Reflexiones de Esperanza: Dios nos habla en medio de las crisis y de las tribulaciones (Pt X) – El poder transformador de la Palabra de Dios (Parte 35)

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16 Lo saciaré de larga vida, Y le mostraré mi salvación. (Salmo 91:16)

Los últimos versos del Salmo 91 nos han ofrecido la oportunidad de estudiar una de las muchas resoluciones divinas que encontramos en la Palabra de Dios. Algunas de esas resoluciones aparecen a modo de sentencias celestiales que imponen la justicia de Dios. Por ejemplo, ese es el caso de lo que encontramos en la narrativa bíblica del diálogo que Dios sostiene con Adán y con la serpiente luego de la tragedia del Edén (Gn 3:14-15, 17-19). Este es también el género literario de la narrativa bíblica acerca del pecado de las ciudades de Sodoma y de Gomorra (Gn 18:20-21; 19:13).

En cambio hay otras resoluciones divinas que predican la misericordia y la visitación de Dios. El pasaje bíblico de la revelación de la gloria de Dios que recibe Moisés es un buen ejemplo de esto (Éxo 33:17-23). Otras resoluciones divinas sirven el propósito de garantizar un futuro esperanzador. La narrativa bíblica acerca de la orden divina para que Abraham sacrificara a su hijo Isaac culmina así (Gn 22:15-18). Los últimos versos del Salmo 91 caen en esta categoría:

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14 Por cuanto en mí ha puesto su amor, yo también lo libraré; Le pondré en alto, por cuanto ha conocido mi nombre. 15 Me invocará, y yo le responderé; Con él estaré yo en la angustia; Lo libraré y le glorificaré. 16 Lo saciaré de larga vida, Y le mostraré mi salvación. (Salmo 91:14-16)

Existen varias maneras de acercarse a esta resolución. Una de ellas es la que hemos estado utilizando en las reflexiones que hemos compartido hasta aquí. Se trata de describir e interpretar el mensaje que Dios nos comunica a través de las aseveraciones que encontramos en esos tres versos. Otro acercamiento a estos versos es afirmar que las palabras que aparecen en ellos han salido de la boca y del corazón de Dios y que por lo tanto poseen un poder transformador indiscutible, insustituible insuperable e inimitable. La Palabra de Dios tiene el poder para transformar a todos aquellos que nos acercamos a ella con corazón sensible; “en espíritu y en verdad” (Jn 4:23-24).

Sabiendo esto, tendremos que concluir que estos versos bíblicos tienen el poder de transformarnos, de convertirnos en los primeros dos (2) personajes que intervienen en el Salmo 91. Esos versos poseen el poder para transformar al creyente en aquello que Dios ha dispuesto como Su propósito santo para nosotros (Efe 4:8-16). O sea, que estos versos del Salmo 91 también pueden ser interpretados como una descripción de las características que tienen aquellos que habitan al abrigo del Altísimo y moran bajo la sombra del Omnipotente; aquellos que aman al Señor.

El Dr. H.D.M. Spence Jones llegó a esa conclusión a principios del siglo 20.[1]Este teólogo decía que la primera característica de aquellos que estos versos describen es que ellos han trascendido de amar a Dios para colocar, para poner, para establecer su amor en el Señor (v.14). Los especialistas en el texto hebreo han ofrecido la siguiente traducción de esas frases:

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Because he has desired Me, therefore I will deliver him; I will set him on high, because he has known My name. He shall call upon Me, and I will answer him; I will be with him in trouble; I will deliver him, and honor him. With long life I will satisfy him, and show him My Salvation [2]

La diferencia entre amar al Señor y lo que dice el verso 14 es que este verso describe corazones que aman a Dios más allá de un deber o de una responsabilidad; más allá de una respuesta al amor con el que Él nos amó primero (1 Jn 4:18). Se trata de corazones que se han vuelto a Dios, que desean estar ante la presencia del  Eterno y que por ende, han decidido separarse del pecado. El amor que tienen y sienten por Dios se infiltra en todo lo que ellos hacen. Hay un buen ejemplo de esto en la carta del Apóstol Pablo a Los Filipenses:

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23 Porque de ambas cosas estoy puesto en estrecho, teniendo deseo de partir y estar con Cristo, lo cual es muchísimo mejor; 24 pero quedar en la carne es más necesario por causa de vosotros. (Filipenses 1:23-24)

El ejemplo de la poesía de la poetisa Peruana Teresa de Ávila es más que elocuente:

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Vivo ya fuera de mí, después que muero de amor; porque vivo en el Señor, que me quiso para sí: cuando el corazón le di puso en él este letrero, que muero porque no muero.
Esta divina prisión, del amor en que yo vivo, ha hecho a Dios mi cautivo, y libre mi corazón; y causa en mí tal pasión ver a Dios mi prisionero, que muero porque no muero. [
3]

Otra característica de estos fieles es que conocen a Dios por Su nombre (v. 14). O sea, que su amor por el Señor ha trascendido haciendo crecer su relación con Dios, para estar más cerca de Él, para amistarse con Él. Spence decía que esta clase de conocimiento eleva el alma por encima de los anhelos, de las pruebas, de las tribulaciones, de las tentaciones y de las necesidades que podemos enfrentar en la vida.

Estos versos dicen que otra característica que poseen estos fieles es que saben orar y aman hacerlo. Esos versos dicen que ellos trascienden la oración genérica, la que se levanta por costumbre para invocar el nombre de Dios (v.15). Esto describe una vida de oración que es efectiva, porque ellos saben que Dios responde y están dispuestos a recibir cualquier respuesta del Eterno. Estos versos describen a creyentes que aman el diálogo con Dios; saben invocarlo, con todo lo que ya sabemos que esto puede representar.

Estos versos del Salmo 91 describen que estos fieles saben que el Señor les acompaña en medio de los procesos que producen angustia (v.15). Ellos saben que no escaparán al fuego de la prueba, ni el tiempo de la tribulación, ni el de las angustias, pero no pierden su fe ni su esperanza porque saben que el Señor está con ellos. Estos versos describen a creyentes que conocen lo que dice el Apóstol Pedro acerca de las pruebas, de las aflicciones y del sufrimiento:

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12 Amados, no os sorprendáis del fuego de prueba que os ha sobrevenido, como si alguna cosa extraña os aconteciese, 13 sino gozaos por cuanto sois participantes de los padecimientos de Cristo, para que también en la revelación de su gloria os gocéis con gran alegría. (1 Pedro 4:12-13)
10 Mas el Dios de toda gracia, que nos llamó a su gloria eterna en Jesucristo, después que hayáis padecido un poco de tiempo, él mismo os perfeccione, afirme, fortalezca y establezca.  (1 Pedro 5:10)

Los versos finales del Salmo 91 dicen que estos fieles viven la vida con certeza y con plena confianza porque ellos saben que Dios los va a librar y que los va a honrar. Además, ellos viven vidas productivas y llenas de satisfacción porque el Todopoderoso se los ha prometido. Por último, estos fieles viven disfrutando su Salvación y saludando de lejos sus bendiciones. Esto es así porque están constantemente inmersos en la revelación de la salvación que ofrece nuestro Dios.

Los versos 14 al 16 del Salmo 91 dicen que hay algunas características que nunca encontraremos en estos creyentes. Nunca encontraremos en ellos decepción ni desilusión, tampoco soledad, ni derrota, ni vergüenza o deshonra. [4]

No encontraremos decepción ni desilusión en ellos porque ellos saben que Dios siempre responde. Ya hemos estudiado la multitud de variables que pueden ser la respuesta del Altísimo:

A base de estos datos podemos concluir que la respuesta de Dios pertenece a Su soberanía. Sabemos que Dios se reserva las formas y maneras de responder a nuestro clamor porque Él es Dios.  Ahora podemos añadir a ese conocimiento que las categorías y las formas de las respuestas de Dios son insondables.

A base de lo que dice el verso 15 de este salmo, Dios puede decidir respondernos con su mirada. El rey Salomón le pide a Dios que Sus ojos estén abiertos sobre la oración que se levanta en el Santuario (2 Cro 6:20). Dios le contestó diciendo que esa sería una de sus respuestas (1 Rey 9:3). El agrado, el respeto del Señor a la ofrenda que presentó Abel es otro ejemplo de ello (Gn 4:4). La mirada de Dios puede ser una respuesta. Si no lo cree, examine el pasaje bíblico en el que Cristo mira a Pedro justo después que este negara al Maestro (Lcs 22:61).

A base del análisis de este concepto podemos decir que Dios puede responder a nuestro clamor haciéndonos saber que Él está atento a nuestra oración. O sea, en silencio y esperando el momento oportuno para dictar su sentencia. Desde esta perspectiva reafirmamos que los silencios de Dios son una respuesta. Esto forma parte de lo que el salmista le pedía a Dios, que estuviera atento a sus oraciones. Esto era para él era más que suficiente:

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2 Está atento a la voz de mi clamor, Rey mío y Dios mío, Porque a ti oraré. (Salmo 5:7)
17 El deseo de los humildes oíste, oh Jehová; Tú dispones su corazón, y haces atento tu oído.   (Salmo 10:17)

1 Oye, oh Jehová, una causa justa; está atento a mi clamor. Escucha mi oración hecha de labios sin engaño. 2 De tu presencia proceda mi vindicación; Vean tus ojos la rectitud. (Salmo 17:1-2)
Dios puede decidir responder con respuestas claras (Gn 35:3), que podemos entender, con palabras (Job 38:1), con señales (1 Cró 1:26, fuego). Dios puede responder enviando y proveyendo los cuidados necesarios (el maná, el agua y las codornices en el desierto). Dios puede responder concediendo lo que le pedimos (Sal 37:4). Dios puede dar testimonio, testificar acerca de nosotros como parte de esa respuesta. El caso de Job es uno de los más conocidos (Job 1:8). Noemí responde a las preguntas que le hicieron su coterráneos, cuando ella regresó a Belén, diciendo que ella estaba convencida de que su aflicción se debía a que Dios había dado testimonio acerca de ella (Rut 1:21).O sea, que su aflicción formaba parte de las respuestas de Dios. Además, no podemos olvidar que en varias ocasiones la Biblia es llamada el testimonio de Dios (Éxo 25:16, 21, Sal 19:7; 132:12). O sea, que Dios nos puede responder a través del testimonio de su Santa Palabra.

Sabemos que estas aseveraciones acerca de la aflicción puede levantar grandes interrogantes en algunos lectores. La Biblia no esconde ese dato: la aflicción puede formar parte del plan divino y de las respuestas del cielo. Dios permitió la aflicción de Su pueblo, el pueblo de Israel (Éxo 1:11-12). El sufrimiento provocado por esas aflicciones fue utilizado por el Señor para instruir a Su pueblo para que ellos aprendieran que no podían afligir a los extranjeros, a las viudas ni a los huérfanos (Éxo 22:21-24). Los salmistas nos enseñan que el pueblo no podía olvidar esto:

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15 Alégranos conforme a los días que nos afligiste, Y los años en que vimos el mal. (Salmo 90:15)[5]”

Los versos finales del Salmo 91 dicen que los fieles descritos aquí tampoco son abatidos por la soledad porque ellos saben que el Señor ha prometido que estará con ellos siempre. Esto último se parece a la promesa que nos hizo Jesús (Mat 28:20). Los versos del Salmo 91 dicen que el Señor  estará mucho más cerca en los tiempos en los que nos ataca la  angustia. Aquellos que son atacados por la soledad pueden resolver este dilema inmediatamente. Hay que subir a habitar al abrigo del Altísimo y morar bajo la sombra del Omnipotente.

No encontraremos en ellos derrota porque el Señor ha prometido libarlos de cualquier amenaza o peligro. No encontraremos en ellos sentimientos de vergüenza o de haber sido deshonrados porque el Señor ha prometido honrarles, ponerles en alto.

Los versos finales del Salmo 91 pueden ser interpretados como el resultado final del proceso de transformación del creyente que ha decidido habitar al abrigo del Altísimo y morar bajo la sombra del Omnipotente. Hay oportunidades de gracia y de la misericordia de Dios para aquellos que aún no lo han alcanzado. Tan solo hace falta poner al Señor como nuestra esperanza y al Altísimo por nuestra habitación; amar al Señor más allá de la responsabilidad o el deber de amarle.

Las últimas dos (2) aseveraciones de estos tres (3) versos serán el objeto de nuestras próximas reflexiones. Estas se encuentran en el verso 16 del Salmo 91:

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Haré que disfrute de una larga vida y le mostraré mi salvación. (PDT)
Lo haré disfrutar de una larga vida: ¡lo haré gozar de mi salvación! (DHH)
Los recompensaré con una larga vida y les daré mi salvación.  (NTV)

Adelantamos aquí que el concepto hebreo que se traduce como “saciaré”, “disfrute” o “recompensaré,” puede ser traducido tener los deseos satisfechos.[6] Además, puede implicar que se ha podido mantener una confianza plena en las circunstancias presentes así como para las del futuro. [7]

Un buen ejemplo de esto es el mensaje que comunica el Salmo 17:

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15 En cuanto a mí, veré tu rostro en justicia; Estaré satisfecho cuando despierte a tu semejanza. (Sal 17:15)

Lo que esto significa es que Dios ha prometido que no viviremos vidas inútiles y no nos “mudaremos a la eternidad” antes de tiempo. En otras palabras, ser capaces de vivir felices y de morir contentos.

Ampliaremos todo esto en nuestra próxima reflexión.
Referencias

[1] Spence-Jones, H. D. M. (Ed.). (1909). Psalms (Vol. 2, p. 271-277). London; New York: Funk & Wagnalls  Company.
[2] https://www.sefaria.org/Sanhedrin.103b?lang=bi
[3] Teresa de Ávila, “Vivo sin vivir en mí.”
[4] Spence-Jones, H. D. M. (Ed.). (1909). Ibid, (p. 277).
[5] Reflexiones de Esperanza (Podcast): El que habita al Abrigo del Altísimo. Episodio 28.
[6] Whitaker, R., Brown, F., Driver, S. R. (Samuel R., & Briggs, C. A. (Charles A. (1906). The Abridged Brown-Driver-Briggs Hebrew-English Lexicon of the Old Testament: from A Hebrew and English Lexicon of the Old Testament by Francis Brown, S.R. Driver and Charles Briggs, based on the lexicon of Wilhelm Gesenius. Boston; New York: Houghton, Mifflin and Company.
[7] Swanson, J. (1997). Dictionary of Biblical Languages with Semantic Domains : Hebrew (Old Testament) (electronic ed.). Oak Harbor: Logos Research Systems, Inc.

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