August 23rd, 2026
1071 • El Heraldo Digital – Institucional • Volumen XVII • 23 de agosto del 2026
Familias dirigidas por el Espíritu Santo: el análisis de la familia de Jacob - Parte XXII
José: entre la cárcel y el sueño del Faraón
“20 Tres días después era el cumpleaños del faraón, quien preparó un banquete para todos sus funcionarios y su personal. Así que llamó al jefe de sus coperos y al jefe[a] de sus panaderos para que se unieran a los demás funcionarios. 21 Entonces restituyó al jefe de los coperos a su cargo anterior, para que volviera a entregar al faraón su copa. 22 Pero el faraón atravesó al jefe de los panaderos con un poste, tal como José había predicho cuando le interpretó el sueño. 23 Sin embargo, el jefe de los coperos del faraón se olvidó de José por completo y nunca más volvió a pensar en él.” (Gén 40:20-23, NTV)
La Biblia dice que hubo un espacio de dos (2) años entre las experiencias que José tuvo con el copero y el panadero del Faraón y el momento en el que Dios intervino para sacar a este joven de la cárcel. Esta también afirma que las interpretaciones de los sueños que Dios le reveló a José acerca de los sueños de estos funcionarios de palacio se cumplieron al pie de la letra. La fiesta de cumpleaños del Faraón propició el momento para que ambas interpretaciones fueran hechas realidad.
Como hemos dicho, José tuvo que esperar dos (2) años para poder ver la intervención de la mano del Señor en su proceso de liberación de la cárcel a la que había sido enviado. El profesor Jonathan Sacks le ha puesto un título a ese período: “between freedom and providence” (entre la libertad y la providencia).[1]
Algunos exégetas bíblicos han formulado que ese tiempo de espera era necesario para que José desarrollara paciencia y para que aprendiera a confiar plena y absolutamente en el Señor.
Es cierto que el concepto “paciencia” no aparece en el capítulo cuarenta (40) del Libro de Génesis. No obstante, los efectos de esa virtud están diseminados en toda la trama de esa narrativa bíblica.
Ahora bien; ¿qué es la paciencia? El hebreo bíblico posee algunos conceptos para referirse a esta virtud. Uno de estos, “qâvâh” (H6960), puede ser traducido como la capacidad para esperar, aguardar (quizás de aguantar), permanecer, lo cual difiere poco de la noción de fuerza; Sal. 27:14; 37:34, esperar a Jehová, es decir, su ayuda y/o depositar la esperanza en Él.[2] Los especialistas en ese lenguaje bíblico han dicho que este concepto está ligado a la capacidad de tener esperanza.[3]
Otro concepto hebreo que es utilizado para referirse a la paciencia es “yâchal” (H3176). Este puede ser traducido como esperar; por implicación: ser paciente, tener esperanza: (causar, tener, hacer) tener esperanza, sufrir, quedarse, demorarse, confiar y/o esperar.[4] En muchas ocasiones lo encontramos en los textos del Antiguo Testamento traducido como hacer que se espere algo, esperar, anhelar y aguardar; Job 6:11; 13:15; 14:14; 29:21.[5]
Estos datos nos conducen a la conclusión de que el hebreo bíblico combina la paciencia con la esperanza. Desde esta perspectiva, decir que José aprendió a ser paciente implica que también habría aprendido a desarrollar niveles más altos de esperanza en Dios y en sus propósitos.
La vida del creyente es similar a la de José. En ocasiones Dios tiene que permitir que atravesemos por valles de sombra, que nos veamos apresados en pozos de desesperación y de tristeza. Estas son sin duda temporadas complicadas y muy difíciles de manejar. Sin embargo, estos escenarios son los más adecuados para el desarrollo de la paciencia y de la esperanza. Esta es una de las razones por las que el salmista dijo lo siguiente:
“1 Pacientemente esperé a Jehová, Y se inclinó a mí, y oyó mi clamor. 2 Y me hizo sacar del pozo de la desesperación, del lodo cenagoso; Puso mis pies sobre peña, y enderezó mis pasos. 3 Puso luego en mi boca cántico nuevo, alabanza a nuestro Dios. Verán esto muchos, y temerán, Y confiarán en Jehová.” (Sal 40:1-3, RV 1960)
El concepto griego que se utiliza con mayor frecuencia en el Nuevo Testamento para referirse a la paciencia es “hupomonē”, (G5281). Este puede ser traducido como resistencia alegre (o esperanzada), constancia: perseverancia y/o paciencia.[6]
Compartimos algunas notas acerca de este concepto en el boletín de El Heraldo que fue publicado el 4 de julio de 2010.
“El concepto que se traduce aquí como paciencia era considerado por los griegos como otra de las virtudes cardinales. El “hupomonē” (G5281) es visto como una virtud que puede ser definida como “la perseverancia arrojada que desafía el mal con valentía.”[7]
Es muy importante señalar que los griegos la diferenciaban de la paciencia que conocemos de manera común y corriente en que el “hupomonē” posee un contenido activo. O sea, que este incluye una resistencia activa y energética contra los poderes hostiles, aunque no haya una aseveración exitosa de esa resistencia. Es por esto que debe traducirse como perseverancia; porque posee la paciencia en el interior de su definición, pero poseyendo algo más. Esto es, capacidad para permanecer en la búsqueda de Dios, esperando en él, resistiendo al mundo y esperando pacientemente.”[8]
O sea que, desde el punto de vista neotestamentario, José permaneció en esa cárcel afinando su perseverancia para enfrentar el mal con valentía y su capacidad para la resistencia contra los poderes del mal: los espirituales y los del mundo en el que él vivía. Además, él tendría la oportunidad de afinar su capacidad para permanecer en la búsqueda de Dios, resistiendo al mundo y esperando con paciencia el cumplimiento de las promesas que Dios le había hecho.
El Apóstol Pablo resumió todo esto en su Carta a los Romanos cuando dijo lo siguiente:
“3 Pero hay más, podemos sentirnos felices aun cuando tenemos sufrimientos porque los sufrimientos nos enseñan a ser pacientes. 4 Si tenemos paciencia, nuestro carácter se fortalece y con un carácter así, nuestra esperanza aumenta. 5 Esa esperanza no nos va a fallar porque Dios nos dio el Espíritu Santo, quien ha derramado el amor de Dios en nosotros.” (Rom 5:3-5, PDT)
El desarrollo de la paciencia llevaría a José a considerar que los sueños solo son sueños cuando aquellos que los tienen no son capaces de descubrir que la realidad es mucho más que eso. El desarrollo de esa virtud lo conduciría a no dejarse amilanar ante el olvido de algunos y de aquellas promesas de ayuda que fueron quebrantadas. Recordemos que la Biblia dice que el copero del Faraón se olvidó de José.
Esta virtud conduciría a José a agarrarse de las promesas del Señor y a no colocar sus esperanzas en las palabras de los hombres. Ese período de tiempo le serviría para aquilatar unos niveles de esperanza que no lo dejarían en vergüenza en el futuro que Dios tenía preparado para este joven. Él tenía que convencerse de que en medio de las paredes fría e inhóspitas de esa prisión Dios tenía que estar trabajando a favor suyo. No podía ser casualidad que el Todopoderoso le hubiera protegido, guardado, cubierto con tanta misericordia (“chêsêd”, H2617), para entonces olvidarse de él. En algún momento el Señor le sorprendería con algo inesperado que apuntaría al cumplimiento de las promesas que le había hecho a través de los sueños que tuvo cuando solo era un jovencito en la casa de Jacob.
Siglos más tarde, el pueblo de Israel saldría de Egipto cantando una canción que celebra esa misericordia y las formas que Dios escoge para conducir a Su Pueblo.
“11 ¿Quién como tú, oh Jehová, entre los dioses? ¿Quién como tú, magnífico en santidad, Terrible en maravillosas hazañas, hacedor de prodigios? 12 Extendiste tu diestra; La tierra los tragó. 13 Condujiste en tu misericordia a este pueblo que redimiste; Lo llevaste con tu poder a tu santa morada.” (Éxo 15:11-13, RV 1960)
Tal y como dice Sacks: la historia de José es más que la historia acerca de José. Se trata de la historia de cada uno de nosotros y el sutil entrelazamiento de la aparente casualidad y el [propósito] divinamente diseñado por Dios.[9]
Los biblistas a los que estamos haciendo referencia no arribaron a la conclusión acerca del aprendizaje al que José se expuso por medios especulativos. Ellos afirman que algunas de las expresiones que encontramos en el capítulo cuarenta (40) del Libro de Génesis sustentan la misma. Veamos estas:
“14 Acuérdate, pues, de mí cuando tengas ese bien, y te ruego que uses conmigo de misericordia, y hagas mención de mí a Faraón, y me saques de esta casa. 15 Porque fui hurtado de la tierra de los hebreos; y tampoco he hecho aquí por qué me pusiesen en la cárcel.” (Gén 40:14-15, RV 1960)
Estas son expresiones que José le hizo al copero luego de haberle facilitado la interpretación que Dios le reveló acerca del sueño que este funcionario había tenido. Estamos convencidos de que esas reacciones no fueron pecaminosas. Es obvio que su humanidad y su necesidad de libertad se hicieron patentes en esos momentos, pero esto no es una evidencia de pecado en la vida del undécimo hijo de Jacob.
Debemos entender que hasta ese instante José se había mantenido confiando en el Señor sin solicitar la ayuda ni de la intervención de terceros. Las conclusiones de estos exégetas apuntan a que Dios no quería que José aprendiera a depender de la intervención de otros en el plan eterno. Dios no quería que José aprendiera a depender de la ayuda, ni del consejo de los egipcios.
Es cierto que el copero fue instrumental en la salida de José de la cárcel en la que ambos se encontraron. Sin embargo, esto no ocurrió cuando José lo esperaba. Esto ocurrió cuando Dios en su soberanía lo decidió así. Repetimos que la Biblia dice que el copero no se acordó (“zā-ḵar”, H2142) de José y lo olvidó (“way-yiš-kā-ḥê-hū”, H7911); durante dos (2) años.
Insertamos un comentario aquí que puede arrojar luz a los lectores para descubrir la importancia del hermetismo divino sobre esta enseñanza. Repetimos: no es pecado pedir ayuda. La Biblia afirma y celebra la ayuda mutua (Heb 13:16); compartir con aquellos que tienen necesidad. No obstante, la necesidad de que José dependiera exclusivamente de Dios parecía procurar que él aprendiera a no depender de los egipcios porque esto le podría traer problemas en sus procesos de decisión en el futuro inmediato.
Encontramos en la Biblia que años más tarde José pareció olvidar esa directriz divina y decidió depender de las sugerencias y del consejo de los egipcios. Examinemos ese incidente de manera superficial.
“15 Cuando se acabó todo el dinero en Canaán y Egipto, los egipcios fueron a ver a José y le dijeron:
—Denos comida. Ya se nos acabó todo el dinero, si no nos da comida moriremos frente a sus ojos.
16 Entonces José dijo: —Denme sus rebaños. Si se les acabó el dinero, les daré comida a cambio de sus rebaños. 17 La gente le llevó sus rebaños a José, y él les dio comida a cambio de sus caballos, sus rebaños de ovejas, su ganado y sus burros. Ese año les dio comida a cambio de todos sus animales. 18 Cuando se acabó el año, la gente volvió y le dijo: —Usted sabe, señor, que se nos acabó el dinero y que ya le dimos todos nuestros animales. Sólo nos quedan nuestros cuerpos y nuestras tierras. 19 Con seguridad moriremos frente a sus ojos. Cómprenos a nosotros y nuestras tierras a cambio de comida. Nosotros nos convertiremos en esclavos del faraón y nuestras tierras también le pertenecerán a él. Suminístrenos semillas para sembrar, así podremos sobrevivir y la tierra no se convertirá en un desierto. 20 Entonces José compró toda la tierra de Egipto para el faraón. Todos los egipcios vendieron sus campos porque tenían mucha hambre. Y la tierra pasó a ser del faraón. 21 Hizo que toda la gente, de un extremo a otro de Egipto, volviera esclava del faraón. 22 La única tierra que no compró era la de los sacerdotes. Los sacerdotes no necesitaban vender su tierra porque el faraón les pagaba por su trabajo, y ellos usaban ese dinero para comprar comida. 23 José le dijo a la gente: —Hoy los compré a ustedes y a sus tierras para el faraón. Aquí tienen las semillas, vayan y siémbrenlas.” (Gén 47:15-23, PDT)
Algunas de las reflexiones que compartiremos más adelante serán dedicadas a presentar un análisis más mesurado de este pasaje bíblico. Ahora bien, hemos ennegrecido algunas frases que nos ayudarán en la presentación de un análisis somero de este. Esta narrativa bíblica presenta a José escuchando al pueblo egipcio presentando sus necesidades y ofreciendo su consejo y sus alternativas para resolver el dilema en el que se encontraban. Repetimos: José decidió escuchar y poner en práctica el consejo de los “ciudadanos” de ese reino. Esto es, personas que desconocía quién es el Dios al que José servía.
Esta narrativa bíblica establece que José los había alimentado a cambio de dinero. Esta no es una decisión equivocada ni maligna. Luego, dice el pasaje, que José los alimentó a cambio de sus rebaños. Esta decisión tampoco es descabellada ni pecaminosa, dada las condiciones por las que atravesaba esa región del mundo. Era un tiempo de gran necesidad y la toma de algunas decisiones radicales se podían y se tenían que imponer.
Sin embargo, esta narrativa describe que el consejo que los egipcios le ofrecieron a José era que los convirtiera en esclavos (“‘ă-ḇā-ḏîm”, H5650) en la misma tierra en la que habían nacido.
La Biblia dice que José hizo suyo ese consejo, convirtiendo a los egipcios en esclavos en su propia tierra.
“20 Entonces José compró todas las tierras de Egipto para el faraón, pues los egipcios vendieron sus terrenos, obligados por el hambre. Así la tierra pasó a poder del faraón, 21 y los egipcios fueron hechos esclavos en todo el país de Egipto.” (Gén 47: 20-21, DHH)
Estos datos han sido confirmados en la historia de Egipto. Nahum Sarna señala que uno de los aspectos de la economía del imperio egipcio que más asombro producía era la cantidad de tierras que pertenecían al estado, situación que prevaleció luego de la expulsión de los Hyksos en el siglo 16 antes de Cristo.[10] Es cierto que algunos exégetas han visto en esta decisión de José un ejemplo de su capacidad y de su sagacidad como líder.[11] No obstante, no es menos cierto que otros exégetas se han cuestionado si esa era la voluntad divina: que los ciudadanos de un país de se convirtieran en esclavos de su rey y en su propio país.[12]
Es cierto que no sabemos si existía otra alternativa. Lo que sí sabemos es que ese pasaje bíblico no muestra a José buscando la dirección de Dios para resolver ese dilema. La Biblia no presenta a José orando, tal y como oraba Abraham y lo hacían Isaac y Jacob. En cambio, sí describe que José decidió aceptar la intervención de los egipcios para resolverlo.
¿Sería esa la alternativa que Dios le ofrecería a José para enfrentar esa crisis? No tenemos respuesta para esa pregunta. Lo que sí sabemos es que el próximo libro de la Biblia contiene la siguiente expresión en su capítulo inicial:
“8 Tiempo después, subió al poder de Egipto un nuevo rey que no conocía nada de José ni de sus hechos.” (Éxo 1:8, NTV)
Tomemos nota: ese nuevo Faraón fue el responsable de esclavizar a todos los hijos de Israel.
Una de las enseñanzas que se deprenden de esa narrativa bíblica es que siempre debemos acudir al Señor buscando su orientación, su dirección y su consejo. Hacer esto evita el desarrollo de problemas y de crisis que hemos podido evitar. Además, este pasaje bíblico nos enseña que debemos aprender a discernir cuáles son las voces a las que prestamos atención.
¿Esto significa que no debemos patrocinar la búsqueda del consejo de los demás? Claro que debemos procurarlo. La Biblia afirma que en la multitud de consejeros hay seguridad.
“14 Donde no hay dirección sabia, caerá el pueblo; Mas en la multitud de consejeros hay seguridad.” (Pro 11:14, RV 1960)
Esta palabra de sabiduría bíblica no cancela el hecho de que hay muchas personas a las que no podemos acudir a buscar consejo.
Hay un dato que es importante destacar aquí. No podemos dejar de enfatizar que los pueblos que atraviesan por necesidades intensas y macroscópicas tienden a equivocarse con frecuencia en la toma de decisiones. Es un secreto a voces que las crisis pueden nublar nuestro entendimiento. En muchas ocasiones se observa en los pueblos antes descritos la inclinación a procurar respuestas y remedios que resuelvan las crisis de forma inmediata. Esto es: soluciones inmediatas que no consideran los resultados y las consecuencias de estas a mediano y a largo plazo. El diálogo entre mucha gente con estas características puede producir remedios que sean peores que la enfermedad. Añadimos que esta inclinación aumenta de manera vertiginosa en pueblos que no se han rendido a los pies del Señor.
Esta es una de las razones por las que la Biblia dice lo siguiente:
“5 Fíate de Jehová de todo tu corazón, Y no te apoyes en tu propia prudencia. 6 Reconócelo en todos tus caminos, Y él enderezará tus veredas. 7 No seas sabio en tu propia opinión; Teme a Jehová, y apártate del mal; 8 Porque será medicina a tu cuerpo, Y refrigerio para tus huesos.” (Pro 3:5-8, RV 1960)
Sabemos que la situación descrita en el capítulo cuarenta y siete de Génesis era más que apremiante: el hambre y la posibilidad latente de morir por inanición.
Cabe aquí una pregunta: ¿pudo José apelar a la magnanimidad del rey de turno sabiendo que este ya poseía todas las riquezas que había en su reino? Tenemos que admitir que la historia bíblica nos conduce aquí a una encrucijada en la que hay muchas preguntas para las que no tenemos respuestas. Lo único que sabemos a este respecto es que el texto bíblico no dice que José consultó esa decisión con el Faraón.
Algunos exégetas bíblicos afirman que esta era una de las enseñanzas a las que José tenía ser expuesto en la prisión. Algo en el interior de este pasaje parece apuntar a que él olvidó la misma. José siguió el consejo de los egipcios.
En esto hay otra lección que se reviste de mucha importancia. Es de conocimiento general que las experiencias por las que el Señor nos hace pasar tienen como meta prepararnos para el futuro que Él tiene contemplado para nosotros. Las enseñanzas y los adiestramientos a los que Él nos somete tienen como meta capacitarnos para que podamos ser capaces de cumplir con sus propósitos. Esas enseñanzas tienen que ser atesoradas en lo más profundo de nuestros corazones.
La Biblia está llena de ejemplos que sustentan lo antes dicho. Se trata de David procurando la misericordia del Señor luego de haberle fallado. Ese fracaso lo llevó a documentar todo lo que había experimentado en esos escenarios mientras procuraba humillarse ante Dios, de confesar el pecado cometido, de reconocer lo que sucede cuando no lo hacemos y de las herramientas que Dios nos provee para sostenernos en medio de esos procesos. Ese documento es el testimonio fehaciente de que David no quería ni podía olvidar esa experiencia; mucho menos sus enseñanzas.
“¡Oh, qué alegría para aquellos a quienes se les perdona la desobediencia, a quienes se les cubre su pecado! 2 Sí, ¡qué alegría para aquellos a quienes el Señor les borró la culpa de su cuenta, los que llevan una vida de total transparencia! 3 Mientras me negué a confesar mi pecado, mi cuerpo se consumió, y gemía todo el día. 4 Día y noche tu mano de disciplina pesaba sobre mí; mi fuerza se evaporó como agua al calor del verano. 5 Finalmente te confesé todos mis pecados y ya no intenté ocultar mi culpa. Me dije: «Le confesaré mis rebeliones al Señor», ¡y tú me perdonaste! Toda mi culpa desapareció. 6 Por lo tanto, que todos los justos oren a ti, mientras aún haya tiempo, para que no se ahoguen en las desbordantes aguas del juicio. 7 Pues tú eres mi escondite; me proteges de las dificultades y me rodeas con canciones de victoria. 8 El Señor dice: «Te guiaré por el mejor sendero para tu vida; te aconsejaré y velaré por ti. 9 No seas como el mulo o el caballo, que no tienen entendimiento, que necesitan un freno y una brida para mantenerse controlados». 10 Muchos son los dolores de los malvados, pero el amor inagotable rodea a los que confían en el Señor.” (Sal 32:1-9, NTV)
No podemos olvidar que Dios le dio a Moisés instrucciones específicas acerca de cómo el pueblo de Israel debía cuidar las enseñanzas recibidas.
“6 Recuerda siempre estos mandamientos que te doy hoy. 7 Enséñaselos a tus hijos y háblales sobre ellos cuando estés en tu casa, cuando camines, cuando te acuestes y cuando te levantes. 8 Escríbelos y átalos en tu brazo como un recordatorio y llévalos como cinta en tu frente. 9 Escríbelos en las puertas de tu casa y a la entrada de tus ciudades….17 Obedece los mandamientos del SEÑOR tu Dios, sus enseñanzas y leyes que te ha dado. 18 Haz lo que el SEÑOR considere bueno y justo para que así prosperes y puedas entrar y ocupar la tierra buena que el SEÑOR les prometió a tus antepasados. 19 De esa forma podrás expulsar del territorio a todos tus enemigos, tal como prometió el SEÑOR. 20 En el futuro, cuando tu hijo te pregunte: «¿Cuál es el significado de las enseñanzas, normas y leyes que el SEÑOR nuestro Dios te dio?», 21 tú le responderás: «Nosotros éramos esclavos del faraón de Egipto, pero el SEÑOR nos sacó de Egipto gracias a su gran poder. 22 Ante nuestros ojos el SEÑOR hizo señales grandes y terribles, y milagros contra Egipto, contra el faraón y contra toda su gente. 23 Él nos sacó de ese lugar para traernos aquí y darnos esta tierra que él les había prometido a nuestros antepasados. 24 El SEÑOR nos mandó obedecer todas estas normas y leyes, y a respetarlo y obedecerlo a él. Esto será siempre para nuestro bien y nos mantendrá con vida como sucede hoy. 25 Si tenemos cuidado de obedecer todos sus mandamientos, tal como él nos ordenó el SEÑOR, Dios nos aprobará por haber hecho lo que es bueno»”
(Det 6:6-9, 17-25, PDT).
Debemos señalar que las narrativas bíblicas no esconden las debilidades, las faltas ni los pecados de los personajes que encontramos en estas. La razón detrás de esto es sencilla: todos nosotros somos pecadores. El único ser humano perfecto que ha habitado entre nosotros se llama Jesucristo. Esa perfección le hizo capaz de ofrecerse como la ofrenda perfecta en la cruz del Calvario para que nosotros podamos alcanzar la salvación y el regalo de la vida eterna.
Debemos tener en consideración que José era un ser humano similar a todos los demás. Sus fortalezas y sus debilidades no estaban ocultas ante Dios.
Esta aseveración se reviste de una importancia muy particular cuando observamos que Dios escogió a José para su servicio a pesar de las imperfecciones este joven adulto tenía y de los errores que cometía.
Ese es el mensaje más importante detrás de estas narrativas bíblicas. Dios tiene misericordia de nosotros, nos ama y nos llama a pesar de nosotros.
Al mismo tiempo, Dios en su infinito amor siempre hace provisión de herramientas y de enseñanzas para que minimicemos los errores que cometemos. Tan solo hace falta prestar atención a lo que ha dicho Dios en Su Palabra, no olvidar estas enseñanzas y decidir ponerlas en práctica a lo largo de nuestra vida.
Concluimos esta reflexión señalando que la saga de José nos enseña que no olvidar las mismas nos evitará problemas que peregrinan de generación en generación. Basta considerar que el faraón que no conocía a José convirtió en esclavos a los descendientes de la familia de aquél que había esclavizado los ciudadanos de ese reino. En otras palabras, que las decisiones que José tomó por encima de lo que Dios le había enseñado produjo tragedias en el futuro de los suyos. Esos resultados continúan siendo los mismos para todos nosotros.
[1] Sacks, Jonathan. Genesis: The Book of Beginnings (Covenant & Conversation 1) (p. 279). Kindle Edition.
[2] Gesenius, W., & Tregelles, S. P. (2003). In Gesenius’ Hebrew and Chaldee lexicon to the Old Testament Scriptures (pp. 726–727). Logos Bible Software.
[3] Strong, J. (2009). In A Concise Dictionary of the Words in the Greek Testament and The Hebrew Bible (Vol. 2, p. 102). Logos Bible Software.
[4] Strong, J. (2009). In A Concise Dictionary of the Words in the Greek Testament and The Hebrew Bible (Vol. 2, p. 49). Logos Bible Software
[5] Gesenius, W., & Tregelles, S. P. (2003). In Gesenius’ Hebrew and Chaldee lexicon to the Old Testament Scriptures (p. 346). Logos Bible Software.
[6] Strong, J. (2009). In A Concise Dictionary of the Words in the Greek Testament and The Hebrew Bible (Vol. 1, p. 74). Logos Bible Software.
[7] Kittel, Gerhard, Geoffrey William Bromiley, Gerhard Friedrich. Theological Dictionary of the New Testament. Grand Rapids, MI: Eerdmans, 1964 (reprinted 2006), Vol 4:581-589.
[8] El Heraldo, Boletín Institucional; 4 de Julio de 2010.
[9] Op. cit., p. 276
[10] Sarna, Nahum M.. Understanding Genesis (The Heritage of Biblical Israel) (p. 222). The Jewish Theological Seminary of America. Kindle Edition.
[11] Alter, Robert. Genesis: Translation and Commentary (p. 519). W. W. Norton & Company. Kindle Edition.
[12] Wildavsky, Aaron. Assimilation versus separation: Joseph the administrator and the politics of religion in biblical Israel. London: Routledge, 1993.
Familias dirigidas por el Espíritu Santo: el análisis de la familia de Jacob - Parte XXII
José: entre la cárcel y el sueño del Faraón
“20 Tres días después era el cumpleaños del faraón, quien preparó un banquete para todos sus funcionarios y su personal. Así que llamó al jefe de sus coperos y al jefe[a] de sus panaderos para que se unieran a los demás funcionarios. 21 Entonces restituyó al jefe de los coperos a su cargo anterior, para que volviera a entregar al faraón su copa. 22 Pero el faraón atravesó al jefe de los panaderos con un poste, tal como José había predicho cuando le interpretó el sueño. 23 Sin embargo, el jefe de los coperos del faraón se olvidó de José por completo y nunca más volvió a pensar en él.” (Gén 40:20-23, NTV)
La Biblia dice que hubo un espacio de dos (2) años entre las experiencias que José tuvo con el copero y el panadero del Faraón y el momento en el que Dios intervino para sacar a este joven de la cárcel. Esta también afirma que las interpretaciones de los sueños que Dios le reveló a José acerca de los sueños de estos funcionarios de palacio se cumplieron al pie de la letra. La fiesta de cumpleaños del Faraón propició el momento para que ambas interpretaciones fueran hechas realidad.
Como hemos dicho, José tuvo que esperar dos (2) años para poder ver la intervención de la mano del Señor en su proceso de liberación de la cárcel a la que había sido enviado. El profesor Jonathan Sacks le ha puesto un título a ese período: “between freedom and providence” (entre la libertad y la providencia).[1]
Algunos exégetas bíblicos han formulado que ese tiempo de espera era necesario para que José desarrollara paciencia y para que aprendiera a confiar plena y absolutamente en el Señor.
Es cierto que el concepto “paciencia” no aparece en el capítulo cuarenta (40) del Libro de Génesis. No obstante, los efectos de esa virtud están diseminados en toda la trama de esa narrativa bíblica.
Ahora bien; ¿qué es la paciencia? El hebreo bíblico posee algunos conceptos para referirse a esta virtud. Uno de estos, “qâvâh” (H6960), puede ser traducido como la capacidad para esperar, aguardar (quizás de aguantar), permanecer, lo cual difiere poco de la noción de fuerza; Sal. 27:14; 37:34, esperar a Jehová, es decir, su ayuda y/o depositar la esperanza en Él.[2] Los especialistas en ese lenguaje bíblico han dicho que este concepto está ligado a la capacidad de tener esperanza.[3]
Otro concepto hebreo que es utilizado para referirse a la paciencia es “yâchal” (H3176). Este puede ser traducido como esperar; por implicación: ser paciente, tener esperanza: (causar, tener, hacer) tener esperanza, sufrir, quedarse, demorarse, confiar y/o esperar.[4] En muchas ocasiones lo encontramos en los textos del Antiguo Testamento traducido como hacer que se espere algo, esperar, anhelar y aguardar; Job 6:11; 13:15; 14:14; 29:21.[5]
Estos datos nos conducen a la conclusión de que el hebreo bíblico combina la paciencia con la esperanza. Desde esta perspectiva, decir que José aprendió a ser paciente implica que también habría aprendido a desarrollar niveles más altos de esperanza en Dios y en sus propósitos.
La vida del creyente es similar a la de José. En ocasiones Dios tiene que permitir que atravesemos por valles de sombra, que nos veamos apresados en pozos de desesperación y de tristeza. Estas son sin duda temporadas complicadas y muy difíciles de manejar. Sin embargo, estos escenarios son los más adecuados para el desarrollo de la paciencia y de la esperanza. Esta es una de las razones por las que el salmista dijo lo siguiente:
“1 Pacientemente esperé a Jehová, Y se inclinó a mí, y oyó mi clamor. 2 Y me hizo sacar del pozo de la desesperación, del lodo cenagoso; Puso mis pies sobre peña, y enderezó mis pasos. 3 Puso luego en mi boca cántico nuevo, alabanza a nuestro Dios. Verán esto muchos, y temerán, Y confiarán en Jehová.” (Sal 40:1-3, RV 1960)
El concepto griego que se utiliza con mayor frecuencia en el Nuevo Testamento para referirse a la paciencia es “hupomonē”, (G5281). Este puede ser traducido como resistencia alegre (o esperanzada), constancia: perseverancia y/o paciencia.[6]
Compartimos algunas notas acerca de este concepto en el boletín de El Heraldo que fue publicado el 4 de julio de 2010.
“El concepto que se traduce aquí como paciencia era considerado por los griegos como otra de las virtudes cardinales. El “hupomonē” (G5281) es visto como una virtud que puede ser definida como “la perseverancia arrojada que desafía el mal con valentía.”[7]
Es muy importante señalar que los griegos la diferenciaban de la paciencia que conocemos de manera común y corriente en que el “hupomonē” posee un contenido activo. O sea, que este incluye una resistencia activa y energética contra los poderes hostiles, aunque no haya una aseveración exitosa de esa resistencia. Es por esto que debe traducirse como perseverancia; porque posee la paciencia en el interior de su definición, pero poseyendo algo más. Esto es, capacidad para permanecer en la búsqueda de Dios, esperando en él, resistiendo al mundo y esperando pacientemente.”[8]
O sea que, desde el punto de vista neotestamentario, José permaneció en esa cárcel afinando su perseverancia para enfrentar el mal con valentía y su capacidad para la resistencia contra los poderes del mal: los espirituales y los del mundo en el que él vivía. Además, él tendría la oportunidad de afinar su capacidad para permanecer en la búsqueda de Dios, resistiendo al mundo y esperando con paciencia el cumplimiento de las promesas que Dios le había hecho.
El Apóstol Pablo resumió todo esto en su Carta a los Romanos cuando dijo lo siguiente:
“3 Pero hay más, podemos sentirnos felices aun cuando tenemos sufrimientos porque los sufrimientos nos enseñan a ser pacientes. 4 Si tenemos paciencia, nuestro carácter se fortalece y con un carácter así, nuestra esperanza aumenta. 5 Esa esperanza no nos va a fallar porque Dios nos dio el Espíritu Santo, quien ha derramado el amor de Dios en nosotros.” (Rom 5:3-5, PDT)
El desarrollo de la paciencia llevaría a José a considerar que los sueños solo son sueños cuando aquellos que los tienen no son capaces de descubrir que la realidad es mucho más que eso. El desarrollo de esa virtud lo conduciría a no dejarse amilanar ante el olvido de algunos y de aquellas promesas de ayuda que fueron quebrantadas. Recordemos que la Biblia dice que el copero del Faraón se olvidó de José.
Esta virtud conduciría a José a agarrarse de las promesas del Señor y a no colocar sus esperanzas en las palabras de los hombres. Ese período de tiempo le serviría para aquilatar unos niveles de esperanza que no lo dejarían en vergüenza en el futuro que Dios tenía preparado para este joven. Él tenía que convencerse de que en medio de las paredes fría e inhóspitas de esa prisión Dios tenía que estar trabajando a favor suyo. No podía ser casualidad que el Todopoderoso le hubiera protegido, guardado, cubierto con tanta misericordia (“chêsêd”, H2617), para entonces olvidarse de él. En algún momento el Señor le sorprendería con algo inesperado que apuntaría al cumplimiento de las promesas que le había hecho a través de los sueños que tuvo cuando solo era un jovencito en la casa de Jacob.
Siglos más tarde, el pueblo de Israel saldría de Egipto cantando una canción que celebra esa misericordia y las formas que Dios escoge para conducir a Su Pueblo.
“11 ¿Quién como tú, oh Jehová, entre los dioses? ¿Quién como tú, magnífico en santidad, Terrible en maravillosas hazañas, hacedor de prodigios? 12 Extendiste tu diestra; La tierra los tragó. 13 Condujiste en tu misericordia a este pueblo que redimiste; Lo llevaste con tu poder a tu santa morada.” (Éxo 15:11-13, RV 1960)
Tal y como dice Sacks: la historia de José es más que la historia acerca de José. Se trata de la historia de cada uno de nosotros y el sutil entrelazamiento de la aparente casualidad y el [propósito] divinamente diseñado por Dios.[9]
Los biblistas a los que estamos haciendo referencia no arribaron a la conclusión acerca del aprendizaje al que José se expuso por medios especulativos. Ellos afirman que algunas de las expresiones que encontramos en el capítulo cuarenta (40) del Libro de Génesis sustentan la misma. Veamos estas:
“14 Acuérdate, pues, de mí cuando tengas ese bien, y te ruego que uses conmigo de misericordia, y hagas mención de mí a Faraón, y me saques de esta casa. 15 Porque fui hurtado de la tierra de los hebreos; y tampoco he hecho aquí por qué me pusiesen en la cárcel.” (Gén 40:14-15, RV 1960)
Estas son expresiones que José le hizo al copero luego de haberle facilitado la interpretación que Dios le reveló acerca del sueño que este funcionario había tenido. Estamos convencidos de que esas reacciones no fueron pecaminosas. Es obvio que su humanidad y su necesidad de libertad se hicieron patentes en esos momentos, pero esto no es una evidencia de pecado en la vida del undécimo hijo de Jacob.
Debemos entender que hasta ese instante José se había mantenido confiando en el Señor sin solicitar la ayuda ni de la intervención de terceros. Las conclusiones de estos exégetas apuntan a que Dios no quería que José aprendiera a depender de la intervención de otros en el plan eterno. Dios no quería que José aprendiera a depender de la ayuda, ni del consejo de los egipcios.
Es cierto que el copero fue instrumental en la salida de José de la cárcel en la que ambos se encontraron. Sin embargo, esto no ocurrió cuando José lo esperaba. Esto ocurrió cuando Dios en su soberanía lo decidió así. Repetimos que la Biblia dice que el copero no se acordó (“zā-ḵar”, H2142) de José y lo olvidó (“way-yiš-kā-ḥê-hū”, H7911); durante dos (2) años.
Insertamos un comentario aquí que puede arrojar luz a los lectores para descubrir la importancia del hermetismo divino sobre esta enseñanza. Repetimos: no es pecado pedir ayuda. La Biblia afirma y celebra la ayuda mutua (Heb 13:16); compartir con aquellos que tienen necesidad. No obstante, la necesidad de que José dependiera exclusivamente de Dios parecía procurar que él aprendiera a no depender de los egipcios porque esto le podría traer problemas en sus procesos de decisión en el futuro inmediato.
Encontramos en la Biblia que años más tarde José pareció olvidar esa directriz divina y decidió depender de las sugerencias y del consejo de los egipcios. Examinemos ese incidente de manera superficial.
“15 Cuando se acabó todo el dinero en Canaán y Egipto, los egipcios fueron a ver a José y le dijeron:
—Denos comida. Ya se nos acabó todo el dinero, si no nos da comida moriremos frente a sus ojos.
16 Entonces José dijo: —Denme sus rebaños. Si se les acabó el dinero, les daré comida a cambio de sus rebaños. 17 La gente le llevó sus rebaños a José, y él les dio comida a cambio de sus caballos, sus rebaños de ovejas, su ganado y sus burros. Ese año les dio comida a cambio de todos sus animales. 18 Cuando se acabó el año, la gente volvió y le dijo: —Usted sabe, señor, que se nos acabó el dinero y que ya le dimos todos nuestros animales. Sólo nos quedan nuestros cuerpos y nuestras tierras. 19 Con seguridad moriremos frente a sus ojos. Cómprenos a nosotros y nuestras tierras a cambio de comida. Nosotros nos convertiremos en esclavos del faraón y nuestras tierras también le pertenecerán a él. Suminístrenos semillas para sembrar, así podremos sobrevivir y la tierra no se convertirá en un desierto. 20 Entonces José compró toda la tierra de Egipto para el faraón. Todos los egipcios vendieron sus campos porque tenían mucha hambre. Y la tierra pasó a ser del faraón. 21 Hizo que toda la gente, de un extremo a otro de Egipto, volviera esclava del faraón. 22 La única tierra que no compró era la de los sacerdotes. Los sacerdotes no necesitaban vender su tierra porque el faraón les pagaba por su trabajo, y ellos usaban ese dinero para comprar comida. 23 José le dijo a la gente: —Hoy los compré a ustedes y a sus tierras para el faraón. Aquí tienen las semillas, vayan y siémbrenlas.” (Gén 47:15-23, PDT)
Algunas de las reflexiones que compartiremos más adelante serán dedicadas a presentar un análisis más mesurado de este pasaje bíblico. Ahora bien, hemos ennegrecido algunas frases que nos ayudarán en la presentación de un análisis somero de este. Esta narrativa bíblica presenta a José escuchando al pueblo egipcio presentando sus necesidades y ofreciendo su consejo y sus alternativas para resolver el dilema en el que se encontraban. Repetimos: José decidió escuchar y poner en práctica el consejo de los “ciudadanos” de ese reino. Esto es, personas que desconocía quién es el Dios al que José servía.
Esta narrativa bíblica establece que José los había alimentado a cambio de dinero. Esta no es una decisión equivocada ni maligna. Luego, dice el pasaje, que José los alimentó a cambio de sus rebaños. Esta decisión tampoco es descabellada ni pecaminosa, dada las condiciones por las que atravesaba esa región del mundo. Era un tiempo de gran necesidad y la toma de algunas decisiones radicales se podían y se tenían que imponer.
Sin embargo, esta narrativa describe que el consejo que los egipcios le ofrecieron a José era que los convirtiera en esclavos (“‘ă-ḇā-ḏîm”, H5650) en la misma tierra en la que habían nacido.
La Biblia dice que José hizo suyo ese consejo, convirtiendo a los egipcios en esclavos en su propia tierra.
“20 Entonces José compró todas las tierras de Egipto para el faraón, pues los egipcios vendieron sus terrenos, obligados por el hambre. Así la tierra pasó a poder del faraón, 21 y los egipcios fueron hechos esclavos en todo el país de Egipto.” (Gén 47: 20-21, DHH)
Estos datos han sido confirmados en la historia de Egipto. Nahum Sarna señala que uno de los aspectos de la economía del imperio egipcio que más asombro producía era la cantidad de tierras que pertenecían al estado, situación que prevaleció luego de la expulsión de los Hyksos en el siglo 16 antes de Cristo.[10] Es cierto que algunos exégetas han visto en esta decisión de José un ejemplo de su capacidad y de su sagacidad como líder.[11] No obstante, no es menos cierto que otros exégetas se han cuestionado si esa era la voluntad divina: que los ciudadanos de un país de se convirtieran en esclavos de su rey y en su propio país.[12]
Es cierto que no sabemos si existía otra alternativa. Lo que sí sabemos es que ese pasaje bíblico no muestra a José buscando la dirección de Dios para resolver ese dilema. La Biblia no presenta a José orando, tal y como oraba Abraham y lo hacían Isaac y Jacob. En cambio, sí describe que José decidió aceptar la intervención de los egipcios para resolverlo.
¿Sería esa la alternativa que Dios le ofrecería a José para enfrentar esa crisis? No tenemos respuesta para esa pregunta. Lo que sí sabemos es que el próximo libro de la Biblia contiene la siguiente expresión en su capítulo inicial:
“8 Tiempo después, subió al poder de Egipto un nuevo rey que no conocía nada de José ni de sus hechos.” (Éxo 1:8, NTV)
Tomemos nota: ese nuevo Faraón fue el responsable de esclavizar a todos los hijos de Israel.
Una de las enseñanzas que se deprenden de esa narrativa bíblica es que siempre debemos acudir al Señor buscando su orientación, su dirección y su consejo. Hacer esto evita el desarrollo de problemas y de crisis que hemos podido evitar. Además, este pasaje bíblico nos enseña que debemos aprender a discernir cuáles son las voces a las que prestamos atención.
¿Esto significa que no debemos patrocinar la búsqueda del consejo de los demás? Claro que debemos procurarlo. La Biblia afirma que en la multitud de consejeros hay seguridad.
“14 Donde no hay dirección sabia, caerá el pueblo; Mas en la multitud de consejeros hay seguridad.” (Pro 11:14, RV 1960)
Esta palabra de sabiduría bíblica no cancela el hecho de que hay muchas personas a las que no podemos acudir a buscar consejo.
Hay un dato que es importante destacar aquí. No podemos dejar de enfatizar que los pueblos que atraviesan por necesidades intensas y macroscópicas tienden a equivocarse con frecuencia en la toma de decisiones. Es un secreto a voces que las crisis pueden nublar nuestro entendimiento. En muchas ocasiones se observa en los pueblos antes descritos la inclinación a procurar respuestas y remedios que resuelvan las crisis de forma inmediata. Esto es: soluciones inmediatas que no consideran los resultados y las consecuencias de estas a mediano y a largo plazo. El diálogo entre mucha gente con estas características puede producir remedios que sean peores que la enfermedad. Añadimos que esta inclinación aumenta de manera vertiginosa en pueblos que no se han rendido a los pies del Señor.
Esta es una de las razones por las que la Biblia dice lo siguiente:
“5 Fíate de Jehová de todo tu corazón, Y no te apoyes en tu propia prudencia. 6 Reconócelo en todos tus caminos, Y él enderezará tus veredas. 7 No seas sabio en tu propia opinión; Teme a Jehová, y apártate del mal; 8 Porque será medicina a tu cuerpo, Y refrigerio para tus huesos.” (Pro 3:5-8, RV 1960)
Sabemos que la situación descrita en el capítulo cuarenta y siete de Génesis era más que apremiante: el hambre y la posibilidad latente de morir por inanición.
Cabe aquí una pregunta: ¿pudo José apelar a la magnanimidad del rey de turno sabiendo que este ya poseía todas las riquezas que había en su reino? Tenemos que admitir que la historia bíblica nos conduce aquí a una encrucijada en la que hay muchas preguntas para las que no tenemos respuestas. Lo único que sabemos a este respecto es que el texto bíblico no dice que José consultó esa decisión con el Faraón.
Algunos exégetas bíblicos afirman que esta era una de las enseñanzas a las que José tenía ser expuesto en la prisión. Algo en el interior de este pasaje parece apuntar a que él olvidó la misma. José siguió el consejo de los egipcios.
En esto hay otra lección que se reviste de mucha importancia. Es de conocimiento general que las experiencias por las que el Señor nos hace pasar tienen como meta prepararnos para el futuro que Él tiene contemplado para nosotros. Las enseñanzas y los adiestramientos a los que Él nos somete tienen como meta capacitarnos para que podamos ser capaces de cumplir con sus propósitos. Esas enseñanzas tienen que ser atesoradas en lo más profundo de nuestros corazones.
La Biblia está llena de ejemplos que sustentan lo antes dicho. Se trata de David procurando la misericordia del Señor luego de haberle fallado. Ese fracaso lo llevó a documentar todo lo que había experimentado en esos escenarios mientras procuraba humillarse ante Dios, de confesar el pecado cometido, de reconocer lo que sucede cuando no lo hacemos y de las herramientas que Dios nos provee para sostenernos en medio de esos procesos. Ese documento es el testimonio fehaciente de que David no quería ni podía olvidar esa experiencia; mucho menos sus enseñanzas.
“¡Oh, qué alegría para aquellos a quienes se les perdona la desobediencia, a quienes se les cubre su pecado! 2 Sí, ¡qué alegría para aquellos a quienes el Señor les borró la culpa de su cuenta, los que llevan una vida de total transparencia! 3 Mientras me negué a confesar mi pecado, mi cuerpo se consumió, y gemía todo el día. 4 Día y noche tu mano de disciplina pesaba sobre mí; mi fuerza se evaporó como agua al calor del verano. 5 Finalmente te confesé todos mis pecados y ya no intenté ocultar mi culpa. Me dije: «Le confesaré mis rebeliones al Señor», ¡y tú me perdonaste! Toda mi culpa desapareció. 6 Por lo tanto, que todos los justos oren a ti, mientras aún haya tiempo, para que no se ahoguen en las desbordantes aguas del juicio. 7 Pues tú eres mi escondite; me proteges de las dificultades y me rodeas con canciones de victoria. 8 El Señor dice: «Te guiaré por el mejor sendero para tu vida; te aconsejaré y velaré por ti. 9 No seas como el mulo o el caballo, que no tienen entendimiento, que necesitan un freno y una brida para mantenerse controlados». 10 Muchos son los dolores de los malvados, pero el amor inagotable rodea a los que confían en el Señor.” (Sal 32:1-9, NTV)
No podemos olvidar que Dios le dio a Moisés instrucciones específicas acerca de cómo el pueblo de Israel debía cuidar las enseñanzas recibidas.
“6 Recuerda siempre estos mandamientos que te doy hoy. 7 Enséñaselos a tus hijos y háblales sobre ellos cuando estés en tu casa, cuando camines, cuando te acuestes y cuando te levantes. 8 Escríbelos y átalos en tu brazo como un recordatorio y llévalos como cinta en tu frente. 9 Escríbelos en las puertas de tu casa y a la entrada de tus ciudades….17 Obedece los mandamientos del SEÑOR tu Dios, sus enseñanzas y leyes que te ha dado. 18 Haz lo que el SEÑOR considere bueno y justo para que así prosperes y puedas entrar y ocupar la tierra buena que el SEÑOR les prometió a tus antepasados. 19 De esa forma podrás expulsar del territorio a todos tus enemigos, tal como prometió el SEÑOR. 20 En el futuro, cuando tu hijo te pregunte: «¿Cuál es el significado de las enseñanzas, normas y leyes que el SEÑOR nuestro Dios te dio?», 21 tú le responderás: «Nosotros éramos esclavos del faraón de Egipto, pero el SEÑOR nos sacó de Egipto gracias a su gran poder. 22 Ante nuestros ojos el SEÑOR hizo señales grandes y terribles, y milagros contra Egipto, contra el faraón y contra toda su gente. 23 Él nos sacó de ese lugar para traernos aquí y darnos esta tierra que él les había prometido a nuestros antepasados. 24 El SEÑOR nos mandó obedecer todas estas normas y leyes, y a respetarlo y obedecerlo a él. Esto será siempre para nuestro bien y nos mantendrá con vida como sucede hoy. 25 Si tenemos cuidado de obedecer todos sus mandamientos, tal como él nos ordenó el SEÑOR, Dios nos aprobará por haber hecho lo que es bueno»”
(Det 6:6-9, 17-25, PDT).
Debemos señalar que las narrativas bíblicas no esconden las debilidades, las faltas ni los pecados de los personajes que encontramos en estas. La razón detrás de esto es sencilla: todos nosotros somos pecadores. El único ser humano perfecto que ha habitado entre nosotros se llama Jesucristo. Esa perfección le hizo capaz de ofrecerse como la ofrenda perfecta en la cruz del Calvario para que nosotros podamos alcanzar la salvación y el regalo de la vida eterna.
Debemos tener en consideración que José era un ser humano similar a todos los demás. Sus fortalezas y sus debilidades no estaban ocultas ante Dios.
Esta aseveración se reviste de una importancia muy particular cuando observamos que Dios escogió a José para su servicio a pesar de las imperfecciones este joven adulto tenía y de los errores que cometía.
Ese es el mensaje más importante detrás de estas narrativas bíblicas. Dios tiene misericordia de nosotros, nos ama y nos llama a pesar de nosotros.
Al mismo tiempo, Dios en su infinito amor siempre hace provisión de herramientas y de enseñanzas para que minimicemos los errores que cometemos. Tan solo hace falta prestar atención a lo que ha dicho Dios en Su Palabra, no olvidar estas enseñanzas y decidir ponerlas en práctica a lo largo de nuestra vida.
Concluimos esta reflexión señalando que la saga de José nos enseña que no olvidar las mismas nos evitará problemas que peregrinan de generación en generación. Basta considerar que el faraón que no conocía a José convirtió en esclavos a los descendientes de la familia de aquél que había esclavizado los ciudadanos de ese reino. En otras palabras, que las decisiones que José tomó por encima de lo que Dios le había enseñado produjo tragedias en el futuro de los suyos. Esos resultados continúan siendo los mismos para todos nosotros.
[1] Sacks, Jonathan. Genesis: The Book of Beginnings (Covenant & Conversation 1) (p. 279). Kindle Edition.
[2] Gesenius, W., & Tregelles, S. P. (2003). In Gesenius’ Hebrew and Chaldee lexicon to the Old Testament Scriptures (pp. 726–727). Logos Bible Software.
[3] Strong, J. (2009). In A Concise Dictionary of the Words in the Greek Testament and The Hebrew Bible (Vol. 2, p. 102). Logos Bible Software.
[4] Strong, J. (2009). In A Concise Dictionary of the Words in the Greek Testament and The Hebrew Bible (Vol. 2, p. 49). Logos Bible Software
[5] Gesenius, W., & Tregelles, S. P. (2003). In Gesenius’ Hebrew and Chaldee lexicon to the Old Testament Scriptures (p. 346). Logos Bible Software.
[6] Strong, J. (2009). In A Concise Dictionary of the Words in the Greek Testament and The Hebrew Bible (Vol. 1, p. 74). Logos Bible Software.
[7] Kittel, Gerhard, Geoffrey William Bromiley, Gerhard Friedrich. Theological Dictionary of the New Testament. Grand Rapids, MI: Eerdmans, 1964 (reprinted 2006), Vol 4:581-589.
[8] El Heraldo, Boletín Institucional; 4 de Julio de 2010.
[9] Op. cit., p. 276
[10] Sarna, Nahum M.. Understanding Genesis (The Heritage of Biblical Israel) (p. 222). The Jewish Theological Seminary of America. Kindle Edition.
[11] Alter, Robert. Genesis: Translation and Commentary (p. 519). W. W. Norton & Company. Kindle Edition.
[12] Wildavsky, Aaron. Assimilation versus separation: Joseph the administrator and the politics of religion in biblical Israel. London: Routledge, 1993.
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