February 8th, 2026
1043 • El Heraldo Digital – Institucional • Volumen XVII • 8 de febrero del 2026
Familias dirigidas por el Espíritu Santo: la familia de Timoteo
“3 Doy gracias a Dios, al cual sirvo desde mis mayores con limpia conciencia, de que sin cesar me acuerdo de ti en mis oraciones noche y día; 4 deseando verte, al acordarme de tus lágrimas, para llenarme de gozo; 5 trayendo a la memoria la fe no fingida que hay en ti, la cual habitó primero en tu abuela Loida, y en tu madre Eunice, y estoy seguro que en ti también. 6 Por lo cual te aconsejo que avives el fuego del don de Dios que está en ti por la imposición de mis manos. 7 Porque no nos ha dado Dios espíritu de cobardía, sino de poder, de amor y de dominio propio.” (2 Tim 1:3-7, RV 1960)
Uno de los modelos de familia más trascendentales que encontramos en el Nuevo Testamento es el de la familia de Timoteo, discípulo del Apóstol Pablo. La relevancia que reviste este modelo surge de una cantidad insondable e inesperada de características y factores positivos que este ofrece a los creyentes en Cristo. El orden que utilizaremos para la presentación de esas características y esos factores será uno orgánico. Esto es, no serán considerados en orden de importancia.
Comenzamos señalando que la Biblia dice que la familia de Timoteo era una familia mixta. Esto es, desde la perspectiva de la fe cristiana. Tal y como lo describe el Apóstol Pablo en la Segunda Carta a los Corintios, los matrimonios en los que un cónyuge es creyente y el otro no lo es se considera como un “yugo desigual”[1] (2 Cor 6:14). La Biblia dice que la madre de Timoteo, Eunice, era una creyente judía que estaba casada con un hombre griego y que ellos vivían en el área de Derbe y Listra, en Licaonia (Hch 14:6), región del Asia Menor.[2]
“16 Pablo fue primero a Derbe y luego a Listra, donde había un discípulo joven llamado Timoteo. Su madre era una creyente judía, pero su padre era griego.” (Hch 16:1, NTV)
Lo que esto significa es que el padre de Timoteo no era un prosélito del judaísmo y tampoco un cristiano. El silencio que la Biblia “presenta” acerca de la experiencia religiosa de este hombre es muy elocuente. Tanto así que ni siquiera conocemos su nombre.
La Biblia nos dice que Eunice, la madre de Timoteo, así como Loida, la abuela de este joven, eran mujeres judías que habían decidido aceptar a Cristo como su Salvador y Señor (2 Tim 1:5). O sea, que ya sabemos que este modelo de familia describe lo que debe suceder en el seno de una familia en la que uno de los padres no sirve al Señor.
El orden en el que el Apóstol Pablo presenta estos datos indica que la abuela de Timoteo se entregó al Señor antes que la madre de este. Lo sabemos porque Pablo describe la fe de esta abuela antes de describir la de Eunice. Esto último no era lo que se acostumbraba a hacer en esa época de la historia. De hecho, este es el único pasaje del Nuevo Testamento en el que encontramos el concepto griego que se traduce como abuela; “mammē” (G3125).[3]
La mayoría de los exégetas bíblicos concluyen que tanto Loida como Eunice deben haberle entregado sus vidas a Cristo en la primera ocasión que Pablo, junto a Bernabé, visitó esa región (Hch 14:1-23).[4] Como hemos visto, Eunice y Timoteo son identificados por Lucas cuando Pablo regresa a esa región como parte de su segundo viaje misionero dos años más tarde (Hch 16:1-2). Es relevante el hecho de que Lucas, el escritor del Libro de los Hechos, identifica a Timoteo como un discípulo (“mathētēs”, G3101).
El ambiente de un hogar en el que uno de los padres no sirve al Señor es uno que puede ser muy complicado. Es cierto que en algunos casos esposos o esposas que no sirven al Señor no presentan objeción alguna para que sus hijos participen de la fe que predica el Evangelio. No obstante, por lo general, esta no es la regla. Añadimos a esto que el modelaje que ofrece aquél o aquella que no sirve a Cristo puede ejercer una presión descomunal sobre los hijos de esa pareja.
El ambiente en el que Timoteo se crio parece ser uno más complicado de lo que podemos imaginar. Esta característica se desprende del hecho de que los nombres de su madre y de su abuela son nombres griegos. Esto podría parecer extraño para los judíos que residían en el área del Medio Oriente. Sin embargo, algunos estudiosos del tema señalan que esto se veía con frecuencia a mediados del primer siglo de la era cristiana.[5] Muchas mujeres judías se veían obligadas a casarse con gentiles y eran totalmente dependientes del sustento y el cuidado que proveían sus esposos. Esto provocaba que no tuvieran muchas alternativas ante los retos que presentaba la necesidad de dejarse asimilar por la cultura. De aquí que Loida y Eunice hubiesen sido recibido nombres griegos.
Consideremos por un instante el alcance que podía tener el que el papá de Timoteo fuera griego. Veamos lo que dice uno de los recursos académicos consultados.
“De una manera que al hombre moderno le resulta difícil comprender, el niño de la antigüedad participaba en el culto general. La familia y la tribu constituían una comunidad de culto objetiva en el mundo antiguo. El recién nacido se integraba en esta comunidad desde los primeros días de su vida. En Grecia, esto se hacía colocando al niño en la cuna de mimbre, el ‘licnon’, que sabemos por los misterios eleusinos que era un símbolo de purificación y fertilidad, y también mediante la ‘anfidromia’, en la que una nodriza o una pariente llevaba al niño rápidamente alrededor del hogar para ponerlo bajo la protección de los dioses domésticos, aunque en la época clásica solo hay constancia directa de esto en Atenas. En Roma, esto se hacía mediante el ‘Dies lustricus’, con el que se relacionaban el sacrificio y la imposición de un nombre. Desde el principio, los niños, incluso los bebés, estaban presentes en los cultos de los adultos.”[6] (traducción libre)
Timoteo pudo estar expuesto a estas costumbres religiosas, no solo en su hogar, sino en los modelos que él veía en los hogares de los amigos de su niñez y su juventud. Sabiendo esto, entonces este modelo de la familia de Timoteo afirma que se pueden criar y levantar hijos que se conviertan en discípulos del Señor en esos ambientes. Este modelo de familia es entonces vital para aquellos matrimonios “sincretistas” que están criando hijos y que al mismo tiempo se encuentran batallando con las fricciones “contra corrientes” y los retos de ser asimilados por las posturas del otro o de la otra.
Siendo esto así, la misericordia del Señor cubrió y empoderó a esta madre y a esta abuela de modo que ellas pudieran sostener sus principios religiosos en medio de todos estos retos.
¿Por qué lo sabemos? En primer lugar, porque el Apóstol Pablo afirma que Timoteo recibió instrucción bíblica desde su niñez.
“14 Pero persiste tú en lo que has aprendido y te persuadiste, sabiendo de quién has aprendido; 15 y que desde la niñez has sabido las Sagradas Escrituras, las cuales te pueden hacer sabio para la salvación por la fe que es en Cristo Jesús.” (2 Tim 3:14-15)
“14 Pero tú debes permanecer fiel a las cosas que se te han enseñado. Sabes que son verdad, porque sabes que puedes confiar en quienes te las enseñaron. 15 Desde la niñez, se te han enseñado las sagradas Escrituras, las cuales te han dado la sabiduría para recibir la salvación que viene por confiar en Cristo Jesús.” (NTV)
Es obvio que Loida y Eunice no perdieron el contacto con las Sagradas Escrituras. Lo sabemos porque Pablo argumenta que alguien en la casa de Timoteo se encargó de que ese joven pudiera recibir instrucción bíblica desde que este era un “brephos” (G1025).
El uso de este concepto griego presenta una avenida extraordinaria de alternativas para la fe. Debemos comprender que ese vocablo griego describe a un niño muy pequeño, incluso a uno que aún no ha nacido: “bebé, lactante, feto”.[7] Vemos un ejemplo de esto cuando la Biblia utiliza este concepto para describir a Juan el Bautista cuando este todavía estaba en el vientre de su madre Elizabet.
“41 Y aconteció que cuando oyó Elisabet la salutación de María, la criatura saltó en su vientre; y Elisabet fue llena del Espíritu Santo, 42 y exclamó a gran voz, y dijo: Bendita tú entre las mujeres, y bendito el fruto de tu vientre.” (Lcs 1:41-42)
La Biblia también lo utiliza para describir a Cristo recién nacido.
“12 Esto os servirá de señal: Hallaréis al niño envuelto en pañales, acostado en un pesebre.” (Lcs 2:12)
En otras palabras, que el uso de este concepto afirma que Loida y Eunice comenzaron a darle instrucción bíblica a Timoteo desde que este estaba en el vientre de Eunice y/o desde el momento en el que nació. O sea, mucho antes de que ellas conocieran a Cristo y lo aceptaran como Señor y Salvador. Esta tarea sembró en el corazón de Timoteo algo que nada ni nadie le podía robar; el encuentro con el poder que posee la Palabra de Dios. El ambiente en la casa en la que Timoteo se crio pudo ser complicado, pero él pudo aprender allí acerca de la Palabra de Dios. No olvidemos que Eunice y Loida sólo poseían el Antiguo Testamento para hacer todo esto. El Nuevo Testamento se estaba escribiendo delante de los ojos de estas mujeres, sin ellas saberlo.
Al mismo tiempo, la Biblia dice que Timoteo fue expuesto en ese ambiente al modelaje de una fe no fingida (“anupokritos”, G505); sin hipocresía, no fingida, sincera, franca, genuina (Rom 12:9; 2 Cor. 6:6; 1 Tim 1:5; 2 Tim 1:5; Stg 3:17; 1 Ped 1:22).[8]
“5 Me acuerdo de tu fe sincera, pues tú tienes la misma fe de la que primero estuvieron llenas tu abuela Loida y tu madre, Eunice, y sé que esa fe sigue firme en ti.” (2 Tim 1:5, NTV)
Este modelo familiar entonces afirma el lugar que tienen que ocupar la enseñanza bíblica y el modelaje de la fe en la crianza y en el desarrollo de nuestros hijos. Nada en el mundo sustituye esas herramientas. No se trata solo de la capacitación intelectual, emocional y espiritual a la que exponemos a nuestros hijos cuando practicamos esto. Esto también se trata de la oportunidad constante que les proveemos para chocar con el poder de Dios a través de las Sagradas Escrituras, mientras les dejamos ver los efectos que la Palabra de Dios ha producido en nuestras vidas.
Si las conclusiones históricas a las que hemos llegado son las correctas, Loida y Eunice aceptaron a Cristo en medio de los milagros que Dios hizo a través de Pablo y Bernabé cuando ellos visitaron por primera vez la región de Asia Menor en la que ellas vivían (Hch 14:1-23). No obstante, ellas no se limitaron a criar a Timoteo a base de testimonios y milagros. Ellas, que habían acudido a la enseñanza de las Sagradas Escrituras para educar a Timoteo desde niño, ahora utilizarían estas con una óptica cristocéntrica. Esta herramienta celestial no ha pasado de moda.
¿Cuáles fueron los resultados de este modelo de familia? El resultado de la fe de Eunice y de Loida, por haber creído antes de que Timoteo pudiera ser capaz de afirmar y declarar su fe, ayudó a formar un gigante, un paladín del Evangelio de nuestro Señor.
Un ejemplo de esto lo encontramos cuando la Biblia dice que la fe que Timoteo había recibido era genuina. Pablo dice que había reflexionado (“hupomnēsis”, G5280) acerca de esa característica de la fe de su hijo espiritual (1 Tim 1:5a). Un dato interesante es que el concepto que Pablo utiliza aquí está conjugado como un “perfecto griego”, lo que implica que Pablo estaba absolutamente convencido de esto. ¿En dónde aprendió Timoteo que su fe tenía que ser genuina, sin dobleces y sin hipocresía?
Por otro lado, la Biblia dice que fue Pablo el que le impuso las manos a Timoteo para consagrarlo para el ministerio.
“6 Por lo cual te aconsejo que avives el fuego del don de Dios que está en ti por la imposición de mis manos.” (2 Tim 1:6)
En otras palabras, que fue el mismo Apóstol el que recibió confirmación de Dios de que este joven había sido llamado por Dios para servir como ministro del Evangelio.
Uno de los datos que encontramos en la Biblia es que Timoteo ya no estaba como líder en la iglesia que estaba localizada en la ciudad de Éfeso cuando Pablo escribe esta carta (2 Tim 3:14). Pablo lo había asignado a esa tarea (1 Tim 1:2-3), pero había sido sustituido por Tíquico (2 Tim 4:12). Por lo tanto, Timoteo se encontraba realizando tareas de evangelización y supervisión ministerial cuando estas cartas fueron escritas. Dicho de otra forma, un joven que ya había sido el encargado de la obra en la ciudad de Éfeso ahora estaba trabajando con los asuntos eclesiásticos de la región.
Al mismo tiempo, conocemos que el Apóstol Pablo sabía que Timoteo debía estar en Troas (2 Tim 4:13). Esa era una de las razones por las que Pablo le solicita a Timoteo que lo acompañe en Roma. ¿En dónde se formó el corazón de un joven con esta clase de madurez, ese sentido de responsabilidad y en el que Pablo puede confiar?
Por un lado, hemos visto que la Biblia nos dice que Dios le facilitó a Timoteo una figura paterno-espiritual: al Apóstol Pablo. Confirmamos este dato al leer que Pablo lo llama verdadero y amado hijo.
“19 Espero en el Señor Jesús enviaros pronto a Timoteo, para que yo también esté de buen ánimo al saber de vuestro estado; 20 pues a ninguno tengo del mismo ánimo, y que tan sinceramente se interese por vosotros. 21 Porque todos buscan lo suyo propio, no lo que es de Cristo Jesús. 22 Pero ya conocéis los méritos de él, que como hijo a padre ha servido conmigo en el evangelio. 23 Así que a éste espero enviaros, luego que yo vea cómo van mis asuntos;” (Fil 2:19)
“1 Pablo, apóstol de Jesucristo por mandato de Dios nuestro Salvador, y del Señor Jesucristo nuestra esperanza, 2 a Timoteo, verdadero hijo en la fe: Gracia, misericordia y paz, de Dios nuestro Padre y de Cristo Jesús nuestro Señor.” (1 Tim 1:1-2, RV 1960)
“1 Pablo, apóstol de Jesucristo por la voluntad de Dios, según la promesa de la vida que es en Cristo Jesús, 2 a Timoteo, amado hijo: Gracia, misericordia y paz, de Dios Padre y de Jesucristo nuestro Señor.” (2 Tim 1:1-2)
O sea, que la iglesia como familia de la fe (Gál 6:10), puede proveer padres espirituales para aquellos que no han gozado de un modelaje paternal o maternal adecuados. También sabemos que la herencia espiritual que Timoteo había recibido, tanto de Eunice, de Loida, ayudó para que este pudiera convertirse en un hijo para este Apóstol.
“17 Por esto mismo os he enviado a Timoteo, que es mi hijo amado y fiel en el Señor, el cual os recordará mi proceder en Cristo, de la manera que enseño en todas partes y en todas las iglesias.” (1 Cor 4:17)
“19 Espero en el Señor Jesús enviaros pronto a Timoteo, para que yo también esté de buen ánimo al saber de vuestro estado….22 Pero ya conocéis los méritos de él, que como hijo a padre ha servido conmigo en el evangelio. 23 Así que a éste espero enviaros, luego que yo vea cómo van mis asuntos;” (Fil 2:19, 22-23)
Nos preguntamos: ¿cuál es la herencia espiritual que estamos dejando a nuestros hijos?
Es importante destacar que la Biblia dice que Pablo conocía las lágrimas de su hijo.
“4 Tengo muchos deseos de volver a verte porque no me olvido de tus lágrimas cuando nos separamos. Y me llenaré de alegría cuando estemos juntos otra vez.” (2 Tim 1:4, NTV)
Es muy probable que las lágrimas que Pablo recordaba fueron derramadas por Timoteo cuando el Apóstol se despidió de la iglesia en Éfeso para viajar a Jerusalén, aun sabiendo que lo apresarían allí (Hch 20:37).
Destacamos que la Biblia dice que Pablo, no solo predicaba y escribía con Timoteo como su compañero (2 Cor 1:1; 19; Fil 1:1; Col 1:1; 1 Tes 1:1; 2 Tes 1:1), sino que lo recomendaba sin reserva alguna.
“10 Y si llega Timoteo, mirad que esté con vosotros con tranquilidad, porque él hace la obra del Señor así como yo. 11 Por tanto, nadie le tenga en poco, sino encaminadle en paz, para que venga a mí, porque le espero con los hermanos.” (1 Cor 16:10)
“2 y enviamos a Timoteo nuestro hermano, servidor de Dios y colaborador nuestro en el evangelio de Cristo, para confirmaros y exhortaros respecto a vuestra fe, 3 a fin de que nadie se inquiete por estas tribulaciones; porque vosotros mismos sabéis que para esto estamos puestos.” (1 Tes 3:2-3)
La Biblia también dice que el Apóstol Pablo reconocía las palabras proféticas que Dios había comunicado acerca de este joven. En otras palabras, que el Señor marcó con autoridad profética el fruto del trabajo de las manos de Eunice y de Loida.
“18 Timoteo, hijo mío, te doy este mandato de acuerdo con las profecías que se han hecho acerca de ti para que recuerdes esas profecías y así pelees la buena batalla.” (1 Tim 1:18, PDT)
O sea, que había un compromiso profético de Dios con el hijo de Eunice y el nieto de Loida. Estamos convencidos de que Dios ha separado una palabra profética para cada hijo en cada familia de la fe.
Estos son solo algunos de los resultados de la labor titánica desarrollada por Loida y Eunice en la crianza y el cuidado de Timoteo. Timoteo significa “honrando a Dios.”[9] El hijo de Eunice se convirtió en un hombre que honraba a Dios. No olvidemos que todo esto se gestó en el hogar de una familia “sincretista” en la que había un padre que no participaba de la fe en Cristo, pero una madre y una abuela que sí habían abrazado la fe. El Espíritu Santo empoderó a estas mujeres para criar y educar un campeón del Evangelio: un hombre cuyo nombre y testimonio están grabados en la historia de la humanidad y de la fe en Cristo. Estamos seguros de que ellas jamás pensaron que la instrucción bíblica que colocaban en el corazón de Timoteo rendiría tanto fruto. La tarea de educarlo desde que estaba en el vientre de Eunice produjo que la vida, el llamado y el ministerio de Timoteo provocaran dos (2) epístolas bíblicas que forman parte de las Sagradas Escrituras con las que ahora educamos a los nuestros.
El Dios de Eunice y de Loida es el mismo Dios de las abuelas, de las madres y de los padres que tienen que criar a los “Timoteos” y las “Timoteas” en el siglo 21. Basta confiar que el modelaje de una fe genuina y la enseñanza de las Sagradas Escrituras continúan siendo herramientas poderosas para producir resultados similares a los que hemos visto en la vida de este campeón del Evangelio.
[1] De aquí en adelante los llamaremos “sincretistas”, no como algo despectivo, sino con la finalidad de simplificar la presentación de estos.
[2] Esta región, Licaonia, pertenece hoy a Turquía. Estas ciudades estaban establecidas en un área que queda entre lo que conocemos hoy como las ciudades de Mersin y Konya.
[3] Arichea, D. C., & Hatton, H. (1995). A handbook on Paul’s letters to Timothy and to Titus (pp. 168–176). United Bible Societies.
[4] Black, R., & McClung, R. (2004). 1 & 2 Timothy, Titus, Philemon: a commentary for bible students (pp. 143–144). Wesleyan Publishing House.
[5] Arichea, D. C., & Hatton, H., Op.cit.
[6] Oepke, A. (1964–). παῖς, παιδίον, παιδάριον, τέκνον, τεκνίον, βρέφος. En G. Kittel, G. W. Bromiley, & G. Friedrich (Eds.), Theological dictionary of the New Testament (electronic ed., Vol. 5, p. 643). Eerdmans.
[7] Louw, J. P., & Nida, E. A. (1996). En Greek-English lexicon of the New Testament: based on semantic domains (electronic ed. of the 2nd edition., Vol. 1, p. 109). United Bible Societies.
[8] Tuggy, A. E. (2003). En Lexico griego-español del Nuevo Testamento (pp. 84–85). Editorial Mundo Hispano.
[9] Strong, J. (1995). En Enhanced Strong’s Lexicon. Woodside Bible Fellowship.
Familias dirigidas por el Espíritu Santo: la familia de Timoteo
“3 Doy gracias a Dios, al cual sirvo desde mis mayores con limpia conciencia, de que sin cesar me acuerdo de ti en mis oraciones noche y día; 4 deseando verte, al acordarme de tus lágrimas, para llenarme de gozo; 5 trayendo a la memoria la fe no fingida que hay en ti, la cual habitó primero en tu abuela Loida, y en tu madre Eunice, y estoy seguro que en ti también. 6 Por lo cual te aconsejo que avives el fuego del don de Dios que está en ti por la imposición de mis manos. 7 Porque no nos ha dado Dios espíritu de cobardía, sino de poder, de amor y de dominio propio.” (2 Tim 1:3-7, RV 1960)
Uno de los modelos de familia más trascendentales que encontramos en el Nuevo Testamento es el de la familia de Timoteo, discípulo del Apóstol Pablo. La relevancia que reviste este modelo surge de una cantidad insondable e inesperada de características y factores positivos que este ofrece a los creyentes en Cristo. El orden que utilizaremos para la presentación de esas características y esos factores será uno orgánico. Esto es, no serán considerados en orden de importancia.
Comenzamos señalando que la Biblia dice que la familia de Timoteo era una familia mixta. Esto es, desde la perspectiva de la fe cristiana. Tal y como lo describe el Apóstol Pablo en la Segunda Carta a los Corintios, los matrimonios en los que un cónyuge es creyente y el otro no lo es se considera como un “yugo desigual”[1] (2 Cor 6:14). La Biblia dice que la madre de Timoteo, Eunice, era una creyente judía que estaba casada con un hombre griego y que ellos vivían en el área de Derbe y Listra, en Licaonia (Hch 14:6), región del Asia Menor.[2]
“16 Pablo fue primero a Derbe y luego a Listra, donde había un discípulo joven llamado Timoteo. Su madre era una creyente judía, pero su padre era griego.” (Hch 16:1, NTV)
Lo que esto significa es que el padre de Timoteo no era un prosélito del judaísmo y tampoco un cristiano. El silencio que la Biblia “presenta” acerca de la experiencia religiosa de este hombre es muy elocuente. Tanto así que ni siquiera conocemos su nombre.
La Biblia nos dice que Eunice, la madre de Timoteo, así como Loida, la abuela de este joven, eran mujeres judías que habían decidido aceptar a Cristo como su Salvador y Señor (2 Tim 1:5). O sea, que ya sabemos que este modelo de familia describe lo que debe suceder en el seno de una familia en la que uno de los padres no sirve al Señor.
El orden en el que el Apóstol Pablo presenta estos datos indica que la abuela de Timoteo se entregó al Señor antes que la madre de este. Lo sabemos porque Pablo describe la fe de esta abuela antes de describir la de Eunice. Esto último no era lo que se acostumbraba a hacer en esa época de la historia. De hecho, este es el único pasaje del Nuevo Testamento en el que encontramos el concepto griego que se traduce como abuela; “mammē” (G3125).[3]
La mayoría de los exégetas bíblicos concluyen que tanto Loida como Eunice deben haberle entregado sus vidas a Cristo en la primera ocasión que Pablo, junto a Bernabé, visitó esa región (Hch 14:1-23).[4] Como hemos visto, Eunice y Timoteo son identificados por Lucas cuando Pablo regresa a esa región como parte de su segundo viaje misionero dos años más tarde (Hch 16:1-2). Es relevante el hecho de que Lucas, el escritor del Libro de los Hechos, identifica a Timoteo como un discípulo (“mathētēs”, G3101).
El ambiente de un hogar en el que uno de los padres no sirve al Señor es uno que puede ser muy complicado. Es cierto que en algunos casos esposos o esposas que no sirven al Señor no presentan objeción alguna para que sus hijos participen de la fe que predica el Evangelio. No obstante, por lo general, esta no es la regla. Añadimos a esto que el modelaje que ofrece aquél o aquella que no sirve a Cristo puede ejercer una presión descomunal sobre los hijos de esa pareja.
El ambiente en el que Timoteo se crio parece ser uno más complicado de lo que podemos imaginar. Esta característica se desprende del hecho de que los nombres de su madre y de su abuela son nombres griegos. Esto podría parecer extraño para los judíos que residían en el área del Medio Oriente. Sin embargo, algunos estudiosos del tema señalan que esto se veía con frecuencia a mediados del primer siglo de la era cristiana.[5] Muchas mujeres judías se veían obligadas a casarse con gentiles y eran totalmente dependientes del sustento y el cuidado que proveían sus esposos. Esto provocaba que no tuvieran muchas alternativas ante los retos que presentaba la necesidad de dejarse asimilar por la cultura. De aquí que Loida y Eunice hubiesen sido recibido nombres griegos.
Consideremos por un instante el alcance que podía tener el que el papá de Timoteo fuera griego. Veamos lo que dice uno de los recursos académicos consultados.
“De una manera que al hombre moderno le resulta difícil comprender, el niño de la antigüedad participaba en el culto general. La familia y la tribu constituían una comunidad de culto objetiva en el mundo antiguo. El recién nacido se integraba en esta comunidad desde los primeros días de su vida. En Grecia, esto se hacía colocando al niño en la cuna de mimbre, el ‘licnon’, que sabemos por los misterios eleusinos que era un símbolo de purificación y fertilidad, y también mediante la ‘anfidromia’, en la que una nodriza o una pariente llevaba al niño rápidamente alrededor del hogar para ponerlo bajo la protección de los dioses domésticos, aunque en la época clásica solo hay constancia directa de esto en Atenas. En Roma, esto se hacía mediante el ‘Dies lustricus’, con el que se relacionaban el sacrificio y la imposición de un nombre. Desde el principio, los niños, incluso los bebés, estaban presentes en los cultos de los adultos.”[6] (traducción libre)
Timoteo pudo estar expuesto a estas costumbres religiosas, no solo en su hogar, sino en los modelos que él veía en los hogares de los amigos de su niñez y su juventud. Sabiendo esto, entonces este modelo de la familia de Timoteo afirma que se pueden criar y levantar hijos que se conviertan en discípulos del Señor en esos ambientes. Este modelo de familia es entonces vital para aquellos matrimonios “sincretistas” que están criando hijos y que al mismo tiempo se encuentran batallando con las fricciones “contra corrientes” y los retos de ser asimilados por las posturas del otro o de la otra.
Siendo esto así, la misericordia del Señor cubrió y empoderó a esta madre y a esta abuela de modo que ellas pudieran sostener sus principios religiosos en medio de todos estos retos.
¿Por qué lo sabemos? En primer lugar, porque el Apóstol Pablo afirma que Timoteo recibió instrucción bíblica desde su niñez.
“14 Pero persiste tú en lo que has aprendido y te persuadiste, sabiendo de quién has aprendido; 15 y que desde la niñez has sabido las Sagradas Escrituras, las cuales te pueden hacer sabio para la salvación por la fe que es en Cristo Jesús.” (2 Tim 3:14-15)
“14 Pero tú debes permanecer fiel a las cosas que se te han enseñado. Sabes que son verdad, porque sabes que puedes confiar en quienes te las enseñaron. 15 Desde la niñez, se te han enseñado las sagradas Escrituras, las cuales te han dado la sabiduría para recibir la salvación que viene por confiar en Cristo Jesús.” (NTV)
Es obvio que Loida y Eunice no perdieron el contacto con las Sagradas Escrituras. Lo sabemos porque Pablo argumenta que alguien en la casa de Timoteo se encargó de que ese joven pudiera recibir instrucción bíblica desde que este era un “brephos” (G1025).
El uso de este concepto griego presenta una avenida extraordinaria de alternativas para la fe. Debemos comprender que ese vocablo griego describe a un niño muy pequeño, incluso a uno que aún no ha nacido: “bebé, lactante, feto”.[7] Vemos un ejemplo de esto cuando la Biblia utiliza este concepto para describir a Juan el Bautista cuando este todavía estaba en el vientre de su madre Elizabet.
“41 Y aconteció que cuando oyó Elisabet la salutación de María, la criatura saltó en su vientre; y Elisabet fue llena del Espíritu Santo, 42 y exclamó a gran voz, y dijo: Bendita tú entre las mujeres, y bendito el fruto de tu vientre.” (Lcs 1:41-42)
La Biblia también lo utiliza para describir a Cristo recién nacido.
“12 Esto os servirá de señal: Hallaréis al niño envuelto en pañales, acostado en un pesebre.” (Lcs 2:12)
En otras palabras, que el uso de este concepto afirma que Loida y Eunice comenzaron a darle instrucción bíblica a Timoteo desde que este estaba en el vientre de Eunice y/o desde el momento en el que nació. O sea, mucho antes de que ellas conocieran a Cristo y lo aceptaran como Señor y Salvador. Esta tarea sembró en el corazón de Timoteo algo que nada ni nadie le podía robar; el encuentro con el poder que posee la Palabra de Dios. El ambiente en la casa en la que Timoteo se crio pudo ser complicado, pero él pudo aprender allí acerca de la Palabra de Dios. No olvidemos que Eunice y Loida sólo poseían el Antiguo Testamento para hacer todo esto. El Nuevo Testamento se estaba escribiendo delante de los ojos de estas mujeres, sin ellas saberlo.
Al mismo tiempo, la Biblia dice que Timoteo fue expuesto en ese ambiente al modelaje de una fe no fingida (“anupokritos”, G505); sin hipocresía, no fingida, sincera, franca, genuina (Rom 12:9; 2 Cor. 6:6; 1 Tim 1:5; 2 Tim 1:5; Stg 3:17; 1 Ped 1:22).[8]
“5 Me acuerdo de tu fe sincera, pues tú tienes la misma fe de la que primero estuvieron llenas tu abuela Loida y tu madre, Eunice, y sé que esa fe sigue firme en ti.” (2 Tim 1:5, NTV)
Este modelo familiar entonces afirma el lugar que tienen que ocupar la enseñanza bíblica y el modelaje de la fe en la crianza y en el desarrollo de nuestros hijos. Nada en el mundo sustituye esas herramientas. No se trata solo de la capacitación intelectual, emocional y espiritual a la que exponemos a nuestros hijos cuando practicamos esto. Esto también se trata de la oportunidad constante que les proveemos para chocar con el poder de Dios a través de las Sagradas Escrituras, mientras les dejamos ver los efectos que la Palabra de Dios ha producido en nuestras vidas.
Si las conclusiones históricas a las que hemos llegado son las correctas, Loida y Eunice aceptaron a Cristo en medio de los milagros que Dios hizo a través de Pablo y Bernabé cuando ellos visitaron por primera vez la región de Asia Menor en la que ellas vivían (Hch 14:1-23). No obstante, ellas no se limitaron a criar a Timoteo a base de testimonios y milagros. Ellas, que habían acudido a la enseñanza de las Sagradas Escrituras para educar a Timoteo desde niño, ahora utilizarían estas con una óptica cristocéntrica. Esta herramienta celestial no ha pasado de moda.
¿Cuáles fueron los resultados de este modelo de familia? El resultado de la fe de Eunice y de Loida, por haber creído antes de que Timoteo pudiera ser capaz de afirmar y declarar su fe, ayudó a formar un gigante, un paladín del Evangelio de nuestro Señor.
Un ejemplo de esto lo encontramos cuando la Biblia dice que la fe que Timoteo había recibido era genuina. Pablo dice que había reflexionado (“hupomnēsis”, G5280) acerca de esa característica de la fe de su hijo espiritual (1 Tim 1:5a). Un dato interesante es que el concepto que Pablo utiliza aquí está conjugado como un “perfecto griego”, lo que implica que Pablo estaba absolutamente convencido de esto. ¿En dónde aprendió Timoteo que su fe tenía que ser genuina, sin dobleces y sin hipocresía?
Por otro lado, la Biblia dice que fue Pablo el que le impuso las manos a Timoteo para consagrarlo para el ministerio.
“6 Por lo cual te aconsejo que avives el fuego del don de Dios que está en ti por la imposición de mis manos.” (2 Tim 1:6)
En otras palabras, que fue el mismo Apóstol el que recibió confirmación de Dios de que este joven había sido llamado por Dios para servir como ministro del Evangelio.
Uno de los datos que encontramos en la Biblia es que Timoteo ya no estaba como líder en la iglesia que estaba localizada en la ciudad de Éfeso cuando Pablo escribe esta carta (2 Tim 3:14). Pablo lo había asignado a esa tarea (1 Tim 1:2-3), pero había sido sustituido por Tíquico (2 Tim 4:12). Por lo tanto, Timoteo se encontraba realizando tareas de evangelización y supervisión ministerial cuando estas cartas fueron escritas. Dicho de otra forma, un joven que ya había sido el encargado de la obra en la ciudad de Éfeso ahora estaba trabajando con los asuntos eclesiásticos de la región.
Al mismo tiempo, conocemos que el Apóstol Pablo sabía que Timoteo debía estar en Troas (2 Tim 4:13). Esa era una de las razones por las que Pablo le solicita a Timoteo que lo acompañe en Roma. ¿En dónde se formó el corazón de un joven con esta clase de madurez, ese sentido de responsabilidad y en el que Pablo puede confiar?
Por un lado, hemos visto que la Biblia nos dice que Dios le facilitó a Timoteo una figura paterno-espiritual: al Apóstol Pablo. Confirmamos este dato al leer que Pablo lo llama verdadero y amado hijo.
“19 Espero en el Señor Jesús enviaros pronto a Timoteo, para que yo también esté de buen ánimo al saber de vuestro estado; 20 pues a ninguno tengo del mismo ánimo, y que tan sinceramente se interese por vosotros. 21 Porque todos buscan lo suyo propio, no lo que es de Cristo Jesús. 22 Pero ya conocéis los méritos de él, que como hijo a padre ha servido conmigo en el evangelio. 23 Así que a éste espero enviaros, luego que yo vea cómo van mis asuntos;” (Fil 2:19)
“1 Pablo, apóstol de Jesucristo por mandato de Dios nuestro Salvador, y del Señor Jesucristo nuestra esperanza, 2 a Timoteo, verdadero hijo en la fe: Gracia, misericordia y paz, de Dios nuestro Padre y de Cristo Jesús nuestro Señor.” (1 Tim 1:1-2, RV 1960)
“1 Pablo, apóstol de Jesucristo por la voluntad de Dios, según la promesa de la vida que es en Cristo Jesús, 2 a Timoteo, amado hijo: Gracia, misericordia y paz, de Dios Padre y de Jesucristo nuestro Señor.” (2 Tim 1:1-2)
O sea, que la iglesia como familia de la fe (Gál 6:10), puede proveer padres espirituales para aquellos que no han gozado de un modelaje paternal o maternal adecuados. También sabemos que la herencia espiritual que Timoteo había recibido, tanto de Eunice, de Loida, ayudó para que este pudiera convertirse en un hijo para este Apóstol.
“17 Por esto mismo os he enviado a Timoteo, que es mi hijo amado y fiel en el Señor, el cual os recordará mi proceder en Cristo, de la manera que enseño en todas partes y en todas las iglesias.” (1 Cor 4:17)
“19 Espero en el Señor Jesús enviaros pronto a Timoteo, para que yo también esté de buen ánimo al saber de vuestro estado….22 Pero ya conocéis los méritos de él, que como hijo a padre ha servido conmigo en el evangelio. 23 Así que a éste espero enviaros, luego que yo vea cómo van mis asuntos;” (Fil 2:19, 22-23)
Nos preguntamos: ¿cuál es la herencia espiritual que estamos dejando a nuestros hijos?
Es importante destacar que la Biblia dice que Pablo conocía las lágrimas de su hijo.
“4 Tengo muchos deseos de volver a verte porque no me olvido de tus lágrimas cuando nos separamos. Y me llenaré de alegría cuando estemos juntos otra vez.” (2 Tim 1:4, NTV)
Es muy probable que las lágrimas que Pablo recordaba fueron derramadas por Timoteo cuando el Apóstol se despidió de la iglesia en Éfeso para viajar a Jerusalén, aun sabiendo que lo apresarían allí (Hch 20:37).
Destacamos que la Biblia dice que Pablo, no solo predicaba y escribía con Timoteo como su compañero (2 Cor 1:1; 19; Fil 1:1; Col 1:1; 1 Tes 1:1; 2 Tes 1:1), sino que lo recomendaba sin reserva alguna.
“10 Y si llega Timoteo, mirad que esté con vosotros con tranquilidad, porque él hace la obra del Señor así como yo. 11 Por tanto, nadie le tenga en poco, sino encaminadle en paz, para que venga a mí, porque le espero con los hermanos.” (1 Cor 16:10)
“2 y enviamos a Timoteo nuestro hermano, servidor de Dios y colaborador nuestro en el evangelio de Cristo, para confirmaros y exhortaros respecto a vuestra fe, 3 a fin de que nadie se inquiete por estas tribulaciones; porque vosotros mismos sabéis que para esto estamos puestos.” (1 Tes 3:2-3)
La Biblia también dice que el Apóstol Pablo reconocía las palabras proféticas que Dios había comunicado acerca de este joven. En otras palabras, que el Señor marcó con autoridad profética el fruto del trabajo de las manos de Eunice y de Loida.
“18 Timoteo, hijo mío, te doy este mandato de acuerdo con las profecías que se han hecho acerca de ti para que recuerdes esas profecías y así pelees la buena batalla.” (1 Tim 1:18, PDT)
O sea, que había un compromiso profético de Dios con el hijo de Eunice y el nieto de Loida. Estamos convencidos de que Dios ha separado una palabra profética para cada hijo en cada familia de la fe.
Estos son solo algunos de los resultados de la labor titánica desarrollada por Loida y Eunice en la crianza y el cuidado de Timoteo. Timoteo significa “honrando a Dios.”[9] El hijo de Eunice se convirtió en un hombre que honraba a Dios. No olvidemos que todo esto se gestó en el hogar de una familia “sincretista” en la que había un padre que no participaba de la fe en Cristo, pero una madre y una abuela que sí habían abrazado la fe. El Espíritu Santo empoderó a estas mujeres para criar y educar un campeón del Evangelio: un hombre cuyo nombre y testimonio están grabados en la historia de la humanidad y de la fe en Cristo. Estamos seguros de que ellas jamás pensaron que la instrucción bíblica que colocaban en el corazón de Timoteo rendiría tanto fruto. La tarea de educarlo desde que estaba en el vientre de Eunice produjo que la vida, el llamado y el ministerio de Timoteo provocaran dos (2) epístolas bíblicas que forman parte de las Sagradas Escrituras con las que ahora educamos a los nuestros.
El Dios de Eunice y de Loida es el mismo Dios de las abuelas, de las madres y de los padres que tienen que criar a los “Timoteos” y las “Timoteas” en el siglo 21. Basta confiar que el modelaje de una fe genuina y la enseñanza de las Sagradas Escrituras continúan siendo herramientas poderosas para producir resultados similares a los que hemos visto en la vida de este campeón del Evangelio.
[1] De aquí en adelante los llamaremos “sincretistas”, no como algo despectivo, sino con la finalidad de simplificar la presentación de estos.
[2] Esta región, Licaonia, pertenece hoy a Turquía. Estas ciudades estaban establecidas en un área que queda entre lo que conocemos hoy como las ciudades de Mersin y Konya.
[3] Arichea, D. C., & Hatton, H. (1995). A handbook on Paul’s letters to Timothy and to Titus (pp. 168–176). United Bible Societies.
[4] Black, R., & McClung, R. (2004). 1 & 2 Timothy, Titus, Philemon: a commentary for bible students (pp. 143–144). Wesleyan Publishing House.
[5] Arichea, D. C., & Hatton, H., Op.cit.
[6] Oepke, A. (1964–). παῖς, παιδίον, παιδάριον, τέκνον, τεκνίον, βρέφος. En G. Kittel, G. W. Bromiley, & G. Friedrich (Eds.), Theological dictionary of the New Testament (electronic ed., Vol. 5, p. 643). Eerdmans.
[7] Louw, J. P., & Nida, E. A. (1996). En Greek-English lexicon of the New Testament: based on semantic domains (electronic ed. of the 2nd edition., Vol. 1, p. 109). United Bible Societies.
[8] Tuggy, A. E. (2003). En Lexico griego-español del Nuevo Testamento (pp. 84–85). Editorial Mundo Hispano.
[9] Strong, J. (1995). En Enhanced Strong’s Lexicon. Woodside Bible Fellowship.
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