1049 • El Heraldo Digital – Institucional • Volumen XVII • 22 de marzo del 2026

1049 • El Heraldo Digital – Institucional • Volumen XVII • 22 de marzo del 2026
Familias dirigidas por el Espíritu Santo: el análisis de la familia de Jacob -Parte IV


“15 Cuando José llegó a Siquem, un hombre de esa zona lo encontró dando vueltas por el campo.—¿Qué buscas?—le preguntó.16 —Busco a mis hermanos—contestó José—. ¿Sabe usted dónde están apacentando sus rebaños? 17 —Sí—le dijo el hombre—. Se han ido de aquí, pero les oí decir: “Vayamos a Dotán”.  Entonces José siguió a sus hermanos hasta Dotán y allí los encontró. 18 Cuando los hermanos de José lo vieron acercarse, lo reconocieron desde lejos. Mientras llegaba, tramaron un plan para matarlo. 19 —¡Aquí viene el soñador!—dijeron—. 20 Vamos, matémoslo y tirémoslo en una de esas cisternas. Podemos decirle a nuestro padre: “Un animal salvaje se lo comió”. ¡Entonces veremos en qué quedan sus sueños! 21 Pero cuando Rubén oyó el plan, trató de salvar a José. —No lo matemos—dijo—. 22 ¿Para qué derramar sangre? Solo tirémoslo en esta cisterna vacía, aquí en el desierto. Entonces morirá sin que le pongamos una mano encima. Rubén tenía pensado rescatar a José y devolverlo a su padre. 23 Entonces, cuando llegó José, sus hermanos le quitaron la hermosa túnica que llevaba puesta. 24 Después lo agarraron y lo tiraron en la cisterna. Resulta que la cisterna estaba vacía; no tenía nada de agua adentro. 25 Luego, justo cuando se sentaron a comer, levantaron la vista y vieron a la distancia una caravana de camellos que venía acercándose. Era un grupo de mercaderes ismaelitas que transportaban goma de resina, bálsamo y resinas aromáticas desde Galaad hasta Egipto. 26 Judá dijo a sus hermanos: «¿Qué ganaremos con matar a nuestro hermano? Tendríamos que encubrir el crimen. 27 En lugar de hacerle daño, vendámoslo a esos mercaderes ismaelitas. Después de todo, es nuestro hermano, ¡de nuestra misma sangre!». Así que sus hermanos estuvieron de acuerdo. 28 Entonces, cuando se acercaron los ismaelitas, que eran mercaderes madianitas, los hermanos de José lo sacaron de la cisterna y se lo vendieron por veinte monedas de plata. Y los mercaderes lo llevaron a Egipto. 29 Tiempo después, Rubén regresó para sacar a José de la cisterna. Cuando descubrió que José no estaba allí, se rasgó la ropa en señal de lamento. 30 Luego regresó a donde estaban sus hermanos y dijo lamentándose: «¡El muchacho desapareció! ¿Qué voy a hacer ahora?». 31 Entonces los hermanos mataron un cabrito y mojaron la túnica de José con la sangre. 32 Luego enviaron la hermosa túnica a su padre con el siguiente mensaje: «Mira lo que encontramos. Esta túnica, ¿no es la de tu hijo?».

33 Su padre la reconoció de inmediato. «Sí—dijo él—, es la túnica de mi hijo. Seguro que algún animal salvaje se lo comió. ¡Sin duda despedazó a José!». 34 Entonces Jacob rasgó su ropa y se vistió de tela áspera, e hizo duelo por su hijo durante mucho tiempo. 35 Toda su familia intentó consolarlo, pero él no quiso ser consolado. A menudo decía: «Me iré a la tumba llorando a mi hijo», y entonces sollozaba.
36 Mientras tanto, los mercaderes madianitas llegaron a Egipto, y allí le vendieron a José a Potifar, quien era un oficial del faraón, rey de Egipto. Potifar era capitán de la guardia del palacio...”  
(Gén 37:17-36, NTV)

Las narrativas bíblicas acerca de la vida de Jacob nos han permitido analizar cómo es que este patriarca fue perdiendo sus capacidades para mantener el equilibrio de su familia. Las angustias provocadas por las pérdidas que él había experimentado lo llevaron a perder esas capacidades. En el idioma que utiliza Edwin Friedman, la angustia condujo a Jacob a dejar de ser un líder autodiferenciado y esto lo llevó a que su familia perdiera la homeostasis necesaria para poder continuar operando de manera saludable.[1]

Debemos establecer que el manejo inadecuado de las angustias puede conducir a la pérdida de la homeostasis en la familia. Esto puede provocar el desarrollo de crisis inusitadas, problemas que alcanzan grados superlativos y hasta desembocar en tragedias inauditas.

La túnica de colores que Jacob le hizo a José (Gén 37:3), entre muchas cosas, es un símbolo del mal manejo de sus angustias. Las angustias de Jacob lo llevaron a colaborar con la elaboración de un escenario trágico. Muchos recursos extrabíblicos señalan que esa túnica estaba entallada a la cintura de José, a sus muñecas y a sus tobillos.

“3 Y amaba Israel a José más que a todos sus hijos, porque lo había tenido en su vejez; y le hizo una túnica de diversos colores.” (Gén 37:3, RV 1960)

Sabemos que esta túnica puede ser analizada como un símbolo del favor de Dios y de su bendición, de la identidad y del estatus de José, de su posición profética en el seno de esa familia y en la historia del pueblo de Israel.[2],[3] Pero hay mucho más detrás de esa túnica de colores.

La porción bíblica que acabamos de compartir implica que con esa túnica Jacob estaba tratando de proteger al undécimo (11) de sus hijos porque este le recordaba la pérdida de una esposa; pérdida que él no había podido superar. José era la conexión entre Jacob y el recuerdo de Raquel. Es interesante que haya sido José el que desató esa conexión y no Benjamín, el más pequeño de los hijos de Jacob. Tal vez esto fue así porque Benjamín le recordaba a Jacob la muerte de esa mujer. La narrativa bíblica dice que Raquel murió (se le salió el alma) dando a luz a Benjamín (Gén 35:16-21).

La túnica de colores se convirtió en el símbolo del favoritismo que Jacob tenía con José y en fuente para el desarrollo de resentimientos. Este es un ejemplo del pobre manejo de las angustias que exhibía Jacob. Esto condujo a este patriarca por un sendero repleto de tragedias, mentiras, violencia, desapegos y desalientos. Hay que reconocer que sólo la intervención misericordiosa de Dios podía salvar a esta familia.

Nosotros tenemos la ventaja de conocer cómo es que concluyen todas estas tramas. Es por eso que nos gozamos dando gracias al Señor por su intervención en las vidas de todos los miembros de esa familia. Esto, a la vez, nos coloca en el escenario de la fe; fe que exclama con gratitud que Aquél que lo hizo una vez lo puede volver a hacer; y esta vez, en nuestras familias.

¿Cómo manifiesta Dios esa misericordia? ¿Qué lo mueve? De entrada, debemos entender que la Biblia dice que nuestro Señor es el Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob (Éxo 3:6, 15-16; 4:5; Mat 22:32; Mcs 12:26; Lcs 20:37; Hch 3:13; 7:32). Esta expresión se reviste de gracia y bondad inmarcesibles cuando conocemos las debilidades y las incapacidades de estos patriarcas y de sus modelos familiares.

En muchas ocasiones, la Biblia (Jesucristo) añade a esta expresión que Dios no es Dios de muertos, sino de vivos (Mat 22:32; Mcs 12:27; Lcs 20:38). El significado de esta expresión es extraordinario. Esa expresión afirma que Abraham, Isaac y Jacob están vivos ante la presencia de Dios: “pues para él todos viven” (Lcs 20:38b). Esto implica que Dios cumple las promesas que les hizo a esos patriarcas teniéndolos vivos ante Su presencia. Esa declaración es extraordinaria pues coloca el peso de las promesas de Dios sobre sus hombros.

Pero hay algo más: la Biblia también dice, afirmando la preexistencia de Cristo, que nuestro Señor es antes de Abraham: “58 Jesús les dijo: De cierto, de cierto os digo: Antes que Abraham fuese, yo soy” (Jn 8:58). Esta declaración afirma el propósito eterno del plan de Dios. En otras palabras, que Dios seleccionó a esas familias para cumplir sus propósitos conociendo de antemano las incapacidades y debilidades que ellos tendrían, las faltas de carácter que evidenciarían, sus dudas y sus propensiones a hacer lo malo. ¡Qué inmensa es la misericordia y la gracia de nuestro Dios!

Esa es la misma misericordia con la que Dios nos vistió en la cruz del Calvario. Él sabía de antemano que nosotros le fallaríamos y aun así nos creó. Dios lo hizo así porque nos amaba aun antes de crearnos. La Biblia dice que Dios hizo esto para Su gloria (Rom 9:22-23). La Biblia dice que es por esto que Dios preparó de antemano el plan de salvación, desde antes de la fundación del mundo (1 Ped 1:18-20).

Es importante desatacar que estas promesas no cancelan nuestras responsabilidades individuales y familiares. La Biblia hace mucho énfasis en esto. Ella afirma que nosotros podemos echar a perder los propósitos del Eterno. Esta es la razón por la que Moisés le dijo al pueblo de Israel que tenían ante sí la responsabilidad de escoger entre el bien y el mal, para luego describirle los resultados que obtendrían si escogían uno o lo otro.

2 Y vendrán sobre ti todas estas bendiciones, y te alcanzarán, si oyeres la voz de Jehová tu Dios…
15 Pero acontecerá, si no oyeres la voz de Jehová tu Dios, para procurar cumplir todos sus mandamientos y sus estatutos que yo te intimo hoy, que vendrán sobre ti todas estas maldiciones, y te alcanzarán.
” (Det 28: 2, 15)

Esta es la razón por la que Josué le indicó al pueblo de Israel que tenían que escoger a quién iban a servir.

“15 Y si mal os parece servir a Jehová, escogeos hoy a quién sirváis; si a los dioses a quienes sirvieron vuestros padres, cuando estuvieron al otro lado del río, o a los dioses de los amorreos en cuya tierra habitáis; pero yo y mi casa serviremos a Jehová.” (Jos 24:15)

Esta es la razón por la que Jesucristo le dijo lo siguiente a los judíos, a los hijos de Abraham de Isaac y de Jacob:

25 Después que el padre de familia se haya levantado y cerrado la puerta, y estando fuera empecéis a llamar a la puerta, diciendo: Señor, Señor, ábrenos, él respondiendo os dirá: No sé de dónde sois. 26 Entonces comenzaréis a decir: Delante de ti hemos comido y bebido, y en nuestras plazas enseñaste. 27 Pero os dirá: Os digo que no sé de dónde sois; apartaos de mí todos vosotros, hacedores de maldad. 28 Allí será el llanto y el crujir de dientes, cuando veáis a Abraham, a Isaac, a Jacob y a todos los profetas en el reino de Dios, y vosotros estéis excluidos.” (Lcs 13:25-28)
 
Pablo también describe esto cuando señala lo siguiente:

“27 Con respecto a Israel, el profeta Isaías clamó: «Aunque los hijos de Israel son tan numerosos como la arena a la orilla del mar, solo un remanente se salvará.” (Rom 9:27. NTV)

Usted lo leyó bien: el número de los que se pierden se compara con la cantidad de granos que hay en la arena del mar. En este caso, Pablo describe a los miembros del pueblo de Israel. Hay que señalar que la profecía de Isaías que Pablo cita aquí se encuentra en el capítulo diez (10) del libro de ese profeta.

Esto también ocurre con nuestra salvación. La Biblia dice que el deseo del corazón de Dios es que ningún ser humano perezca, sino que todos procedan al arrepentimiento.

“9 El Señor no retarda su promesa, según algunos la tienen por tardanza, sino que es paciente para con nosotros, no queriendo que ninguno perezca, sino que todos procedan al arrepentimiento.” (2 Ped 3:9)

Es obvio que este verso describe una diferencia marcada entre el deseo de Dios y el resultado final. La realidad es que son muchos los que se pierden aun cuando Dios no quiere que un solo ser humano perezca.

La conclusión es esta: las promesas del Señor no cancelan nuestras responsabilidades.

Regresando al análisis de la familia de Jacob, el pasaje que aparece en el epígrafe de esta reflexión nos presenta el desarrollo de un incidente trágico. Este, gira alrededor de José, el hijo que Jacob tuvo en su vejez y al que él amaba más que a los demás. Hemos visto que la Biblia lo describe así.

“3 Y amaba Israel a José más que a todos sus hijos, porque lo había tenido en su vejez; y le hizo una túnica de diversos colores.” (Gén 37:3, RV 1960)

Hemos afirmado que las angustias que Jacob no fue capaz de procesar condujeron a este patriarca a colaborar inconscientemente con el desarrollo de uno de los escenarios trágicos más intensos que aparecen en la Biblia. La saga de José describe esto. Ese es el nombre que se le ha dado al segmento de narrativas bíblicas que encontramos al final del Libro de Génesis: los capítulos 37 al 50.

La información, las descripciones y los detalles que ofrecen estos pasajes bíblicos son muy amplios. Por lo tanto, estos requieren que los analicemos con detenimiento. Adelantamos que las vertientes analíticas que este ofrece son variadas, ricas y muy atractivas. Invitamos a los lectores a invertir tiempo desarrollando el análisis de aquellas que no podemos incluir en esta batería de reflexiones.

El pasaje del capítulo treinta y siete del Libro de Génesis que hemos citado al principio de esta reflexión señala que cuando José fue a ver a sus hermanos ellos pudieron reconocerlo desde lejos (v.18). La túnica de colores que Jacob le hizo a José fue el elemento que utilizaron para identificarlo. O sea, que aquello que Jacob preparó para José con el fin de distinguirle y protegerle se convirtió en la etiqueta para identificar la persona contra la que ellos vaciarían todos sus odios y corajes. Además, se había convertido en el símbolo de desprecio, creador de ira y generador de actos violentos.

Ese pasaje también describe a los diez (1) hermanos mayores de José experimentando unos niveles de odio y de violencia que generalmente no se desarrollan de la noche a la mañana.

“19 —¡Aquí viene el soñador!—dijeron—. 20 Vamos, matémoslo y tirémoslo en una de esas cisternas. Podemos decirle a nuestro padre: “Un animal salvaje se lo comió”. ¡Entonces veremos en qué quedan sus sueños!” (vv.19-20)

Ese pasaje dice que las expresiones acerca de matar, deshacerse del cuerpo y mentirle a su padre, fueron vertidas antes de que José llegara a donde ellos se encontraban.

El escritor del Libro de Génesis destaca en este diálogo la participación de Rubén. El deseo de interceder por la vida de José que él manifiesta y lo que él guardaba en su corazón como una solución para ese dilema implica la severidad de ese odio. Además, este pasaje describe la incapacidad del primogénito de Jacob para lidiar con los sentimientos y el proceder de sus otros hermanos (vv. 21-22).

Añadimos a todo esto que la Biblia dice que la intransigencia de Jacob con Rubén, no sólo lo afectó a él. Esto convirtió a la familia de este último en una compuesta por seres disfuncionales e indecisos. La Biblia señala que estas características cubrieron a los descendientes de Rubén a través de muchas generaciones. Encontramos un ejemplo de esto cuando la Biblia dice que la tribu de Rubén no se presentó a la batalla en un momento en el que Débora había convocado a todas las tribus de Israel. Las expresiones que utiliza el pasaje bíblico que describe esto son muy reveladoras.

“Los príncipes de Isacar estuvieron con Débora y Barac; siguieron a Barac a toda prisa hasta el valle. Pero en la tribu de Rubén hubo gran indecisión[4]. 16 ¿Por qué se quedaron sentados en su casa entre los rediles, para oír a los pastores silbar a sus rebaños? Así es, en la tribu de Rubén hubo gran indecisión.”    (Jue 5:15-16, NTV)

La tribu de Rubén no se presentó a la batalla con Déborah. La versión bíblica Dios Habla Hoy recoge la expresión acerca de la indecisión de los miembros de la tribu de Rubén diciendo lo siguiente: “¡En los escuadrones de Rubén hay grandes hombres de corazón miedoso!” La versión Palabra de Dios para Todos lo recoge así: “Los hombres valientes de Rubén pensaban mucho en la guerra, pero se quedaron en casa escuchando música.”

El pasaje del capítulo treinta y siete (37) del Libro de Génesis que estamos analizando comunica que lo primero que los hermanos de José hicieron fue despojarlo de la túnica de colores. Esto es, del símbolo de prominencia, de honor, de la relación especial que él tenía con Jacob, por ende, de su identidad y de su posición de autoridad y liderato en esa familia. Con esta acción los hermanos de José no sólo estaban atacando a su hermano, sino que estaban atacando a su padre y echando al suelo las decisiones que él había tomado. No olvidemos que esta acción pudo también haber sido desarrollada como respuesta al abandono que Lea había sufrido durante una gran parte de su vida. No olvidemos que seis (6) de ellos eran hijos de esta.

Este pasaje afirma una verdad milenaria: generalmente no nos detenemos a examinar las implicaciones que tienen las cosas que hacemos. Destacamos que los hijos de Jacob no tenían idea de que en ese instante estaban jugando con el futuro de ellos como familia, con la formación y el desarrollo de una nación y con el centro vital para el nacimiento, la muerte, la resurrección y el regreso en gloria del Salvador del mundo. Preguntamos lo siguiente: ¿cómo se resolvería el problema de la hambruna que ellos enfrentarían cerca de 20 años más tarde si hubieran matado a José? ¿Cómo afectaría esto la formación y el desarrollo de la nación de Israel? ¿Cuál hubiera sido el lugar para el nacimiento de David? ¿Cuál hubiera sido el lugar para el de Cristo, el de su muerte y su resurrección? La Biblia dice que cuando nuestro Señor regrese pondrá su pie en el monte de Los Olivos (Zac 14:4). ¿A qué lugar regresaría nuestro Señor? ¡Alabado sea el Señor por su misericordia! Él nos salva hasta de aquellas cosas que no conocemos ni entendemos. Un himnólogo decía lo siguiente acerca de esto último:

“Nada sé sobre el futuro,               Muchas cosas no comprendo
 Desconozco lo que habrá;            Del mañana con su afán;
 Es probable que las nubes            Mas un dulce Amigo tengo
 Mi luz venga a opacar.                 Que mi mano sostendrá.
 Nada temo del futuro,
 Pues Jesús conmigo está,
 Y Le sigo decidido
 Pues Él sabe lo que habrá
.[5]
 
La historia bíblica que aparece al inicio de esta reflexión concluye con una escena dantesca: los hermanos de José se sentaron a comer, como algo casual, mientras sorteaban las alternativas que tenían ante sí (v.25). La ira y la violencia que experimentaban se transformó en hambre. El pasaje añade que la alternativa de matar a José fue descartada cuando Judá sugirió que José fuera vendido como un esclavo, sugerencia con la que todos los demás estuvieron de acuerdo (vv. 26-27). En otras palabras, este pasaje describe la conciencia cauterizada de los hijos de Jacob. Los efectos de la crisis familiar en la casa de Jacob estaban generando escenarios trágicos, fratricidas, que no habían sido vistos desde que Caín mató a su hermano Abel (Gén 4).

Debemos hacer un paréntesis para presentar algunas enseñanzas claves que pueden ser identificadas en lo que hemos visto hasta aquí. Un portal cibernético[6] señala que el génesis de esta tragedia lo encontramos en la propensión al engaño que vemos en esta familia. En este caso, desde el modelo familiar de Labán y de Rebeca. La Biblia dice que Jacob engañó a su padre. Rebeca lo indujo a hacerlo. La Biblia dice que Jacob y Labán se engañaron el uno al otro y que al final de esa historia, Lea y Raquel, las hijas de Labán, también forman parte de ese entramado. Ese portal afirma con mucha razón que el engaño siempre termina arruinándonos. El escritor de ese análisis señala que si Labán no hubiera engañado a Jacob con Lea, la rivalidad entre los hijos de Lea y los de Raquel nunca se hubiera materializado. ¿El precio a pagar?: Labán nunca volvió a ver a sus hijas. Rebeca tampoco volvió a ver a Jacob.

Jacob aprendió a vivir engañando a otros al punto que se engañó a sí mismo creyendo que la túnica de colores serviría para separar a José de los demás. Un Jacob auto engañado provocó este incidente trágico.

En segundo lugar, ese portal también afirma que el favoritismo siempre nos va a costar. Jacob favoreció a Raquel y eso le costó. Jacob favoreció a José y eso le costó. En tercer lugar, que los celos   nos alcanzan y nos destruyen. El capítulo cuarenta y dos (42) del Libro de Genesis señala que un poco más de veinte (20) años más tarde los hermanos de José aún no habían podido olvidar lo que habían hecho.

“21 Y decían el uno al otro: Verdaderamente hemos pecado contra nuestro hermano, pues vimos la angustia de su alma cuando nos rogaba, y no le escuchamos; por eso ha venido sobre nosotros esta angustia. 22 Entonces Rubén les respondió, diciendo: ¿No os hablé yo y dije: - No pequéis contra el joven- y no escuchasteis? He aquí también se nos demanda su sangre.” (Gén 42:18-24, RV 1960).

Una nota editorial: esta porción bíblica nos ofrece un dato que no encontramos en la narrativa del capítulo treinta y siete del Libro de Génesis. José le rogó a sus hermanos que no le hicieran violencia y ellos no escucharon. Esta aseveración describe los niveles de odio que ellos estaban experimentando en aquel momento.

En cuarto lugar, que el orgullo y la soberbia requieren experiencias que nos devuelvan la
humildad. José pudo haber sido más humilde y gentil con sus hermanos cuando les contaba acerca de sus sueños y de sus aspiraciones. José tuvo que experimentar lo que dice el proverbista:

“18 Antes del quebrantamiento es la soberbia, Y antes de la caída la altivez de espíritu.” (Prov 16:18)

Dios no puede usar a nadie con todo su poder sin antes haberlo procesado y quebrantado.

En quinto lugar, Dios siempre está dispuesto a intervenir para transformar las noches del llanto en las mañanas en los que llega la alegría.

Esta es la introducción al análisis de la saga de José. Las conclusiones de esas narrativas bíblicas son conocidas por todos los lectores de las Sagradas Escrituras. El análisis de lo que sucede en estas será el objeto de nuestras próximas reflexiones. Utilizaremos varios recursos que nos servirán para digerir y aplicar con sencillez las enseñanzas que el Espíritu Santo ha insertado en esos versos. Uno de estos recursos es un libro escrito por el Dr. Charles R. Swindoll titulado “Joseph.” [7] Este libro pertenece a la serie “Great Lives from God’s Word.” (Grandes vidas de la Palabra de Dios). Así también estaremos utilizando algunos recursos bibliográficos escritos por el Dr. Jonathan Sacks.
 
Adelantamos que la saga de José puede ser analizada en tres (3) bloques. El primero, desde su nacimiento hasta los diecisiete (17) años (Gén 30:24 – 37:2). El segundo, entre los diecisiete (17) y los treinta (30) años (Gén 37:2 - 41:46) y el tercero desde los treinta (30) años a su muerte (Gé 41:46- 50:26).

Es sumamente importante entender que Dios tuvo que desintoxicar a este joven de las disfuncionalidades que había experimentado en la casa de Jacob antes de poder utilizarlo como instrumento suyo. Recordemos que José también vivió inmerso en la historia de esa familia. Él vivió las luchas y conflictos que se desarrollan cuando hay muchas esposas simultáneamente en el entramado familiar, vivió las crisis con su tío Esaú, la tragedia de Dina y el ultraje que llevó a cabo Rubén. José también fue víctima de la paternidad pasiva de Jacob: un hombre demasiado ocupado para poder ser padre. Además, es un hijo que Jacob engendró en una época muy buena para ser abuelo, pero pésima para ser padre.

Comenzaremos a analizar a José en nuestra próxima reflexión desde la perspectiva de un hermano que es vendido por el precio de un esclavo impedido: 20 monedas de plata (Gén 37:28). Un dato que señala Swindoll es que los hermanos de José tuvieron que derramar sangre de un animal inocente para poder perdonarle la vida.

Veremos que Dios utiliza lo que describe el segundo bloque de esta saga para desarrollar la fe de José. No olvidemos que en el plan de Dios ya se había delineado que los doce (12) nombres de los hijos de Jacob aparecerían inscritos en el pectoral del Sumo Sacerdote.[8] Dios tenía que formar el carácter y la fe de alguien en la familia de Jacob para poder lograr esto.
 


[1] Friedman, Edwin H. 1985. Generation to Generation: family process in church and synagogue. New York, NY: The Guilford Press.
[2] https://biblicalpathway.com/biblical-meaning-of-josephs-coat-of-many-colors/
[3] https://thefaithspace.com/josephs-coat-of-many-colors-meaning-significance/
[4] Así aparece en algunos manuscritos hebreos y en la versión siríaca, que dicen grandes deliberaciones de corazón; el texto masorético dice gran resolución de corazón. RV1960 dice “hubo grandes resoluciones del corazón.”
[5] https://www.alabanzahimnario.com/himnos/209-nada-se-sobre-el-futuro/
[6] https://www.crosswalk.com/faith/bible-study/why-were-josephs-brothers-so-jealous-of-josephs-coat-of-many-colors.html
[7] Swindoll, Charles R. Joseph: a man of integrity and forgiveness. WORD Publishing, 1998
[8] Sacks, Jonathan. Genesis: The Book of Beginnings (Covenant & Conversation 1) (p. 112). Kindle Edition.









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