Reflexiones de Esperanza: Efesios - Cristo y la Iglesia (Parte V)

“11 Por tanto, acordaos de que en otro tiempo vosotros, los gentiles en cuanto a la carne, erais llamados incircuncisión por la llamada circuncisión hecha con mano en la carne. 12 En aquel tiempo estabais sin Cristo, alejados de la ciudadanía de Israel y ajenos a los pactos de la promesa, sin esperanza y sin Dios en el mundo. 13 Pero ahora en Cristo Jesús, vosotros que en otro tiempo estabais lejos, habéis sido hechos cercanos por la sangre de Cristo. 14 Porque él es nuestra paz, que de ambos pueblos hizo uno, derribando la pared intermedia de separación, 15 aboliendo en su carne las enemistades, la ley de los mandamientos expresados en ordenanzas, para crear en sí mismo de los dos un solo y nuevo hombre, haciendo la paz, 16 y mediante la cruz reconciliar con Dios a ambos en un solo cuerpo, matando en ella las enemistades. 17 Y vino y anunció las buenas nuevas de paz a vosotros que estabais lejos, y a los que estaban cerca; 18 porque por medio de él los unos y los otros tenemos entrada por un mismo Espíritu al Padre. 19 Así que ya no sois extranjeros ni advenedizos, sino conciudadanos de los santos, y miembros de la familia de Dios, 20 edificados sobre el fundamento de los apóstoles y profetas, siendo la principal piedra del ángulo Jesucristo mismo, 21 en quien todo el edificio, bien coordinado, va creciendo para ser un templo santo en el Señor; 22 en quien vosotros también sois juntamente edificados para morada de Dios en el Espíritu.”  (Efesios 2:11-22)

Las reflexiones anteriores han sido dedicadas al análisis del significado de la Iglesia en la Carta del Apóstol Pablo a los Efesios. En esas reflexiones hemos tenido la oportunidad de encontrar al menos tres (3) categorías acerca de este tema:

  • descripciones operacionales de la Iglesia
    • Ej.: la Iglesia como Cuerpo de Cristo, como edificio de Dios, como familia de la fe, etc.
  • descripciones del carácter de la Iglesia
    • Ej.: la Iglesia como la plenitud de Cristo, compuesta por fieles, llamados por la fe, y  a la luz de la verdad, del conocimiento de Dios, etc.
  • una descripción de la composición de la Iglesia y de su tarea.
     
Pablo aprovecha el capítulo dos (2) de esta carta para describir que la misericordia de Dios se ha extendido a aquellos que no han nacido como judíos.  O sea, que no se necesita ser judío, ni abrazar la fe de los verdaderos judíos mesiánicos para alcanzar la misericordia y la gracia de Dios. Hacemos un paréntesis para definir que los verdaderos judíos mesiánicos son aquellos que nacieron como judíos y que han decidido aceptar a Jesús como su Señor y su Salvador. Esta categoría no provee espacio para aquellos que no son descendientes directos del pueblo de Israel. La buena noticia es que no lo necesitan porque Cristo Jesús hizo espacio para nosotros con Su sacrificio en la cruz.

El resumen de estos versos fue compartido en una reflexión anterior (28 de abril de 2022). A continuación una cita de esa reflexión:

“Los versos 11 y 12 nos permiten ver una vez más el concepto de la Iglesia como el Cuerpo de Cristo. El verso 13 nos permite ver el elemento que la da cohesión, la unidad, la cercanía a la Iglesia: esto es, la sangre de Cristo. Los versos 14 y 15 destacan el resultado de la paz operada a través de Jesús con Su sacrificio en la cruz del Calvario. Los versos 16 al 18 exponen los motivos por los que Judíos y gentiles deben dejar de lado cualquier motivo de contienda, de modo que podamos actuar de acuerdo a los principios del Evangelio. El verso 19 describe los derechos y las responsabilidades de los miembros de la Iglesia, los conciudadanos del reino. El verso 20 define el fundamento y el verso 21 describe la estructura de crecimiento diseñada por Dios para la Iglesia. El verso 22 describe el propósito de esa estructura: cohesión, unidad y la conversión de la comunidad de los creyentes en ese edificio en el que mora el Espíritu de Dios.”

Ahora bien, Pablo cierra ese capítulo con otras descripciones operacionales de la Iglesia. Esto es, la Iglesia como la familia de Dios, el edificio de Dios y templo santo en el Señor. Pablo también describe algunas características de la Iglesia en esos versos. Él dice allí que la Iglesia está compuesta por conciudadanos de los santos y la Iglesia es un organismo o un edificio que crece. Veamos los versos finales de ese capítulo:

“19 Así que ya no sois extranjeros ni advenedizos, sino conciudadanos de los santos, y miembros de la familia de Dios, 20 edificados sobre el fundamento de los apóstoles y profetas, siendo la principal piedra del ángulo Jesucristo mismo, 21 en quien todo el edificio, bien coordinado, va creciendo para ser un templo santo en el Señor; 22 en quien vosotros también sois juntamente edificados para morada de Dios en el Espíritu.”   (Efesios 2:19-22)
           
El pasaje bíblico de la Carta a los Efesios que estamos analizando (Efe 2:19-22) señala que no somos extraños ni extranjeros en ese edificio. Además, Pablo indica que la piedra angular de ese edificio es Jesucristo y que este posee un fundamento apostólico.

“….20 edificados sobre el fundamento de los apóstoles y profetas, siendo la principal piedra del ángulo Jesucristo mismo.” (Efesios 2:20)

Esa expresión, “principal piedra del ángulo,” es tomada de las palabras proféticas de Isaías. Este profeta dijo lo siguiente acerca de esto:

“16 por tanto, Jehová el Señor dice así: He aquí que yo he puesto en Sion por fundamento una piedra, piedra probada, angular, preciosa, de cimiento estable; el que creyere, no se apresure.” (Isaias 28:16)
             
La piedra angular (“pinnâh”, H6438) [1] es la piedra que se utiliza en las esquinas (Prov 7:7, 12) de una construcción para darle fortaleza a sus paredes (Sal 144:12), y para marcar la dirección y la estabilidad de estas[2]. Es la base y la columna principal de esas esquinas.[3] Por ende, de toda la construcción.
           
Ese concepto se utiliza con alguna frecuencia en el Antiguo Testamento para describir a los líderes del pueblo (Isa 19:13) y las áreas específicas de una construcción (Job 1:19) . En cambio, es utilizado en el Nuevo Testamento para describir a Cristo, no solo como la piedra angular sino como el tropezadero de todos aquellos que han decidido que no quieren creer en Él ni en Su Palabra (Rom 9:32-33; 1 Ped 2:6-8).
             
Esa calificación, piedra que hace tropezar, ha sido tomada del Libro de los Salmos:
 
 “22 La piedra que desecharon los edificadores Ha venido a ser cabeza del ángulo.” (Salmos 118:22)

Cristo mismo es el protagonista de esta aplicación bíblica al haberla validado cuando dijo lo siguiente:

“42 Jesús les dijo: ¿Nunca leísteis en las Escrituras: La piedra que desecharon los edificadores, Ha venido a ser cabeza del ángulo. El Señor ha hecho esto, Y es cosa maravillosa a nuestros ojos? 43 Por tanto os digo, que el reino de Dios será quitado de vosotros, y será dado a gente que produzca los frutos de él. 44 Y el que cayere sobre esta piedra será quebrantado; y sobre quien ella cayere, le desmenuzará. 45 Y oyendo sus parábolas los principales sacerdotes y los fariseos, entendieron que hablaba de ellos. 46 Pero al buscar cómo echarle mano, temían al pueblo, porque éste le tenía por profeta.” (Mateo 21:42-46)
             
Dios envió a Su Hijo al pueblo de Israel como piedra principal para salvación (Rom 9:1-33). El pueblo de Israel lo rechazó y tropezó en esa piedra y cayó. Ese tropiezo dio a luz la oportunidad para que nosotros, los que nos somos Israelitas, podamos alcanzar la salvación (Rom 11:11).  
           
El Apóstol Pablo echa mano de esta metáfora en la Carta a los Efesios con más de un propósito. Él utiliza esta descripción operacional de la Iglesia para apuntalar la necesidad de la cohesión, de la unidad y del crecimiento de ella:

21 en quien todo el edificio, bien coordinado, va creciendo para ser un templo santo en el Señor; 22 en quien vosotros también sois juntamente edificados para morada de Dios en el Espíritu.” (Efesios 2:21-22)

Las descripciones de la Iglesia como edificio de Dios, como templo santo en el Señor, predican que la Iglesia no es el edificio en el que nos reunimos. La Iglesia somos nosotros. ¿Significa esto que no tenemos que congregarnos? ¡Todo lo contrario! Cuando no estamos juntos promovemos un edificio al que le faltan algunos de sus componentes. En otras palabras, nos necesitamos para estar completos en Él. Es por esto que la Biblia hace énfasis en que no dejemos de congregarnos:

“24 Y considerémonos unos a otros para estimularnos al amor y a las buenas obras; 25 no dejando de congregarnos, como algunos tienen por costumbre, sino exhortándonos; y tanto más, cuanto veis que aquel día se acerca.” (Hebreos 10:24-25)
             
La Iglesia como edificio de Dios es sinónimo de una construcción divina que crece constantemente; un edificio en el que mora el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo.

Ahora bien, este es un tema recurrente en las Sagradas Escrituras. Veamos algunas citas bíblicas:

Cristo habló acerca de esto:

“23 Respondió Jesús y le dijo: El que me ama, mi palabra guardará; y mi Padre le amará, y vendremos a él, y haremos morada con él.” (Juan 14:23)

Pablo habló acerca de esto señalando que esta es una de las razones por las que no podemos descuidar la mayordomía de nuestros cuerpos:

“16 ¿No sabéis que sois templo de Dios, y que el Espíritu de Dios mora en vosotros? 17 Si alguno destruyere el templo de Dios, Dios le destruirá a él; porque el templo de Dios, el cual sois vosotros, santo es.” (1 Corintios 3:16-17)

Pablo señala que nos compraron a precio de sangre para hacernos formar parte de ese edificio. Además, él añade que las reglas de conducta para los componentes de ese edificio han sido establecidas con especificidad:

“18 Huid de la fornicación. Cualquier otro pecado que el hombre cometa, está fuera del cuerpo; mas el que fornica, contra su propio cuerpo peca. 19 ¿O ignoráis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo, el cual está en vosotros, el cual tenéis de Dios, y que no sois vuestros? 20 Porque habéis sido comprados por precio; glorificad, pues, a Dios en vuestro cuerpo y en vuestro espíritu, los cuales son de Dios.” (1 Corintios 6:18-20)

Pablo añade que esas reglas de conducta son esenciales para mantener la “clasificación” como hijos de Dios:

“16 ¿Y qué acuerdo hay entre el templo de Dios y los ídolos? Porque vosotros sois el templo del Dios viviente, como Dios dijo: Habitaré y andaré entre ellos, Y seré su Dios, Y ellos serán mi pueblo.  17 Por lo cual, Salid de en medio de ellos, y apartaos, dice el Señor, Y no toquéis lo inmundo; Y yo os recibiré, 18 Y seré para vosotros por Padre, Y vosotros me seréis hijos e hijas, dice el Señor Todopoderoso.” (2 Corintios 6:16-18)
           
Hay que añadir que el Apóstol Pedro también habla en una de sus cartas acerca de esta descripción operacional y de las características de los miembros de este edificio:

“4 Acercándoos a él, piedra viva, desechada ciertamente por los hombres, mas para Dios escogida y preciosa, 5 vosotros también, como piedras vivas, sed edificados como casa espiritual y sacerdocio santo, para ofrecer sacrificios espirituales aceptables a Dios por medio de Jesucristo. 6 Por lo cual también contiene la Escritura: He aquí, pongo en Sion la principal piedra del ángulo, escogida, preciosa; Y el que creyere en él, no será avergonzado. 7 Para vosotros, pues, los que creéis, él es precioso; pero para los que no creen, La piedra que los edificadores desecharon, Ha venido a ser la cabeza del ángulo; 8 y: Piedra de tropiezo, y roca que hace caer, porque tropiezan en la palabra, siendo desobedientes; a lo cual fueron también destinados. 9 Mas vosotros sois linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido por Dios, para que anunciéis las virtudes de aquel que os llamó de las tinieblas a su luz admirable; 10 vosotros que en otro tiempo no erais pueblo, pero que ahora sois pueblo de Dios; que en otro tiempo no habíais alcanzado misericordia, pero ahora habéis alcanzado misericordia.”  (1 Pedro 2:4-10)
           
La Iglesia como el edificio de Dios es la morada del Espíritu Santo. Si Aquél que mora en ese edificio es santo, entonces también tiene que serlo todo aquello que le sirve de morada. Somos piedras vivas que forman las paredes de ese templo que es santo en el Señor. Hemos sido edificados con el propósito de ofrecer sacrificios espirituales que agraden al Señor. Nuestro fundamento es apostólico, de eso no hay duda alguna. No obstante, la piedra angular, la piedra que nos da cohesión, dirección, unidad y que mantiene ese edificio unido se llama Cristo.
 Referencias

[1] Chávez, M. (1992). In Diccionario de hebreo bı́blico (1. ed., p. 547). Editorial Mundo Hispano.

[2] Butler, T. C. (n.d.). In Holman Bible Dictionary. B&H.

[3] Lange, J. P., Schaff, P., Nägelsbach, C. W. E., Lowrie, S. T., & Moore, D. (2008). A commentary on the Holy Scriptures: Isaiah (pp. 308–309). Logos Bible Software.

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