1063 • El Heraldo Digital – Institucional • Volumen XVII • 28 de junio del 2026

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Familias dirigidas por el Espíritu Santo: el análisis de la familia de Jacob - Parte XIV


“1 Aconteció después de estas cosas, que el copero del rey de Egipto y el panadero delinquieron contra su señor el rey de Egipto. 2 Y se enojó Faraón contra sus dos oficiales, contra el jefe de los coperos y contra el jefe de los panaderos, 3 y los puso en prisión en la casa del capitán de la guardia, en la cárcel donde José estaba preso. 4 Y el capitán de la guardia encargó de ellos a José, y él les servía; y estuvieron días en la prisión. 5 Y ambos, el copero y el panadero del rey de Egipto, que estaban arrestados en la prisión, tuvieron un sueño, cada uno su propio sueño en una misma noche, cada uno con su propio significado. 6 Vino a ellos José por la mañana, y los miró, y he aquí que estaban tristes. 7 Y él preguntó a aquellos oficiales de Faraón, que estaban con él en la prisión de la casa de su señor, diciendo: ¿Por qué parecen hoy mal vuestros semblantes? 8 Ellos le dijeron: Hemos tenido un sueño, y no hay quien lo interprete. Entonces les dijo José: ¿No son de Dios las interpretaciones? Contádmelo ahora.”  (Gén 40:1-8, RV1960)

La reflexión anterior fue dedicada al análisis de los procesos reflexivos por los que José debió haber atravesado mientras estaba en la cárcel. En esa reflexión consideramos que José debió haber repasado lo siguiente:

  • la presencia evidente de Dios sobre su vida y sobre ese lugar.
  • su historia: acompasado por las tradiciones orales milenarias que acompañan al pueblo de Israel desde la época de sus patriarcas.
  • el desarrollo y la transformación de su vida de oración.
  • cómo aprender a manejar sus pensamientos con mucha prudencia bajo la dirección de Dios.

A manera de repaso, las expresiones bíblicas que aparecen en el capítulo treinta y nueve (39) del libro de Génesis nos permiten conocer que la presencia de Dios en ese lugar era de una magnitud pocas veces experimentada.

“21 Pero Jehová estaba con José y le extendió su misericordia, y le dio gracia en los ojos del jefe de la cárcel. 22 Y el jefe de la cárcel entregó en mano de José el cuidado de todos los presos que había en aquella prisión; todo lo que se hacía allí, él lo hacía. 23 No necesitaba atender el jefe de la cárcel cosa alguna de las que estaban al cuidado de José, porque Jehová estaba con José, y lo que él hacía, Jehová lo prosperaba.”  (Gén 39:21-23, RV1960)

Ese pasaje dice que el Señor le extendió (“nâṭâh”, H5186) su misericordia a José. Este es el mismo concepto que utiliza el salmista para decirnos que Dios se inclinó para escuchar su clamor.

“1 Pacientemente esperé a Jehová, Y se inclinó (“nâṭâh”, H5186) a mí, y oyó mi clamor.” (Sal 40:1)

O sea que José estaba ante la audiencia del Uno, de Aquél que todo lo llena en todos (Efe 1:23) y que este estaba inclinado atendiendo el ruego y la situación por la que atravesaba su hijo.

Además, sabemos que ese pasaje bíblico del Libro de Génesis continúa diciendo que el Señor estaba con José. Esta es la segunda ocasión en la que se utiliza esta frase en los últimos tres (3) versos de ese capítulo. Vimos en reflexiones anteriores que lo que hace interesante esta aparente “repetición” es que la segunda ocasión en la que aparece el verbo “estar” en esos versos es a causa de la traducción que hicieron Reina y Valera de otro concepto hebreo que se puede traducir así. Se trata del verbo “ʼêth” (H854), conjugado en esa narrativa como “’it-tōw.”[1]  

Nota editorial:

Sabemos que aquellos que no han tenido la oportunidad de estudiar el hebreo que se utiliza en el Antiguo Testamento deben sentir curiosidad al ver conjugaciones de verbos que no se parecen a ese verbo en tiempo presente. Aprovechamos la oportunidad para señalar que esto ocurre en todos los idiomas. Presentamos un ejemplo en el idioma español; las conjugaciones del verbo “ser.” Sus conjugaciones no se parecen en nada a este. Veamos:

Presente indicativo
  
  • Yo soy                      -    Tú eres                       -     Él es          
  • Nosotros somos      -    Ustedes son              -     Ellos son
 
Pretérito perfecto simple
  
  • Yo fui                       -    Tú fuiste                    -    Él fue
  • Nosotros fuimos     -    Ustedes fueron        -    Ellos fueron

Regresemos al análisis del verbo hebreo que se traduce en el verso veinte y tres (23) como “estaba.” Los recursos académicos consultados revelan que este verbo denota proximidad y compañía y que se trata de que esa compañía ha llegado con el propósito de ayudar.[2] Podemos encontrar un ejemplo excepcional de su uso en el verso 29 del capítulo 30 del Libro de Génesis. Ese verso bíblico nos permite conocer la relación que Jacob tenía con el ganado de Labán.

“29 Y él respondió: Tú sabes cómo te he servido, y cómo ha estado tu ganado conmigo.” (Gén 30:29)

Esa expresión dice que Jacob estaba haciendo algo más que estar cerca del ganado de Labán. Jacob lo estaba atendiendo, estaba a cargo del cuidado y la protección de estos animales. Estos datos nos permiten afirmar que el Señor estaba con José y que había descendido a esa prisión, no solo para estar cerca, sino para ayudarlo.

Creemos que estos datos son esenciales para poder comprender el génesis y la naturaleza de los procesos de transformación que José experimentó en esa cárcel.

Ahora bien, el capítulo cuarenta (40) nos inserta en los destellos y los testimonios que produjeron esos procesos transformativos.

Es muy importante que comencemos este análisis adquiriendo una noción correcta del tiempo transcurrido entre la llegada de José a esa prisión y la llegada de estos oficiales a ese lugar que pertenecía al sistema de justicia del rey de Egipto.

En primer lugar, sabemos que José fue vendido como esclavo a Potifar cuando este joven tenía diecisiete (17) años.

“2 Esta es la historia de la familia de Jacob: José, siendo de edad de diecisiete años, apacentaba las ovejas con sus hermanos; y el joven estaba con los hijos de Bilha y con los hijos de Zilpa, mujeres de su padre; e informaba José a su padre la mala fama de ellos.” (Gén 37:2)

También sabemos que José tenía treinta (30) años cuando fue elevado a la posición de segundo al mando en el imperio egipcio.

“46 Era José de edad de treinta años cuando fue presentado delante de Faraón rey de Egipto; y salió José de delante de Faraón, y recorrió toda la tierra de Egipto.” (Gén 41:46)

Al mismo tiempo, la Biblia nos permite conocer el período de tiempo que transcurrió entre la historia que se narra en el capítulo cuarenta (40) del Génesis y la que describe lo que le sucedió a Faraón con un sueño en el capítulo cuarenta y uno (41) del mismo libro. No olvidemos que la Biblia dice que el copero y el panadero del Faraón fueron enviados a esa cárcel por ese rey.

“1 Aconteció después de estas cosas, que el copero del rey de Egipto y el panadero delinquieron contra su señor el rey de Egipto. 2 Y se enojó Faraón contra sus dos oficiales, contra el jefe de los coperos y contra el jefe de los panaderos, 3 y los puso en prisión en la casa del capitán de la guardia, en la cárcel donde José estaba preso.” (Gén 40:1-3)

Es cierto que la Biblia añade que esos oficiales estuvieron muchos días en la cárcel (Gén 40:4), pero también dice que su salida de esta ocurrió tres (3) días después de haber recibido sus respectivos sueños.

“20 Al tercer día, que era el día del cumpleaños de Faraón, el rey hizo banquete a todos sus sirvientes; y alzó la cabeza del jefe de los coperos, y la cabeza del jefe de los panaderos, entre sus servidores. 21 E hizo volver a su oficio al jefe de los coperos, y dio éste la copa en mano de Faraón. 22 Mas hizo ahorcar al jefe de los panaderos, como lo había interpretado José. 23 Y el jefe de los coperos no se acordó de José, sino que le olvidó.”  (Gén 40:20-23)

Luego, el registro bíblico señala que el sueño que tuvo Faraón ocurrió dos (2) años después del evento entre José, el jefe de los coperos y el jefe de los panaderos del rey de Egipto.
 
“1 Aconteció que pasados dos años tuvo Faraón un sueño. Le parecía que estaba junto al río;” (Gén 41:1)

En otras palabras, que estos pasajes bíblicos señalan que transcurrieron dos (2) años desde que el copero rey fue reinstalado en su puesto como jefe de los coperos del Faraón y que el panadero fuera ejecutado. Conociendo que José fue llamado a presentarse ante el Faraón cuando tenía treinta (30) años, entonces podemos concluir que José tenía veintiocho (28) años cuando el copero y el panadero fueron enviados a esa prisión. O sea, que hay cerca de once años (11) de la vida de este joven que fueron vividos entre la casa de Potifar y esa cárcel. Dicho de otra forma, José llevaba varios años privado de su libertad, aun cuando era inocente.

Cuando T.M. Constance aborda el análisis de este pasaje bíblico, ella señala con mucha precisión que este incidente en la vida de José constituyó un eslabón importante en la cadena de circunstancias que lo llevaron ante el Faraón.[3] Estamos convencidos de que Dios utilizó esta experiencia para concederle a José la oportunidad de comenzar a relacionarse con funcionarios de palacio del más alto nivel.

Por un lado, José estaba frente a la oportunidad de interactuar con el copero del rey. Ser el jefe de los coperos del Faraón (Gén 40:20, 23) era en realidad ser el mayordomo principal del rey de Egipto.[4]
 
El estudio de la historia de Egipto nos permite conocer que es cierto que el vino había sido prohibido en ese país antes de la época de Mahoma. Sin embargo, ese mismo estudio nos permite conocer que hablar en Egipto acerca de la vid era similar a hablar acerca de una deidad egipcia llamada Osiris. Además, la Biblia presenta varios pasajes en los que se reseña la importancia de los viñedos y del vino en el imperio egipcio.

“43 Cuando puso en Egipto sus señales, Y sus maravillas en el campo de Zoán; 44 Y volvió sus ríos en sangre, Y sus corrientes, para que no bebiesen. 45 Envió entre ellos enjambres de moscas que los devoraban, Y ranas que los destruían. 46 Dio también a la oruga sus frutos, Y sus labores a la langosta. 47 Sus viñas destruyó con granizo, Y sus higuerales con escarcha;” (Sal 78:43-47)

“26 Envió a su siervo Moisés, Y a Aarón, al cual escogió. 27 Puso en ellos las palabras de sus señales, Y sus prodigios en la tierra de Cam. 28 Envió tinieblas que lo oscurecieron todo; No fueron rebeldes a su palabra. 29 Volvió sus aguas en sangre, Y mató sus peces. 30 Su tierra produjo ranas Hasta en las cámaras de sus reyes. 31 Habló, y vinieron enjambres de moscas, Y piojos en todos sus términos. 32 Les dio granizo por lluvia, Y llamas de fuego en su tierra. 33 Destrozó sus viñas y sus higueras, Y quebró los árboles de su territorio.” (Sal 105:26-33)

“5 ¿Y por qué nos has hecho subir de Egipto, para traernos a este mal lugar? No es lugar de sementera, de higueras, de viñas ni de granadas; ni aun de agua para beber.” (Núm 20:5)

Estos versos bíblicos confirman que el vino se cultivaba y se consumía en el imperio egipcio. O sea, que uno de los funcionarios que José asistía en la cárcel era el jefe del proceso del cultivo, de la preparación y de servir el vino al Faraón. Esa posición era una muy común en los imperios y reinos antiguos. La Biblia señala que Nehemías ocupaba esa posición para el rey del imperio persa (Neh 1:11). En muchas ocasiones, estos mayordomos también estaban a cargo de la seguridad del monarca.

El otro funcionario de palacio, el panadero, era el encargado de todo lo que ocurría en las cocinas reales (Gén 40:22). Había muchas cocinas disponibles para el Faraón y este oficial estaba a cargo de estas.

Es muy interesante que José se encontrara allí sufriendo unas experiencias que a todas luces eran muy distintas a los sueños que él había recibido en su juventud temprana. Es maravilloso conocer que esto no se convirtió en un obstáculo para que él decidiera mantenerse firme aun cuando aquello que estaba viendo no se parecía a lo que Dios le había revelado a través de los sueños.

Hay una cantidad maravillosa de cosas que él necesitaba aprender en esa cárcel. Nos parece que conocer y experimentar la presencia de Dios en ese ambiente fue fundamental para este joven. José debe haberse percatado que experimentar el amor que emana de la presencia del Señor es mucho más importante que recibir respuestas para nuestras necesidades y peticiones. Ese amor es transformador y nos hace sensibles a las respuestas de Dios, nos capacita para continuar operando y sirviendo como instrumentos en las manos del Señor y nos enfoca en el desarrollo y el fortalecimiento de los dones, en el fruto recibido del Espíritu y en las habilidades que nos han sido concedidas desde el cielo.

Al mismo tiempo, José debió haber sido un discípulo muy aplicado en el aprendizaje de la paciencia. Tener que esperar dos (2) años para que alguien se acordara de él es un buen testimonio de esto.

Por otro lado, José debió haber aprendido a desarrollar otros niveles de templanza y de benevolencia. Lo sabemos porque estos funcionarios del palacio pudieron haber sido vistos por José como similares a Potifar. Hay que destacar que la Biblia utiliza el mismo concepto para describir las posiciones que ellos ocupaban en la corte imperial. La Biblia dice que Potifar era un oficial (“sârı̂ys”, H5631) de la corte de Faraón.

“1 Llevado, pues, José a Egipto, Potifar oficial de Faraón, capitán de la guardia, varón egipcio, lo compró de los ismaelitas que lo habían llevado allá.” (Gén 39:1)

Este es el mismo concepto que se utiliza para describir las posiciones del copero y el panadero del rey (oficiales).

“2 Y se enojó Faraón contra sus dos oficiales, contra el jefe de los coperos y contra el jefe de los panaderos, 3 y los puso en prisión en la casa del capitán de la guardia, en la cárcel donde José estaba preso.”  (Gén 40:2-3)

Potifar, un “sârı̂ys”, lo había tratado mal. Reconocemos que esta aseveración necesita ser ampliada porque algunos lectores pueden creer que esto no fue así. Algunos lectores deben estar convencidos de que Potifar obró bien con José cuando no lo mató luego de la acusación que había presentado la esposa de este oficial de la corte imperial.  

Algunos comentaristas bíblicos nos invitan a explorar unos datos históricos y culturales acerca de Egipto que pueden ayudarnos a calibrar esta aseveración. En primer lugar, estos señalan que las mujeres en Egipto no vivían recluidas, como era costumbre en otras partes del Oriente. De hecho, algunas llegaron a ser Faraonas de ese reino. Cleopatra, Hatshepsut y Nefertari han sido identificadas como algunas de las mujeres que gobernaron ese reino.[5]
 
En segundo lugar, la cultura egipcia permitía que la mujer gozara de una libertad social muy amplia. Hay documentos y publicaciones recientes acerca de las fiestas que celebraban, el consumo de licor que se patrocinaba en estas y la libertad para la promiscuidad que tenían las mujeres de las clases sociales altas. Por ejemplo, la esposa del dios Amón, cargo desarrollado desde el 2040 AC, celebraba unos rituales cargados de experiencias sexuales con sus sacerdotisas, sus amigas y sus invitados.

La visión de la sexualidad en Egipto era una muy particular. La revista National Geographic señala que todo en las escenas de las tumbas egipcias guarda relación con las actividades sexuales y hasta añaden que el sexo premarital no era mal visto. Como un ejemplo, en una de las ediciones de esa revista se reseña un documento del antiguo Egipto, el sumario de un juicio, en el que un grupo de mujeres “intentó comprar a los jueces que las iban a juzgar organizando para ellos varias orgías.”[6]

Este parece ser el caso en la casa de Potifar. A continuación, una cita directa del libro de T.M Constance:

“El deber de José era obedecer a su ama, y hacerlo lo habría colocado en una posición de honor. Además, era grave tenerla como enemiga. La oportunidad, sin duda, favoreció la tentación. José podría haber justificado su situación argumentando que estaba lejos de la influencia de un padre piadoso, que el mundo había estado en su contra y que en este país pagano su mala conducta no tendría importancia. Es aquí donde vemos el verdadero amor de José por Dios. En estas circunstancias, confesó que tenía un gobernante justo a quien debía obedecer. Confió en Él y, como resultado, fue enviado a prisión. ¿Cuán firme es nuestra fe contra el pecado? Nada de lo que el mundo ofrece justifica nuestra desobediencia a Dios.” [7]  (traducción libre)

En otras palabras, que José decidió no ceder ante los deseos de su ama creyendo que su lealtad al Amo y Señor de toda la creación estaba por encima de todo. Este mensaje es claro y diáfano. El Egipto en el que vivimos está constantemente tratando de imponernos sus reglas y sus estilos de vida, su cultura y su interpretación de lo que es bueno y de lo que es malo. Los creyentes en Cristo hemos sido invitados a escoger a quién vamos a servir (Jos 24:15; Gál 5:16-17).

¿Cuál fue el premio que Potifar le dio a José? Lo llevó a la cárcel que con toda probabilidad el dirigía.

Unos años más tarde José recibió la invitación para servir a otros “sârı̂ys”. Este joven no se podía negar a hacerlo. Es más, él vio en esto una oportunidad celestial y no una obligación ministerial.

Ser invitados a servir como instrumento en las manos de Dios a personas que no nos han tratado bien puede ser un asunto complicado. Esto puede serlo aún más cuando consideramos que hay una alta probabilidad de que Potifar fuera el jefe (el capitán de la guardia) de la cárcel en la que José se encontraba. La Biblia subraya este punto cuando dice lo siguiente:

“12 Con nosotros, en la cárcel, había un joven hebreo, que era esclavo del capitán de la guardia. Nosotros le contamos nuestros sueños, y él nos explicó el.” (Gén 41:12, NTV)

Estos datos nos invitan a reflexionar acerca de las veces en las que el Señor nos invita a servir como instrumentos de bendición para aquellos con los que no hemos tenido experiencias gratas y para aquellos que nos han tratado mal.

Otro elemento importantísimo en ese aprendizaje era mantener clara cuál era su identidad. Hay que puntualizar que las cárceles poseen la capacidad de llevarnos a olvidar quiénes somos. No obstante, la Biblia dice que José le dijo al jefe de los coperos que él no era egipcio, que él era hebreo y que había sido hurtado (“gânab”, H1589) de esa tierra; que no había razón alguna para que él hubiera sido condenado a estar en esa prisión. José no permitió que la prisión alterara su identidad

“14 Acuérdate, pues, de mí cuando tengas ese bien, y te ruego que uses conmigo de misericordia, y hagas mención de mí a Faraón, y me saques de esta casa. 15 Porque fui hurtado de la tierra de los hebreos; y tampoco he hecho aquí por qué me pusiesen en la cárcel.” (Gén 40:14-15)

Por último, José debió haber aprendido a ser un siervo humilde, más dependiente de Dios. Veamos un segmento de la narrativa bíblica que aparece en el capítulo cuarenta del Libro de Génesis que nos permite llegar a esta conclusión.

“5 Una noche los dos prisioneros, el jefe de los coperos y el jefe de los panaderos, a quienes el rey de Egipto había puesto en prisión, tuvieron un sueño. Cada prisionero tuvo su propio sueño y cada sueño tenía su propio significado. 6 A la mañana siguiente José fue a buscarlos y vio que estaban preocupados. 7 Entonces les preguntó a los siervos del faraón que estaban con él en prisión:—¿Por qué están tan tristes hoy? 8 Ellos le respondieron:—Tuvimos unos sueños y no hay nadie que nos los pueda explicar. Y José les dijo: —Sólo Dios puede interpretar los sueños. Cuéntenmelos.” (Gén 40:5-8, PDT)

En primer lugar, esos versos bíblicos dicen que José se mostró genuinamente preocupado por los oficiales del Faraón y hasta les preguntó por qué estaban tristes. En segundo lugar, debemos explicar que en Egipto, la tarea de interpretar sueños recaía sobre los hombros de los magos y de los sabios que servían al rey.

“8 A la mañana siguiente estaba preocupado, así que mandó llamar a los magos y a los sabios de Egipto, y les contó su sueño, pero ninguno de ellos se lo pudo interpretar.” (Gén 41:8, PDT)

Un José con 28 años de edad fue capaz de afirmar que la interpretación de sueños no depende de las habilidades y de los dones que uno pueda tener. Esa gracia proviene de Dios: “Sólo Dios puede interpretar los sueños” (Gén 40:8b).

El aprendizaje de estas destrezas y disciplinas espirituales lo habían capacitado para poder ser y hacer aquello para lo que Dios lo había enviado a Egipto y a esa prisión.


 
[1]https://biblehub.com/text/genesis/39-23.htm
[2] Whitaker, R., Brown, F., Driver, S. R. (Samuel R., & Briggs, C. A. (Charles A. (1906). En The Abridged Brown-Driver-Briggs Hebrew-English Lexicon of the Old Testament: from A Hebrew and English Lexicon of the Old Testament by Francis Brown, S.R. Driver and Charles Briggs, based on the lexicon of Wilhelm Gesenius. Houghton, Mifflin and Company.
[3] Constance, M. T. M. (2000). Genesis (Vol. 3, pp. 48–49). Explorer’s Bible Study.
[4] Lange, J. P., Schaff, P., Lewis, T., & Gosman, A. (2008). A commentary on the Holy Scriptures: Genesis (p. 600). Logos Bible Software.
[5] https://historia.nationalgeographic.com.es/antiguo-egipto/mujeres-faraon-trono-egipto_15946
[6] https://historia.nationalgeographic.com.es/antiguo-egipto/sexualidad-antiguo-egipto_15862
[7] Constance, M. T. M., Op. cit., (pp. 46–47).
 















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