Bueno es hacer lo que has dicho.” (Det 1:9-14)
La Biblia dice que esta experiencia se repitió al final de la vida de Moisés y que él volvió a decir “no puedo.”
“1 Fue Moisés y habló estas palabras a todo Israel, 2 y les dijo: Este día soy de edad de ciento veinte años; no puedo más salir ni entrar; además de esto Jehová me ha dicho: No pasarás este Jordán. 3 Jehová tu Dios, él pasa delante de ti; él destruirá a estas naciones delante de ti, y las heredarás; Josué será el que pasará delante de ti, como Jehová ha dicho. 4 Y hará Jehová con ellos como hizo con Sehón y con Og, reyes de los amorreos, y con su tierra, a quienes destruyó. 5 Y los entregará Jehová delante de vosotros, y haréis con ellos conforme a todo lo que os he mandado. 6 Esforzaos y cobrad ánimo; no temáis, ni tengáis miedo de ellos, porque Jehová tu Dios es el que va contigo; no te dejará, ni te desamparará.” (Det 31:1-6)
La Biblia dice que Dios hizo provisión de un plan de transición para manejar esa incapacidad.
“7 Y llamó Moisés a Josué, y le dijo en presencia de todo Israel: Esfuérzate y anímate; porque tú entrarás con este pueblo a la tierra que juró Jehová a sus padres que les daría, y tú se la harás heredar. 8 Y Jehová va delante de ti; él estará contigo, no te dejará, ni te desamparará; no temas ni te intimides.” (Det 31:7-8)
Encontramos otro ejemplo en una de las historias acerca David. La Biblia dice que este joven procuraba prepararse para enfrentar a Goliat y le había sido recomendado que utilizara las armas de combate de otra persona. David dijo “no puedo.” La Biblia dice que Dios hizo provisión de un plan perfecto y glorioso: enseñar a David a confiar en la “herramientas” que Dios le había provisto. David derrotó a Goliat, pero esto requirió que David echara de sí todo aquello que no formaba parte del plan de Dios.
“39 Y ciñó David su espada sobre sus vestidos, y probó a andar, porque nunca había hecho la prueba. Y dijo David a Saúl: Yo no puedo andar con esto, porque nunca lo practiqué. Y David echó de sí aquellas cosas. 40 Y tomó su cayado en su mano, y escogió cinco piedras lisas del arroyo, y las puso en el saco pastoril, en el zurrón que traía, y tomó su honda en su mano, y se fue hacia el filisteo.” (1 Sam 17:39-40)
También lo vemos en Job teniendo que aceptar en medio de sus crisis que no le quedaban fuerzas ni podía valerse por sí mismo.
“11 Ya no me quedan fuerzas para resistir, ni razón alguna para seguir viviendo. 12 No tengo la dureza de la roca, ni la consistencia del bronce. 13 No puedo valerme por mí mismo, ni cuento con ningún apoyo.” (Job 6:11-13, DHH)
La Biblia dice que Dios resolvió esto recetándole a Job una medicina infalible: un encuentro profundo y sublime con el Señor.
“5 De oídas te había oído; Mas ahora mis ojos te ven.” (Job 42:5, RV 1960)
Jacob no admitió su incapacidad para manejar las situaciones de su familia. Jacob aparentó confiar en su auto suficiencia. Un problema monumental que subyace en esta actitud es que la Biblia dice que Dios no valida ni aprueba nuestra auto suficiencia. Tenemos que reconocer nuestra insuficiencia para poder ser capaces de experimentar su poder.
“29 El da esfuerzo al cansado, y multiplica las fuerzas al que no tiene ningunas.” (Isa 40:29)
La invitación es muy sencilla: reconozcamos nuestra dependencia de Dios y acerquemos confiadamente al trono de la gracia para que seamos capaces de alcanzar misericordia y hallar gracia para el socorro oportuno que Él ha prometido (Heb 4:16).
[1] Friedman, Edwin H. 1985. Generation to Generation: family process in church and synagogue. New York, NY: The Guilford Press.
[2] Sof 1:15; Job 30:3 https://aboutholocaust.org/en/facts/what-is-the-difference-between-holocaust-and-shoah
[3] https://biblehub.com/topical/d/death_of_deborah,_rebekah's_nurse.htm
Familias dirigidas por el Espíritu Santo: el análisis de la familia de Jacob -Parte II
“28 Estas son las doce tribus de Israel, y esto es lo que su padre dijo a sus hijos al despedirse de ellos. Los bendijo con un mensaje apropiado para cada uno. 29 Entonces Jacob les dio las siguientes instrucciones: «Yo moriré pronto y me uniré con mis antepasados. Entiérrenme junto con mi padre y mi abuelo en la cueva que está en el campo de Efrón el hitita. 30 Es la cueva del campo de Macpela, cerca de Mamre, en Canaán, la cual Abraham compró a Efrón el hitita como lugar de sepultura permanente. 31 Allí están enterrados Abraham y su esposa Sara; allí también están enterrados Isaac y su esposa Rebeca; y allí enterré a Lea. 32 Es la parcela de tierra y la cueva que mi abuelo Abraham les compró a los hititas». 33 Cuando Jacob terminó de dar este encargo a sus hijos, metió los pies en la cama, dio su último suspiro y se reunió con sus antepasados al morir.” (Gén 49:28-33, NTV)
El análisis del modelo de familia de Jacob nos condujo a utilizar la reflexión anterior para revisar algunos planteamientos sobre una teoría de familia, la presentada por Edwin H. Friedman.[1]
La historia de Jacob es una llena de aciertos y desaciertos, de triunfos monumentales y de crisis indescriptibles. La historia de Jacob también es una que está repleta de evidencias del favor de Dios, de su dirección y de su misericordia. Una de las metas que pretendemos alcanzar en esta batería de reflexiones es la de tratar de entender la naturaleza de las transformaciones que este patriarca experimenta y de aquellas situaciones que tuvo que enfrentar para poder regresar a ser el líder de su familia. En este caso, las que ocurrieron en su entorno familiar. Las mismas obedecen a la voluntad expresa de Dios para su vida, así como para la vida de su descendencia a través de todas las generaciones de la historia de la humanidad.
Comenzamos señalando que el plan perfecto de Dios incluyó la creación de una nación llamada Israel. Ese plan incluía que de esa nación nacería Cristo, el Señor y el Salvador del mundo. También, que los hijos de esa nación tendrían la necesidad de desarrollar un carácter muy particular para poder ser capaces de enfrentar retos que ningún otro pueblo de la tierra ha enfrentado logrando sobrevivir a estos. Es un secreto a voces que esa nación lo ha logrado de forma milagrosa.
Casi todo el mundo conoce acerca de las grandes persecuciones que esa nación ha tenido que enfrentar a través de su historia. Conocemos acerca del cautiverio Asirio (Siglo 8 A.C.), en el que diez (10) de las tribus de Israel fueron llevadas cautivas para luego ser esparcidas sobre la faz de la tierra. Conocemos acerca del exilio babilónico (Siglo 6 A.C.) y de la destrucción del Segundo Templo de Jerusalén (70 D.C.); un evento que marcó el fin de la existencia política de esa nación en la tierra en la que se habían asentado. Esa existencia política fue recuperada de manera milagrosa, con acentos proféticos (Isa 66:8) el 14 de mayo de 1948.
La mayoría de los lectores conoce acerca de la Diáspora Sefardí (1492), cuando los reyes de España ordenaron la expulsión de los judíos que vivían allí. Es de todos conocido las tragedias que vivieron estos durante el Holocausto (“Shoah”)[2] organizado por el gobierno Nazi en Alemania a mediados del siglo 20 (1933-1945). Seis millones de judíos fueron exterminados en los campos de concentración durante ese período.
Lo que pocas personas conocen es la cantidad inusitada de persecuciones y tragedias adicionales, intercaladas entre estos eventos, que el pueblo judío ha tenido que sufrir en la historia. Por ejemplo, la ocupación de Israel y la opresión producida por el Imperio Seléucida (Siglo 2 A.C.). Otro ejemplo, que la destrucción del segundo templo en el año 70D.C. fue seguida casi inmediatamente después por una persecución organizada por el Emperador Adriano (117-138 D.C.). Luego, durante el período medieval observamos que este se caracterizó por un tipo de antisemitismo en Europa que tenía etiqueta religiosa. En esa época sucedió que los cristianos y los miembros del clero responsabilizaron a los judíos por la muerte de Jesús. Esto provocó que los judíos fueran perseguidos, torturados y masacrados. Añadimos a esto las persecuciones orquestadas contra ellos por el mundo musulmán: notables. Así también las de la Rusia Zarista durante gran parte del siglo 19, aislándolos y restringiendo sus oportunidades para trabajar y para poder desplazarse a otras regiones del país.
Sabemos que el pueblo de Israel ha operado bajo la cobertura de la protección divina, de las promesas de Dios y de la fe en Él. Esta es la razón por la que continúan siendo una nación 2,700 años después de haber comenzado a enfrentar estos desafíos. Hay que señalar que esa nación no es perfecta y que es pecadora, como lo son todas las demás. También, que en ocasiones se les ocurre llevar a cabo acciones deplorables que producen mucho dolor. No obstante, ellos, además de ser el pueblo de Dios, son un pueblo que parece poseer algunas características generacionales vitales que les conminan y les facilitan mantenerse luchando unidos y sin rendirse. No olvidemos que el plan de Dios incluye que esa nación naciera de la familia de Jacob.
Estamos convencidos de que esta batería de reflexiones no provee el espacio suficiente para presentar un análisis completo de este tema. Reconocemos esto considerando la cantidad de variables que tendríamos que analizar para lograr un análisis responsable. Lo que sí podemos concluir es que la narrativa de la familia de Jacob que la Biblia nos presenta incluye algunas características que esa nación ha mantenido a través de los siglos.
Es aquí que la teoría de familia de Friedman se convierte en una pieza vital para este análisis. Por un lado, esta nos regala la oportunidad de identificar rasgos de ese modelo familiar (aspecto descriptivo). Por otro lado, nos permite correlacionar fenómenos y ver principios fundamentales que sostienen esas relaciones familiares (aspecto explicativo). Al mismo tiempo, esta teoría nos permite examinar conductas de esta familia que han sido extrapoladas a través de generaciones en su historia como pueblo (aspecto predictivo).
El estudio de la historia de Jacob nos revela que él se casa y tiene 12 hijos y varias hijas (Gén 37:35). La Biblia nos permite conocer que el carácter y la unidad de esa familia dependía y giraba alrededor de este patriarca. Sus defectos y los efectos producidos por los malos modelos familiares que tuvo en la casa de sus padres podían haber sido muchos, pero la familia se mantenía unida a pesar de todo esto. Estas aseveraciones afirman que Jacob estaba siendo capaz de mantener el balance de su casa durante los primeros años de desarrollo de su familia.
Todo parecía caminar bien en ese hogar. La Biblia dice que Jacob hasta había peleado con Dios y había vencido (Gén 32:24-30). Ella dice que Dios le cambió el nombre a Israel (Gén 32:28). También dice que este patriarca fue capaz de reconciliarse con su hermano Esaú (Gén 33:1-20). Durante esa época la familia de este patriarca estaba cosechando resultados extraordinarios. De hecho, un incidente de violencia provocado por dos (2) de sus hijos, Simeón y Levi, había sido manejado por él con cierto grado de sensatez (Gén 34:1-31). La Biblia dice que el Señor ordenó una mudanza después de estos incidentes y añade que los clanes agredidos y lastimados por las acciones de los dos (2) hijos de Jacob no se atrevieron perseguir esa familia porque Dios los protegió.
“1 Dijo Dios a Jacob: Levántate y sube a Bet-el, y quédate allí; y haz allí un altar al Dios que te apareció cuando huías de tu hermano Esaú. 2 Entonces Jacob dijo a su familia y a todos los que con él estaban: Quitad los dioses ajenos que hay entre vosotros, y limpiaos, y mudad vuestros vestidos. 3 Y levantémonos, y subamos a Bet-el; y haré allí altar al Dios que me respondió en el día de mi angustia, y ha estado conmigo en el camino que he andado. 4 Así dieron a Jacob todos los dioses ajenos que había en poder de ellos, y los zarcillos que estaban en sus orejas; y Jacob los escondió debajo de una encina que estaba junto a Siquem. 5 Y salieron, y el terror de Dios estuvo sobre las ciudades que había en sus alrededores, y no persiguieron a los hijos de Jacob.” (Gén 35:1-5, RV1960).
Observamos en esta porción de las Sagradas Escritura que esta intervención divina requirió que Jacob y los suyos renunciaran a la idolatría y a toda clase de contaminación. Afirmamos que esta verdad bíblica nunca ha perdido su vigencia.
Ese pasaje bíblico dice que Dios continuaba protegiendo a Jacob y a su familia. Además, acentúa que Jacob continuaba recibiendo revelación del Señor, que había aprendido a obedecer la voz de Dios y que había comenzado a ver los resultados de la mano de Eterno sobre él y sobre los suyos (vv. 2-4). La Biblia añade que este hombre iba edificando altares para el Señor por donde quiera que él iba (Gén 33:20; 35:6-7). En otras palabras, que estaba en comunión con Dios y que peregrinaba adorando al Señor.
Es entonces que surgen unos eventos que colocan a Jacob y a su familia al borde del despeñadero. En primer lugar, la muerte de Débora en Bet-el. Esta era “la ama” (“yânaq”, H3243), la nodriza de Rebeca (Gén 35:8), la madre de Jacob. La Biblia dice que Rebeca salió acompañada de su nodriza y de sus doncellas cuando se marchó de su casa para casarse con Isaac (Gén 24:59-61). Es interesante que el escritor del libro de Génesis no nos ofrece el nombre de esta en ese pasaje bíblico. Suponemos que Débora debió haber venido a vivir con la familia de Jacob después de la muerte de Rebeca.
Destacamos que nos es común que la Biblia señale esta clase de eventos. Esto es, describir la muerte de una persona que no conocíamos por su nombre hasta ese momento. Es por eso que esta nota editorial es tan importante. Parece que Débora se había convertido en alguien influyente en esa familia; alguien que brindaba estabilidad y balance al seno familiar.
Una plataforma digital para estudios bíblicos (Bible Hub) nos dice lo siguiente acerca de este suceso:
“En el antiguo Israel, una nodriza era más que una cuidadora; a menudo se convertía en un miembro de confianza del hogar, involucrada en la crianza y guía de los niños. La mención de Débora al momento de su muerte sugiere que gozaba de considerable afecto y respeto en la familia de Jacob. Fuentes “midráshicas” destacan que siguió a Jacob a petición de Rebeca, cumpliendo su promesa de traerlo a casa, demostrando así su papel de compañera fiel y devota.
La muerte de Débora ocurrió cerca de Betel, y fue enterrada bajo un roble llamado Alón-bacut, que significa "Roble del Llanto". Este nombre refleja el duelo y el respeto que inspiraba, simbolizando el fin de una era y los vínculos emocionales dentro del hogar patriarcal. Su muerte se registra en un momento crucial en la vida de Jacob, durante su regreso a la tierra de sus antepasados, lo que enfatiza la importancia de su presencia y la estabilidad que le brindó. Centro Bíblico
La historia de Débora ilustra la experiencia humana de la pérdida y la importancia de honrar a quienes desempeñan un papel fundamental en nuestras vidas. Su lealtad, servicio y el duelo por su muerte resaltan la profundidad de las relaciones más allá de los lazos de sangre, demostrando que quienes cuidan y acompañan a otros pueden dejar un impacto espiritual y emocional duradero. Su vida y su muerte sirven como recordatorio de la devoción, la fidelidad y la influencia perdurable de quienes nutren y guían a otros.”[3] (traducción libre)
Con toda probabilidad la muerte de Débora representaba para Jacob el inicio del cierre de las relaciones con las generaciones anteriores.
Es muy interesante que la Biblia ofrezca información acerca de la muerte de esta nodriza y no ofrezca detalles acerca de la muerte de Rebeca. Muchos exégetas bíblicos creen que la madre de Jacob y de Esaú murió antes que Isaac (Gén 35:27). Lo que la Biblia sí describe es que Rebeca fue sepultada en la tumba de los patriarcas junto a su esposo (Gén 49:31).
En segundo lugar, Jacob tiene que enfrentarse a la muerte de Raquel, la esposa que él amaba con locura (Gén 29:20). Esta pérdida ocurrió casi inmediatamente después de la muerte de Débora (Gén 35:16-20). Sin duda alguna que esta pérdida produjo unos resultados catastróficos en la vida de este hombre. Por ejemplo, su inclinación a proteger a sus hijos menores, José y Benjamín, los hijos que tuvo con Raquel. Al mismo tiempo, esto debió ser un agente catalítico para provocar en él la necesidad de reproducir en ellos una inversión del modelaje paterno filial que vio en Isaac. La Biblia dice que Isaac prefería a su primogénito. En cambio, Jacob privilegia a sus hijos más pequeños, particularmente a José.
“3 Jacob amaba a José más que a sus otros hijos porque le había nacido en su vejez. Por eso, un día, Jacob mandó a hacer un regalo especial para José: una hermosa túnica.” (Gén 37:3, NTV)
La tercera pérdida que Jacob experimenta ocurre muy poco tiempo después de las anteriores: la muerte de Isaac su padre (Gén 35:27-29).
Estas pérdidas parecen haber provocado que Jacob perdiera la capacidad de ser un líder auto diferenciado. Esto es, su capacidad para separarse de los procesos emocionales circundantes se perdió.
Las capacidades que tenía este patriarca para operar a base de los principios rectores de su vida, las promesas y la visión que Dios le había dado a Abraham y a Isaac, también se perdieron. La narrativa bíblica acerca de la supuesta muerte de José acentúa que Jacob también perdió la capacidad y la disposición para exponerse y ser vulnerable ante los suyos.
“34 Entonces Jacob rasgó su ropa y se vistió de tela áspera, e hizo duelo por su hijo durante mucho tiempo. 35 Toda su familia intentó consolarlo, pero él no quiso ser consolado. A menudo decía: «Me iré a la tumba llorando a mi hijo», y entonces sollozaba.” (Gén 37:34-35)
De hecho, el preludio de esa narrativa bíblica, la descripción de las luchas que había entre José y sus hermanos, revelan que Jacob había perdido la capacidad de autorregular sus emociones ante el sabotaje reactivo que esos hijos estaban desarrollando.
Al mismo tiempo, debemos comprender que Jacob al menos debió haber conocido el grado de tirantez que había entre ellos. La Biblia dice que ellos odiaban a José y que no había comunicación positiva (“shâlôm”, H7965) entre ellos.
“4 Pero sus hermanos lo odiaban porque su padre lo amaba más que a ellos. No dirigían ni una sola palabra amable hacia José.” (Gén 37:4)
Esto formaba parte de la resistencia intrafamiliar que ellos estaban exhibiendo y que les impedía continuar operando como una familia unida. Por otro lado, la historia bíblica nos dice que José era el que le contaba a Jacob acerca de las fechorías que cometían sus hermanos.
“2 Este es el relato de Jacob y su familia. Cuando José tenía diecisiete años de edad, a menudo cuidaba los rebaños de su padre. Trabajaba para sus medios hermanos, los hijos de Bilha y Zilpa, dos de las esposas de su padre, así que le contaba a su padre acerca de las fechorías que hacían sus hermanos.” (Gén 37:2)
En otras palabras, que de cierta manera Jacob expuso a José a ese peligro, probablemente con el fin de conocer acerca del comportamiento de sus otros hijos. Todo esto nos conduce a concluir que el preludio de la narrativa bíblica de lo que ocurrió a José, la descripción de las luchas que había entre José y sus hermanos, afirman que Jacob también había perdido sus capacidades para hacerle frente a la resistencia inercial que esos hijos estaban presentando.
Un dato que parece ratificar este punto es que el hombre a quien Dios llama Israel (v.10) y a quien le ratifica el pacto hecho a su abuelo y a su padre (vv. 12), vuelve a ser llamado Jacob luego de un caso de inmoralidad perpetrado por Rubén, el mayor de sus hijos (v.22). Ofreceremos nuestro análisis de esa historia en la próxima reflexión. En otras palabras, parece que Jacob había perdido la capacidad para operar desde la dimensión de la revelación de Dios para su vida.
De ahí en adelante, la historia de esta familia evidencia sin reserva alguna los efectos de la pérdida del equilibrio o el balance en la familia.
Creemos que la pérdida de la homeostasis en esta familia comenzó a ocurrir aquí. Las psicodinámicas individuales que encontramos en sus hijos evidencian que la estructura familiar había sido sacudida. Las narrativas bíblicas señalan que la presencia de Jacob como líder de confianza, con impacto afectivo, había comenzado a deteriorarse. Al parecer, las pérdidas experimentadas aislaron a Jacob y lo condujeron a perder su disposición para asumir la responsabilidad de su propia existencia emocional, al mismo tiempo que perdía sus capacidades para manejar las variables cruciales que él tenía que atender para poder ser capaz de continuar alcanzando el éxito como líder de este clan.
Sin duda alguna que el Señor tenía que intervenir en la familia de Jacob para poder conseguir que el cumplimiento de sus propósitos en esta. Esto forma parte de las características de la misericordia, la bondad y de la gracia de nuestro Señor. Él siempre está dispuesto a intervenir en nuestras tragedias como individuos y como familias. Él siempre está dispuesto para ayudarnos a enfrentar y manejar nuestras pérdidas y convertirlas en ganancia.
Existe una condición para que esto ocurra. El Señor ha prometido intervenir a nuestro favor en todos los momentos en los que nosotros declaramos y aceptamos nuestra incapacidad para llevar a cabo nuestra tarea. Se trata de esos momentos en los que somos invitados por Dios a reconocer nuestra incapacidad: aprender a decir “no puedo.” Vemos que Dios se inserta en esos escenarios con poder y gracia cuando confesamos nuestra incapacidad.
La Biblia dice que Moisés experimentó esto dirigiendo a la gran familia del pueblo de Israel. La narrativa bíblica dice que él admitió que no era capaz de llevar a cabo esa tarea por sí solo. La Biblia dice que Dios le hizo provisión de un plan poderoso.
“14 No puedo yo solo soportar a todo este pueblo, que me es pesado en demasía.” (Núm 11:14, RV1960)
“9 En aquel tiempo yo os hablé diciendo: Yo solo no puedo llevaros. 10 Jehová vuestro Dios os ha multiplicado, y he aquí hoy vosotros sois como las estrellas del cielo en multitud. 11 ¡Jehová Dios de vuestros padres os haga mil veces más de lo que ahora sois, y os bendiga, como os ha prometido! 12 Cómo llevaré yo solo vuestras molestias, vuestras cargas y vuestros pleitos? 13 Dadme de entre vosotros, de vuestras tribus, varones sabios y entendidos y expertos, para que yo los ponga por vuestros jefes. 14 Y me respondisteis y dijisteis: Bueno es hacer lo que has dicho.” (Det 1:9-14)
La Biblia dice que esta experiencia se repitió al final de la vida de Moisés y que él volvió a decir “no puedo.”
“1 Fue Moisés y habló estas palabras a todo Israel, 2 y les dijo: Este día soy de edad de ciento veinte años; no puedo más salir ni entrar; además de esto Jehová me ha dicho: No pasarás este Jordán. 3 Jehová tu Dios, él pasa delante de ti; él destruirá a estas naciones delante de ti, y las heredarás; Josué será el que pasará delante de ti, como Jehová ha dicho. 4 Y hará Jehová con ellos como hizo con Sehón y con Og, reyes de los amorreos, y con su tierra, a quienes destruyó. 5 Y los entregará Jehová delante de vosotros, y haréis con ellos conforme a todo lo que os he mandado. 6 Esforzaos y cobrad ánimo; no temáis, ni tengáis miedo de ellos, porque Jehová tu Dios es el que va contigo; no te dejará, ni te desamparará.” (Det 31:1-6)
La Biblia dice que Dios hizo provisión de un plan de transición para manejar esa incapacidad.
“7 Y llamó Moisés a Josué, y le dijo en presencia de todo Israel: Esfuérzate y anímate; porque tú entrarás con este pueblo a la tierra que juró Jehová a sus padres que les daría, y tú se la harás heredar. 8 Y Jehová va delante de ti; él estará contigo, no te dejará, ni te desamparará; no temas ni te intimides.” (Det 31:7-8)
Encontramos otro ejemplo en una de las historias acerca David. La Biblia dice que este joven procuraba prepararse para enfrentar a Goliat y le había sido recomendado que utilizara las armas de combate de otra persona. David dijo “no puedo.” La Biblia dice que Dios hizo provisión de un plan perfecto y glorioso: enseñar a David a confiar en la “herramientas” que Dios le había provisto. David derrotó a Goliat, pero esto requirió que David echara de sí todo aquello que no formaba parte del plan de Dios.
“39 Y ciñó David su espada sobre sus vestidos, y probó a andar, porque nunca había hecho la prueba. Y dijo David a Saúl: Yo no puedo andar con esto, porque nunca lo practiqué. Y David echó de sí aquellas cosas. 40 Y tomó su cayado en su mano, y escogió cinco piedras lisas del arroyo, y las puso en el saco pastoril, en el zurrón que traía, y tomó su honda en su mano, y se fue hacia el filisteo.” (1 Sam 17:39-40)
También lo vemos en Job teniendo que aceptar en medio de sus crisis que no le quedaban fuerzas ni podía valerse por sí mismo.
“11 Ya no me quedan fuerzas para resistir, ni razón alguna para seguir viviendo. 12 No tengo la dureza de la roca, ni la consistencia del bronce. 13 No puedo valerme por mí mismo, ni cuento con ningún apoyo.” (Job 6:11-13, DHH)
La Biblia dice que Dios resolvió esto recetándole a Job una medicina infalible: un encuentro profundo y sublime con el Señor.
“5 De oídas te había oído; Mas ahora mis ojos te ven.” (Job 42:5, RV 1960)
Jacob no admitió su incapacidad para manejar las situaciones de su familia. Jacob aparentó confiar en su auto suficiencia. Un problema monumental que subyace en esta actitud es que la Biblia dice que Dios no valida ni aprueba nuestra auto suficiencia. Tenemos que reconocer nuestra insuficiencia para poder ser capaces de experimentar su poder.
“29 El da esfuerzo al cansado, y multiplica las fuerzas al que no tiene ningunas.” (Isa 40:29)
La invitación es muy sencilla: reconozcamos nuestra dependencia de Dios y acerquemos confiadamente al trono de la gracia para que seamos capaces de alcanzar misericordia y hallar gracia para el socorro oportuno que Él ha prometido (Heb 4:16).
[1] Friedman, Edwin H. 1985. Generation to Generation: family process in church and synagogue. New York, NY: The Guilford Press.
[2] Sof 1:15; Job 30:3 https://aboutholocaust.org/en/facts/what-is-the-difference-between-holocaust-and-shoah
[3] https://biblehub.com/topical/d/death_of_deborah,_rebekah's_nurse.htm
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