February 15th, 2026
1044 • El Heraldo Digital – Institucional • Volumen XVII • 15 de febrero del 2026
Familias dirigidas por el Espíritu Santo: el legado de la familia de Timoteo
“3 Doy gracias a Dios, al cual sirvo desde mis mayores con limpia conciencia, de que sin cesar me acuerdo de ti en mis oraciones noche y día; 4 deseando verte, al acordarme de tus lágrimas, para llenarme de gozo; 5 trayendo a la memoria la fe no fingida que hay en ti, la cual habitó primero en tu abuela Loida, y en tu madre Eunice, y estoy seguro que en ti también. 6 Por lo cual te aconsejo que avives el fuego del don de Dios que está en ti por la imposición de mis manos. 7 Porque no nos ha dado Dios espíritu de cobardía, sino de poder, de amor y de dominio propio.” (2 Tim 1:3-7, RV 1960)
El modelo de familia que nos ofrecen Lidia, Eunice y Timoteo nos ha confrontado con unas verdades bíblicas que trascienden las brechas generacionales. Este modelo acerca de una familia “sincretista” en donde uno de los miembros de la pareja matrimonial sirve al Señor y el otro o la otra no, se repite con mucha frecuencia en nuestros días. Este modelo también sirve como un centro para el adiestramiento de aquellas madres o aquellos padres que están criando solos.
El lugar que ocupan la enseñanza bíblica, una fe sincera y la oración, son indispensables en cualquier modelo familiar exitoso, pero mucho más en este. Entre otras cosas, vimos que las funciones que la Biblia le asigna a la familia extendida, en este caso a una abuela, son imprescindibles para el desarrollo de la fe en Cristo de los hijos e hijas de la casa.
Un dato que no podemos dejar de repetir es que este modelo describe cuándo debe comenzar la enseñanza de las Sagradas Escrituras: desde que están en el vientre materno o están recién nacidos (“brephos”, G1025, Lcs 1:41; 2:12,16). Este modelo también afirma la necesidad de que aquellos que enseñan las Escrituras en el hogar tienen que inspirar confianza en los niños que están siendo educados. Esto se logra modelando la enseñanza de las Sagradas Escrituras. Esta es la base para el desarrollo de una fe no fingida. Repetimos, el modelaje de la fe es un clave esencial para el desarrollo de hijos saludables y fieles en la fe en Cristo.
Vimos en la reflexión anterior que este modelo es capaz de producir discípulos fieles, confiables y con un carácter aprobado. En otras palabras, dignos de ser llamados a servir como ministros para la proclamación del Evangelio y para cuidar la Iglesia del Señor.
Ahora bien, las cartas a Timoteo presentan que esta clase de modelo trasciende el “aquí y el ahora” de cualquier familia. Esas cartas nos permiten conocer que el modelo familiar que ayudó a formar a Timoteo le ayudó a manejar algunas crisis de fe cuando este ya era un adulto.
Dentro de los datos bíblicos e históricos encontramos que Timoteo fue designado como obispo de Éfeso cerca del año 64 D.C[1] (1 Tim 1:3) y que estuvo preso por causa del Evangelio. Así lo describe la Carta los Hebreos.
“23 Sabed que está en libertad nuestro hermano Timoteo, con el cual, si viniere pronto, iré a veros.” (Heb 13:23, RV 1960)
La Biblia nos permite conocer que este siervo del Señor sufrió algunas crisis de fe durante su vida como ministro y como hijo de Dios. Algunas de estas se desprenden del análisis y el estudio meticuloso de la Palabra de Dios.
J. Sidlow Baxter decía que uno de los mensajes que Pablo comunica en la Segunda Carta a Timoteo es que las advertencias que él le había presentado a Timoteo en la Primera Carta ahora se habían convertido en realidad: un reto para su fe.[2] Baxter, quien fue un teólogo y pastor británico, señalaba que la llamada a la atención que Pablo presenta en la Segunda Carta a Timoteo se debía a que todas las advertencias que él hizo en esa primera carta se encontraban en pleno apogeo. Veamos algunas de esos señalamientos:
Enseñanza de otras doctrinas y fábulas.
“3 Como te rogué que te quedases en Éfeso, cuando fui a Macedonia, para que mandases a algunos que no enseñen diferente doctrina, 4 ni presten atención a fábulas y genealogías interminables, que acarrean disputas más bien que edificación de Dios que es por fe, así te encargo ahora.” (1 Tim 1:3-4)
Algunos creyentes desviados de la fe.
“6 de las cuales cosas desviándose algunos, se apartaron a vana palabrería,” (v.6)
El naufragio de la fe de algunos creyentes.
“19 Aférrate a tu fe en Cristo y mantén limpia tu conciencia. Pues algunas personas desobedecieron a propósito lo que les dictaba su conciencia y, como resultado, su fe naufragó.” (vv.19, NTV)
Creyentes moviéndose a la apostasía (apartarse y negar la fe que antes habían abrazado y predicado) inducidos por maestros hipócritas y mentirosos cuyas conciencias están muertas.
“1 Ahora bien, el Espíritu Santo nos dice claramente que en los últimos tiempos algunos se apartarán de la fe verdadera; seguirán espíritus engañosos y enseñanzas que provienen de demonios. 2 Estas personas son hipócritas y mentirosas, y tienen muerta la conciencia.” (1 Tim 4:1-2)
Ancianas apartándose de la fe en Cristo y siguiendo en pos de Satanás.
“15 Pues me temo que algunas ya se han descarriado y ahora siguen a Satanás.” (1 Tim 5:15)
Creyentes extraviándose de la fe por haber caído en la tentación del amor a las riquezas.
“9 Porque los que quieren enriquecerse caen en tentación y lazo, y en muchas codicias necias y dañosas, que hunden a los hombres en destrucción y perdición; 10 porque raíz de todos los males es el amor al dinero, el cual codiciando algunos, se extraviaron de la fe, y fueron traspasados de muchos dolores.” (1 Tim 6:9-10, RV 1960)
Creyentes desviándose de la fe por haber abrazado el gnosticismo por encima de esta.
“20 Timoteo, cuida bien lo que Dios te ha confiado. Evita las discusiones mundanas y necias con los que se oponen a ti, con su así llamado «conocimiento». 21 Algunos se han desviado de la fe por seguir semejantes tonterías.” (1 Tim 6:20-21a)
El Apóstol Pablo señala en la Primera Carta a Timoteo que las Iglesias ya estaban experimentando estos retos; situaciones que provocaban que algunos se apartaran de la fe en Cristo. La abundancia de falsos maestros, las dificultades por las que la Iglesia estaba atravesando para mantener viva la fe de muchos hermanos y los ataques de Satanás, eran solo algunos de los retos que Timoteo tendría que enfrentar.
Sin duda alguna que nada de esto ha cambiado. Esas advertencias son tan pertinentes para nosotros como lo fueron para la iglesia en la que Timoteo fue llamado a servir. Por lo general, estas circunstancias provocan en los creyentes el desarrollo de crisis de fe, agotamiento, duda, desaliento y desánimo. Los estudios más recientes acerca del comportamiento y las reacciones de los pastores revelan que esta sintomatología ha escalado niveles nunca antes vistos en los pasados 30 años. Sólo por mencionar algunos, los estudios publicados por el Grupo Barna, así como por el equipo que fue dirigido por el Rdo. H.B. London (1937-2018), revelan un incremento alarmante en todas estas áreas.
La buena noticia es que los llamados del Señor siempre están acompañados por el empoderamiento del Espíritu Santo. Dios nunca nos envía a cumplir con nuestras responsabilidades en el servicio cristiano sin darnos las herramientas que necesitamos para cumplir con estas y hacerlo bien. Esta es la razón por la que Pablo urge a su hijo espiritual que se mantenga fiel al llamado y al ministerio que había recibido (2 Tim 2:11-14).
Es impresionante que Pablo, aun en la Primera Carta, acompañara esas advertencias con consejos y descripciones de algunas de las herramientas necesarias para que Timoteo no flaqueara en la fe. Veamos algunos ejemplos:
Él le dice a Timoteo que se aferre a la fe y que mantenga limpia su conciencia.
“19 Aférrate a tu fe en Cristo y mantén limpia tu conciencia.” (1 Tim 1:19, NTV)
Antes de esto, le dice a Timoteo que repase la palabra profética que había recibido y que milite en ella.
“18 Timoteo, hijo mío, te doy estas instrucciones, basadas en las palabras proféticas que se dijeron tiempo atrás acerca de ti.”
Además, Pablo le aconseja huir de aquellas cosas que podrían minar su fe para que pudiera seguir la justicia, la piedad, la fe, el amor, la paciencia y la mansedumbre. Pablo acompaña estos consejos con una invitación a pelear “la buena batalla de la fe” (o sea que hay batallas que no son buenas) y a echar mano de la vida eterna: aferrarse a esta (1 Tim 6:11-12).
Pablo dice en la primera carta que todas las advertencias e instrucciones que él le comunica a Timoteo son tan importantes que tiene que ordenar a su hijo espiritual que las obedeciera al pie de la letra.
“13 Te ordeno delante de Dios, quien le da vida a todo, y de Jesucristo, quien declaró esa misma verdad cuando dio testimonio ante Poncio Pilato, 14 que hagas todo exactamente como se te ha pedido y de manera que nadie pueda criticar. Continúa así hasta que nuestro Señor Jesucristo regrese.” (1 Tim 6:13-14, PDT)
En medio de todo esto, Pablo le dice a Timoteo que no descuidara (“ameleo”, G272) el don que Dios le había conferido, que se ocupara de seguir estos consejos, de permanecer en estos y que cuidara dos (2) cosas: que cuidara de sí mismo y la sana doctrina.
“14 No descuides el don que recibiste mediante profecía, cuando los líderes de la iglesia te impusieron las manos. 15 Sé diligente en estos asuntos; entrégate de lleno a ellos, de modo que todos puedan ver que estás progresando. 16 Ten cuidado de tu conducta y de tu enseñanza. Persevera en todo ello, porque así te salvarás a ti mismo y a los que te escuchen.” (1 Tim 4:14-16, NVI)
Una noticia que no debe sorprender a muchos es que el fuego del don de Timoteo se apagó. Parece que los consejos paulinos a su hijo espiritual no fueron obedecidos al pie de la letra. La fe de Timoteo continuaba ahí, pero el fuego se había perdido. El concepto griego que Pablo utiliza aquí y que es traducido como avivar no ofrece mucho espacio para otras interpretaciones. El Louw Nida, uno de los recursos académicos más respetados, lo traduce de la siguiente manera:
“68.8 ἀναζωπυρέω [“anazōpureō”]: causar que algo comience de nuevo: ‘reactivar, hacer que comience a estar activo nuevamente’- ‘para reavivar el don de Dios’ 2 Tim 1:6. También es posible traducir ἀναζωπυρέω [“anazōpureō”] en 2 Timoteo 1:6 como ‘hacer que cobre nueva vida’. Algunos traductores han usado una expresión como ‘mantener vivo el don’, principalmente para evitar la impresión de que Timoteo se había apartado en cierta medida de su dedicación anterior al evangelio.”[4] (traducción libre)
Hemos visto que la Biblia dice que Pablo conocía la fe de este hombre. La fe sincera que Timoteo poseía era la razón por la que Pablo lo conminaba, lo exhortaba a que avivara (“anazōpureō”, G329) el don que había recibido de parte de Dios. La mayoría de las versiones bíblicas incluyen el concepto “fuego” porque este vocablo griego se traduce como “encender de nuevo”.
“6 Por esta razón, te recuerdo que avives el fuego del don espiritual que Dios te dio cuando te impuse mis manos. 7 Pues Dios no nos ha dado un espíritu de temor y timidez sino de poder, amor y autodisciplina.” (2 Tim 1:6-7, NTV)
La noticia detrás de todo esto es que si Timoteo sufrió esta clase de experiencia, entonces cualquiera de nosotros también puede experimentar esto. La buena noticia es que hay herramientas y oportunidades para avivar ese fuego. Recordemos que esta es la única forma de poder cumplir con la encomienda del ministerio recibido y perseverar en aquello que hemos aprendido.
Avivar el fuego del don espiritual requiere que regresemos a la oración intensa. Pablo le modela esto a Timoteo en los versos iniciales del primer capítulo de la Segunda Carta a Timoteo.
“3 Siempre te recuerdo en mis oraciones, de día y de noche doy gracias a Dios por ti.” (2 Tim 1:3a, PDT)
O sea, que Pablo le está diciendo que imite su vida de oración.
Avivar el fuego del don recibido requiere que no nos olvidemos que tenemos una responsabilidad de vivir con la conciencia limpia ante Dios y ante la memoria y el testimonio de aquellos que pavimentaron el camino por el que nosotros caminamos.
“….Al igual que mis antepasados, sirvo a Dios con conciencia limpia.” (v.3b)
Avivar el fuego del don recibido requiere regresar a los fundamentos de nuestra fe.
“5 Recuerdo tu fe sincera, como la que tuvo primero tu abuela Loida, luego tu mamá Eunice y estoy seguro de que tú también la tienes. 6 Por eso quiero que reavives el fuego del don que Dios te dio cuando te impuse las manos.” (2 Tim 1:5-6, PDT)
Avivar el fuego del don espiritual requiere regresar a ver la Palabra de Dios, toda ella, no aquello que nos conviene o que nos gusta de esta, con amor entrañable, apasionado y comprometido con el Dios de la Palabra.
“14 Pero tú debes permanecer fiel a las cosas que se te han enseñado. Sabes que son verdad, porque sabes que puedes confiar en quienes te las enseñaron. 15 Desde la niñez, se te han enseñado las sagradas Escrituras, las cuales te han dado la sabiduría para recibir la salvación que viene por confiar en Cristo Jesús. 16 Toda la Escritura es inspirada por Dios y es útil para enseñarnos lo que es verdad y para hacernos ver lo que está mal en nuestra vida. Nos corrige cuando estamos equivocados y nos enseña a hacer lo correcto. 17 Dios la usa para preparar y capacitar a su pueblo para que haga toda buena obra.” (2 Tim 3:14-16, NTV)
Pablo le escribe a Timoteo como un padre le escribe a un hijo. Él le dice aquí que las Sagradas Escrituras le han dado la sabiduría que conduce a la salvación a través de la fe en Cristo (PDT). Pablo afirma que Timoteo conoce esto. Pablo subraya en esas expresiones la inspiración divina de las Sagradas Escrituras y la utilidad (“ōphelimos”, G5624) para enseñarnos lo que es verdad y para hacernos ver lo que está mal en nuestras vidas (NTV). En otras palabras, Pablo le está diciendo a Timoteo que permita que la Palabra de Dios cumpla en él la función de corregirlo cuando esté equivocado y que lo enseñe a hacer lo que es correcto. No olvidemos que Pablo afirma que la Palabra de Dios no está presa (2 Tim 2:8-9). O sea, que puede cumplir sus propósitos sin importar la situación por la que estemos atravesando.
Ya sabemos que en la primera carta Pablo le había aconsejado a Timoteo que no descuidara (“ameleo”, G272) el don (“charisma”, G5486) que había recibido. En otras palabras, que no perdiera el interés, que no fuera descuidado (se utiliza así en Heb 2:3), que no dejara de prestarle atención a ese don. En este caso, el don recibido es el ministerio. Ahora, el Apóstol le tiene que decir que tiene que avivar el fuego de ese don.
Repetimos, esto es mucho más que sacar las cenizas. Había que volverlo a encender. Cualquier parecido con lo que nos sucede en algunos momentos en la vida cristiana no es casualidad.
Repetimos, esto requiere regresar a la oración intensa, a la obediencia a la Palabra de Dios y al uso ferviente de los dones del Espíritu que había recibido.
Hemos visto que Pablo también recurre a recordarle a Timoteo la clase de fe que él había recibido desde la niñez, como un estímulo para que este joven pudiera conseguir avivar ese fuego. Esta es una de las razones por las que él insiste en decirle a Timoteo que retenga estos consejos, esta enseñanza. Pablo añade que lo hiciera con la fe y el amor que tenemos como seguidores de Jesucristo y con la ayuda del Espíritu Santo. En otras palabras, que Pablo está echando mano de las herramientas que Eunice y Loida utilizaron con Timoteo cuando lo estaban criando.
“13 Sigue la enseñanza que te di como ejemplo, pues conduce a una vida recta; mantenla con la fe y el amor que tenemos como seguidores de Jesucristo. 14 Esa enseñanza es un tesoro que se te ha confiado, así que guárdalo con la ayuda del Espíritu Santo que vive en nosotros.” (2 Tim 1:13-14, PDT)
Debemos señalar que un “charisma” (G5486) sin fuego avivado es como “metal que resuena o címbalo que retiñe” (1 Cor 13:1). Esto es así porque cuando se pierde el fuego, también se pierde el amor por lo que hacemos y para Aquél por lo que lo hacemos. Es por esto que Pablo, a renglón seguido, le dice a Timoteo que Dios no nos ha dado espíritu de cobardía, de timidez (“deilía”, G1167). Dios nos ha dado espíritu de poder (“dynamis”, G1539), de amor (“agapē”, G26) y de dominio propio (“sōphronismos” G4995).
Estas expresiones nos conducen a preguntarnos si Timoteo había perdido el amor por el ministerio. Sabemos que esto se puede perder y que le puede suceder a cualquiera; incluso a toda una congregación: “4 Pero tengo contra ti, que has dejado tu primer amor.” (Apo 2:4). Hay muchos ministros del Evangelio que lo han perdido, aun cuando continúan sirviendo en sus asignaciones ministeriales.
Nos preguntamos si Timoteo había perdido eso que llamamos “la unción”, la conexión con el poder de Dios. Pablo dice en la Carta los Romanos que él no se avergonzaba del Evangelio porque este es poder de Dios (Rom 1:17). Se puede predicar el Evangelio sin ese poder. Esa clase de predicación puede rayar en lo que Pablo llama palabrería (“mataiologia”, G3150, 1 Tim 1:6) o en conversaciones mundanas (“kenophōnia”, G2757). Pablo advierte que esto es considerado como un cáncer en la iglesia y que fomenta la falta de respeto a Dios.
“16 Aléjate de los que hablan cosas mundanas y tonterías, porque esa manera de hablar sólo resulta en que haya cada vez menos respeto hacia Dios. 17 Su enseñanza se propagará como un cáncer. Himeneo y Fileto han hablado así. 18 Se han apartado de la verdadera enseñanza diciendo que la resurrección de todos ya sucedió, y con eso arruinan la fe de algunos.” (2 Tim 2:16-18, PDT)
¿Habría perdido Timoteo el dominio propio? El consejo paulino continúa vigente: “se ejemplo de los creyentes en palabra, conducta, amor, espíritu, fe y pureza.” (1 Tim 4:12). Pablo continúa diciéndole a su hijo espiritual que él también ha experimentado padecimientos, pero que no se avergüenza porque sabe a quién le ha creído. Añade a esto que está seguro de que Dios es poderoso para guardar todo lo que había puesto en sus manos (2 Tim 1:12, PDT). Estamos convencidos de que esa convicción es una de las razones para poder decir que se puede soportar todo por amor de los escogidos (2 Tim 2:10). El énfasis paulino aquí es el modelaje. Pablo le había dicho a su hijo espiritual que no podía olvidar cómo conducirse en la casa de Dios en medio de estos ambientes.
“14 Esto te escribo, aunque tengo la esperanza de ir pronto a verte, 15 para que si tardo, sepas cómo debes conducirte en la casa de Dios, que es la iglesia del Dios viviente, columna y baluarte de la verdad.” (1 Tim 3:14-15, RV 1960)
En otras palabras, que el modelaje de la fe en Cristo siempre ha sido la clave para obtener la victoria en medio de ambientes conflictivos y polarizados. La clave para mantenerse haciéndolo es vivir aferrados a nuestra sumisión a Dios. Pablo lo llama “piedad” (“eusebeia”, G2150), o buena adoración[5]. Esto es así porque esta sumisión nos hace vivir enfocados en el mensaje del Evangelio y no en las atrocidades y barbaridades que ocurren a nuestro alrededor.
“16 E indiscutiblemente, grande es el misterio de la piedad: Dios fue manifestado en carne, Justificado en el Espíritu, Visto de los ángeles, Predicado a los gentiles, Creído en el mundo, Recibido arriba en gloria.” (1 Tim 3:16)
Por último, avivar el fuego requiere regresar a amar los postulados de nuestra fe en Cristo. Pablo le recuerda esto a Timoteo cuando le dice lo siguiente:
“10 Por eso estoy dispuesto a soportar cualquier cosa si esta traerá salvación y gloria eterna en Cristo Jesús a los que Dios ha elegido. 11 La siguiente declaración es digna de confianza: Si morimos con él, también viviremos con él. 12 Si soportamos privaciones, reinaremos con él. Si lo negamos, él nos negará. 13 Si somos infieles, él permanece fiel, pues él no puede negar quién es.” (2 Tim 2:10-13, NTV)
Pablo presenta esta declaración, este himno, como una fórmula, tal y como hace en 1 Timoteo 1:15; 3:1; 4:9. Esta fórmula posee cuatro (4) clausulas condicionales: “si.” Cada una de ellas describe una acción del creyente y los resultados de estas. Dos (2) de estas describen acciones positivas, mientras que las otras dos (2) describen acciones que son negativas.
“La primera cláusula condicional del v. 12 instó a Timoteo a permanecer leal incluso frente al sufrimiento. «Soportar» exige una «experiencia continua de soportar con valentía las dificultades y aflicciones que pesan sobre el creyente debido a su relación con Cristo». La apódosis de esta cláusula promete una victoria en el fin de los tiempos para los creyentes fieles. El reinado no ocurre hasta después del regreso de Cristo. Los creyentes participarán en el reinado del Mesías glorificado, quizás durante el milenio descrito en Apocalipsis 20:1-6. La segunda cláusula condicional del v. 12 fue una advertencia a Timoteo y a todos los creyentes. Con esta cláusula, el énfasis se desplaza de las acciones positivas de los creyentes a las negativas. El lenguaje se asemeja al de Mateo 10:33, y la negación de Cristo es una negación verbal o conductual para evitar el sufrimiento. Quienes nieguen a Cristo en la persecución serán negados por él en el juicio final (Marcos 8:38). Aquellos a quienes Cristo niegue en el juicio entrarán en la eternidad en la perdición. La terrible advertencia de Pablo no se aplicaba a una negación temporal como la que demostró Pedro (Lucas 22:54-62), sino a una negación permanente como la que ilustró Judas (Hechos 1:15-19). La amenaza de "negar" habría sido una advertencia a Timoteo y a otros creyentes, y una amenaza de juicio para los asiáticos de [2 Tim] 1:15 que habían desertado.”[6] (Traducción libre)
Las tradiciones históricas nos permiten saber que Timoteo murió como un mártir del Evangelio. Algunas recogen que fue martirizado durante el gobierno del emperador Nerva (96-98 D.C.)[7]. Otras, que fue apedreado por una turba en Éfeso en el año 93 D.C., mientras trataba de detener una procesión en honor de la diosa Diana (Artemisa)[8]. O sea, que él continuaba sirviendo con fuerza al Señor y a la iglesia aun en la ancianidad. Los restos mortales de Timoteo fueron transferidos a Constantinopla en el siglo cuarto (4to) de la era cristiana para ser colocados en la iglesia de los Santos Apóstoles, cerca de las tumbas de Andrés y de Lucas. [9] En otras palabras, el consejo paulino funcionó y produjo buenos resultados.
Es extraordinario que Pablo, dirigido por el Espíritu Santo, haya echado mano de muchas de las herramientas que Timoteo recibió en su niñez de la mano de su madre y de su abuela. Estas herramientas fueron vitales para conseguir estas victorias. Insistimos: esas herramientas continúan siendo esenciales en este tiempo para criar y educar hijos fuertes en la fe.
[1] Brown, Raymond. An Introduction to the New Testament, New York: Doubleday, 1997, p. 655.
[2] Sidlow Baxter, J.. Explore The Boook: a survey and study of each book from Genesis to Revelation Complete in One Volume. Zondervan, Grand Rapids, 1987, pp. 1574-1585.
[3] Esta es una de varias interpretaciones de esta expresión paulina.
[4] Louw, J. P., & Nida, E. A. (1996). En Greek-English lexicon of the New Testament: based on semantic domains (electronic ed. of the 2nd edition., Vol. 1, p. 655). United Bible Societies.
[5] El concepto “eusebeia” proviene del vocablo griego “eusebēs” (G2152), que está compuesto por el prefijo “eu” (bueno, G2095) y el sufijo “sebomai” (adoración, reverencia, G4576).
[6] Lea, T. D., & Griffin, H. P. (1992). 1, 2 Timothy, Titus (Vol. 34, pp. 209–212). Broadman & Holman Publishers.
[7] https://www.britannica.com/biography/Saint-Timothy
[8] https://www.oca.org/saints/lives/2013/01/22/100262-apostle-timothy-of-the-seventy
[9] Op. cit.
Familias dirigidas por el Espíritu Santo: el legado de la familia de Timoteo
“3 Doy gracias a Dios, al cual sirvo desde mis mayores con limpia conciencia, de que sin cesar me acuerdo de ti en mis oraciones noche y día; 4 deseando verte, al acordarme de tus lágrimas, para llenarme de gozo; 5 trayendo a la memoria la fe no fingida que hay en ti, la cual habitó primero en tu abuela Loida, y en tu madre Eunice, y estoy seguro que en ti también. 6 Por lo cual te aconsejo que avives el fuego del don de Dios que está en ti por la imposición de mis manos. 7 Porque no nos ha dado Dios espíritu de cobardía, sino de poder, de amor y de dominio propio.” (2 Tim 1:3-7, RV 1960)
El modelo de familia que nos ofrecen Lidia, Eunice y Timoteo nos ha confrontado con unas verdades bíblicas que trascienden las brechas generacionales. Este modelo acerca de una familia “sincretista” en donde uno de los miembros de la pareja matrimonial sirve al Señor y el otro o la otra no, se repite con mucha frecuencia en nuestros días. Este modelo también sirve como un centro para el adiestramiento de aquellas madres o aquellos padres que están criando solos.
El lugar que ocupan la enseñanza bíblica, una fe sincera y la oración, son indispensables en cualquier modelo familiar exitoso, pero mucho más en este. Entre otras cosas, vimos que las funciones que la Biblia le asigna a la familia extendida, en este caso a una abuela, son imprescindibles para el desarrollo de la fe en Cristo de los hijos e hijas de la casa.
Un dato que no podemos dejar de repetir es que este modelo describe cuándo debe comenzar la enseñanza de las Sagradas Escrituras: desde que están en el vientre materno o están recién nacidos (“brephos”, G1025, Lcs 1:41; 2:12,16). Este modelo también afirma la necesidad de que aquellos que enseñan las Escrituras en el hogar tienen que inspirar confianza en los niños que están siendo educados. Esto se logra modelando la enseñanza de las Sagradas Escrituras. Esta es la base para el desarrollo de una fe no fingida. Repetimos, el modelaje de la fe es un clave esencial para el desarrollo de hijos saludables y fieles en la fe en Cristo.
Vimos en la reflexión anterior que este modelo es capaz de producir discípulos fieles, confiables y con un carácter aprobado. En otras palabras, dignos de ser llamados a servir como ministros para la proclamación del Evangelio y para cuidar la Iglesia del Señor.
Ahora bien, las cartas a Timoteo presentan que esta clase de modelo trasciende el “aquí y el ahora” de cualquier familia. Esas cartas nos permiten conocer que el modelo familiar que ayudó a formar a Timoteo le ayudó a manejar algunas crisis de fe cuando este ya era un adulto.
Dentro de los datos bíblicos e históricos encontramos que Timoteo fue designado como obispo de Éfeso cerca del año 64 D.C[1] (1 Tim 1:3) y que estuvo preso por causa del Evangelio. Así lo describe la Carta los Hebreos.
“23 Sabed que está en libertad nuestro hermano Timoteo, con el cual, si viniere pronto, iré a veros.” (Heb 13:23, RV 1960)
La Biblia nos permite conocer que este siervo del Señor sufrió algunas crisis de fe durante su vida como ministro y como hijo de Dios. Algunas de estas se desprenden del análisis y el estudio meticuloso de la Palabra de Dios.
J. Sidlow Baxter decía que uno de los mensajes que Pablo comunica en la Segunda Carta a Timoteo es que las advertencias que él le había presentado a Timoteo en la Primera Carta ahora se habían convertido en realidad: un reto para su fe.[2] Baxter, quien fue un teólogo y pastor británico, señalaba que la llamada a la atención que Pablo presenta en la Segunda Carta a Timoteo se debía a que todas las advertencias que él hizo en esa primera carta se encontraban en pleno apogeo. Veamos algunas de esos señalamientos:
Enseñanza de otras doctrinas y fábulas.
“3 Como te rogué que te quedases en Éfeso, cuando fui a Macedonia, para que mandases a algunos que no enseñen diferente doctrina, 4 ni presten atención a fábulas y genealogías interminables, que acarrean disputas más bien que edificación de Dios que es por fe, así te encargo ahora.” (1 Tim 1:3-4)
Algunos creyentes desviados de la fe.
“6 de las cuales cosas desviándose algunos, se apartaron a vana palabrería,” (v.6)
El naufragio de la fe de algunos creyentes.
“19 Aférrate a tu fe en Cristo y mantén limpia tu conciencia. Pues algunas personas desobedecieron a propósito lo que les dictaba su conciencia y, como resultado, su fe naufragó.” (vv.19, NTV)
Creyentes moviéndose a la apostasía (apartarse y negar la fe que antes habían abrazado y predicado) inducidos por maestros hipócritas y mentirosos cuyas conciencias están muertas.
“1 Ahora bien, el Espíritu Santo nos dice claramente que en los últimos tiempos algunos se apartarán de la fe verdadera; seguirán espíritus engañosos y enseñanzas que provienen de demonios. 2 Estas personas son hipócritas y mentirosas, y tienen muerta la conciencia.” (1 Tim 4:1-2)
Ancianas apartándose de la fe en Cristo y siguiendo en pos de Satanás.
“15 Pues me temo que algunas ya se han descarriado y ahora siguen a Satanás.” (1 Tim 5:15)
Creyentes extraviándose de la fe por haber caído en la tentación del amor a las riquezas.
“9 Porque los que quieren enriquecerse caen en tentación y lazo, y en muchas codicias necias y dañosas, que hunden a los hombres en destrucción y perdición; 10 porque raíz de todos los males es el amor al dinero, el cual codiciando algunos, se extraviaron de la fe, y fueron traspasados de muchos dolores.” (1 Tim 6:9-10, RV 1960)
Creyentes desviándose de la fe por haber abrazado el gnosticismo por encima de esta.
“20 Timoteo, cuida bien lo que Dios te ha confiado. Evita las discusiones mundanas y necias con los que se oponen a ti, con su así llamado «conocimiento». 21 Algunos se han desviado de la fe por seguir semejantes tonterías.” (1 Tim 6:20-21a)
El Apóstol Pablo señala en la Primera Carta a Timoteo que las Iglesias ya estaban experimentando estos retos; situaciones que provocaban que algunos se apartaran de la fe en Cristo. La abundancia de falsos maestros, las dificultades por las que la Iglesia estaba atravesando para mantener viva la fe de muchos hermanos y los ataques de Satanás, eran solo algunos de los retos que Timoteo tendría que enfrentar.
Sin duda alguna que nada de esto ha cambiado. Esas advertencias son tan pertinentes para nosotros como lo fueron para la iglesia en la que Timoteo fue llamado a servir. Por lo general, estas circunstancias provocan en los creyentes el desarrollo de crisis de fe, agotamiento, duda, desaliento y desánimo. Los estudios más recientes acerca del comportamiento y las reacciones de los pastores revelan que esta sintomatología ha escalado niveles nunca antes vistos en los pasados 30 años. Sólo por mencionar algunos, los estudios publicados por el Grupo Barna, así como por el equipo que fue dirigido por el Rdo. H.B. London (1937-2018), revelan un incremento alarmante en todas estas áreas.
La buena noticia es que los llamados del Señor siempre están acompañados por el empoderamiento del Espíritu Santo. Dios nunca nos envía a cumplir con nuestras responsabilidades en el servicio cristiano sin darnos las herramientas que necesitamos para cumplir con estas y hacerlo bien. Esta es la razón por la que Pablo urge a su hijo espiritual que se mantenga fiel al llamado y al ministerio que había recibido (2 Tim 2:11-14).
Es impresionante que Pablo, aun en la Primera Carta, acompañara esas advertencias con consejos y descripciones de algunas de las herramientas necesarias para que Timoteo no flaqueara en la fe. Veamos algunos ejemplos:
Él le dice a Timoteo que se aferre a la fe y que mantenga limpia su conciencia.
“19 Aférrate a tu fe en Cristo y mantén limpia tu conciencia.” (1 Tim 1:19, NTV)
Antes de esto, le dice a Timoteo que repase la palabra profética que había recibido y que milite en ella.
“18 Timoteo, hijo mío, te doy estas instrucciones, basadas en las palabras proféticas que se dijeron tiempo atrás acerca de ti.”
- Le instruye a que se intensifique la oración en la iglesia (1 Tim 2:1-2).
- Describe las características que tienen que poseer aquellos que son llamados a servir (3:1-13).
- Le dice que se ejercite para la piedad (entrenarse para la sumisión a Dios) (4:7).
- Le dice que esta es de gran ganancia cuando aprendemos a estar contentos con lo que tenemos (6:6).
- Le advierte que debe mantenerse alejado de las conversaciones de aquellos que piensan que las posiciones en la iglesia se heredan: “genealogías interminables”[3] (1:4)
Además, Pablo le aconseja huir de aquellas cosas que podrían minar su fe para que pudiera seguir la justicia, la piedad, la fe, el amor, la paciencia y la mansedumbre. Pablo acompaña estos consejos con una invitación a pelear “la buena batalla de la fe” (o sea que hay batallas que no son buenas) y a echar mano de la vida eterna: aferrarse a esta (1 Tim 6:11-12).
Pablo dice en la primera carta que todas las advertencias e instrucciones que él le comunica a Timoteo son tan importantes que tiene que ordenar a su hijo espiritual que las obedeciera al pie de la letra.
“13 Te ordeno delante de Dios, quien le da vida a todo, y de Jesucristo, quien declaró esa misma verdad cuando dio testimonio ante Poncio Pilato, 14 que hagas todo exactamente como se te ha pedido y de manera que nadie pueda criticar. Continúa así hasta que nuestro Señor Jesucristo regrese.” (1 Tim 6:13-14, PDT)
En medio de todo esto, Pablo le dice a Timoteo que no descuidara (“ameleo”, G272) el don que Dios le había conferido, que se ocupara de seguir estos consejos, de permanecer en estos y que cuidara dos (2) cosas: que cuidara de sí mismo y la sana doctrina.
“14 No descuides el don que recibiste mediante profecía, cuando los líderes de la iglesia te impusieron las manos. 15 Sé diligente en estos asuntos; entrégate de lleno a ellos, de modo que todos puedan ver que estás progresando. 16 Ten cuidado de tu conducta y de tu enseñanza. Persevera en todo ello, porque así te salvarás a ti mismo y a los que te escuchen.” (1 Tim 4:14-16, NVI)
Una noticia que no debe sorprender a muchos es que el fuego del don de Timoteo se apagó. Parece que los consejos paulinos a su hijo espiritual no fueron obedecidos al pie de la letra. La fe de Timoteo continuaba ahí, pero el fuego se había perdido. El concepto griego que Pablo utiliza aquí y que es traducido como avivar no ofrece mucho espacio para otras interpretaciones. El Louw Nida, uno de los recursos académicos más respetados, lo traduce de la siguiente manera:
“68.8 ἀναζωπυρέω [“anazōpureō”]: causar que algo comience de nuevo: ‘reactivar, hacer que comience a estar activo nuevamente’- ‘para reavivar el don de Dios’ 2 Tim 1:6. También es posible traducir ἀναζωπυρέω [“anazōpureō”] en 2 Timoteo 1:6 como ‘hacer que cobre nueva vida’. Algunos traductores han usado una expresión como ‘mantener vivo el don’, principalmente para evitar la impresión de que Timoteo se había apartado en cierta medida de su dedicación anterior al evangelio.”[4] (traducción libre)
Hemos visto que la Biblia dice que Pablo conocía la fe de este hombre. La fe sincera que Timoteo poseía era la razón por la que Pablo lo conminaba, lo exhortaba a que avivara (“anazōpureō”, G329) el don que había recibido de parte de Dios. La mayoría de las versiones bíblicas incluyen el concepto “fuego” porque este vocablo griego se traduce como “encender de nuevo”.
“6 Por esta razón, te recuerdo que avives el fuego del don espiritual que Dios te dio cuando te impuse mis manos. 7 Pues Dios no nos ha dado un espíritu de temor y timidez sino de poder, amor y autodisciplina.” (2 Tim 1:6-7, NTV)
La noticia detrás de todo esto es que si Timoteo sufrió esta clase de experiencia, entonces cualquiera de nosotros también puede experimentar esto. La buena noticia es que hay herramientas y oportunidades para avivar ese fuego. Recordemos que esta es la única forma de poder cumplir con la encomienda del ministerio recibido y perseverar en aquello que hemos aprendido.
Avivar el fuego del don espiritual requiere que regresemos a la oración intensa. Pablo le modela esto a Timoteo en los versos iniciales del primer capítulo de la Segunda Carta a Timoteo.
“3 Siempre te recuerdo en mis oraciones, de día y de noche doy gracias a Dios por ti.” (2 Tim 1:3a, PDT)
O sea, que Pablo le está diciendo que imite su vida de oración.
Avivar el fuego del don recibido requiere que no nos olvidemos que tenemos una responsabilidad de vivir con la conciencia limpia ante Dios y ante la memoria y el testimonio de aquellos que pavimentaron el camino por el que nosotros caminamos.
“….Al igual que mis antepasados, sirvo a Dios con conciencia limpia.” (v.3b)
Avivar el fuego del don recibido requiere regresar a los fundamentos de nuestra fe.
“5 Recuerdo tu fe sincera, como la que tuvo primero tu abuela Loida, luego tu mamá Eunice y estoy seguro de que tú también la tienes. 6 Por eso quiero que reavives el fuego del don que Dios te dio cuando te impuse las manos.” (2 Tim 1:5-6, PDT)
Avivar el fuego del don espiritual requiere regresar a ver la Palabra de Dios, toda ella, no aquello que nos conviene o que nos gusta de esta, con amor entrañable, apasionado y comprometido con el Dios de la Palabra.
“14 Pero tú debes permanecer fiel a las cosas que se te han enseñado. Sabes que son verdad, porque sabes que puedes confiar en quienes te las enseñaron. 15 Desde la niñez, se te han enseñado las sagradas Escrituras, las cuales te han dado la sabiduría para recibir la salvación que viene por confiar en Cristo Jesús. 16 Toda la Escritura es inspirada por Dios y es útil para enseñarnos lo que es verdad y para hacernos ver lo que está mal en nuestra vida. Nos corrige cuando estamos equivocados y nos enseña a hacer lo correcto. 17 Dios la usa para preparar y capacitar a su pueblo para que haga toda buena obra.” (2 Tim 3:14-16, NTV)
Pablo le escribe a Timoteo como un padre le escribe a un hijo. Él le dice aquí que las Sagradas Escrituras le han dado la sabiduría que conduce a la salvación a través de la fe en Cristo (PDT). Pablo afirma que Timoteo conoce esto. Pablo subraya en esas expresiones la inspiración divina de las Sagradas Escrituras y la utilidad (“ōphelimos”, G5624) para enseñarnos lo que es verdad y para hacernos ver lo que está mal en nuestras vidas (NTV). En otras palabras, Pablo le está diciendo a Timoteo que permita que la Palabra de Dios cumpla en él la función de corregirlo cuando esté equivocado y que lo enseñe a hacer lo que es correcto. No olvidemos que Pablo afirma que la Palabra de Dios no está presa (2 Tim 2:8-9). O sea, que puede cumplir sus propósitos sin importar la situación por la que estemos atravesando.
Ya sabemos que en la primera carta Pablo le había aconsejado a Timoteo que no descuidara (“ameleo”, G272) el don (“charisma”, G5486) que había recibido. En otras palabras, que no perdiera el interés, que no fuera descuidado (se utiliza así en Heb 2:3), que no dejara de prestarle atención a ese don. En este caso, el don recibido es el ministerio. Ahora, el Apóstol le tiene que decir que tiene que avivar el fuego de ese don.
Repetimos, esto es mucho más que sacar las cenizas. Había que volverlo a encender. Cualquier parecido con lo que nos sucede en algunos momentos en la vida cristiana no es casualidad.
Repetimos, esto requiere regresar a la oración intensa, a la obediencia a la Palabra de Dios y al uso ferviente de los dones del Espíritu que había recibido.
Hemos visto que Pablo también recurre a recordarle a Timoteo la clase de fe que él había recibido desde la niñez, como un estímulo para que este joven pudiera conseguir avivar ese fuego. Esta es una de las razones por las que él insiste en decirle a Timoteo que retenga estos consejos, esta enseñanza. Pablo añade que lo hiciera con la fe y el amor que tenemos como seguidores de Jesucristo y con la ayuda del Espíritu Santo. En otras palabras, que Pablo está echando mano de las herramientas que Eunice y Loida utilizaron con Timoteo cuando lo estaban criando.
“13 Sigue la enseñanza que te di como ejemplo, pues conduce a una vida recta; mantenla con la fe y el amor que tenemos como seguidores de Jesucristo. 14 Esa enseñanza es un tesoro que se te ha confiado, así que guárdalo con la ayuda del Espíritu Santo que vive en nosotros.” (2 Tim 1:13-14, PDT)
Debemos señalar que un “charisma” (G5486) sin fuego avivado es como “metal que resuena o címbalo que retiñe” (1 Cor 13:1). Esto es así porque cuando se pierde el fuego, también se pierde el amor por lo que hacemos y para Aquél por lo que lo hacemos. Es por esto que Pablo, a renglón seguido, le dice a Timoteo que Dios no nos ha dado espíritu de cobardía, de timidez (“deilía”, G1167). Dios nos ha dado espíritu de poder (“dynamis”, G1539), de amor (“agapē”, G26) y de dominio propio (“sōphronismos” G4995).
Estas expresiones nos conducen a preguntarnos si Timoteo había perdido el amor por el ministerio. Sabemos que esto se puede perder y que le puede suceder a cualquiera; incluso a toda una congregación: “4 Pero tengo contra ti, que has dejado tu primer amor.” (Apo 2:4). Hay muchos ministros del Evangelio que lo han perdido, aun cuando continúan sirviendo en sus asignaciones ministeriales.
Nos preguntamos si Timoteo había perdido eso que llamamos “la unción”, la conexión con el poder de Dios. Pablo dice en la Carta los Romanos que él no se avergonzaba del Evangelio porque este es poder de Dios (Rom 1:17). Se puede predicar el Evangelio sin ese poder. Esa clase de predicación puede rayar en lo que Pablo llama palabrería (“mataiologia”, G3150, 1 Tim 1:6) o en conversaciones mundanas (“kenophōnia”, G2757). Pablo advierte que esto es considerado como un cáncer en la iglesia y que fomenta la falta de respeto a Dios.
“16 Aléjate de los que hablan cosas mundanas y tonterías, porque esa manera de hablar sólo resulta en que haya cada vez menos respeto hacia Dios. 17 Su enseñanza se propagará como un cáncer. Himeneo y Fileto han hablado así. 18 Se han apartado de la verdadera enseñanza diciendo que la resurrección de todos ya sucedió, y con eso arruinan la fe de algunos.” (2 Tim 2:16-18, PDT)
¿Habría perdido Timoteo el dominio propio? El consejo paulino continúa vigente: “se ejemplo de los creyentes en palabra, conducta, amor, espíritu, fe y pureza.” (1 Tim 4:12). Pablo continúa diciéndole a su hijo espiritual que él también ha experimentado padecimientos, pero que no se avergüenza porque sabe a quién le ha creído. Añade a esto que está seguro de que Dios es poderoso para guardar todo lo que había puesto en sus manos (2 Tim 1:12, PDT). Estamos convencidos de que esa convicción es una de las razones para poder decir que se puede soportar todo por amor de los escogidos (2 Tim 2:10). El énfasis paulino aquí es el modelaje. Pablo le había dicho a su hijo espiritual que no podía olvidar cómo conducirse en la casa de Dios en medio de estos ambientes.
“14 Esto te escribo, aunque tengo la esperanza de ir pronto a verte, 15 para que si tardo, sepas cómo debes conducirte en la casa de Dios, que es la iglesia del Dios viviente, columna y baluarte de la verdad.” (1 Tim 3:14-15, RV 1960)
En otras palabras, que el modelaje de la fe en Cristo siempre ha sido la clave para obtener la victoria en medio de ambientes conflictivos y polarizados. La clave para mantenerse haciéndolo es vivir aferrados a nuestra sumisión a Dios. Pablo lo llama “piedad” (“eusebeia”, G2150), o buena adoración[5]. Esto es así porque esta sumisión nos hace vivir enfocados en el mensaje del Evangelio y no en las atrocidades y barbaridades que ocurren a nuestro alrededor.
“16 E indiscutiblemente, grande es el misterio de la piedad: Dios fue manifestado en carne, Justificado en el Espíritu, Visto de los ángeles, Predicado a los gentiles, Creído en el mundo, Recibido arriba en gloria.” (1 Tim 3:16)
Por último, avivar el fuego requiere regresar a amar los postulados de nuestra fe en Cristo. Pablo le recuerda esto a Timoteo cuando le dice lo siguiente:
“10 Por eso estoy dispuesto a soportar cualquier cosa si esta traerá salvación y gloria eterna en Cristo Jesús a los que Dios ha elegido. 11 La siguiente declaración es digna de confianza: Si morimos con él, también viviremos con él. 12 Si soportamos privaciones, reinaremos con él. Si lo negamos, él nos negará. 13 Si somos infieles, él permanece fiel, pues él no puede negar quién es.” (2 Tim 2:10-13, NTV)
Pablo presenta esta declaración, este himno, como una fórmula, tal y como hace en 1 Timoteo 1:15; 3:1; 4:9. Esta fórmula posee cuatro (4) clausulas condicionales: “si.” Cada una de ellas describe una acción del creyente y los resultados de estas. Dos (2) de estas describen acciones positivas, mientras que las otras dos (2) describen acciones que son negativas.
- “Si morimos con Él…”: compromiso hecho en el bautismo (Rom 6:8; Col 2:12)
- “viviremos con Él.”
- “Si soportamos….”: (Mat 10:33)
- “reinaremos con Él.”
- “Si lo negamos….”
- “Él nos negará.” (Mcs 8:38)
- “Si somos infieles…”
- “Él permanece fiel.”
“La primera cláusula condicional del v. 12 instó a Timoteo a permanecer leal incluso frente al sufrimiento. «Soportar» exige una «experiencia continua de soportar con valentía las dificultades y aflicciones que pesan sobre el creyente debido a su relación con Cristo». La apódosis de esta cláusula promete una victoria en el fin de los tiempos para los creyentes fieles. El reinado no ocurre hasta después del regreso de Cristo. Los creyentes participarán en el reinado del Mesías glorificado, quizás durante el milenio descrito en Apocalipsis 20:1-6. La segunda cláusula condicional del v. 12 fue una advertencia a Timoteo y a todos los creyentes. Con esta cláusula, el énfasis se desplaza de las acciones positivas de los creyentes a las negativas. El lenguaje se asemeja al de Mateo 10:33, y la negación de Cristo es una negación verbal o conductual para evitar el sufrimiento. Quienes nieguen a Cristo en la persecución serán negados por él en el juicio final (Marcos 8:38). Aquellos a quienes Cristo niegue en el juicio entrarán en la eternidad en la perdición. La terrible advertencia de Pablo no se aplicaba a una negación temporal como la que demostró Pedro (Lucas 22:54-62), sino a una negación permanente como la que ilustró Judas (Hechos 1:15-19). La amenaza de "negar" habría sido una advertencia a Timoteo y a otros creyentes, y una amenaza de juicio para los asiáticos de [2 Tim] 1:15 que habían desertado.”[6] (Traducción libre)
Las tradiciones históricas nos permiten saber que Timoteo murió como un mártir del Evangelio. Algunas recogen que fue martirizado durante el gobierno del emperador Nerva (96-98 D.C.)[7]. Otras, que fue apedreado por una turba en Éfeso en el año 93 D.C., mientras trataba de detener una procesión en honor de la diosa Diana (Artemisa)[8]. O sea, que él continuaba sirviendo con fuerza al Señor y a la iglesia aun en la ancianidad. Los restos mortales de Timoteo fueron transferidos a Constantinopla en el siglo cuarto (4to) de la era cristiana para ser colocados en la iglesia de los Santos Apóstoles, cerca de las tumbas de Andrés y de Lucas. [9] En otras palabras, el consejo paulino funcionó y produjo buenos resultados.
Es extraordinario que Pablo, dirigido por el Espíritu Santo, haya echado mano de muchas de las herramientas que Timoteo recibió en su niñez de la mano de su madre y de su abuela. Estas herramientas fueron vitales para conseguir estas victorias. Insistimos: esas herramientas continúan siendo esenciales en este tiempo para criar y educar hijos fuertes en la fe.
[1] Brown, Raymond. An Introduction to the New Testament, New York: Doubleday, 1997, p. 655.
[2] Sidlow Baxter, J.. Explore The Boook: a survey and study of each book from Genesis to Revelation Complete in One Volume. Zondervan, Grand Rapids, 1987, pp. 1574-1585.
[3] Esta es una de varias interpretaciones de esta expresión paulina.
[4] Louw, J. P., & Nida, E. A. (1996). En Greek-English lexicon of the New Testament: based on semantic domains (electronic ed. of the 2nd edition., Vol. 1, p. 655). United Bible Societies.
[5] El concepto “eusebeia” proviene del vocablo griego “eusebēs” (G2152), que está compuesto por el prefijo “eu” (bueno, G2095) y el sufijo “sebomai” (adoración, reverencia, G4576).
[6] Lea, T. D., & Griffin, H. P. (1992). 1, 2 Timothy, Titus (Vol. 34, pp. 209–212). Broadman & Holman Publishers.
[7] https://www.britannica.com/biography/Saint-Timothy
[8] https://www.oca.org/saints/lives/2013/01/22/100262-apostle-timothy-of-the-seventy
[9] Op. cit.
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