March 15th, 2026
1048 • El Heraldo Digital – Institucional • Volumen XVII • 15 de marzo del 2026
Familias dirigidas por el Espíritu Santo: el análisis de la familia de Jacob -Parte III
“28 Estas son las doce tribus de Israel, y esto es lo que su padre dijo a sus hijos al despedirse de ellos. Los bendijo con un mensaje apropiado para cada uno. 29 Entonces Jacob les dio las siguientes instrucciones: «Yo moriré pronto y me uniré con mis antepasados. Entiérrenme junto con mi padre y mi abuelo en la cueva que está en el campo de Efrón el hitita. 30 Es la cueva del campo de Macpela, cerca de Mamre, en Canaán, la cual Abraham compró a Efrón el hitita como lugar de sepultura permanente. 31 Allí están enterrados Abraham y su esposa Sara; allí también están enterrados Isaac y su esposa Rebeca; y allí enterré a Lea. 32 Es la parcela de tierra y la cueva que mi abuelo Abraham les compró a los hititas». 33 Cuando Jacob terminó de dar este encargo a sus hijos, metió los pies en la cama, dio su último suspiro y se reunió con sus antepasados al morir.” (Gén 49:28-33, NTV)
Nuestra reflexión anterior nos ofreció la oportunidad de comenzar a analizar detenidamente el modelo de familia de Jacob. Un detalle singular que destacamos en esa reflexión es que este patriarca no parecía inclinado a considerar ni a admitir sus incapacidades. En esa reflexión revisamos algunos instantes en los que hombres de Dios decidieron reconocer esto último y cómo Dios insertó su mano para ayudarlos. Vimos en esa reflexión que es esencial aprender a reconocer nuestras incapacidades para poder ser capaces de manejar las crisis que enfrentamos en la vida.
Encontramos otro ejemplo de esto en unas expresiones del salmista.
“12 Porque me han rodeado males sin número; Me han alcanzado mis maldades, y no puedo levantar la vista. Se han aumentado más que los cabellos de mi cabeza, y mi corazón me falla.” (Sal 40:12, RV1960)
Es glorioso que el salmista concluye este salmo con una palabra de esperanza.
“16 Gócense y alégrense en ti todos los que te buscan, Y digan siempre los que aman tu salvación: Jehová sea enaltecido. 17 Aunque afligido yo y necesitado, Jehová pensará en mí. Mi ayuda y mi libertador eres tú; Dios mío, no te tardes.” (vv. 16-17)
Encontramos otro ejemplo en el Salmo 69.
“1 Sálvame, oh Dios, Porque las aguas han entrado hasta el alma. 2 Estoy hundido en cieno profundo, donde no puedo hacer pie; He venido a abismos de aguas, y la corriente me ha anegado.” (Sal 69:1-2)
La Biblia dice que Dios le respondió a este escritor y que este fue capaz de concluir este salmo con expresiones que describen la gracia y la misericordia del Eterno.
“32 Lo verán los oprimidos, y se gozarán. Buscad a Dios, y vivirá vuestro corazón, 33 Porque Jehová oye a los menesterosos, Y no menosprecia a sus prisioneros. 34 Alábenle los cielos y la tierra, Los mares, y todo lo que se mueve en ellos. 35 Porque Dios salvará a Sion, y reedificará las ciudades de Judá; Y habitarán allí, y la poseerán. 36 La descendencia de sus siervos la heredará, Y los que aman su nombre habitarán en ella.” (vv. 32-36)
Destacamos esto porque no observamos expresiones de este tipo en las narrativas bíblicas acerca de Jacob, aun cuando su modelo familiar estaba naufragando.
Es Jonathan Sacks el que nos recuerda que la historia de la familia de Jacob es un preludio esencial para el Libro de Éxodo y para el pacto que Dios hace con su Pueblo. El análisis de esa historia, la del Éxodo, nos coloca ante la necesidad de aceptar que este es un pacto basado en la correspondencia biunívoca[1] entre el amor y la justicia. Sacks plantea que el amor es ciego cuando es separado de la justicia y que la justicia es impersonal cuando es separada del amor. Esto es lo mismo que encontramos en las historias de Jacob, de sus esposas y sus hijos. Sacks afirma que esas narrativas destacan que el amor no es suficiente, que necesita estar acompañado de la justicia y la equidad respecto a cómo es que nuestros sentimientos impactan a los demás.[2] Las historias que encontramos en el segundo libro de la Biblia están repletas de situaciones en las que estas dos (2) virtudes están en juego.
Sacks añade que las conclusiones que ofrecen las narrativas bíblicas acerca de Jacob incluyen el que Lea, la menos amada, fuera la seleccionada por Dios para darle a Israel las tribus de Leví y de Judá.[3] De la primera emergen los sacerdotes. De la segunda, los reyes de Judá, David y Cristo el Señor. Esto puede ser interpretado como que la justicia de Dios premió a Lea.
Estamos convencidos de que Jacob experimentó un desbalance entre estas dos (2) virtudes: el amor y la justicia. Esto aumentó significativamente luego de las tres (3) pérdidas que él había sufrido: Débora, Raquel e Isaac. El análisis de estas fue realizado en la reflexión anterior. Esto lo condujo a experimentar una serie de crisis muy serias en su familia; algunas de ellas catastróficas.
Un ejemplo de las crisis que Jacob enfrentó lo encontramos en los versos bíblicos que narran las historias acerca del hijo mayor de Jacob: Rubén. Los textos bíblicos dicen que Rubén no parecía comportarse como el primogénito de la familia de Jacob. Las narrativas bíblicas parecen colocarlo batallando con el sistema familiar mientras intentaba llenar las expectativas que se tenían de él como el primogénito de esa familia.
Por un lado, encontramos características positivas en Rubén. Por ejemplo, sabemos que él fue el único que protestó cuando sus hermanos entramparon a José. La Biblia dice que Rubén fue el único que intentó salvarlo de esa tragedia.
“21 Cuando Rubén oyó esto, lo libró de sus manos, y dijo: No lo matemos. 22 Y les dijo Rubén: No derraméis sangre; echadlo en esta cisterna que está en el desierto, y no pongáis mano en él; por librarlo así de sus manos, para hacerlo volver a su padre. 23 Sucedió, pues, que cuando llegó José a sus hermanos, ellos quitaron a José su túnica, la túnica de colores que tenía sobre sí; 24 y le tomaron y le echaron en la cisterna; pero la cisterna estaba vacía, no había en ella agua. 25 Y se sentaron a comer pan; y alzando los ojos miraron, y he aquí una compañía de ismaelitas que venía de Galaad, y sus camellos traían aromas, bálsamo y mirra, e iban a llevarlo a Egipto. 26 Entonces Judá dijo a sus hermanos: ¿Qué provecho hay en que matemos a nuestro hermano y encubramos su muerte? 27 Venid, y vendámosle a los ismaelitas, y no sea nuestra mano sobre él; porque él es nuestro hermano, nuestra propia carne. Y sus hermanos convinieron con él. 28 Y cuando pasaban los madianitas mercaderes, sacaron ellos a José de la cisterna, y le trajeron arriba, y le vendieron a los ismaelitas por veinte piezas de plata. Y llevaron a José a Egipto. 29 Después Rubén volvió a la cisterna, y no halló a José dentro, y rasgó sus vestidos. 30 Y volvió a sus hermanos, y dijo: El joven no parece; y yo, ¿adónde iré yo?”
(Gén 37:21-30)
“30 Luego volvió a donde estaban sus hermanos, y les dijo: —¡El muchacho ya no está! ¿Ahora qué voy a hacer?” (DHH)
Jonathan Sacks señala que es muy raro que la Torah (el Pentateuco, los primeros cinco (5) libros de la Biblia) describa los pensamientos de alguien[4]. En este pasaje vemos una de esas rarezas. Sacks también señala que los sabios de Israel se preguntaban lo siguiente acerca de este hijo de Jacob:
“Si Rubén hubiera sabido que el Santo, bendito sea, escribiría sobre él: «Y Rubén oyó y lo libró de sus manos», habría cargado a José sobre sus hombros y lo habría llevado de regreso a su padre. Esta es una afirmación profundamente desconcertante. ¿Realmente necesitaba Rubén la aprobación del Cielo para hacer lo correcto? ¿Necesitaba la aprobación de Dios antes de rescatar a su hermano? Sin embargo, como veremos, esto contiene la clave esencial sobre el carácter de Rubén. Nos dice qué se interpone entre lo que pudo haber sido y lo que fue.” [5] (traducción libre).
Interpretaciones como estas llevaron a Sacks a calificar a Rubén como el Hamlet del Génesis: uno en el que “el color natural de la resolución se enferma con el pálido tinte del pensamiento”[6] (traducción libre). Sacks añade que las intenciones de Rubén eran buenas, se preocupaba, pensaba correctamente, pero no era capaz de llevar a cabo las acciones correctas: le faltaba carácter.
Otra característica positiva que encontramos acerca de Rubén es que la Biblia describe que en otra ocasión este se encontraba en el campo recogiendo unas mandrágoras (Gén 30:14-16). La Biblia dice allí que su primer pensamiento no fue egoísta; él pensó en el provecho que su madre podría sacar de esas frutas.[7]
Sin embargo, es el incidente con Bilha, una de las concubinas de Jacob, lo que lo marcó para la posteridad y lo alejó del resto de la familia.
“22 Aconteció que cuando moraba Israel en aquella tierra, fue Rubén y durmió con Bilha la concubina de su padre; lo cual llegó a saber Israel. Ahora bien, los hijos de Israel fueron doce:” (Gén 35:22, RV1960)
Sacks señala que el Rashi, un comentario bíblico judío del siglo doce (12), trata de suavizar esa historia. Este comentario afirma que Rubén no fue capaz de soportar que Jacob escogiera ir a dormir a la tienda de Bilha luego de la muerte de Raquel. Para él, dice el Rashi, esto era una ofensa directa para su madre, Lea. Este comentario del medioevo dice que esto provocó que Rubén moviera el lecho de Jacob de la tienda de Bilha para la tienda de Lea; procurando que su padre le concediera a Lea el lugar que le correspondía como única esposa. El Rashi dice que esta acción fue malinterpretada por Jacob.
Si Rubén cometió el pecado del que se le acusó o si Jacob malinterpretó esa acción, la verdad es que esta tragedia persiguió a Rubén durante toda su vida. De hecho, Jonathan Sacks destaca que las expresiones que Jacob utiliza al final de sus días para bendecir a Rubén describen esa historia como un problema de carácter; un problema que poseía el primogénito de Jacob.
“» Rubén, tú eres mi hijo mayor, mi fuerza, el hijo de mi juventud vigorosa. Tú eres el primero en rango y el primero en potencia. 4 Pero eres tan impetuoso como una inundación, y ya no serás más el primero. Pues te acostaste con mi esposa; deshonraste mi cama matrimonial.” (Gén 49:3-4, NTV)
Estamos convencidos de que la homeostasis de la familia de Jacob se perdió cuando este patriarca perdió la capacidad de ser el instrumento de cohesión entre los suyos. A partir de ese instante solo un milagro de parte del Señor podía devolver el equilibrio a esa familia.
El problema no termina aquí. La Biblia describe otros conflictos inmencionables y múltiples desaciertos que surgieron entre estas crisis para luego darnos a conocer llegada de las soluciones celestiales. Tenemos un ejemplo de esto en la historia bíblica acerca de Judá y de su nuera Tamar: una figura misteriosa, “un paradigma de sensibilidad moral y de valentía.”[8] (Gén 38:1-30). Esta historia está revestida de una importancia muy particular toda vez que es de la descendencia de Judá y de Fares que nacen David y nuestro Señor Jesucristo, el Salvador del mundo.
De entrada, la historia bíblica que aparece en el capítulo treinta y ocho (38) del Libro de Génesis no parece formar parte de la secuencia de las narrativas bíblicas acerca de José. La saga de José (Gén 37 al 50) es interrumpida para explicar la historia de lo que ocurrió con Judá. Muchos exégetas están convencidos de que esta debió haber sido intercalada en esa saga durante el proceso de la edición final del Libro de Génesis. En cambio, muchos exégetas judíos no apoyan esa conclusión. Estos explican que ese capítulo es esencial para que podamos ser capaces de entender las reacciones y las transformaciones que años más tarde observamos en Judá, cuando este decide interceder por su hermano Benjamín.
Veamos cómo describe la Biblia ese evento.
“14 Cuando Judá y sus hermanos llegaron a la casa de José, él todavía estaba ahí. Entonces ellos se postraron rostro en tierra ante él. 15 José les dijo: —¿Por qué hicieron eso? ¿Acaso no saben que un hombre como yo puede adivinar las cosas? 16 Judá dijo: —Señor, ¡no hay nada que le podamos decir! No tenemos manera de explicar. No hay forma de mostrarle que somos inocentes. Dios nos juzgó culpables por otra cosa que hicimos. Entonces, todos nosotros seremos sus esclavos, incluso el que fue encontrado con la copa. 17 Entonces José dijo: —¡No haré que todos sean mis esclavos! Sólo el hombre que robó mi copa será mi esclavo, los demás se pueden ir en paz a donde está su papá.18 Pero Judá se acercó a José y le dijo: —Señor, le ruego que me deje decirle algo sin que se moleste. Yo sé que usted es como si fuera el faraón. 19 Cuando estuvimos aquí antes, usted nos preguntó: “¿Tienen papá u otro hermano?” 20 Y nosotros respondimos: “Tenemos un papá muy viejo y un hermano menor que nació cuando nuestro papá era ya un anciano. El hermano de nuestro hermano menor ya murió y él es el único hijo de su mamá que queda vivo, por eso nuestro papá lo quiere mucho”. 21 Luego usted nos dijo a nosotros, sus siervos: “Tráiganmelo y déjenme verlo”. 22 Pero nosotros le dijimos: “El muchacho no puede alejarse del lado de su papá porque si lo hace su papá morirá”. 23 Luego usted nos dijo a nosotros, sus siervos: “Si su hermano menor no viene con ustedes, nunca me volverán a ver”. 24 Entonces volvimos a donde vive nuestro papá y le contamos lo que usted nos había dicho. 25 »Después papá nos dijo: “Vuelvan allá y compren más comida para todos”. 26 Pero nosotros le dijimos: “No podemos ir allá. Sólo iremos si nuestro hermano menor va con nosotros. No podemos verle la cara a ese hombre a menos que nuestro hermano vaya con nosotros”. 27 Luego nuestro papá dijo: “Ustedes saben que mi esposa dio a luz a dos de mis hijos. 28 Uno de ellos me dejó y lo despedazó un animal salvaje, nunca más lo volví a ver. 29 Si también se llevan a este hijo y algo le llegara a pasar, este viejo moriría de tristeza”. 30 Por lo tanto, si llego a regresar sin mi hermano a donde está mi papá, y puesto que él es tan importante para mi papá, 31 cuando vea que el muchacho no viene conmigo, morirá. Y nosotros tendremos que enterrar a papá hecho un pobre viejo lleno de tristeza. 32 »Yo le garanticé a papá que le llevaría de regreso al muchacho. Le dije: “Si no te lo traigo de regreso, puedes culparme toda la vida”. 33 Por lo tanto, le ruego que me deje ser su esclavo a cambio del muchacho, y deje que él se vaya con sus otros hermanos. 34 No puedo regresar a donde está mi papá si el muchacho no está conmigo. Me daría miedo ver el sufrimiento que se apoderaría de mi papá.” (Gén 44:14-34, PDT)
Analizaremos en detalle esta narrativa bíblica en nuestras próximas reflexiones. Esto es, cuando estemos analizando las crisis que enfrentó José. Ahora bien, el Judá que observamos en la porción bíblica que acabamos de compartir no parece ser la misma persona que sugirió vender a José su hermano.
“26 Entonces Judá dijo a sus hermanos: ¿Qué provecho hay en que matemos a nuestro hermano y encubramos su muerte? 27 Venid, y vendámosle a los ismaelitas, y no sea nuestra mano sobre él; porque él es nuestro hermano, nuestra propia carne. Y sus hermanos convinieron con él.” (Gén 37:26-27)
El cuarto hijo de Jacob que aparece en el capítulo 44 de Génesis es un hombre arrepentido de las cosas que hizo en el pasado. Él no parece ser el mismo personaje que sugirió vender como esclavo a José. Es por esto que tenemos que preguntarnos lo siguiente: ¿cuándo fue que Judá aprendió a pedir perdón y a interceder por otros? Repetimos la pregunta: ¿en dónde fue que él aprendió a pedir perdón y a interceder por los demás? La respuesta a esa pregunta la encontramos en el capítulo treinta y ocho (38) del Libro de Génesis. Encontrar la respuesta a esta pregunta nos proveerá esperanza. El Señor puede hacer lo mismo en aquellas familias en las que los padres no saben admitir sus incapacidades ni pedir perdón.
Todos los pasajes bíblicos necesitan ser analizados utilizando los “lentes” de la época en que ocurrieron los eventos que estos describen. No hay otra manera responsable de hacerlo. Este pasaje bíblico lo requiere aún más. Esa narrativa bíblica describe que Judá se casó con una mujer cananea (Súa, Gén 38:2) y que tuvo tres (3) hijos con ella; Er, Onán y Sela (vv. 3-5). Ese pasaje también nos dice que Er se casó con Tamar y que él fue malo ante los ojos del Señor, al punto que Dios hizo que se muriera (v.6, PDT).
Todo esto ocurrió en una época en las que las mujeres no tenían valor alguno, que eran consideradas como propiedad de sus esposos y que su función principal era la de producir descendientes. A tenor con esto, se estableció la regla del levirato.[9] Esta era una instrucción que procuraba que las mujeres que habían enviudado pudieran tener relaciones sexuales con uno de los varones de la familia de su esposo con el fin de que pudieran producir descendientes y que el nombre del fallecido no desapareciera de la historia de Israel. En otras palabras, que la prioridad no era la de proteger a esas mujeres. La prioridad era honrar el nombre del hombre fallecido.
“5 Cuando hermanos habitaren juntos, y muriere alguno de ellos, y no tuviere hijo, la mujer del muerto no se casará fuera con hombre extraño; su cuñado se llegará a ella, y la tomará por su mujer, y hará con ella parentesco. 6 Y el primogénito que ella diere a luz sucederá en el nombre de su hermano muerto, para que el nombre de éste no sea borrado de Israel.” (Det 25:5-6)
Esa narrativa bíblica describe que la muerte de Er provocó que Judá le diera instrucciones a Onán para que cumpliera con esa regla. La Biblia dice que Onán no obedeció esa instrucción y que decidió aprovecharse de Tamar. Este pasaje bíblico dice que esto le costó la vida al segundo hijo de Judá. Por otro lado, Sela, el hijo menor de Judá, era muy joven para recibir la misma instrucción. El pasaje señala que es por eso que Judá le dijo a su nuera que permaneciera como viuda en la casa de sus padres hasta que Sela creciera. Una nota editorial que incluye el escritor del Libro de Génesis destaca que Judá tenía muchos temores que le impedían cumplir con esa promesa (v. 11).
El pasaje continúa describiendo cómo es que Tamar desarrolla una estrategia para quedar embarazada de su suegro. Muchos biblistas destacan que Tamar decidió negarse a no ser una persona; ella no toleraba ser un ser humano sin posición y sin poder. Ella sabía que esta estrategia le podía costar la vida. Es por eso que ella decidió quedarse con artículos muy personales de Judá,[10]de modo que estos lo pudieran identificar si ella quedaba embarazada y que probarían que él era el padre de sus criaturas (vv. 13– 25).
El pasaje bíblico señala que ella quedó embarazada y su suegro, al saberlo, ordenó que la apedrearan pensando que Tamar se había prostituido. El pasaje destaca que, entre otras cosas, ella decidió utilizar intermediarios para la confrontación con Judá, para no avergonzarlo en público. Sólo Judá sabía que esas prendas eran suyas (v. 26).
Las enseñanzas que esa historia bíblica nos ofrece trascienden las experiencias y las tragedias provocadas por la cultura de esa época. La historia que narra ese capítulo describe que Judá comprendió que le había faltado a la dignidad de Tamar y que la ausencia de dignidad es similar a la ausencia de la vida[11]. Esto llevó a Judá convertirse en la primera persona que pide perdón en el libro de Génesis.
“26 Judá los reconoció y declaró: «Su conducta es más justa que la mía, pues yo no la di por esposa a mi hijo Selá». Y no volvió a acostarse con ella.” (Gén 38:26, NVI)
Regresemos a la historia de José. Jonathan Sacks dice que el proceso que José puso en acción antes de revelarle a sus hermanos que él era aquél que ellos habían vendido como esclavo, proveyó espacios para probar varias cosas. Una de estos, la oportunidad para que Judá demostrara que se había convertido en algo que Sacks llama “ba’alei teshuva”; maestro del arrepentimiento, uno que es capaz de aprender de y de crecer a través de los errores que había cometido.[12] Ese momento sirvió para demostrar que Judá había sido experimentado una transformación.
Esta historia bíblica abre la puerta para otros escenarios y otras dimensiones interpretativas. Hemos señalado que de la tribu de Judá nacen los reyes del reino de Judá. Entre ellos encontramos a David, el dulce cantor de Israel (2 Sam 23:1) y por consiguiente, nace Cristo nuestro Señor. Sin embargo, un dato que no hemos señalado es que Tamar forma parte de la genealogía de nuestro Salvador.
“3 Judá engendró de Tamar a Fares y a Zara, Fares a Esrom, y Esrom a Aram…..15 Eliud engendró a Eleazar, Eleazar a Matán, Matán a Jacob; 16 y Jacob engendró a José, marido de María, de la cual nació Jesús, llamado el Cristo.” (Mat 1:3, 15-16)
En otras palabras, que la intervención de la mano del Señor transformó una historia en la que se concatenaron tragedias, abusos, mentiras, odio y rencor, en una de misericordia y de la inserción de la gracia de Dios. Es de sumo gozo poder proclamar que el Evangelio predica el amor redentor de Dios y la intervención transformadora de su gracia hasta en la descripción de la genealogía de nuestro Señor y Salvador Jesucristo.
Al mismo tiempo, el capítulo treinta y ocho de Génesis afirma que la mano de Dios se estaba insertando en la vida de la familia de Jacob. La barca de ese modelo familiar se encontraba naufragando, pero Dios estaba insertando su mano para salvarla. Aun sin saberlo, Judá y José habían sido reclamados por Dios para devolver la homeostasis a esa familia.
Sabemos que Dios le había prometido a Abraham que en su simiente serían benditas todas las naciones de la tierra. El Todopoderoso le había prometido lo mismo a Isaac. Además, Dios le había dicho a Jacob que no lo dejaría hasta que se cumplieran esas promesas (Gén 28:14-15). No obstante, Jacob parecía estar a punto de tirar al suelo su confianza en esa promesa. Nunca olvidemos que Dios es fiel a su palabra.
“8 Sécase la hierba, marchítase la flor; mas la palabra del Dios nuestro permanece para siempre.” (Isa 40:8, RV1960)
La Biblia dice que el Todopoderoso es el Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob. No olvidemos que Él es nuestro Señor.
Además, consideremos que los hijos del pueblo de Israel usan un gentilicio muy particular. Ellos no son conocidos como los jacobinos, los “joseíticos”, los rubenitas, ni como los levitas. A ellos se les conoce como judíos: los descendientes de Judá. Ellos son los descendientes de uno que aprendió a aceptar sus errores, a pedir perdón, a reconocer la dignidad de la mujer y a aprender a interceder por aquellos que necesitan ser rescatados.
Es obvio que muchos miembros de ese pueblo no parecen seguir ese modelo. Sin embargo, nosotros, los cristianos, sabemos que somos hijos de Dios por virtud de un hombre judío, que nació en Belén de Judea y que decidió morir por nosotros en la cruz del Calvario. Es Jesucristo el que nos ha devuelto la dignidad como hijos del Padre y el que intercede por nosotros (Rom 8:34). Su nombre es Cristo, Rey de reyes y Señor de señores.
La buena noticia es que Dios nunca olvida sus promesas. Sabemos que Dios le había dicho a Jacob que no lo dejaría hasta haber cumplido lo que le había prometido (Gén 28:14-15). Así también Dios ha empeñado su palabra con nosotros, los que creemos en Él. Dios nos ha prometido que esas promesas son eternas.
“35 El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán.” (Mat 24:35)
Esta verdad bíblica sigue vigente para aquellos que aman al Señor. El Dios al que servimos ha prometido trascender nuestras malas decisiones y los resultados de estas para cumplir su propósito en nosotros. Aquél que puso por nosotros a su Hijo en la cruz del Calvario es fiel para ir por encima de la ausencia de liderato en nuestros hogares, por encima de nuestras debilidades, de nuestros desvaríos y de nuestros pecados. El Todopoderoso es fiel para devolver la homeostasis en nuestras familias para que seamos capaces de ver el cumplimiento de sus promesas.
Una de las virtudes que posee conocer estas dimensiones de las historias de estos patriarcas es que ellos continúan siendo nuestros héroes a pesar de sus debilidades. Esto hace aun más glorioso conocer que el Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob es nuestro Dios.
Nosotros sabemos que la Biblia dice que el Verbo se encarnó por nosotros para poner en acción la misericordia y la gracia necesaria para que podamos alcanzar el oportuno socorro. La invitación que Él nos hace es mucho más grande que la que le hizo a Jacob.
“16 Acerquémonos, pues, confiadamente al trono de la gracia, para alcanzar misericordia y hallar gracia para el oportuno socorro.” (Heb 4:16)
Continuaremos analizando el modelo de la familia de Jacob en nuestra próxima reflexión.
[1] Correspondencia que existe o se establece entre los elementos de dos conjuntos cuando, además de ser unívoca, es recíproca; es decir, cuando a cada elemento del segundo conjunto corresponde, sin ambigüedad, uno del primero. (https://dle.rae.es/correspondencia#1D8pSW5)
[2] Sacks, Jonathan. Genesis: The Book of Beginnings (Covenant & Conversation 1) (p. 200). Kindle Edition.
[3] Op. cit., pp. 199-202.
[4] Op. cit., p. 246.
[5] Vayikra Raba, 34:8. Citado por Jonathan Sacks en “Genesis: The Book of Beginnings…..”, pp.247-248.
[6] Op. cit., p. 248. Sacks cita aquí la nota central que Shakespeare escribe en la tragedia de Hamlet (Hamlet, III, 1, 85). Hay un buen resumen de esta obra en la siguiente dirección electrónica: https://www.biografiasyvidas.com/monografia/shakespeare/hamlet.htm.
[7] Estas frutas eran consideradas en esa época como afrodisiacas y promotoras de la fertilidad.
[8] Sacks, Jonathan, Op.cit., p.244.
[9] “yibbum” https://www.chabad.org/library/article_cdo/aid/558049/jewish/Levirate-Marriage-Yibbum-and-Chalitzah.htm
[10] El sello con el cordón (para marcar documentos) y el bastón (Gén 38:18).
[11] Sacks, Jonathan, Op.cit., p.262.
[12] Op.cit. p. 310.
Familias dirigidas por el Espíritu Santo: el análisis de la familia de Jacob -Parte III
“28 Estas son las doce tribus de Israel, y esto es lo que su padre dijo a sus hijos al despedirse de ellos. Los bendijo con un mensaje apropiado para cada uno. 29 Entonces Jacob les dio las siguientes instrucciones: «Yo moriré pronto y me uniré con mis antepasados. Entiérrenme junto con mi padre y mi abuelo en la cueva que está en el campo de Efrón el hitita. 30 Es la cueva del campo de Macpela, cerca de Mamre, en Canaán, la cual Abraham compró a Efrón el hitita como lugar de sepultura permanente. 31 Allí están enterrados Abraham y su esposa Sara; allí también están enterrados Isaac y su esposa Rebeca; y allí enterré a Lea. 32 Es la parcela de tierra y la cueva que mi abuelo Abraham les compró a los hititas». 33 Cuando Jacob terminó de dar este encargo a sus hijos, metió los pies en la cama, dio su último suspiro y se reunió con sus antepasados al morir.” (Gén 49:28-33, NTV)
Nuestra reflexión anterior nos ofreció la oportunidad de comenzar a analizar detenidamente el modelo de familia de Jacob. Un detalle singular que destacamos en esa reflexión es que este patriarca no parecía inclinado a considerar ni a admitir sus incapacidades. En esa reflexión revisamos algunos instantes en los que hombres de Dios decidieron reconocer esto último y cómo Dios insertó su mano para ayudarlos. Vimos en esa reflexión que es esencial aprender a reconocer nuestras incapacidades para poder ser capaces de manejar las crisis que enfrentamos en la vida.
Encontramos otro ejemplo de esto en unas expresiones del salmista.
“12 Porque me han rodeado males sin número; Me han alcanzado mis maldades, y no puedo levantar la vista. Se han aumentado más que los cabellos de mi cabeza, y mi corazón me falla.” (Sal 40:12, RV1960)
Es glorioso que el salmista concluye este salmo con una palabra de esperanza.
“16 Gócense y alégrense en ti todos los que te buscan, Y digan siempre los que aman tu salvación: Jehová sea enaltecido. 17 Aunque afligido yo y necesitado, Jehová pensará en mí. Mi ayuda y mi libertador eres tú; Dios mío, no te tardes.” (vv. 16-17)
Encontramos otro ejemplo en el Salmo 69.
“1 Sálvame, oh Dios, Porque las aguas han entrado hasta el alma. 2 Estoy hundido en cieno profundo, donde no puedo hacer pie; He venido a abismos de aguas, y la corriente me ha anegado.” (Sal 69:1-2)
La Biblia dice que Dios le respondió a este escritor y que este fue capaz de concluir este salmo con expresiones que describen la gracia y la misericordia del Eterno.
“32 Lo verán los oprimidos, y se gozarán. Buscad a Dios, y vivirá vuestro corazón, 33 Porque Jehová oye a los menesterosos, Y no menosprecia a sus prisioneros. 34 Alábenle los cielos y la tierra, Los mares, y todo lo que se mueve en ellos. 35 Porque Dios salvará a Sion, y reedificará las ciudades de Judá; Y habitarán allí, y la poseerán. 36 La descendencia de sus siervos la heredará, Y los que aman su nombre habitarán en ella.” (vv. 32-36)
Destacamos esto porque no observamos expresiones de este tipo en las narrativas bíblicas acerca de Jacob, aun cuando su modelo familiar estaba naufragando.
Es Jonathan Sacks el que nos recuerda que la historia de la familia de Jacob es un preludio esencial para el Libro de Éxodo y para el pacto que Dios hace con su Pueblo. El análisis de esa historia, la del Éxodo, nos coloca ante la necesidad de aceptar que este es un pacto basado en la correspondencia biunívoca[1] entre el amor y la justicia. Sacks plantea que el amor es ciego cuando es separado de la justicia y que la justicia es impersonal cuando es separada del amor. Esto es lo mismo que encontramos en las historias de Jacob, de sus esposas y sus hijos. Sacks afirma que esas narrativas destacan que el amor no es suficiente, que necesita estar acompañado de la justicia y la equidad respecto a cómo es que nuestros sentimientos impactan a los demás.[2] Las historias que encontramos en el segundo libro de la Biblia están repletas de situaciones en las que estas dos (2) virtudes están en juego.
Sacks añade que las conclusiones que ofrecen las narrativas bíblicas acerca de Jacob incluyen el que Lea, la menos amada, fuera la seleccionada por Dios para darle a Israel las tribus de Leví y de Judá.[3] De la primera emergen los sacerdotes. De la segunda, los reyes de Judá, David y Cristo el Señor. Esto puede ser interpretado como que la justicia de Dios premió a Lea.
Estamos convencidos de que Jacob experimentó un desbalance entre estas dos (2) virtudes: el amor y la justicia. Esto aumentó significativamente luego de las tres (3) pérdidas que él había sufrido: Débora, Raquel e Isaac. El análisis de estas fue realizado en la reflexión anterior. Esto lo condujo a experimentar una serie de crisis muy serias en su familia; algunas de ellas catastróficas.
Un ejemplo de las crisis que Jacob enfrentó lo encontramos en los versos bíblicos que narran las historias acerca del hijo mayor de Jacob: Rubén. Los textos bíblicos dicen que Rubén no parecía comportarse como el primogénito de la familia de Jacob. Las narrativas bíblicas parecen colocarlo batallando con el sistema familiar mientras intentaba llenar las expectativas que se tenían de él como el primogénito de esa familia.
Por un lado, encontramos características positivas en Rubén. Por ejemplo, sabemos que él fue el único que protestó cuando sus hermanos entramparon a José. La Biblia dice que Rubén fue el único que intentó salvarlo de esa tragedia.
“21 Cuando Rubén oyó esto, lo libró de sus manos, y dijo: No lo matemos. 22 Y les dijo Rubén: No derraméis sangre; echadlo en esta cisterna que está en el desierto, y no pongáis mano en él; por librarlo así de sus manos, para hacerlo volver a su padre. 23 Sucedió, pues, que cuando llegó José a sus hermanos, ellos quitaron a José su túnica, la túnica de colores que tenía sobre sí; 24 y le tomaron y le echaron en la cisterna; pero la cisterna estaba vacía, no había en ella agua. 25 Y se sentaron a comer pan; y alzando los ojos miraron, y he aquí una compañía de ismaelitas que venía de Galaad, y sus camellos traían aromas, bálsamo y mirra, e iban a llevarlo a Egipto. 26 Entonces Judá dijo a sus hermanos: ¿Qué provecho hay en que matemos a nuestro hermano y encubramos su muerte? 27 Venid, y vendámosle a los ismaelitas, y no sea nuestra mano sobre él; porque él es nuestro hermano, nuestra propia carne. Y sus hermanos convinieron con él. 28 Y cuando pasaban los madianitas mercaderes, sacaron ellos a José de la cisterna, y le trajeron arriba, y le vendieron a los ismaelitas por veinte piezas de plata. Y llevaron a José a Egipto. 29 Después Rubén volvió a la cisterna, y no halló a José dentro, y rasgó sus vestidos. 30 Y volvió a sus hermanos, y dijo: El joven no parece; y yo, ¿adónde iré yo?”
(Gén 37:21-30)
“30 Luego volvió a donde estaban sus hermanos, y les dijo: —¡El muchacho ya no está! ¿Ahora qué voy a hacer?” (DHH)
Jonathan Sacks señala que es muy raro que la Torah (el Pentateuco, los primeros cinco (5) libros de la Biblia) describa los pensamientos de alguien[4]. En este pasaje vemos una de esas rarezas. Sacks también señala que los sabios de Israel se preguntaban lo siguiente acerca de este hijo de Jacob:
“Si Rubén hubiera sabido que el Santo, bendito sea, escribiría sobre él: «Y Rubén oyó y lo libró de sus manos», habría cargado a José sobre sus hombros y lo habría llevado de regreso a su padre. Esta es una afirmación profundamente desconcertante. ¿Realmente necesitaba Rubén la aprobación del Cielo para hacer lo correcto? ¿Necesitaba la aprobación de Dios antes de rescatar a su hermano? Sin embargo, como veremos, esto contiene la clave esencial sobre el carácter de Rubén. Nos dice qué se interpone entre lo que pudo haber sido y lo que fue.” [5] (traducción libre).
Interpretaciones como estas llevaron a Sacks a calificar a Rubén como el Hamlet del Génesis: uno en el que “el color natural de la resolución se enferma con el pálido tinte del pensamiento”[6] (traducción libre). Sacks añade que las intenciones de Rubén eran buenas, se preocupaba, pensaba correctamente, pero no era capaz de llevar a cabo las acciones correctas: le faltaba carácter.
Otra característica positiva que encontramos acerca de Rubén es que la Biblia describe que en otra ocasión este se encontraba en el campo recogiendo unas mandrágoras (Gén 30:14-16). La Biblia dice allí que su primer pensamiento no fue egoísta; él pensó en el provecho que su madre podría sacar de esas frutas.[7]
Sin embargo, es el incidente con Bilha, una de las concubinas de Jacob, lo que lo marcó para la posteridad y lo alejó del resto de la familia.
“22 Aconteció que cuando moraba Israel en aquella tierra, fue Rubén y durmió con Bilha la concubina de su padre; lo cual llegó a saber Israel. Ahora bien, los hijos de Israel fueron doce:” (Gén 35:22, RV1960)
Sacks señala que el Rashi, un comentario bíblico judío del siglo doce (12), trata de suavizar esa historia. Este comentario afirma que Rubén no fue capaz de soportar que Jacob escogiera ir a dormir a la tienda de Bilha luego de la muerte de Raquel. Para él, dice el Rashi, esto era una ofensa directa para su madre, Lea. Este comentario del medioevo dice que esto provocó que Rubén moviera el lecho de Jacob de la tienda de Bilha para la tienda de Lea; procurando que su padre le concediera a Lea el lugar que le correspondía como única esposa. El Rashi dice que esta acción fue malinterpretada por Jacob.
Si Rubén cometió el pecado del que se le acusó o si Jacob malinterpretó esa acción, la verdad es que esta tragedia persiguió a Rubén durante toda su vida. De hecho, Jonathan Sacks destaca que las expresiones que Jacob utiliza al final de sus días para bendecir a Rubén describen esa historia como un problema de carácter; un problema que poseía el primogénito de Jacob.
“» Rubén, tú eres mi hijo mayor, mi fuerza, el hijo de mi juventud vigorosa. Tú eres el primero en rango y el primero en potencia. 4 Pero eres tan impetuoso como una inundación, y ya no serás más el primero. Pues te acostaste con mi esposa; deshonraste mi cama matrimonial.” (Gén 49:3-4, NTV)
Estamos convencidos de que la homeostasis de la familia de Jacob se perdió cuando este patriarca perdió la capacidad de ser el instrumento de cohesión entre los suyos. A partir de ese instante solo un milagro de parte del Señor podía devolver el equilibrio a esa familia.
El problema no termina aquí. La Biblia describe otros conflictos inmencionables y múltiples desaciertos que surgieron entre estas crisis para luego darnos a conocer llegada de las soluciones celestiales. Tenemos un ejemplo de esto en la historia bíblica acerca de Judá y de su nuera Tamar: una figura misteriosa, “un paradigma de sensibilidad moral y de valentía.”[8] (Gén 38:1-30). Esta historia está revestida de una importancia muy particular toda vez que es de la descendencia de Judá y de Fares que nacen David y nuestro Señor Jesucristo, el Salvador del mundo.
De entrada, la historia bíblica que aparece en el capítulo treinta y ocho (38) del Libro de Génesis no parece formar parte de la secuencia de las narrativas bíblicas acerca de José. La saga de José (Gén 37 al 50) es interrumpida para explicar la historia de lo que ocurrió con Judá. Muchos exégetas están convencidos de que esta debió haber sido intercalada en esa saga durante el proceso de la edición final del Libro de Génesis. En cambio, muchos exégetas judíos no apoyan esa conclusión. Estos explican que ese capítulo es esencial para que podamos ser capaces de entender las reacciones y las transformaciones que años más tarde observamos en Judá, cuando este decide interceder por su hermano Benjamín.
Veamos cómo describe la Biblia ese evento.
“14 Cuando Judá y sus hermanos llegaron a la casa de José, él todavía estaba ahí. Entonces ellos se postraron rostro en tierra ante él. 15 José les dijo: —¿Por qué hicieron eso? ¿Acaso no saben que un hombre como yo puede adivinar las cosas? 16 Judá dijo: —Señor, ¡no hay nada que le podamos decir! No tenemos manera de explicar. No hay forma de mostrarle que somos inocentes. Dios nos juzgó culpables por otra cosa que hicimos. Entonces, todos nosotros seremos sus esclavos, incluso el que fue encontrado con la copa. 17 Entonces José dijo: —¡No haré que todos sean mis esclavos! Sólo el hombre que robó mi copa será mi esclavo, los demás se pueden ir en paz a donde está su papá.18 Pero Judá se acercó a José y le dijo: —Señor, le ruego que me deje decirle algo sin que se moleste. Yo sé que usted es como si fuera el faraón. 19 Cuando estuvimos aquí antes, usted nos preguntó: “¿Tienen papá u otro hermano?” 20 Y nosotros respondimos: “Tenemos un papá muy viejo y un hermano menor que nació cuando nuestro papá era ya un anciano. El hermano de nuestro hermano menor ya murió y él es el único hijo de su mamá que queda vivo, por eso nuestro papá lo quiere mucho”. 21 Luego usted nos dijo a nosotros, sus siervos: “Tráiganmelo y déjenme verlo”. 22 Pero nosotros le dijimos: “El muchacho no puede alejarse del lado de su papá porque si lo hace su papá morirá”. 23 Luego usted nos dijo a nosotros, sus siervos: “Si su hermano menor no viene con ustedes, nunca me volverán a ver”. 24 Entonces volvimos a donde vive nuestro papá y le contamos lo que usted nos había dicho. 25 »Después papá nos dijo: “Vuelvan allá y compren más comida para todos”. 26 Pero nosotros le dijimos: “No podemos ir allá. Sólo iremos si nuestro hermano menor va con nosotros. No podemos verle la cara a ese hombre a menos que nuestro hermano vaya con nosotros”. 27 Luego nuestro papá dijo: “Ustedes saben que mi esposa dio a luz a dos de mis hijos. 28 Uno de ellos me dejó y lo despedazó un animal salvaje, nunca más lo volví a ver. 29 Si también se llevan a este hijo y algo le llegara a pasar, este viejo moriría de tristeza”. 30 Por lo tanto, si llego a regresar sin mi hermano a donde está mi papá, y puesto que él es tan importante para mi papá, 31 cuando vea que el muchacho no viene conmigo, morirá. Y nosotros tendremos que enterrar a papá hecho un pobre viejo lleno de tristeza. 32 »Yo le garanticé a papá que le llevaría de regreso al muchacho. Le dije: “Si no te lo traigo de regreso, puedes culparme toda la vida”. 33 Por lo tanto, le ruego que me deje ser su esclavo a cambio del muchacho, y deje que él se vaya con sus otros hermanos. 34 No puedo regresar a donde está mi papá si el muchacho no está conmigo. Me daría miedo ver el sufrimiento que se apoderaría de mi papá.” (Gén 44:14-34, PDT)
Analizaremos en detalle esta narrativa bíblica en nuestras próximas reflexiones. Esto es, cuando estemos analizando las crisis que enfrentó José. Ahora bien, el Judá que observamos en la porción bíblica que acabamos de compartir no parece ser la misma persona que sugirió vender a José su hermano.
“26 Entonces Judá dijo a sus hermanos: ¿Qué provecho hay en que matemos a nuestro hermano y encubramos su muerte? 27 Venid, y vendámosle a los ismaelitas, y no sea nuestra mano sobre él; porque él es nuestro hermano, nuestra propia carne. Y sus hermanos convinieron con él.” (Gén 37:26-27)
El cuarto hijo de Jacob que aparece en el capítulo 44 de Génesis es un hombre arrepentido de las cosas que hizo en el pasado. Él no parece ser el mismo personaje que sugirió vender como esclavo a José. Es por esto que tenemos que preguntarnos lo siguiente: ¿cuándo fue que Judá aprendió a pedir perdón y a interceder por otros? Repetimos la pregunta: ¿en dónde fue que él aprendió a pedir perdón y a interceder por los demás? La respuesta a esa pregunta la encontramos en el capítulo treinta y ocho (38) del Libro de Génesis. Encontrar la respuesta a esta pregunta nos proveerá esperanza. El Señor puede hacer lo mismo en aquellas familias en las que los padres no saben admitir sus incapacidades ni pedir perdón.
Todos los pasajes bíblicos necesitan ser analizados utilizando los “lentes” de la época en que ocurrieron los eventos que estos describen. No hay otra manera responsable de hacerlo. Este pasaje bíblico lo requiere aún más. Esa narrativa bíblica describe que Judá se casó con una mujer cananea (Súa, Gén 38:2) y que tuvo tres (3) hijos con ella; Er, Onán y Sela (vv. 3-5). Ese pasaje también nos dice que Er se casó con Tamar y que él fue malo ante los ojos del Señor, al punto que Dios hizo que se muriera (v.6, PDT).
Todo esto ocurrió en una época en las que las mujeres no tenían valor alguno, que eran consideradas como propiedad de sus esposos y que su función principal era la de producir descendientes. A tenor con esto, se estableció la regla del levirato.[9] Esta era una instrucción que procuraba que las mujeres que habían enviudado pudieran tener relaciones sexuales con uno de los varones de la familia de su esposo con el fin de que pudieran producir descendientes y que el nombre del fallecido no desapareciera de la historia de Israel. En otras palabras, que la prioridad no era la de proteger a esas mujeres. La prioridad era honrar el nombre del hombre fallecido.
“5 Cuando hermanos habitaren juntos, y muriere alguno de ellos, y no tuviere hijo, la mujer del muerto no se casará fuera con hombre extraño; su cuñado se llegará a ella, y la tomará por su mujer, y hará con ella parentesco. 6 Y el primogénito que ella diere a luz sucederá en el nombre de su hermano muerto, para que el nombre de éste no sea borrado de Israel.” (Det 25:5-6)
Esa narrativa bíblica describe que la muerte de Er provocó que Judá le diera instrucciones a Onán para que cumpliera con esa regla. La Biblia dice que Onán no obedeció esa instrucción y que decidió aprovecharse de Tamar. Este pasaje bíblico dice que esto le costó la vida al segundo hijo de Judá. Por otro lado, Sela, el hijo menor de Judá, era muy joven para recibir la misma instrucción. El pasaje señala que es por eso que Judá le dijo a su nuera que permaneciera como viuda en la casa de sus padres hasta que Sela creciera. Una nota editorial que incluye el escritor del Libro de Génesis destaca que Judá tenía muchos temores que le impedían cumplir con esa promesa (v. 11).
El pasaje continúa describiendo cómo es que Tamar desarrolla una estrategia para quedar embarazada de su suegro. Muchos biblistas destacan que Tamar decidió negarse a no ser una persona; ella no toleraba ser un ser humano sin posición y sin poder. Ella sabía que esta estrategia le podía costar la vida. Es por eso que ella decidió quedarse con artículos muy personales de Judá,[10]de modo que estos lo pudieran identificar si ella quedaba embarazada y que probarían que él era el padre de sus criaturas (vv. 13– 25).
El pasaje bíblico señala que ella quedó embarazada y su suegro, al saberlo, ordenó que la apedrearan pensando que Tamar se había prostituido. El pasaje destaca que, entre otras cosas, ella decidió utilizar intermediarios para la confrontación con Judá, para no avergonzarlo en público. Sólo Judá sabía que esas prendas eran suyas (v. 26).
Las enseñanzas que esa historia bíblica nos ofrece trascienden las experiencias y las tragedias provocadas por la cultura de esa época. La historia que narra ese capítulo describe que Judá comprendió que le había faltado a la dignidad de Tamar y que la ausencia de dignidad es similar a la ausencia de la vida[11]. Esto llevó a Judá convertirse en la primera persona que pide perdón en el libro de Génesis.
“26 Judá los reconoció y declaró: «Su conducta es más justa que la mía, pues yo no la di por esposa a mi hijo Selá». Y no volvió a acostarse con ella.” (Gén 38:26, NVI)
Regresemos a la historia de José. Jonathan Sacks dice que el proceso que José puso en acción antes de revelarle a sus hermanos que él era aquél que ellos habían vendido como esclavo, proveyó espacios para probar varias cosas. Una de estos, la oportunidad para que Judá demostrara que se había convertido en algo que Sacks llama “ba’alei teshuva”; maestro del arrepentimiento, uno que es capaz de aprender de y de crecer a través de los errores que había cometido.[12] Ese momento sirvió para demostrar que Judá había sido experimentado una transformación.
Esta historia bíblica abre la puerta para otros escenarios y otras dimensiones interpretativas. Hemos señalado que de la tribu de Judá nacen los reyes del reino de Judá. Entre ellos encontramos a David, el dulce cantor de Israel (2 Sam 23:1) y por consiguiente, nace Cristo nuestro Señor. Sin embargo, un dato que no hemos señalado es que Tamar forma parte de la genealogía de nuestro Salvador.
“3 Judá engendró de Tamar a Fares y a Zara, Fares a Esrom, y Esrom a Aram…..15 Eliud engendró a Eleazar, Eleazar a Matán, Matán a Jacob; 16 y Jacob engendró a José, marido de María, de la cual nació Jesús, llamado el Cristo.” (Mat 1:3, 15-16)
En otras palabras, que la intervención de la mano del Señor transformó una historia en la que se concatenaron tragedias, abusos, mentiras, odio y rencor, en una de misericordia y de la inserción de la gracia de Dios. Es de sumo gozo poder proclamar que el Evangelio predica el amor redentor de Dios y la intervención transformadora de su gracia hasta en la descripción de la genealogía de nuestro Señor y Salvador Jesucristo.
Al mismo tiempo, el capítulo treinta y ocho de Génesis afirma que la mano de Dios se estaba insertando en la vida de la familia de Jacob. La barca de ese modelo familiar se encontraba naufragando, pero Dios estaba insertando su mano para salvarla. Aun sin saberlo, Judá y José habían sido reclamados por Dios para devolver la homeostasis a esa familia.
Sabemos que Dios le había prometido a Abraham que en su simiente serían benditas todas las naciones de la tierra. El Todopoderoso le había prometido lo mismo a Isaac. Además, Dios le había dicho a Jacob que no lo dejaría hasta que se cumplieran esas promesas (Gén 28:14-15). No obstante, Jacob parecía estar a punto de tirar al suelo su confianza en esa promesa. Nunca olvidemos que Dios es fiel a su palabra.
“8 Sécase la hierba, marchítase la flor; mas la palabra del Dios nuestro permanece para siempre.” (Isa 40:8, RV1960)
La Biblia dice que el Todopoderoso es el Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob. No olvidemos que Él es nuestro Señor.
Además, consideremos que los hijos del pueblo de Israel usan un gentilicio muy particular. Ellos no son conocidos como los jacobinos, los “joseíticos”, los rubenitas, ni como los levitas. A ellos se les conoce como judíos: los descendientes de Judá. Ellos son los descendientes de uno que aprendió a aceptar sus errores, a pedir perdón, a reconocer la dignidad de la mujer y a aprender a interceder por aquellos que necesitan ser rescatados.
Es obvio que muchos miembros de ese pueblo no parecen seguir ese modelo. Sin embargo, nosotros, los cristianos, sabemos que somos hijos de Dios por virtud de un hombre judío, que nació en Belén de Judea y que decidió morir por nosotros en la cruz del Calvario. Es Jesucristo el que nos ha devuelto la dignidad como hijos del Padre y el que intercede por nosotros (Rom 8:34). Su nombre es Cristo, Rey de reyes y Señor de señores.
La buena noticia es que Dios nunca olvida sus promesas. Sabemos que Dios le había dicho a Jacob que no lo dejaría hasta haber cumplido lo que le había prometido (Gén 28:14-15). Así también Dios ha empeñado su palabra con nosotros, los que creemos en Él. Dios nos ha prometido que esas promesas son eternas.
“35 El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán.” (Mat 24:35)
Esta verdad bíblica sigue vigente para aquellos que aman al Señor. El Dios al que servimos ha prometido trascender nuestras malas decisiones y los resultados de estas para cumplir su propósito en nosotros. Aquél que puso por nosotros a su Hijo en la cruz del Calvario es fiel para ir por encima de la ausencia de liderato en nuestros hogares, por encima de nuestras debilidades, de nuestros desvaríos y de nuestros pecados. El Todopoderoso es fiel para devolver la homeostasis en nuestras familias para que seamos capaces de ver el cumplimiento de sus promesas.
Una de las virtudes que posee conocer estas dimensiones de las historias de estos patriarcas es que ellos continúan siendo nuestros héroes a pesar de sus debilidades. Esto hace aun más glorioso conocer que el Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob es nuestro Dios.
Nosotros sabemos que la Biblia dice que el Verbo se encarnó por nosotros para poner en acción la misericordia y la gracia necesaria para que podamos alcanzar el oportuno socorro. La invitación que Él nos hace es mucho más grande que la que le hizo a Jacob.
“16 Acerquémonos, pues, confiadamente al trono de la gracia, para alcanzar misericordia y hallar gracia para el oportuno socorro.” (Heb 4:16)
Continuaremos analizando el modelo de la familia de Jacob en nuestra próxima reflexión.
[1] Correspondencia que existe o se establece entre los elementos de dos conjuntos cuando, además de ser unívoca, es recíproca; es decir, cuando a cada elemento del segundo conjunto corresponde, sin ambigüedad, uno del primero. (https://dle.rae.es/correspondencia#1D8pSW5)
[2] Sacks, Jonathan. Genesis: The Book of Beginnings (Covenant & Conversation 1) (p. 200). Kindle Edition.
[3] Op. cit., pp. 199-202.
[4] Op. cit., p. 246.
[5] Vayikra Raba, 34:8. Citado por Jonathan Sacks en “Genesis: The Book of Beginnings…..”, pp.247-248.
[6] Op. cit., p. 248. Sacks cita aquí la nota central que Shakespeare escribe en la tragedia de Hamlet (Hamlet, III, 1, 85). Hay un buen resumen de esta obra en la siguiente dirección electrónica: https://www.biografiasyvidas.com/monografia/shakespeare/hamlet.htm.
[7] Estas frutas eran consideradas en esa época como afrodisiacas y promotoras de la fertilidad.
[8] Sacks, Jonathan, Op.cit., p.244.
[9] “yibbum” https://www.chabad.org/library/article_cdo/aid/558049/jewish/Levirate-Marriage-Yibbum-and-Chalitzah.htm
[10] El sello con el cordón (para marcar documentos) y el bastón (Gén 38:18).
[11] Sacks, Jonathan, Op.cit., p.262.
[12] Op.cit. p. 310.
Categories
Archive
2026
January
1038 • El Heraldo Digital – Institucional • Volumen XVII • 4 de enero del 20261039 • El Heraldo Digital – Institucional • Volumen XVII • 11 de enero del 20261040 • El Heraldo Digital – Institucional • Volumen XVII • 18 de enero del 20261041 • El Heraldo Digital – Institucional • Volumen XVII • 25 de enero del 2026
February
1042 • El Heraldo Digital – Institucional • Volumen XVII • 1 de febrero del 20261043 • El Heraldo Digital – Institucional • Volumen XVII • 8 de febrero del 20261044 • El Heraldo Digital – Institucional • Volumen XVII • 15 de febrero del 20261045 • El Heraldo Digital – Institucional • Volumen XVII • 22 de febrero del 2026
2025
January
986 • El Heraldo Digital – Institucional • Volumen XVII • 5 de enero del 2025987 • El Heraldo Digital – Institucional • Volumen XVII • 12 de enero del 2025988 • El Heraldo Digital – Institucional • Volumen XVII • 19 de enero del 2025989 • El Heraldo Digital – Institucional • Volumen XVII • 26 de enero del 2025
February
990 • El Heraldo Digital – Institucional • Volumen XVII • 2 de febrero del 2025991 • El Heraldo Digital – Institucional • Volumen XVII • 9 de febrero del 2025992 • El Heraldo Digital – Institucional • Volumen XVII • 16 de febrero del 2025993 • El Heraldo Digital – Institucional • Volumen XVII • 23 de febrero del 2025
March
994 • El Heraldo Digital – Institucional • Volumen XVII • 2 de marzo del 2025995 • El Heraldo Digital – Institucional • Volumen XVII • 9 de marzo del 2025996 • El Heraldo Digital – Institucional • Volumen XVII • 16 de marzo del 2025997 • El Heraldo Digital – Institucional • Volumen XVII • 23 de marzo del 2025998 • El Heraldo Digital – Institucional • Volumen XVII • 30 de marzo del 2025
April
999 • El Heraldo Digital – Institucional • Volumen XVII • 6 de abril del 20251000 • El Heraldo Digital – Institucional • Volumen XVII • 13 de abril del 20251001 • El Heraldo Digital – Institucional • Volumen XVII • 20 de abril del 20251002 • El Heraldo Digital – Institucional • Volumen XVII • 27 de abril del 2025
May
1003 • El Heraldo Digital – Institucional • Volumen XVII • 4 de mayo del 20251004 • El Heraldo Digital – Institucional • Volumen XVII • 11 de mayo del 20251005 • El Heraldo Digital – Institucional • Volumen XVII • 18 de mayo del 20251006 • El Heraldo Digital – Institucional • Volumen XVII • 25 de mayo del 2025
June
1007 • El Heraldo Digital – Institucional • Volumen XVII • 1 de junio del 20251008 • El Heraldo Digital – Institucional • Volumen XVII • 8 de junio del 20251009 • El Heraldo Digital – Institucional • Volumen XVII • 15 de junio del 20251010 • El Heraldo Digital – Institucional • Volumen XVII • 22 de junio del 20251011 • El Heraldo Digital – Institucional • Volumen XVII • 29 de junio del 2025
July
1012 • El Heraldo Digital – Institucional • Volumen XVII • 6 de julio del 20251013 • El Heraldo Digital – Institucional • Volumen XVII • 13 de julio del 20251014 • El Heraldo Digital – Institucional • Volumen XVII • 20 de julio del 20251015 • El Heraldo Digital – Institucional • Volumen XVII • 27 de julio del 2025
August
1016 • El Heraldo Digital – Institucional • Volumen XVII • 3 de agosto del 20251017 • El Heraldo Digital – Institucional • Volumen XVII • 10 de agosto del 20251018 • El Heraldo Digital – Institucional • Volumen XVII • 17 de agosto del 20251019 • El Heraldo Digital – Institucional • Volumen XVII • 24 de agosto del 20251020 • El Heraldo Digital – Institucional • Volumen XVII • 31 de agosto del 2025
September
1021 • El Heraldo Digital – Institucional • Volumen XVII • 7 de septiembre del 20251022 • El Heraldo Digital – Institucional • Volumen XVII • 14 de septiembre del 20251023 • El Heraldo Digital – Institucional • Volumen XVII • 21 de septiembre del 20251024 • El Heraldo Digital – Institucional • Volumen XVII • 28 de septiembre del 2025
October
1025 • El Heraldo Digital – Institucional • Volumen XVII • 5 de octubre del 20251026 • El Heraldo Digital – Institucional • Volumen XVII • 12 de octubre del 20251027 • El Heraldo Digital – Institucional • Volumen XVII • 19 de octubre del 20251028 • El Heraldo Digital – Institucional • Volumen XVII • 26 de octubre del 2025
November
1029 • El Heraldo Digital – Institucional • Volumen XVII • 2 de noviembre del 20251030 • El Heraldo Digital – Institucional • Volumen XVII • 9 de noviembre del 20251031 • El Heraldo Digital – Institucional • Volumen XVII • 16 de noviembre del 20251032 • El Heraldo Digital – Institucional • Volumen XVII • 23 de noviembre del 20251033 • El Heraldo Digital – Institucional • Volumen XVII • 30 de noviembre del 2025
December
1034 • El Heraldo Digital – Institucional • Volumen XVII • 7 de diciembre del 20251035 • El Heraldo Digital – Institucional • Volumen XVII • 14 de diciembre del 20251036 • El Heraldo Digital – Institucional • Volumen XVII • 21 de diciembre del 20251037 • El Heraldo Digital – Institucional • Volumen XVII • 28 de diciembre del 2025
2024
January
934 • El Heraldo Digital – Institucional • Volumen XVII • 7 de enero del 2024935 • El Heraldo Digital – Institucional • Volumen XVII • 14 de enero del 2024936 • El Heraldo Digital – Institucional • Volumen XVII • 21 de enero del 2024937 • El Heraldo Digital – Institucional • Volumen XVII • 28 de enero del 2024
February
938 • El Heraldo Digital – Institucional • Volumen XVII • 4 de febrero del 2024939 • El Heraldo Digital – Institucional • Volumen XVII • 11 de febrero del 2024940 • El Heraldo Digital – Institucional • Volumen XVII • 18 de febrero del 2024941 • El Heraldo Digital – Institucional • Volumen XVII • 25 de febrero del 2024
March
942 • El Heraldo Digital – Institucional • Volumen XVII • 3 de marzo del 2024943 • El Heraldo Digital – Institucional • Volumen XVII • 10 de marzo del 2024944 • El Heraldo Digital – Institucional • Volumen XVII • 17 de marzo del 2024945 • El Heraldo Digital – Institucional • Volumen XVII • 24 de marzo del 2024946 • El Heraldo Digital – Institucional • Volumen XVII • 31 de marzo del 2024
April
947 • El Heraldo Digital – Institucional • Volumen XVII • 7 de abril del 2024948 • El Heraldo Digital – Institucional • Volumen XVII • 14 de abril del 2024949 • El Heraldo Digital – Institucional • Volumen XVII • 21 de abril del 2024950 • El Heraldo Digital – Institucional • Volumen XVII • 28 de abril del 2024
May
951 • El Heraldo Digital – Institucional • Volumen XVII • 5 de mayo del 2024952 • El Heraldo Digital – Institucional • Volumen XVII • 12 de mayo del 2024953 • El Heraldo Digital – Institucional • Volumen XVII • 19 de mayo del 2024954 • El Heraldo Digital – Institucional • Volumen XVII • 26 de mayo del 2024
June
955 • El Heraldo Digital – Institucional • Volumen XVII • 2 de junio del 2024956 • El Heraldo Digital – Institucional • Volumen XVII • 9 de junio del 2024957 • El Heraldo Digital – Institucional • Volumen XVII • 16 de junio del 2024958 • El Heraldo Digital – Institucional • Volumen XVII • 23 de junio del 2024959 • El Heraldo Digital – Institucional • Volumen XVII • 30 de junio del 2024
July
960 • El Heraldo Digital – Institucional • Volumen XVII • 7 de julio del 2024961 • El Heraldo Digital – Institucional • Volumen XVII • 14 de julio del 2024962 • El Heraldo Digital – Institucional • Volumen XVII • 21 de julio del 2024963 • El Heraldo Digital – Institucional • Volumen XVII • 28 de julio del 2024Nota pastoral editorial sobre los actos de apertura de los Juegos Olímpicos París 2024
August
964 • El Heraldo Digital – Institucional • Volumen XVII • 4 de agosto del 2024965 • El Heraldo Digital – Institucional • Volumen XVII • 11 de agosto del 2024966 • El Heraldo Digital – Institucional • Volumen XVII • 18 de agosto del 2024967 • El Heraldo Digital – Institucional • Volumen XVII • 25 de agosto del 2024
Recent
1048 • El Heraldo Digital – Institucional • Volumen XVII • 15 de marzo del 2026
March 15th, 2026
1047 • El Heraldo Digital – Institucional • Volumen XVII • 8 de marzo del 2026
March 8th, 2026
1046 • El Heraldo Digital – Institucional • Volumen XVII • 1 de marzo del 2026
March 1st, 2026
1045 • El Heraldo Digital – Institucional • Volumen XVII • 22 de febrero del 2026
February 22nd, 2026
1044 • El Heraldo Digital – Institucional • Volumen XVII • 15 de febrero del 2026
February 15th, 2026
Tags
#vidaamec
AUTOR: MIZRAIM ESQUILIN GARCIA
AUTOR: PASTOR MJ
Editorial AMEC-CDA
Editorial Pastoral
Efesios
El Heraldo
Epistolas Paulinas
Heraldo Digital
Heraldo
Isaias
MIsiones
Navidad 2022
Notas del Pastor MJ
Pastor Mizraim Esquilin
SALMO 23
SALMO 91
SERIE: ALABANZAS PARA EL ALMA: ORACIONES
SERIE: DIOS NOS HABLA EN MEDIO DE LAS CRISIS
SERIE: EL ARCA DEL PACTO
SERIE: EL EXODO - LA VIDA DESPUES DE LAS PLAGAS
SERIE: ENSEÑANZAS EN LA CUEVA
SERIE: ENTRE EL MAR Y LA TIERRA PROMETIDA
SERIE: LOS ANGELES DE DIOS
Serie: El mensaje del profeta IsaÃas
Serie: La Agenda de la Transformación
Serie: La Carta a los Efesios
VidaAMEC
Volumen XVI
Volumen XV
mundo post-COVID

No Comments