Reflexiones de Esperanza: Dios nos habla en medio de las crisis y de las tribulaciones (Pt II) (Parte 27)

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14 Por cuanto en mí ha puesto su amor, yo también lo libraré; Le pondré en alto, por cuanto ha conocido mi nombre. (Salmo 91:14)

El verso 14 del Salmo 91 nos ha cautivado. Este verso es la introducción a la resolución divina con la que concluye este salmo. Vemos aquí que de repente Dios decidió tomar control de la conversación que sostenían los personajes que interactuaban, que participaban en este coloquio. La respuesta  de Dios (vv. 14-16) es una resolución que emana de la gracia y la misericordia del Todopoderoso.

Hemos visto que esta resolución surge como la respuesta de Dios a un amor (“châshaq”, H2836) que se apega, que se entrega, se adhiere, que se deleita. O sea, que se trata de la respuesta de Dios al amor con el que el creyente le responde al Eterno.  Estas respuestas también son la ratificación de las promesas que encontramos en los versos tres (3), siete (7) y 10.

El verso 14 del Salmo 91 revela que uno de los primeros beneficios que el creyente recibe de parte de Dios es el de la liberación. El concepto hebreo que se traduce aquí como liberación es uno muy interesante (“pâlaṭ”, H6403). Este concepto implica unos procesos de escape, causar el escape, provocar el escape, producir el escape. Además, es traducido como el proceso de ser llevado a un lugar seguro o llevar a uno a la seguridad; un rescate orquestado por Dios. En adición a esto, este concepto puede ser traducido como parir y/o cargar una presa. [1]

Toda esta información presupone que la primera promesa que Dios le hace al creyente es una en la que se pueden producir experiencias de escape. Dios puede causar que podamos escapar de la mala noticia, del lazo del cazador y de la peste destructora. Él puede provocar que escapemos del terror nocturno  y/o puede producir el escape de las amenazas provocadas por la saeta que vuela de día. Dios está prometiendo que llevará al creyente a un lugar seguro o que producirá seguridad en el creyente sin importar la situación por la que este pueda estar atravesando. Además, esta promesa puede ser interpretada como que cualquier situación difícil que experimentemos podría ser utilizada por el Señor para que “pariéramos.” Esto es, que haya productividad y esperanza de un futuro con ganancias en medio de esa crisis. A esto hay que añadir que este concepto puede estar predicando que Dios nos “cargará en su boca” como la madre de un león carga sus cachorros para llevarlos a un lugar seguro.

La última aseveración que hemos compartido posee unos ribetes cristológicos muy poderosos. Basta considerar que la boca de Dios es la que habla Su Palabra y que esa Palabra encarnada es Cristo Jesús, Señor nuestro.

El examen del uso de este concepto en otros salmos, el concepto que se traduce como “librará”, nos puede ayudar a desarrollar una idea más completa acerca de sus significados. El salmista utiliza este concepto con mucha frecuencia. En casi todos los instantes en los que él lo usa encontraremos las descripciones de situaciones que producen dolor y pavor. Veamos algunos ejemplos:

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43 Me has librado de las contiendas del pueblo; Me has hecho cabeza de las naciones; Pueblo que yo no conocía me sirvió…..47 El Dios que venga mis agravios, Y somete pueblos debajo de mí; 48 El que me libra de mis enemigos, Y aun me eleva sobre los que se levantan contra mí; Me libraste de varón violento. (Salmo 18:43, 47-48)

El escritor de este salmo nos permite conocer en los primeros versos cuál es la situación por la que estaba atravesando; cuál era la fuente de sus prisiones emocionales,  de sus dolores y sus temores. Veamos lo que él nos dice acerca de esto:

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4 Me rodearon ligaduras de muerte, Y torrentes de perversidad me atemorizaron. 5 Ligaduras del Seol me rodearon, Me tendieron lazos de muerte. 6 En mi angustia invoqué a Jehová, Y clamé a mi Dios. Él oyó mi voz desde su templo, Y mi clamor llegó delante de él, a sus oídos. (Salmo 18:4-6)

Este salmista nos dice que las amenazas de muerte y los terrores que estas situaciones pueden provocar eran las causas de sus prisiones, eran sus ataduras. Él necesitaba liberación.

Otro ejemplo lo encontramos en el Salmo 22.

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1 Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado? ¿Por qué estás tan lejos de mi salvación, y de las palabras de mi clamor? 2 Dios mío, clamo de día, y no respondes; Y de noche, y no hay para mí reposo. 3 Pero tú eres santo, Tú que habitas entre las alabanzas de Israel. 4 En ti esperaron nuestros padres; Esperaron, y tú los libraste. 5 Clamaron a ti, y fueron librados; Confiaron en ti, y no fueron avergonzados. (Salmo 22:1-5)

El desamparo y el abandono se habían convertido en fuentes de angustia y prisiones de dolor para este escritor. La virtud de este salmo, el Salmo 22, es que nos permite ver cómo es que el salmista decide echar mano de los testimonios que tenía a su disposición; los testimonios de liberación que habían vivido los padres de su nación. Es hermoso saber que Dios ha permitido que otras personas pasen por experiencias similares a las que nosotros vivimos para poder usarlos como instrumentos de Su Gracia. Es de esta manera que ellos se convierten en modelos a seguir; cuando son capaces de consolarnos con la misma consolación con la que fueron consolados (2 Cor 1:3-6); cuando sus testimonios se convierten en fuentes de inspiración para nuestras vidas. Ellos nos hacen saber que si Dios lo hizo ayer, lo volverá a hacer. El salmista necesitaba liberación y sabía que Dios lo haría una vez más.

Un ejemplo excepcional del uso de este concepto lo encontramos en el Salmo 37. Este salmo es una oda a la confianza que tenemos que desarrollar en una situación muy particular. Se trata de los momentos en que encontramos que le va muy bien a la gente que se porta muy mal y que a nosotros, portándonos bien nos va mal. Es en este contexto que el salmista nos dice lo siguiente:

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39 Pero la salvación de los justos es de Jehová. Y él es su fortaleza en el tiempo de la angustia. 40 Jehová los ayudará y los librará; Los libertará de los impíos, y los salvará, Por cuanto en él esperaron.  (Salmo 37:39-40)

El escritor de este salmo nos dice que él necesitaba liberación y además, que él sabía que su confianza en el Señor, su amor hacia Dios, provocaría que Dios produjera o provocara su liberación; que lo hiciera una vez más.

El próximo ejemplo es extraído del Salmo 40.

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17 Aunque afligido yo y necesitado, Jehová pensará en mí. Mi ayuda y mi libertador eres tú; Dios mío, no te tardes. (Salmo 40:17)

Es obvio que las expresiones de estos versos apuntan a que el salmista se encontraba atravesando por un momento que producía grandes aflicciones y necesidad. Muchos de estos procesos que producen aflicción se convierten en cárceles que procuran atrapar al ser humano. Se trata de prisiones de dolor, de desesperanza y desaliento. Las expresiones con las que el salmista cierra este salmo destilan dolor al mismo tiempo que pintan un “canvas”, un lienzo de esperanza: “Dios mío no te tardes.”

Este salmo trae a nuestra memoria una experiencia que compartimos en uno de los libros que el Señor nos ha permitido escribir: “El Despertar de la Adoración.”[2]

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“En 1972, uno de mis primos, Gabriel, estaba realizando una asignación misionera en la república de Nicaragua. El gran terremoto que ocurrió ese año le sorprendió allí. Un cuadro estremecedor se grabó para siempre en su mente. Una mujer, que había perdido tres de sus siete hijos en el movimiento telúrico, se esforzaba con sus manos para intentar sacar de los escombros a la "pequeña Mariíta"; su niña más pequeña. Ella le había escuchado llorar y su llanto parecía venir de adentro de esos escombros. Su esposo, al parecer había muerto, pues el sismo le sorprendió a él y a algunos de sus amigos mientras tomaban licor en una taberna cercana. Esta taberna se desplomó y no encontraron sobrevivientes.
Pasaban las horas y no se escuchaban sonidos algunos que pudieran dar indicios de que hubiese vida dentro de todos esos escombros. Ni siquiera las manos ensangrentadas de esta mujer pudieron detenerle de seguir arañando la tierra y las piedras retorcidas para encontrar a su "Mariíta." Gabriel recuerda algunos remesones que hicieron correr de pavor a muchos. La mujer permanecía allí. La única queja que le oyó fue señalar que las máquinas "estaban en el norte." Mientras muchos intentaban ayudarla en su tarea, Gabriel intentaba convencerla de que se rindiera, que se resignara a la dura realidad de la muerte de Mariíta. Su respuesta fue mucho más estremecedora que el sismo que acababan de experimentar. "Sé que está muerta, pero al menos merece que la sepulte en dónde sepulté a sus hermanos."
Al cabo de unas horas se encontró el cuerpo frío y morado de una bebé que aparentaba tener menos de dos años de edad. Su madre la abrazó contra su pecho y la besó. Mientras lloraba, Gabriel le escuchó decir: "Gracias Dios por permitirme sacarla de allí. Gracias por hacerla llorar. Su llanto me recordó que tengo otros que necesitan, que les enseñe a luchar...."
La mujer tomó la niña y recuerda este hombre, quien tuvo que abandonar el campo misionero por enfermedades contraídas en el mismo, que la mujer iba cantado camino abajo un coro inspirado en los versos del salmo 40;
Aunque afligido yo y necesitado, \\ Jehová pensará en mí, Jehová pensará en mí\\.  \\Puso mis pies sobre peña, enderezó mis pasos.\\
Aunque afligido yo y necesitado, \\ Jehová pensará en mí, Jehová pensará en mí\\.  \\Dios mío no te tardes....\\
\\ Jehová pensará en mí, Jehová pensará en mí\\.
Ella se le perdió de la vista cuando entraba al cementerio que habían improvisado en la comunidad. Sólo aquellos que han experimentado la llenura del Espíritu Santo pueden dar gracias en todo momento. Nuestra humanidad no nos permitiría hacerlo en momentos tan impactantes como los antes descritos.”

Esta mujer Nicaragüense había sido convertida en prisionera de sus dolores y de sus desesperanzas. Hay dolores que postran, que encarcelan y que son capaces de aprisionar hasta la esperanza. Son problemas que pueden nublar hasta el sentido de la vida: por qué vivimos y para qué vivimos.

Dios se valió del llanto de un angelito que estaba próximo a volar al cielo para llamar la atención de esta madre y provocar que ella decidiera encontrar un propósito para seguir viviendo. Sabemos que este propósito trascendió la maternidad para centralizarse en la adoración. Solo Dios puede provocar que alguien adore así en medio de esta clase de dolores. Fue Dios mismo el que presentó una avenida de escape para que esta mujer pudiera adorar en medio de su aflicción.

Podemos continuar ofreciendo ejemplos bíblicos del uso de este concepto (“pâlaṭ”, H6403). Los resultados serán siempre los mismos. Dios ha prometido librar a aquellos que le aman. No está en nuestra potestad decidir cómo es que Dios desarrollará ese proceso de liberación. Lo que sí está en nuestras manos es decidir amar al Señor sin importar cuál sea la situación por la que estemos atravesando.

Es muy importante destacar que el uso del concepto liberación implica que experimentaremos la prisión, el dolor, la fuente de la aflicción. El uso de este verbo implica que veremos el horno de fuego, y el foso de los leones (Dan 6:1-25). La promesa del Dios que nos ama es que los leones no nos podrán hacer daño. Ese foso se convertirá en lugar para parir grandes testimonios, para recibir palabra profética, para ser transformados en portadores de un mensaje de esperanza que hemos encarnado. La promesa de Dios es que el horno de fuego (Dan 3:1-30) será el momento más oportuno para poder contemplar y disfrutar de la Presencia del Amado que murió por nosotros en la Cruz del Calvario.

La próxima bendición que se encuentra en la resolución que el Señor nos entrega en el verso 14 del Salmo 91 es la de ser puestos en alto. Esta expresión es similar a decir que seremos colocados en un lugar seguro (“śâgab”, H7682). Esto es, un lugar inaccesible, elevado, alto y majestuoso.

Hace falta presentar algunos datos de la topografía de Israel para que podamos ser capaces de entender los matices de esta expresión. La topografía de la nación Israelita es una que ofrece muchos lugares escarpados, de difícil acceso, en los que uno puede encontrar refugio. El testimonio de la fortaleza de Masada es sin duda alguna uno de los mejores ejemplos[3]. Un grupo de israelitas se refugió en esa meseta, en la cumbre de una montaña (1300 pies de alto) para escapar allí de la bota del imperio romano. Masada, cuyo nombre significa fortaleza (edificio) sirvió de refugio a 960 judíos entre los años 73-74 DC, al final de la Primera Guerra de los Judíos y los Romanos. El Rey Herodes el Grande había construido allí, cerca del Mar Muerto, unas facilidades enormes que él había convertido en uno de sus palacios[4] (37AC- 4DC). Los romanos necesitaron emplear muchos meses de duro trabajo solo para poder acceder ese lugar.

El salmista también utiliza este concepto en el Salmo 20 para describir la defensa que provee Dios.

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1 Jehová te oiga en el día de conflicto; El nombre del Dios de Jacob te defienda. 2 Te envíe ayuda desde el santuario, Y desde Sion te sostenga.” (Salmo 20:1-2)

Esta es una “defensa”, una transición a un lugar alto en el que Dios nos defiende y nos sostiene.
El salmista vuelve a usar este concepto en el Salmo 59.

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1 Líbrame de mis enemigos, oh Dios mío; Ponme a salvo de los que se levantan contra mí. 2 Líbrame de los que cometen iniquidad, Y sálvame de hombres sanguinarios.  (Salmo 59:1-2)

Otro ejemplo del uso de este concepto lo podemos encontrar en el Salmo 107. En esta ocasión el énfasis está en la acción de levantar, de poner en alto.

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41 Levanta de la miseria al pobre, Y hace multiplicar las familias como rebaños de ovejas. (Salmo107:41)

El salmista alaba a Dios en este salmo porque Él es el Dios que levanta, que pone en un lugar alto a los suyos. Ese es el Dios que defiende a los pobres, a aquellos que no poseen nada.

El salmista dice en el verso 14 del Salmo 91 que la razón por la que Dios hará esto, ponernos en alto, es porque ese creyente conoce el nombre del Señor. Esta es una expresión muy poderosa porque se adentra en la teología del nombre de Dios[5]. Esta teología está implícita en expresiones tales como la siguiente: “y bendiga todo mi ser su santo nombre” (Sal 103:1b).

Conocer el nombre de Dios significa, entre otras cosas, saber quién es Dios; poseer una relación muy cercana con Él. Recordemos que el nombre de Dios describe parte de su naturaleza y de sus acciones como Dios. Sabemos que los muchos nombres (títulos) por los cuales se conoce a Dios en la Biblia son solo aproximaciones que procuran darnos alguna descripción de quién es Dios. O sea, que conocer el nombre de Dios no significa que podemos saber todo acerca del Eterno. Aún así, Dios quiere que le conozcamos, que podamos establecer una relación personal con Él.

Sin embargo, es en el Evangelio que podemos encontrar un acercamiento más concreto al significado que posee esta expresión. De hecho, conocer el nombre de Dios es uno de los principios teológicos de la fe Cristiana. El Evangelio de Juan nos dice que la tarea de Cristo era poder lograr que los seres humanos pudieran conocer al único Dios verdadero (Jn 17:3). Veamos lo que Jesucristo dice acerca de esto en el Evangelio de Juan:

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6 He manifestado tu nombre a los hombres que del mundo me diste; tuyos eran, y me los diste, y han guardado tu palabra.  (Juan 17:6)

Otras versiones bíblicas nos permiten entender mucho mejor el significado de estas expresiones.

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6 A los que escogiste del mundo para dármelos, les he hecho saber quién eres. Eran tuyos, y tú me los diste, y han hecho caso de tu palabra. (DHH)
6 A los que me diste del mundo les he revelado quién eres. Eran tuyos; tú me los diste y ellos han obedecido tu palabra. (NVI)

Nadie pues conocer a Dios sino es a través de Cristo Su Hijo y es Cristo el que tiene ese nombre que es sobre todo nombre (Fil 2:5-11). Sabemos que es en el nombre de Cristo que se ora, se reprenden las fuerzas del maligno y se ordena la sanidad de los enfermos. Sabemos que nadie puede orar así, reprender así o pedir así si no conoce al Señor.

El salmista dice en el verso 14 del Salmo 91 que aquellos que reciben esta revelación tienen garantizado que serán colocados en un lugar seguro. Estas son las primeras dos (2) bendiciones que describe la resolución final de este salmo.
Referencias

[1] Whitaker, R., Brown, F., Driver, S. R. (Samuel R., & Briggs, C. A. (Charles A. (1906). The Abridged Brown-Driver-Briggs Hebrew-English Lexicon of the Old Testament: from A Hebrew and English Lexicon of the Old Testament by Francis Brown, S.R. Driver and Charles Briggs, based on the lexicon of Wilhelm Gesenius. Boston; New York: Houghton, Mifflin and Company.
[2] Mizraim Esquilín, El Despertar de la Adoración, 1995, Miami, Editorial Caribe, pp. 44-45.
[3] https://www.history.com/topics/ancient-middle-east/masada.
[4] https://whc.unesco.org/en/list/1040/.
[5] G. Von Rad, Teología del Antiguo Testamento I (Salamanca 1972), 234-242;https://ref.ly/logosres/bdba?ref=BrownDriverBriggs.BDB+812.1&off=522

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