829 • El Heraldo Digital – Institucional • Volumen XVII • 2 de enero del 2021

Un año nuevo: un año de sanidad y de restauración, de revelación y de transformación.
Reflexión por el Pastor/Rector: Mizraím Esquilín-García
829 • El Heraldo Digital – Institucional • Volumen XVII • 2 de enero del 2022
 

“6 Pero los curaré, les daré la salud y haré que con honra disfruten de paz y seguridad. 7 Cambiaré la suerte de Judá y de Israel, y los reconstruiré para que vuelvan a ser como al principio. 8 Los purificaré de todos los pecados que cometieron contra mí; les perdonaré todas las maldades que cometieron y con las que se rebelaron contra mí. 9 Jerusalén será para mí un motivo de alegría, honor y gloria ante todas las naciones de la tierra. Cuando ellas oigan hablar de todos los beneficios que voy a traer sobre los habitantes de Jerusalén, y de toda la prosperidad que le voy a dar, temblarán de miedo.» 10 El Señor dice: «Ustedes dicen que este lugar está desierto y que no hay en él hombres ni animales; que las calles de Jerusalén y las ciudades de Judá están vacías; y que nadie, ni hombres ni animales, vive allí. Pues bien, aquí se volverán a oír 11 los cantos de fiesta y alegría, y los cantos de los novios, y se oirá decir: “Den gracias al Señor todopoderoso, porque el Señor es bueno, porque su amor es eterno.” Y traerán al templo ofrendas de gratitud. Sí, yo cambiaré la suerte de este país, para que vuelva a ser como al principio. Yo, el Señor, lo afirmo.»” (Jer 33:6-11, Dios Habla Hoy)

Ha comenzado un año nuevo. Este será un año que dedicaremos al desarrollo de procesos que promuevan y desarrollen la sanidad integral y la restauración, la revelación y la transformación de todos aquellos que adoran con nosotros. El Señor nos ha prometido que también será un año para rescatar cientos de vidas descarriadas a causa de la pandemia, así como la restauración de docenas de ministerios que se han visto anquilosados en esta temporada. Se trata de hombres y mujeres que han sido convocados por el Señor para servir en diferentes áreas de servicio dentro y fuera de la Iglesia. Se trata de aquellos consiervos y consiervas que han visto que sus llamados han sido paralizados por las montañas rusas de situaciones y noticias no esperadas provocadas por el COVID-19 y sus “productos aleatorios.”

Este nuevo año también será un año en que el Señor nos sorprenderá con el inicio de muchas tareas ministeriales que el planeta espera que desarrollemos. Es cierto, tenemos que admitir que hay sectores fuera del país que parecen poseer mucha más confianza en lo que Dios ha dicho que hará con nosotros y entre nosotros, que muchos de los que adoran con nosotros.
El año anterior fue sin duda alguna un año intenso, repleto de retos constantes y lleno de experiencias complicadas. Al mismo tiempo, fue un año lleno de grandes testimonios y de experiencias inmensurables que nos marcaron como Iglesia. En muchos sectores de nuestra Iglesia se pudo experimentar la cercanía de Dios, los cuidados del Espíritu Santo, y el crecimiento de nuestra relación con Dios como nunca antes.

Estas experiencias promovieron la cohesión, la entrega y el compromiso demostrado por todos los ministerios de nuestra organización eclesiástica en el año que acaba de concluir. Nos hacemos eco de las palabras del Pastor Ejecutivo de nuestra Iglesia, el Rdo. Mizraim E. Esquilín Carrero. Pudimos ver la mano y la gracia de Dios en la cohesión del equipo Pastoral. Ese tesón y ese compromiso fueron en parte responsables de muchas de las metas que pudimos alcanzar durante este año. ¡Gracias!

Así también tenemos que agradecer a todos los ministerios de la Iglesia. Los ministerios de familia, de matrimonios jóvenes, de mujeres, de hombres, de la tercera edad, de los grupos pequeños, decidieron empujar las carretas por caminos nunca antes vistos y se sorprendieron al ver que Dios había preparado autopistas en la que manifestaba Su poder y desataba entre nosotros bendiciones extraordinarias. Los ministerios de la juventud, en todas sus áreas, “24/7”, “Teen worship”, “Per gratiam,” “Ven y ve”, así como la filarmónica de la juventud sentaron las bases para la Iglesia de los próximos años. ¡Gracias!

La Iglesia del niño, el ministerio de las Escuelas Bíblicas digitalizadas, así como el Programa de Discipulado, nos demostraron que no hay límites para la fe que anhela y procura educar a los hijos de Dios; en cualquier lugar del mundo. ¡Gracias!

Los ministerios de los diáconos, de los ujieres y de los capellanes, se echaron sobre sus hombros la responsabilidad del control de calidad de la vida espiritual de nuestra Iglesia. También fueron responsables de que cada actividad se pudiera desarrollar siguiendo los patrones más estrictos de seguridad y disciplina  que Iglesia alguna haya podido tener. Así mismo el equipo de anfitriones y de manejo de las facilidades y del estacionamiento. ¡Gracias!

El ministerio de las comunicaciones le creyó a Dios. Todos sus miembros se lanzaron a asegurarle a la Iglesia y a las comunidades que adoran junto a nosotros que podían confiar en los blogs, en los portales, y en las ediciones de los programas de las escuelas bíblicas. Así también en los programas de radio y televisión. La Iglesia tenía que ser capaz de alcanzar tanto a los de adentro del país como a los de afuera. Dios los sorprendió multiplicando el alcance de sus labores para llegar a miles y miles de personas alrededor del planeta. ¡Gracias!

El ministerio de misiones se dobló las mangas de sus camisas y se lanzaron a desarrollar nuevas maneras y nuevos métodos de hacer misiones. El desarrollo de “los gremios” de la Iglesia, AMEC MD, AMEC Juris, AMEC NURSE, AMEC EDU y AMEC PSY provocó que estos se convirtieran en foros de discusión y de apoyo durante todo el año. El inicio de la primera fase de la visión misionera para los grupos pequeños, las misiones en el hogar, promete ser glorioso. Nuestras Iglesias en Cuba alcanzaron “la mayoría de edad” y se comenzó el proceso para establecer la administración de estas a cargo de los nacionales de ese amado País. Los lazos de fraternidad con esas iglesias se han solidificado como nunca antes. Esto incluye relaciones con Iglesias Conciliares establecidas allí; especialmente la Iglesia de Cristo Misionera en Cuba. ¡Gracias!

Los equipos de adoración, los cantores y los músicos corrieron muchas millas extras para asegurar que la gracia de Dios pudiera ser palpable en cada servicio. Cada uno de los cantores, los pianistas, los guitarristas, los bajistas, los bateristas, los percusionistas, y los que tocan instrumentos de vientos, se convirtieron en testigos presenciales de derramamientos del Espíritu que no habíamos experimentado nunca antes. ¡Gracias!

Los ministerios a cargo del sonido, de los multimedios y de las transmisiones se agigantaron durante el año que acaba de concluir. Los retos que enfrentaron crecían a diario, pero ellos no se amilanaron. Es glorioso poder ver la cantidad de jóvenes y de juveniles que están laborando en estos departamentos. El nivel de compromiso y la entrega con la que decidieron desarrollar todas sus funciones es simplemente encomiable. ¡Gracias!

El ministerio de hospitalidad se encargó de que todo esto ocurriera mientras “nos buscaban la vuelta” para alimentarnos y proveer sostén a nuestros cuerpos. ¡Gracias!
Por último, el equipo de administración y la Junta de Síndicos de nuestra Iglesia fueron testigos y agentes certificadores de milagros financieros y administrativos nunca antes vistos. Dios los usó para asegurar que la mayordomía de nuestra congregación se desarrollara con atención meticulosa a todas las áreas de la administración. ¡Gracias!

La Palabra predicada durante el año que acaba de concluir nos permitió sumergirnos en el mensaje del Salmo 91 y en la preparación para el nuevo tiempo que está por comenzar; el mensaje de Isaías 52:1-7.

El año que acaba de comenzar presenta unos retos extraordinarios. De entrada, encontramos los procesos para aprender a vivir en un mundo posCovid-19. Esto de por sí es un reto monumental.

Tal y como hemos adelantado, esto nos obliga a trabajar con los procesos de sanidad integral necesarios ante las dis-conductas y los efectos aleatorios provocados por esta pandemia. Uno de estos ha sido identificado como procesos de contagio social que se asemejan a lo que sucede con los virus y otras clases de infecciones. Entre estos procesos encontramos la cantidad significativa de jóvenes que cada vez más se identifican como bisexuales.  Los especialistas que han estado analizando este tema han clasificado este fenómeno como un “contagio social.” Otra área de contagio social es el uso y el abuso de sustancias y medicamentos entre los fieles. Esto incluye el uso de cannabis. A estas áreas de oportunidad tenemos que añadir las necesidades de salud mental y emocional con las que tropezaremos durante los próximos años.

Estas necesidades nos obligan a poner en marcha una agenda intencional que propenda la transformación de aquellos que adoran con nosotros en todas partes del mundo. Estamos convencidos de que nadie que choca con Cristo puede permanecer siendo la misma persona. Un principio bíblico inexorable es que la revelación de Dios siempre produce transformación. Nadie puede chocar con la manifestación de Dios y de Sus planes y continuar siendo la misma persona. Ningún pueblo que choca con la revelación de Dios puede seguir siendo el mismo.
Repetimos que la revelación de Dios siempre produce transformación. Simón el hijo de Jonás chocó con Cristo y se convirtió en el Apóstol Pedro. Saulo de Tarso chocó con nuestro Señor y se convirtió en el Apóstol Pablo. Lázaro chocó con Cristo y su funeral fue cancelado por falta de un muerto. José chocó con Cristo y recibió una de las promociones más grandes de la historia: de esclavo preso a segundo señor en el Imperio Egipcio. Hasta Potifar, aquél que lo había mandado a encerrar, tenía que obedecer sus órdenes. Noé chocó con la revelación divina y se convirtió en ingeniero naval a cargo de construir el instrumento de salvación para él y su familia. Abraham chocó con esa revelación y se convirtió en padre de la fe y de la nación en la que nació el Salvador del mundo. Jacob chocó con la revelación divina y se convirtió en Israel. Un joven acobardado y deprimido llamado Gedeón chocó con la revelación divina y fue transformado en un juez y en un libertador. Repetimos que nadie puede chocar con la manifestación de Dios y de Sus planes y continuar siendo la misma persona. Ningún pueblo que choca con la revelación de Dios puede seguir siendo el mismo.

El desarrollo de nuestra agenda de trabajo para el 2022 procurará promover estos encuentros con Dios de manera intencional.

Es por esto este año tiene como meta ser el año de la sanidad y la restauración, de revelación y de transformación.
Dentro de los objetivos que procuramos alcanzar se encuentran los siguientes:

-  Restructurar los ministerios, la vida y la programación de toda la Iglesia para que estén atemperados a un contexto Post-COVID-19.

-  Desarrollar una agenda de Educación Cristiana para los grupos pequeños, la niñez y la juventud que promueva el desarrollo de una vida Cristiana madura, la salud emocional y el desarrollo de una visión misionera.

-Promover la reconstrucción y la transformación de las propuestas ministeriales y de la programación de los ministerios de la Iglesia, de modo que el énfasis de estos sean educativos y de restauración espiritual, mental, emocional, física y familiar.

-Promover una cultura ministerial que fomente la salud mental, emocional y espiritual de la Iglesia así como la de los grupos nacionales e internacionales a los que servimos y/o alcanzamos.

-Promover una cultura ministerial que fomente el desarrollo de una visión misionera en todos los ministerios de nuestra Iglesia.    

-  Fomentar la inserción de nuestra juventud y nuestra niñez en el desarrollo y la ejecución de los procesos de Educación Cristiana que procuran la transformación y la restauración de todos aquellos que adoran con nosotros.
 
-  Intensificar la ampliación de la digitalización y de las ofertas de todas estas propuestas, así como los programas y los ministerios de la Iglesia en nuestras plataformas de comunicación cibernética, radial y televisiva que posee nuestra organización.

Los énfasis más intensos de estos objetivos serán desarrollados teniendo en mente a las personas entre los 12 y 18 años de edad, así como a los grupos pequeños. Además, estaremos intensificando la visión misionera de la Iglesia y el desarrollo de programas que faciliten y promuevan la salud integral de la Iglesia, de las familias que la componen, así como de cada uno de aquellos que adoran y sirven con nosotros. De hecho, estaremos orando durante 10 semanas por salud, por restauración y desarrollo de la visión y la misión educativa y la misionera de nuestra organización eclesiástica.

Esto último es sin duda alguna una clave fundamental para que podamos ser capaces de alcanzar todo lo que nos hemos propuesto. Es cierto que el pasaje del epígrafe de esta reflexión (Jer 33:6-11) describe los resultados que este énfasis persigue. No olvidemos que las promesas que Dios le hizo al pueblo de Judá siguen vigentes hoy. No obstante, sabemos que una pieza insustituible de toda esta estructura la encontramos en un verso anterior a los que hemos citado. El pasaje del capítulo 33 inserta en sus inicios una invitación al clamor:

“3 Clama a mí, y yo te responderé, y te enseñaré cosas grandes y ocultas que tú no conoces.” (Jer 33:3)

Hemos compartido en otras reflexiones que el mundo de Jeremías se estaba haciendo pedazos. La ciudad y las casas de los reyes habían sido derribadas para utilizar esos materiales para la defensa de la ciudad (Jer 33:4). O sea, que las armas que ellos tenían y las defensas con las que contaban no eran suficientes ni adecuadas para proteger la ciudad y a sus pobladores. La amenaza latente produciría lo que dice el verso cinco (5) de ese capítulo:

“….destruirán todas las casas y llenarán de cadáveres la ciudad. Los israelitas se defenderán y buscarán protección en los palacios de los reyes de Judá; pero como yo estoy muy enojado con la gente de esta ciudad, los abandonaré y los destruiré, pues han cometido pecados terribles.” (Jer 33:5, TLA).

Sin embargo, es ante este cuadro desolador que el profeta proclama el mensaje recibido de parte de Dios: “Clama a mí, y yo te responderé.” El clamor al que Dios invitaba a Su pueblo podía cambiar la historia y traer restauración. El clamor que Dios le estaba “recetando” a Su pueblo revelaría lo que el Señor estaría haciendo por Su pueblo en medio de la crisis y después de esta.

Esto es exactamente lo que procuramos: que Dios se revele y cambie nuestra historia: que cambie nuestra noticia. Clamaremos para que el Señor se revele y produzca en nosotros trasformaciones que produzcan sanidad y restauración.

 Ese pasaje dice que la salud del pueblo se había afectado: Dios se encargaría de darles salud. Ese pasaje dice que la infraestructura de Judá e Israel había colapsado: Dios pondría en marcha los proyectos de reconstrucción. Ese pasaje dice que no se podía ocultar la realidad de que el pueblo había pecado contra Dios: Dios purificaría y perdonaría a Su pueblo. Ese pasaje dice que Jerusalén había sido convertido en escarnio de los otros pueblos: Dios la convertiría en motivo de alegría, de honor y de gloria ante todas las naciones de la tierra. La tierra escucharía las noticias acerca de los beneficios y la prosperidad con la que Dios bendeciría a Su pueblo.
Ese pasaje dice que Jerusalén vivía una situación en la que las fiestas se habían acabado, las celebraciones después de las bodas se habían suspendido y que la suerte del país estaba en su peor momento. Dios promete restaurar los cantos de fiesta y alegría, los cantos de los novios y la suerte de Su pueblo.

Estos datos parecen describir la situación por la que atraviesa el mundo entero y la tristeza y desolación que abate a nuestro país. Se acabaron las parrandas, las fiestas y las grandes celebraciones. Las herramientas con las que contamos para pelear con este “invasor” llamado COVID no parecen ser suficientes. Metafóricamente nos hemos visto obligados a destruir áreas de nuestras casas para atrincherarnos dentro de estas buscando protección; una protección que nunca parece ser suficiente. Las infraestructuras de muchos de nuestros países hermanos han colapsado. No obstante se nos ha hecho difícil aceptar que hemos pecado contra Dios: como pueblo, hemos hecho lo malo delante de los ojos del Eterno. Esto ha provocado que justos e injustos tengan que enfrentar las consecuencias de este desvarío.

El profeta nos dice que la clave para que el pueblo de Dios pudiera recibir estos milagros y estas transformaciones era una sola: “Clama a mí, y yo te responderé.” Esa receta no ha cambiado; sigue siendo la misma y no ha perdido su vigencia. La solución a las crisis aleatorias provocadas por el COVID sigue siendo la misma: hay que clamar al Señor. El Señor que restauró a Judá es el mismo que ha prometido restaurarnos como pueblo y como individuos.

El clamor, ese “qârâʼ” (H7121) al que nos invita el profeta, implica mucho más que pedirle a Dios que intervenga en nuestras realidades. El clamor que se describe en este contexto define que lo que se recibe es revelación: “y te enseñaré cosas grandes y ocultas que tú no conoces.” Repetimos, no se invita al clamor para salir de la crisis. Se invita al clamor para recibir revelación y adiestramiento. Los resultados aleatorios a este proceso son las bendiciones antes descritas.  
Esa es la agenda de restauración y de transformación que anhelamos que el Señor establezca y desarrolle entre nosotros.  

Algunas de las áreas de transformación por las que estaremos clamando serán las siguientes:

-De la ignorancia a la revelación
-De la cautividad a la libertad
-De la tentación a la santidad
-Del egoísmo a ser dadivosos
-De la dejadez al propósito
-Del lamento al gozo
-De la pasividad a la actividad

El Dios que intervino en las crisis que experimentaba el pueblo de Judá en los tiempos del profeta Jeremías es el mismo Dios que ha prometido intervenir en las nuestras. Una sola cosa demanda de nosotros:

“3 Clama a mí, y yo te responderé, y te enseñaré cosas grandes y ocultas que tú no conoces.” (Jer 33:3)
 
Estamos convencidos de que la respuesta a ese clamor pondrá en acción la agenda de sanidad y de restauración, de revelación y de transformación que hemos estructurado para este año.
Es cierto que el año 2021 pudo haber traído consigo la capacidad para experimentar unos niveles de cansancio, de frustración e impotencia, de ansiedad y de incertidumbre nunca antes vistos. Pero nadie puede negar que el 2021 también nos permitió experimentar la cercanía de Dios, los cuidados del Espíritu Santo, y el crecimiento de nuestra relación con Dios hasta alcanzar unas dimensiones nunca antes vistas.

Oremos y clamemos para que el 2022 sea el año de la sanidad, de la restauración, de la revelación y de la transformación.
¡Feliz Año 2022!

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Damaris Sánchez - January 17th, 2022 at 8:19am

Excelente!

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