Reflexiones de Esperanza: ¿Cómo podemos encontrar la presencia de Dios en las tormentas de la vida?

“Porque tú has sido un refugio para el pobre, un protector para el necesitado en su aflicción, refugio contra la tempestad, sombra contra el calor….” (Isaías 25:4a, Dios Habla Hoy)
 
Un huracán llamado Fiona acaba de estremecer nuestro país. No lo ha hecho a base de los vientos huracanados que posee. Este bólido de la meteorología lo ha hecho a base de diluvios torrenciales que han estremecido todas las áreas de nuestra vida como pueblo.

Hay varias preguntas que deben estar surcando los corazones y los pensamientos de muchos. ¿Cómo podemos encontrar la presencia de Dios en tormentas como esta? ¿Cómo podemos ser capaces de cantar y glorificar a Dios en situaciones tan complejas y difíciles? ¿Por qué Dios permite que ocurran tragedias como esta? ¿Por qué provoca o permite Dios estas tormentas? ¿Será acaso que Dios es atacado con alguna frecuencia por emociones que lo hacen inmisericorde?

Debemos comenzar señalando que no hay un ser humano que pueda proveer respuestas absolutas para las últimas interrogantes que hemos planteado en el párrafo anterior. No obstante podemos afirmar, categóricamente, que de ninguna manera Dios es inmisericorde. La Biblia afirma que Su misericordia triunfa sobre el juicio (Stg 2:13) y que Su favor dura toda la vida (Sal 30:5).

Ahora bien, la Biblia está llena de pasajes que ofrecen respuestas para estas preguntas. Un dato sobresaliente es que la mayoría de esos pasajes bíblicos apuntan a las mismas enseñanzas. Una página electrónica que maneja este tema con excelencia nos ha permitido explorar algunas de estas.[1]

Una de estas enseñanzas es la soberanía de Dios sobre las tormentas de la vida. Especialistas que han escrito sobre esto han subrayado que estos pasajes procuran enseñarnos que las cosas se pueden salir de nuestro control, pero nunca se saldrán del control de Dios. Además, que estar en medio de una tormenta no necesariamente significa que estamos fuera de la voluntad divina. Mucho menos fuera de su cuidado y de su protección. Es por esto que podemos poner toda nuestra ansiedad sobre Él, como lo enseña su Santa Palabra; porque Él tiene cuidado de nosotros (1 Ped 5:6-7).

Otra enseñanza es que lo que se espera de nosotros es que confiemos en el Señor en medio de una tormenta. Claro está, esto no está opuesto al uso de la prudencia y de un alto sentido de responsabilidad. Una enseñanza adicional que encontramos cuando atravesamos por tiempos de tempestad es que Dios usa nuestra confianza en Él para dar testimonio a los demás.

Examinemos uno de esos pasajes bíblicos para poder observar más de cerca estos principios: Salmo 107. Este es un salmo que es dedicado a revelar y a ofrecer respuestas para casi todos los escenarios de crisis que enfrentamos en la vida. Esto es, cómo se manifiesta la presencia de Dios en las experiencias difíciles y complejas que aparecen en la vida. Además, este salmo incluye respuestas para saber cómo podemos ser capaces de cantar y glorificar a Dios en situaciones tan complejas y difíciles.

De entrada, tenemos que decir que este salmo procura hacernos comprender cómo encontrar a Dios cuando estamos perdidos y sin dirección (vv. 4-9). Ese salmo postula que esto se consigue recibiendo la dirección divina (v.7), ser saciados y llenos de bien (v. 9). Este salmo nos invita a reflexionar acerca de cómo encontrar a Dios cuando estamos acorralados por la aflicción, las tinieblas y la sombra de muerte. El salmista dice aquí que esto requiere someternos a la liberación de la aflicción que ha prometido Dios (v. 13) y ser sacados de las tinieblas de la sombra de muerte y de las prisiones que producen estos escenarios (v. 14).

El Salmo 107 también describe cómo encontrar la presencia de Dios en otra clase de tormentas: cuando somos víctimas de los resultados de nuestras rebeliones, de nuestra insensatez y de nuestra maldad (vv. 17-20). El salmista dice que esto requiere que Dios envíe su Palabra, ofrezca sanidad y liberación (v. 20). Este Salmo también describe cómo encontrar  la presencia de Dios en medio de los días en que sufrimos hambre y esterilidad (vv. 33-38). El salmista afirma que esto requiere la bendición de Dios sobre los campos y sobre el ganado (vv. 37-38). El Salmo 107nconcluye describiendo los días en que sufrimos los embates de gobernantes tiranos, de congojas y de toda clase de males (vv. 39-42). El salmista declara que esto requiere que Dios esparza menosprecio sobre los príncipes y levante al pobre de sus miserias (vv. 40-41).

El Salmo 107 termina con una pregunta: “¿Quién es sabio y guardará estas cosas Y entenderá las misericordias de Jehová?” (v. 43). O sea, una invitación al lector para que no se limite a cantar la letra de este himno y trascienda a estudiar y a atesorar sus enseñanzas.

Hay una porción de este Salmo que ocupa el centro de esta reflexión: Sal 107:21-32:
 
21 Alaben la misericordia de Jehová, Y sus maravillas para con los hijos de los hombres;22 Ofrezcan sacrificios de alabanza, Y publiquen sus obras con júbilo.23 Los que descienden al mar en naves, Y hacen negocio en las muchas aguas,24 Ellos han visto las obras de Jehová, Y sus maravillas en las profundidades. 25 Porque habló, e hizo levantar un viento tempestuoso, Que encrespa sus ondas. 26 Suben a los cielos, descienden a los abismos; Sus almas se derriten con el mal. 27 Tiemblan y titubean como ebrios, Y toda su ciencia es inútil. 28 Entonces claman a Jehová en su angustia, Y los libra de sus aflicciones. 29 Cambia la tempestad en sosiego, Y se apaciguan sus ondas.30 Luego se alegran, porque se apaciguaron; Y así los guía al puerto que deseaban. 31 Alaben la misericordia de Jehová, Y sus maravillas para con los hijos de los hombres. 32 Exáltenlo en la congregación del pueblo, Y en la reunión de ancianos lo alaben.
 
Este segmento del Salmo 107 está conectado al anterior por un puente de alabanza (vv. 21-22). Ese puente nos permite prepararnos para asimilar el escenario que se nos va a presentar en este segmento. El escritor de este salmo decidió hacerlo así porque sabía que cada escenario incluido en este pasaje necesita ser analizado en medio de ejercicios de alabanzas. En otras palabras, que hay una invitación a la alabanza en medio de las crisis que podemos experimentar.

Ese puente nos permite contemplar el escenario de las crisis que se levantan en  medio de las travesías que desarrollamos en la vida. Para el salmista, la vida del ser humano es semejante a un viaje en barco; un viaje en aguas profundas (v. 23). Él señala que navegar lejos de las orillas nos permite contemplar la majestad de Dios en medio de las aguas profundas que trae la vida (v. 24). De hecho, hay pasajes bíblicos que afirman que aquellos que deciden quedarse en la orilla no crecen, no alcanzan desarrollar los talentos, los dones y las habilidades que Dios nos ha dado. Estos perecen en su ignorancia sin saborear aquello para lo que Dios los puso aquí. Pero hay más, los que se quedan en la orilla desoyen la voz de Jesús cuando nos invita a bogar mar adentro para poder pescar:
“4 Cuando terminó de hablar, dijo a Simón: Boga mar adentro, y echad vuestras redes para pescar” (Lucas 5:4).

Navegar en las profundidades del mar de la vida trae consigo la capacidad de contemplar lo que el salmista llama aquí “las obras de Jehová, Y sus maravillas en las profundidades” (vv. 23-24). Al mismo tiempo, trae consigo la capacidad de chocar con las tormentas que se forman mar adentro.  

El salmista dice algunas cosas acerca de esas tormentas. En primer lugar, él asume que forman parte de la travesía. O sea, que las bendiciones y las tormentas que enfrentamos en la vida andan tomadas de la mano. Una no cancela a la otra. En segundo lugar, el salmista dice que hay momentos en que es Dios el que hace levantar ese viento tempestuoso (v. 25).  Sí, leyó bien; el escritor de este salmo reconoce la soberanía de Dios y declara sin ambages que hay tormentas en la vida que son provocadas por la misma palabra de Dios.

Comenzamos esta reflexión preguntándonos por qué provoca Dios estas tormentas. También cuestionamos si es que Dios es atacado con alguna frecuencia por emociones que lo pueden hacer cancelar su misericordia. Continuamos afirmando que no. La Biblia dice que Dios es lento para la ira y grande en misericordia. Este principio es tan importante que la Biblia lo repite en varias ocasiones (Sal 85:15; 103:8; 145:8).

El Apóstol Pedro, que es uno de los discípulos más experimentados en pruebas y tormentas señala tres (3) razones que Dios puede tener para permitir las tormentas:
 
    1. Construir nuestra fe - 1 Ped 1:7
    2. Purificar nuestras vidas - 1 Ped 4:1-2, 12-19
    3. Para dar Gloria a Dios (obediencia) - 1 Ped 3:15
 

Hay muchas otras razones por las que Dios puede decidir levantar tempestades en nuestras vidas. Una de ellas es para enseñarnos a afinar nuestro enfoque y nuestra percepción. El pasaje bíblico del Evangelio de Marcos nos dice que en medio de una tempestad los discípulos confundieron a Jesús con un fantasma (Mcs 6:49); algo que no existe. La tempestad fue el escenario que Jesús aprovechó para enseñarles acerca de la importancia que tiene enfocarse bien y afinar la percepción, especialmente cuando enfrentamos las crisis de la vida.

Otra de ellas es para enseñarnos que nunca estamos solos (comprobación). Ese pasaje del Evangelio de Marcos nos revela esa verdad absoluta (Mcs 6:48). Esta enseñanza es el cumplimiento de la promesa descrita en Isaías 43:2-5:
 
2 Cuando pases por las aguas, yo estaré contigo; y si por los ríos, no te anegarán. Cuando pases por el fuego, no te quemarás, ni la llama arderá en ti. 3 Porque yo Jehová, Dios tuyo, el Santo de Israel, soy tu Salvador; a Egipto he dado por tu rescate, a Etiopía y a Seba por ti. 4 Porque a mis ojos fuiste de gran estima, fuiste honorable, y yo te amé; daré, pues, hombres por ti, y naciones por tu vida. 5 No temas, porque yo estoy contigo; del oriente traeré tu generación, y del occidente te recogeré.
 
La tercera enseñanza es la necesidad que tenemos de Su presencia (Jn 15:5). En el pasaje del Evangelio de Marcos que hemos citado Jesús decide identificarse utilizando la frase “Yo soy” (Mc 6:50). Esa frase en los labios de Jesús es una que garantiza la seguridad y la esperanza. Para llegar a esta conclusión solo hace falta examinar las ocasiones en las que Jesús usó esta expresión. Jesús dijo “Yo soy el pan de vida” (Jn 6:35), “Yo soy la luz del mundo” (Jn 8:12), “Yo soy la puerta” (Jn 10:7-9), “Yo soy el buen Pastor” (Jn 10:14). “Yo soy la resurrección y la vida” (Jn 11:25), “Yo soy el camino, la, verdad y la vida” (Jn 14:6), “Yo soy la vid verdadera” (Jn 15:1).

Esa presencia trae consigo unos beneficios gloriosos. La presencia del Señor nos permite conquistar el miedo y el temor, nos permite conquistar las tormentas, nos produce calma, provoca confesión y adoración y provoca que aumente nuestra fe y nuestra esperanza.

El salmista dice en el Salmo 107 que esas tempestades provocan que nuestra valentía, nuestras almas, (v. 26, almas) se consuman y que nos encontremos transitando sin seguridad en los pasos que damos. Él llama a esto temblar y titubear (v. 27). Además, él añade además que terminamos aceptando que todas las herramientas humanas que tenemos para manejar problemas de esa naturaleza son inservibles e inútiles (v. 27). Él salmista califica esto como nuestra ciencia.

Fiona ha probado esto a la saciedad. Todo el conocimiento científico palidece ante la potencia y la fuerza de un bólido como este. De hecho, nada de lo que sabemos o entendemos nos permite controlarlo y en ocasiones ni siquiera predecir lo que hará.

En otras palabras, el salmista afirma que Dios nos rompe, nos quebranta en medio de esas tormentas.

Ahora bien, ¿por qué decide Dios rompernos así? ¿Para qué? Lo que hemos visto en la Biblia es que Dios lo permite porque nos quiere usar con poder para Su gloria y honor.  La tierra que va a ser sembrada necesita ser rota, fragmentada. La tierra que va a ver nacer las plantas y los árboles que van a dar fruto vuelve a romperse allí. El grano de trigo y el maíz que se usará para hacer pan y convertirse en alimento, tiene que ser roto para ser transformado. El pan que nos alimenta tiene que permitir que lo hagamos pedazos en nuestras bocas para que este nos pueda alimentar y darnos fuerzas. Las nubes que van a derramar su lluvia necesitan ser rotas para lograr su objetivo. Por último, no hay adoración genuina si no se rompe el alabastro que la contiene (Lcs 7:37; Jn 12:1-3).

El salmista dice en los versos finales de este segmento del Salmo 107 que es en medio de la angustia que provoca la tempestad que decidimos clamar. Ese clamor nos permite contemplar el poder que desata la oración. Ese clamor provoca que Dios oiga y actúe. Dios entonces decide hacer cuatro (4) cosas. En primer lugar, nos libra de las aflicciones. En segundo lugar, cambia la tempestad en brisa suave (versión NVI). En tercer lugar, apacigua las ondas de la tempestad. En cuarto lugar, nos guía al puerto que deseamos. Estas intervenciones divinas nos provocan a alegrarnos (vs 30) y a alabar y adorar al Señor (vsv31-32).

Concluimos esta reflexión subrayando que las travesías en la vida traen consigo bendiciones y tormentas que parecen venir agarradas de la mano. Ninguna tormenta será entonces capaz de detener u obstaculizar nuestras bendiciones. Sólo hace falta recordar que la bondad de Dios siempre es más grande que las debilidades que poseemos. Hace falta recordar el poder que tiene la perspectiva que desarrollamos en medio de esos escenarios; no podemos subestimarla. Por lo tanto, cuando no seamos capaces de ver a Dios en medio de una tormenta, dejemos de mirar la tormenta y miremos la cruz.  

Cada tormenta traerá consigo toda una escuela de enseñanzas que debemos aprovechar y atesorar. Todas las tormentas que enfrentamos en la vida son necesarias, porque cada una de ellas nos revela quiénes somos nosotros en el Amado.

Un consejo final: cada una de estas “escuelas” nos debe llevar a responder a la pregunta final que aparece en el Salmo 107:

“¿Quién es sabio y guardará estas cosas Y entenderá las misericordias de Jehová?” (v. 43).
 
Respuesta: Sal 24:3-6; Sal 15:1-5
 
Es así, siguiendo el consejo divino, que somos capaces de encontrar la presencia de Dios en las tormentas de la vida.

A continuación un resumen de otras enseñanzas que aprendemos en medio de las tormentas. Estas también nos ayudarán a encontrar la presencia de Dios en medio de estas. Las mismas han sido traducidas y resumidas de un portal cibernético muy interesante y apropiado.[2]
 
Las tormentas nos enseñan lo que es realmente la gratitud.
  • aprendemos a dar gracias por las cosas simples y sencillas.
Las tormentas nos enseñan lo que es el gozo real.
  • aprendemos a regocijarnos y a cantar hasta en las prisiones.
Las tormentas nos enseñan lo que es la verdadera paz.
  • aprendemos que la verdadera paz viene por la presencia de Dios y no por las circunstancias por las que atravesamos.
Las tormentas nos enseñan lo que es un verdadero tesoro.
  • aquello que aprendemos de Dios y las pequeñas cosas que nos mantienen unidos y con vida.
Las tormentas nos enseñan lo que es la verdadera fortaleza
  • aprendemos que el poder de Dios se perfecciona en nuestra debilidad (2 Cor 12:9), que somos fuertes cuando somos débiles (v. 10) y que el gozo del Señor es nuestra fortaleza (Neh 8:10).
Las tormentas nos enseñan lo que es la fidelidad verdadera.
  • aprendemos la virtud que hay en vivir los principios bíblicos que citamos con frecuencia.
Las tormentas nos enseñan cuál es nuestro verdadero hogar.
  • aprendemos que somos peregrinos en esta tierra, que el mundo no es nuestro hogar y que somos ciudadanos del cielo: un lugar en el que las tormentas se acabarán.
 
Concluimos esta reflexión con unas palabras de Wintley Phipps, un cantante de música sacra de calibre mundial, que carga la majestad de Dios.
 
“Es en el crisol silencioso de tu sufrimiento personal y privado que nacen tus sueños más nobles y que los dones más grande de Dios son obsequiados, en compensación por aquello que has tenido que enfrentar.”
Referencias
[1] https://bible.org/seriespage/lesson-69-weathering-life-s-storms-acts-271-44
[2] https://lisaappelo.com/7-lessons-the-storms-of-life-can-teach-us/

No Comments


Categories

Archive

 2022
 June
847 • El Heraldo Digital – Institucional • Volumen XVII • 1 de mayo 2022848 • El Heraldo Digital – Institucional • Volumen XVII • 8 de mayo 2022849 • El Heraldo Digital – Institucional • Volumen XVII • 15 de mayo 2022850 • El Heraldo Digital – Institucional • Volumen XVII • 22 de mayo 2022851 • El Heraldo Digital – Institucional • Volumen XVII • 29 de mayo 2022Reflexiones de Esperanza: Efesios - Cristo y la Iglesia (Parte XII) - Aplicaciones prácticasNotas del Pastor MJ: un Dios que nos reconstruyeReflexiones de Esperanza: Efesios - Cristo y la Iglesia (Parte XIII) - Aplicaciones prácticasEl poder del recuerdo (In memoriam: Teresita del Rosario Ayala Serrano, viuda de Vargas)Notas del Pastor MJ: las pisadas del maestroReflexiones de Esperanza: Efesios - Cristo y la Iglesia (Parte XIV) - Aplicaciones prácticas852 • El Heraldo Digital – Institucional • Volumen XVII • 5 de junio 2022Reflexiones de Esperanza: Efesios - Cristo y la Iglesia (Parte XV) - El llamado de la IglesiaNotas del Pastor MJ: Temporadas de turbulencia 853 • El Heraldo Digital – Institucional • Volumen XVII • 19 de junio 2022Notas del Pastor MJ: Glorificando el nombre de Dios854 • El Heraldo Digital – Institucional • Volumen XVII • 26 de junio 2022Reflexiones de Esperanza: Efesios - Cristo y la Iglesia (Parte XVI) - Templo santo en el SeñorReflexiones de Esperanza: Efesios - La segunda oración paulinaNotas del Pastor MJ: Valentía para compartir las buenas nuevas

Recent

Tags