795 • El Heraldo Digital – Institucional • Volumen XVI • 9 de mayo del 2021

La voz de una mujer destrozada
 
Reflexión por el Pastor-Rector: Mizraim Esquilín-García
795 • El Heraldo Digital – Institucional • Volumen XVI • 9 de mayo del 2021
 
“14 Entonces Abraham se levantó muy de mañana, y tomó pan, y un odre de agua, y lo dio a Agar, poniéndolo sobre su hombro, y le entregó el muchacho, y la despidió. Y ella salió y anduvo errante por el desierto de Beerseba. 15 Y le faltó el agua del odre, y echó al muchacho debajo de un arbusto, 16 y se fue y se sentó enfrente, a distancia de un tiro de arco; porque decía: No veré cuando el muchacho muera. Y cuando ella se sentó enfrente, el muchacho alzó su voz y lloró. 17 Y oyó Dios la voz del muchacho; y el ángel de Dios llamó a Agar desde el cielo, y le dijo: ¿Qué tienes, Agar? No temas; porque Dios ha oído la voz del muchacho en donde está. 18 Levántate, alza al muchacho, y sostenlo con tu mano, porque yo haré de él una gran nación. 19 Entonces Dios le abrió los ojos, y vio una fuente de agua; y fue y llenó el odre de agua, y dio de beber al muchacho. 20 Y Dios estaba con el muchacho; y creció, y habitó en el desierto, y fue tirador de arco. 21 Y habitó en el desierto de Parán; y su madre le tomó mujer de la tierra de Egipto.”  (Gen 21:14-21)

Este pasaje del libro del Génesis presenta una de las historias más conmovedoras del Antiguo Testamento. Se trata de una narrativa que se inserta en medio de la búsqueda del cumplimiento y el desarrollo del Pacto que Dios hizo con Abraham. Esta historia se da en medio de los testimonios de la fidelidad de Dios y de las luchas y los conflictos que tenemos los seres humanos con nuestra humanidad.

Dios le prometió a Abraham que Sara su esposa concebiría y daría a luz un hijo; Isaac. El capítulo 21 del libro de Génesis comienza con el cumplimiento de esa promesa (Gen 21:1-8). Dios es fiel a Sus promesas. Son muchos los que han dicho que en estos pasajes bíblicos Abraham representa la fe mientras que Sara representa la gracia (Gal. 4:24–26).
“24 Esto tiene un sentido simbólico; las dos mujeres representan dos alianzas: una es la del monte Sinaí, y está representada por Agar, que fue la madre del que habría de ser esclavo. 25 Pues Agar representa el monte Sinaí, en Arabia, que corresponde a la actual Jerusalén, ya que esta ciudad está sometida a esclavitud junto con sus hijos. 26 Pero la Jerusalén celestial es libre, y nosotros somos hijos suyos.”(Gálatas 4:24-26, DHH)

Así que Isaac nació por gracia a través de la fe (Efe. 2:8–9).[1] La Biblia dice que esta es la única forma en la que un pecador puede entrar a formar parte de la familia de Dios (Jn 3:16-18). El nacimiento de Isaac no es el final ni la meta a alcanzar en estas narrativas bíblicas. Lo sabemos, entre otras cosas, porque el verso ocho (8) del capítulo 21 de Génesis celebra que Isaac fue destetado. En otras palabras, el nacimiento del hijo de la promesa tenía que ser seguido por un período de crecimiento y de maduración. Isaac es desde esa perspectiva una metáfora del nuevo ser humano, el nuevo hombre que describe el Evangelio. Hay procesos de crecimiento y de maduración que tenemos que alcanzar luego de ser transformados en nuevas criaturas en Cristo Jesús; luego de haber nacido de nuevo. Por ejemplo, hay que alimentarse de la Palabra de Dios (Mat 4:4; 1 Cor 3:1-3; Heb 5:12-14; 1 Ped 2:1-3; 2 Ped 3:18).

Sin embargo, el pasaje de turno no tiene que ver con esas realidades de la salvación, de la fe y de la gracia. Por la gracia de Dios, la Biblia presenta narrativas que son polivalentes y multifactoriales. O sea, que son pasajes que pueden ser analizados desde muchas ópticas teológicas e interdisciplinarias. Este pasaje bíblico es uno de ellos. Este pasaje es el resultado del conflicto entre dos (2) madres, un padre y el desarrollo de dos (2) hijos. Sara y Agar son madres de hijos que comparten el mismo progenitor: Abraham. Ismael e Isaac tienen el mismo apellido; hijos de Abraham.

  Abraham decidió echar a Agar de su casa y la envió al desierto junto con su hijo Ismael con un pedazo de pan y un odre de agua; entre 30 y 40 litros del preciado líquido. Ismael debía haber tenido unos 17 años cuando esto sucedió. Este muchacho nació cuando Abraham tenía 86 años (Gén 16:16) y el proceso para el destete debió haber ocurrido entre el segundo y el tercer año de edad de Isaac.[2] Sabemos que la Biblia dice que Sara se había quejado ante Abraham, echándole la culpa al patriarca por el desprecio con el que Agar la trataba (Gén 16:5). Sabemos que este conflicto es considerado en la Biblia como una metáfora de la lucha entre la esclavitud del pecado y la libertad de la gracia (Gál 4:24-26). También sabemos que la Biblia dice que Ismael se burlaba de Isaac (Gén 21:9). La Biblia presenta este incidente como una metáfora entre la carne y el espíritu. Esto es, nuestra naturaleza pecaminosa desde que nacemos, la esclavitud del pecado, contra la naturaleza espiritual desde el nuevo nacimiento en Cristo. Ismael nació de la esclavitud mientras que Isaac nació de la promesa (Gál 4:22-23). Los elementos de esa libertad son discutidos en el capítulo cinco (5) de la carta a la Iglesia en Galacia.

  Todas estas aseveraciones son teológicamente correctas y basadas en argumentos bíblicos. No obstante, hay un punto de vista que parece ser el punto ciego en todo este pasaje. Se trata de la manera en que Abraham manejó toda esta situación. Es cierto que la Biblia dice que Dios le habló y le dijo que no temiera en sacar a Agar, la esclava egipcia, de ese escenario. Sin embargo, es también cierto que Dios no le dijo que la sentenciara a la muerte echándola al desierto con un bocado de pan y agua para menos de tres (3) días.

  Es aquí en que esta historia de gracia y fe, del cumplimiento de la promesa y del pacto, choca con la humanidad que todos cargamos. Este choque provoca que se levante la voz de una mujer, que se levante la voz de una madre. Es aquí que esta historia provocó que se levantara la voz de una mujer que había sido oprimida por el sistema en el que ella vivía; sistema que ella no escogió; sistema que la esclavizó. Agar debió haber sido traída, insertada a la fuerza dentro del sistema de Abraham y de Sara. Ella vino de Egipto. Con toda probabilidad fue comparada allí cuando Abraham y Sara descendieron a Egipto desobedeciendo a Dios. La Biblia dice que había hambre en Belén y ellos decidieron que era lógico ir a buscar seguridad y pan en la tierra que años más tarde esclavizaría a sus descendientes (Gn 12:10-20). Nadie tiene el derecho de desobedecer ni contradecir a Dios. No existe razón alguna para hacerlo. Estos textos enseñan que las consecuencias de la desobediencia pueden extenderse por muchas generaciones.

  Agar es la metáfora de una mujer que es considerada la propiedad de otros y que es esclava de ese sistema. Agar es el anti-testimonio de una mujer que está sometida a los ambages y las vicisitudes; a la prosperidad y la adversidad que se alternan de manera inconstante. Agar es la metáfora de la mujer que es abatida por “sus dueños,” maltratada y llevada a unos extremos que procuran demolerla, destruirla silenciarla, molerla como se bate una mezcla de sustancias. El sistema había querido batirla hasta drenarle su esperanza, atropellarla hasta destruirle su voluntad, molerla hasta que supiera que existía, aunque no tenía vida en su alma. Agar no es un personaje extraño en la Biblia ni en la literatura. En la Biblia ella hace coros con Tamar, la hija de David abusada por su hermano (2 Sam 13:1-22), con Rahab, la ramera que es rechazada por todos (Jos 2:1-21; 6:17-25), con la mujer con flujo de sangre, repudiada por su enfermedad (Mcs 5:25-34), con María Magdalena, a quien un Papa, Gregoro I  declaró prostituta (591 DC), cuando la Biblia nunca dice cosa parecida acerca de esta mujer (Mcs 16:9; Lcs 8:2).

  Agar no es extraña para nosotros. La Iglesia ha recibido la gracia del cielo para atraer a muchas mujeres como Agar a los brazos de la misericordia y de la libertad que Dios da. Hay que admitir que la Iglesia ha escuchado su música y sus canciones, pero en muchas ocasiones hemos sido como Abraham; no las hemos dejado predicar el Evangelio que ellas conocen; el Evangelio de la liberación que Dios le ha ofrecido. Ellas pueden llorar  entre nosotros acerca de sus cárceles y sus tribulaciones, pero a menudo no se les permite compartir sus temores y sus frustraciones. Agar llega a nuestros templos maquillada, con trajes nuevos, sombra y mascara. Ellas levantan sus voces y sus manos para cantar, pero siguen siendo prisioneras de algún Abraham o de alguna Sara. Agar se presenta en ese pasaje bíblico como una mujer que ha sido despreciada y condenada a morir. Agar aparece en ese pasaje como una mujer que no posee valor en sí misma; ella es la otra mujer de Abraham; la madre de un hijo de Abraham. Abandonada por el padre de su hijo, es lanzada al desierto, sin recursos, sin esperanza, sin oportunidades para vivir. Agar era nadie en la calle, en el medio de algún lugar y sin tener a alguien a quien acudir.

  Es cierto que la Biblia dice que ella no se portó bien, pero nadie merece vivir ni morir así. Es cierto que su hijo, esclavo del sistema, no se comportó a la altura de lo que se esperaba de él, pero cómo debe comportarse un adolescente que es esclavo de su padre y del sistema que lo trajo al mundo sin él haberlo pedido. ¿Se habrá sentado su padre alguna vez con él para explicarle cómo funcionaba ese sistema? ¿Habrá él entendido el significado de la esclavitud de su madre? Sus conductas no son razones para la sentencia que les fue impuesta. Repetimos; Dios no le dijo a Abraham que los enviara al desierto a morir sin comida y sin agua. Es muy probable que Abraham creyera que esa ración era suficiente para llegar a otra villa. Pero, ¿qué sentido de dirección puede tener alguien que vive como un esclavo?
 
  Agar se encontraba en el desierto porque alguien que desobedeció a Dios decidió utilizarla para encender el fuego del matrimonio de otra mujer. Una Agar confundida, abandonada, abatida es tirada a la calle, sin trabajo. Ella lo perdió cuando la echaron de la casa.  Esto es similar, en el ambiente posmoderno, a ser tirada a la calle con un hijo y algunos cuatro pañales desechables, sin comida, sin trabajo y sin futuro. Hay una frase en inglés que define todo esto: “she was cut short because of a short cut.” Ella fue suspendida mediante un atajo para resolver un problema en el hogar.

  Hay mujeres que viven como esposas legítimas de algunos “Abrahamnes” de este tiempo; que sufren estos mismos sinsabores. Son mujeres que son tratadas como propiedades, viviendo sin esperanza, confundidas, cansadas, gastadas y creyendo que ese es su destino. Vienen a la Iglesia, trabajan dentro y fuera de sus hogares, cantan, alaban y adoran con nosotros, pero son prisioneras de unas cárceles que a veces ellas mismas han ayudado a construir.

  El pasaje bíblico dice que Agar se encontraba en el desierto, sin recursos, sin alternativas, sin esperanza. La Biblia dice que andaba errante por el desierto inhóspito de Beerseba (H884). No nos debe extrañar que todos los alrededores del pozo del juramento (significado de Beerseba) sean un desierto así. El texto bíblico dice que el agua escaseó, el pan se acabó y que Agar como madre no tenía el corazón ni las fuerzas para ver morir a su hijo.
  Lo que Agar no parecer recordar es que Dios le había dado una palabra profética; una palabra de esperanza.

  “10 Le dijo también el ángel de Jehová: Multiplicaré tanto tu descendencia, que no podrá ser contada a causa de la multitud. 11 Además le dijo el ángel de Jehová: He aquí que has concebido, y darás a luz un hijo, y llamarás su nombre Ismael, porque Jehová ha oído tu aflicción. 12 Y él será hombre fiero; su mano será contra todos, y la mano de todos contra él, y delante de todos sus hermanos habitará. 13 Entonces llamó el nombre de Jehová que con ella hablaba: Tú eres Dios que ve; porque dijo: ¿No he visto también aquí al que me ve?”  (Gén 16:10-13)

  Dios no es hombre para que mienta ni hijo de hombre para que se arrepienta (Nm 23:19). Dios había empeñado su promesa. El muchacho no podía morir en ese desierto porque Dios había dicho que el bebé que ella llevaba en su vientre habría de nacer y se convertiría en hombre. Dios había dicho que el muchacho sería fiero, tendría muchos enemigos; su descendencia estaría peleando todo el tiempo; sumida todo el tiempo en conflictos (Gn 16:12). El “Dios que ve”, el “Viviente que me ve” (“El Rŏʼı̂y”, H7210) es también el Dios que habla y había empeñado Su palabra. La historia de Agar no podía terminar en el desierto. La historia de Ismael no podía concluir así. Dios había dicho que no.

  Dios habla en medio de las crisis que vivimos. Él habla de esperanza y de seguridad. Él habla de un futuro seguro en sus manos. Él habla de transformación; de una agenda de transformación. ¡Nada sucede sin que Él haya hablado! Cuando Dios dice no nadie puede decir sí. Cuando Él dice sí nadie puede decir no.

  “1 En el principio creó Dios los cielos y la tierra. 2 Y la tierra estaba desordenada y vacía, y las tinieblas estaban sobre la faz del abismo, y el Espíritu de Dios se movía sobre la faz de las aguas. 3 Y dijo Dios: Sea la luz; y fue la luz. 1 En el principio creó Dios los cielos y la tierra. 2 Y la tierra estaba desordenada y vacía, y las tinieblas estaban sobre la faz del abismo, y el Espíritu de Dios se movía sobre la faz de las aguas. 3 Y dijo Dios: Sea la luz; y fue la luz.” (Gn 1:1-3)
  
 Pero Dios no se limita a hablar; Él revela Su Palabra cuando habla.

  “1 Dios, habiendo hablado muchas veces y de muchas maneras en otro tiempo a los padres por los profetas, 2 en estos postreros días nos ha hablado por el Hijo, a quien constituyó heredero de todo, y por quien asimismo hizo el universo; 3 el cual, siendo el resplandor de su gloria, y la imagen misma de su sustancia, y quien sustenta todas las cosas con la palabra de su poder, habiendo efectuado la purificación de nuestros pecados por medio de sí mismo, se sentó a la diestra de la Majestad en las alturas, 4 hecho tanto superior a los ángeles, cuanto heredó más excelente nombre que ellos.”  (Heb 1:1-4)
  ¡Estos versos son palabra revelada!
  Es entonces que sucede lo inesperado. Sucedió algo en el momento en que Spielberg colocaría las nubes y las plumas con las que acostumbra a cerrar sus películas. El muchacho lloró y Dios escuchó ese llanto. El Dios que ve, el Dios que habla, también escucha. ¿Habrá algún llanto que Dios no escuche? ¿Habrá alguna lágrima que Él no haya visto? Tal vez fue el hambre lo que le hizo llorar. Tal vez fue la sed lo que le hizo llorar. Tal vez fue el temor a morir lo que le hizo llorar. Tal vez fue la ausencia de la madre lo que provocó su llanto. Tal vez fueron todas las anteriores. Lo que realmente importa es que Dios escuchó ese llanto. ¡Dios escucha! ¡Dios escucha! Agar no se acordaba de la profecía pero Dios sí. ¡Dios ve, habla, escucha y no se olvida!
  “15 Se olvidará la mujer de lo que dio a luz, para dejar de compadecerse del hijo de su vientre? Aunque olvide ella, yo nunca me olvidaré de ti.”  (Isa 49:15)
  Agar no había recibido un buen testimonio acerca de Dios de la gente que adoraba al Eterno, pero Dios no se olvidó de ella. Dios vino al rescate de ella y de su hijo.
  “17 Dios oyó los gritos del niño, y llamó a Agar desde el cielo y le dijo:«¿Qué te pasa, Agar? No tengas miedo, ya escuché los gritos del niño. 18 Anda, levántalo y tómalo de la mano. No morirá, pues sus descendientes llegarán a ser una gran nación».” (Gn 21:17-18, TLA)
  “17 Dios oyó que el muchacho lloraba; y desde el cielo el ángel de Dios llamó a Agar y le dijo: «¿Qué te pasa, Agar? No tengas miedo, porque Dios ha oído el llanto del muchacho ahí donde está. 18 Anda, ve a buscar al niño, y no lo sueltes de la mano, pues yo haré que de él salga una gran nación.»” (Gn 21:17-18, DHH)

  La voz que Agar escuchó sigue resonando hoy: “¿Qué te pasa mujer? ¡No tengas miedo!” “¿Qué te pasa mujer? ¡No tengas miedo!” “¿Qué te pasa mujer? ¡No tengas miedo!”.  El pasaje dice que Dios instruyó a Agar para que le levantara al muchacho, para que no le soltara de su mano. Fue entonces que Dios le abrió los ojos a Agar para que ella pudiera ver que se estaba muriendo de sed al lado de un pozo de aguas.

  Ella tenía que actuar. Ella tenía que hacer lo que le correspondía. Aún no había ocurrido el milagro que describe este pasaje, pero Dios la conminaba a actuar, a creer y a esperar. Un pastor llamado Rodney Johnson[3] ofreció hace 11 años una conferencia acerca de este pasaje señalando que este comunica unas verdades fundamentales que emanan del amor de Dios que no cambian. A continuación su bosquejo expandido:

  • Dios siempre está atento a las voces de aquellos que han sido lastimados.
  •  No existe un ser que sea insignificante para Dios.
  •  Dios siempre saldrá a nuestro encuentro; en muchas ocasiones cuando se nos acaba el camino.
  •  Dios casi siempre decide hablar cuando nuestros recursos se han agotado; cuando se acaba el agua y se acaba el pan; cuando se acaban las esperanzas.
  •  Dios escucha las voces de los hijos; en este caso de los hijos adolescentes que están heridos.
 “La palabra adolescencia proviene del latín adolescencia ad: a, hacia + oloscere: forma incoativa de oleré, crecer. Significa la condición o el proceso de crecimiento. ... Es evidente que en castellano el origen de adolecer (se) no es el latín adolescere, sino es una formación propia del castellano sobre el étimo dolor 'sufrimiento'.”[4] “"adulescentes ab alescendo sic nominatos" (a los adolescentes se les ha llamado así de crecer, Marco Terencio Varrón, escritor romano 116-27 A.C.).”[5]

 Los arbustos no pueden esconder a los que mueren. No hay árboles de navidad que puedan esconderlos. No hay escondites secretos para Dios. Dios vio a Agar y Dios vio a su hijo.
 Dios escucha cuando nadie lo hace.
 “1 Escucha, oh Jehová, mis palabras; Considera mi gemir. 2 Está atento a la voz de mi clamor, Rey mío y Dios mío, Porque a ti oraré. 3 Oh Jehová, de mañana oirás mi voz; De mañana me presentaré delante de ti, y esperaré.”  (Sal 5:1-3)
 “1 Oye, oh Jehová, una causa justa; está atento a mi clamor. Escucha mi oración hecha de labios sin engaño. 2 De tu presencia proceda mi vindicación; Vean tus ojos la rectitud.” (Sal 17:1-2)
 “12 Oye mi oración, oh Jehová, y escucha mi clamor. No calles ante mis lágrimas; Porque forastero soy para ti, Y advenedizo, como todos mis padres.” (Sal 39:12)
 “2 Oh Dios, oye mi oración; Escucha las razones de mi boca. 3 Porque extraños se han levantado contra mí, Y hombres violentos buscan mi vida; No han puesto a Dios delante de sí. Selah 4 He aquí, Dios es el que me ayuda; El Señor está con los que sostienen mi vida.” (Sal 54:2-4)
 “6 Escucha, oh Jehová, mi oración, Y está atento a la voz de mis ruegos. 7 En el día de mi angustia te llamaré, Porque tú me respondes.” (Sal 86:6)
  • Dios siempre colocará un pozo en nuestros desiertos.
  •  El Dios que ve, oye y escucha envió a su Hijo a morir por nosotros en la Cruz del Calvario.
  •  Él sufrió el abandono, el dolor y la sed.
  •  Él sufrió por nosotros el rechazo y la tragedia de la Cruz.
  •  Él venció la Cruz, venció la muerte y la tumba para que todo aquel que en É cree no se pierda más tenga vida eterna.
  •  Somos salvados por un Salvador abatido.
 
 Hay esperanza para todos aquellos que permiten que Dios intervenga en sus desiertos. Hay esperanza y una palabra de seguridad, de vida abundante para todas aquellas madres que quieren creerle a Dios. Hay un futuro de esperanza para los adolescentes y los niños que creen que Dios escucha sus llantos. Hay palabra profética para aquellas madres que están dispuestas a actuar, a obedecer la voz de Dios antes de recibir sus milagros. La Biblia dice que Dios estaba con el muchacho y que Agar tuvo mucho que ver con la decisión acerca del vientre del que vendrían sus nietos.
Referencias:
  
 [1] Wiersbe, Warren W. Be Obedient (Genesis 12-25): Learning the Secret of Living by Faith (The BE Series Commentary) (pp. 121-122). David C Cook. Kindle Edition.
 [2] Hay una referencia histórica en un libro deuterocanónico: “27 Se inclinó hacia él y, burlándose del cruel tirano, dijo al hijo en su lengua materna: «Hijo, ten piedad de mí, que te llevé nueve meses en mi seno, que te di el pecho durante tres años, y que te he criado y educado hasta la edad que ahora tienes.” (2 Macabeos 7:27)
 [3] Rodney Johnson, Sr. Historic Bethlehem and Bell Baptist Churches. Hahnville, Louisiana 70057
 [4] http://etimologias.dechile.net/?adolescente.
 [5] Ibid.
  
  Colaboradores:
  Reflexión Pastoral: Rev. Mizraim Esquilín-García, PhD. / Pastor de Comunicaciones: Mizraim Esquilín-Carrero, Jr. / Webmaster: José Braiden / Social-Media- Curadora: Hna. Frances González • Montaje Reflexión Heraldo Digital Institucional: Hna. Eunice Esquilín-voluntaria / Fotografías gratuitas: Recuperadas de Unsplash.com por: Giorgio Parravinici, Dwi Agus Prasetiyo y Jurica Koletic. Imagen foto-editada en Photoshop CC: Dra. Eunice Esquilín López ITDE EdD – voluntaria 9 de mayo del 2021.
  
 Iglesia AMEC Casa de Alabanza, Canóvanas Puerto Rico • 9 de mayo del 2021 • Somos una Iglesia de Presencia Internacional 
 “La voz de una mujer destrozada”. • El Heraldo Digital – Institucional • Volumen XVI • 795
 
   [1] Wiersbe, Warren W. Be Obedient (Genesis 12-25): Learning the Secret of Living by Faith (The BE Series Commentary) (pp. 121-122). David C Cook. Kindle Edition.
   [2] Hay una referencia histórica en un libro deuterocanónico: “27 Se inclinó hacia él y, burlándose del cruel tirano, dijo al hijo en su lengua materna: «Hijo, ten piedad de mí, que te llevé nueve meses en mi seno, que te di el pecho durante tres años, y que te he criado y educado hasta la edad que ahora tienes.” (2 Macabeos 7:27)
   [3] Rodney Johnson, Sr. Historic Bethlehem and Bell Baptist Churches. Hahnville, Louisiana 70057
   [4] http://etimologias.dechile.net/?adolescente.
   [5] Ibid.

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