Reflexiones de esperanza: La carta a los Efesios - Introducción

Hoy damos inicio a una batería de reflexiones acerca de la carta del Apóstol Pablo a la Iglesia que estaba localizada en la ciudad de Éfeso. Muchos se preguntarán porqué hemos escogido analizar y reflexionar acerca de los mensajes que comunica esta carta. La realidad es que fuimos inspirados por el Espíritu Santo para acercarnos a ella. Esta inspiración fue en parte el resultado de un proceso de reflexión acerca de cómo será “el mundo post-Covid.” Las preguntas y las reflexiones acerca de este tema nos condujeron a procurar respuestas bíblicas para muchos de los escenarios que estamos previendo. Es aquí que la dirección del Espíritu nos condujo a esta carta paulina.

Es obvio que enfrentaremos nuevas realidades y nuevos acercamientos de definición y de desarrollo de lo que somos como seres humanos. La presencia y la influencia de nuevas ideologías estarán acompañadas de realidades que tendremos que aceptar. Entre otras cosas, tenemos que estar preparados para poder hacerle frente a otras amenazas a la salud mundial similares a la que acabamos de sufrir. Somos muchos los que pensamos que la próxima amenaza puede venir de una bacteria resistente a los antibióticos. Estas amenazas en el área de la salud estarán acompañadas con ataques frecuentes a las redes de comunicaciones que arropa al mundo, así como de otras clases de amenazas.

A todo esto hay que añadir las transformaciones socio políticas y económicas en el orden mundial. Junto a esto las amenazas a las instituciones básicas de nuestra sociedad, unidas a los reclamos y a las demandas que la humanidad comenzará a realizar. Las definiciones de lo que es la vida, la familia, la privacidad y el derecho a la intimidad, son solo algunos de estos escenarios.

Como si esto fuera poco, las crisis de fe no se harán esperar y tenemos la responsabilidad de responder con sabiduría y con sensibilidad Cristiana. Esto es, como hombres y mujeres que creemos en Cristo como nuestro Señor y nuestro Salvador y en la Biblia como regla de autoridad, de fe y de conducta.

Ahora bien, ¿por qué seleccionar la carta a Los Efesios para una tarea como esta? La realidad es que para encontrar la respuesta a esta pregunta basta hojear las páginas de esta carta paulina. Basta repasar los temas que el Apóstol Pablo analiza aquí, las preguntas que contesta, las respuestas que él ofrece y el orden en el que el Espíritu Santo le inspiró a hacerlo. Cuando uno realiza este ejercicio se percata que esta carta es un programa de trabajo. Sí, un programa de trabajo para preparar a la Iglesia para enfrentar un mundo que sufre unas transiciones filosóficas, sociales y políticas nunca antes vistas. Se trata de un programa de trabajo para educar y equipar a una Iglesia que está amenazada por peligros internos y externos a sus estructuras, incluyendo la estructura de su fe.

En qué creemos, cómo creemos, por qué creemos y cómo ponemos en acción esa fe, son solo algunas de las preguntas que Pablo contesta aquí. La mayoría de los temas teológicos más importantes de nuestra fe son presentados aquí. El tema de la Trinidad es preponderante en esta carta desde sus inicios. Así también los son la cristología, la alabanza y la oración. El desarrollo de lo que es la gracia, la salvación y de lo que es la fe; la fe como fundamento y la fe como acción para creer aparece diseminado en toda esta carta.

El Apóstol Pablo presenta en esta carta formas y maneras para responder a preguntas sobre qué es la Iglesia, cuál es el carácter de ella y cómo se opera en la revelación que el Espíritu Santo ha dado acerca de ella. Pablo habla acerca de la estructura de la Iglesia en tiempos de crisis, de la unidad necesaria en tiempos de tormentas socio-políticas, de los ministerios de la Iglesia en tiempos de grandes transiciones y de cómo debemos vivir como Cristianos frente a estos retos. Pablo habla del crecimiento y de la madurez de los miembros de la Iglesia frente a las amenazas de filosofías avasallantes que estos sufren. Pablo describe aquí cómo debe comportarse la familia Cristiana en medio de todo esto y cómo tenemos que buscar constantemente de la presencia del Espíritu Santo para poder alcanzar las metas que Dios nos ha establecido. La batalla constante entre nuestros deseos y el deseo del Espíritu también está incluida en esta carta.

Pablo describe en esta carta a una Iglesia que ya está sentada en lugares celestiales con Cristo Jesús. Al mismo tiempo, nos presenta a una Iglesia que está vestida adecuadamente para enfrentar los conflictos. Un dato curioso es que cuando lo hace no presenta a la Iglesia vestida para la ofensiva. Pablo recibe la inspiración del Espíritu Santo para describir una Iglesia que sabe y que puede estar firme para resistir todos los ataques y las amenazas que se le presenten. A todo esto hay que añadir que la Iglesia en Éfeso es una de las Iglesias que aparecen en el libro de Apocalípsis. O sea, que es una Iglesia para los tiempos del fin.

La carta a la Iglesia en Éfeso está dirigida a una ciudad que era un puerto en la región de Ionia, en Asia Menor, y en una ocasión la metrópolis de esa parte del mundo. La ciudad antigua estaba localizada en la boca del río Caístro (Cayster), a 5 km de la costa del Mar Egeo; a unas 50 millas al sur de Esmyrna. La ciudad de Éfeso en la que el Apóstol Pablo fundó la Iglesia a la que se dirige esta carta no era la Éfeso antigua, pues esta había sido destruida mucho antes. La ciudad en la que el Apóstol predica el Evangelio era una nueva ciudad (con el mismo nombre) construida por Lisímaco luego de la batalla de Ipsus en el 301 AC. Este Lisímaco era uno de los guarda-espaldas de Alejandro el Grande, que luego se convertiría en General Macedonio y en uno de los sucesores del antes mencionado emperador.

Aquellos que hemos visitado las ruinas de esta ciudad sabemos que esta era celebrada principalmente por el templo que habían construido para Diana, o Artemisa. Esta era una diosa griega que parecía tener muchos atributos de una diosa fenicia llamada Astarte. Éfeso era reconocida como el lugar sagrado de esta diosa. A pesar de que el templo dedicado a Diana seguía la estructura de las construcciones jónicas, la estatua que la representaba en ese templo parecía más una figura oriental. Esta es una evidencia irrefutable del sincretismo que vivía esa sociedad. Así su imagen estaba confeccionada con muchos pechos. Probablemente estuviera construida de ébano, pero esto es incierto. Otros arguyen que podría ser producto de un meteorito, lo cual podría explicar la leyenda de la caída del cielo.1

Se hablaba en toda Asia de los tesoros que atestaban sus galerías subterráneas, como también de su belleza arquitectónica debida al genio sus creadores; y de las esculturas que lo adornaban y cuyos autores eran Escopas y Praxíteles. Esta maravilla no impresionaba por sus dimensiones como la pirámide de Keops, pero la armonía de sus proporciones hacía de ella una auténtica joya del arte griego.
La distribución de las 127 impresionantes columnas, de 20 metros de altura, algo descomunal para su época daba la sensación de un bosque. Además de su majestuoso diseño, se destacaban su rica ornamentación con relieves y el material de fino mármol. Este templo ilumina la ciudad de Éfeso durante dos siglos
.”2

Ese templo fue destruido en el año 356 A.C por un incendio nocturno provocado por un mendigo llamado Eróstrato, incendio que él provocó por el solo deseo de ser famoso. El parecido con el comportamiento de muchos seres humanos en el siglo 21 es asombroso. Todas sus riquezas y su esplendor fueron destruidos de la noche a la mañana sin que la ciudad pudiera hacer algo al respecto. Cerca de 20 años más tarde Alejandro Magno ocupó la ciudad de Éfeso y escuchó la historia de ese incendio. Ese día descubrió que esto había ocurrido el mismo día en el que él había nacido. Esto le motivó a reconstruirlo y este proceso de reconstrucción culminó en el año 323A.C.

Los historiadores dicen que el título más importante en esa ciudad estaba acuñado en sus monedas: “Neokóros”: siervo de la gran diosa o “barredor del templo”.3

Hay varios bosquejos que podemos seguir para el análisis de esta carta. Aclaramos que el propósito de los bosquejos es poder tener a la mano una pista o una guía que nos permita seguir una estructura básica para el estudio y el análisis de esta carta. Uno de los bosquejos más sencillos ha sido provisto por el Profesor Hendriksen en su “Exposición de Efesios”4. Este también es utilizado por Horacio Raúl Piccardo en su “Introducción al cuerpo epistolar del Nuevo Testamento.” 5 Hendriksen decide construir un acróstico con la palabra griega “eulogé” porque Pablo comienza esta carta bendiciendo a Dios (“eulogētos”, G2128). Invitamos a los lectores a adquirir estos libros y a estudiarlos con detenimiento.

Otro bosquejo sencillo es provisto por el Profesor Warren W. Wiersbe:

I. Doctrina: nuestras riquezas en Cristo (Efe 1-3)
a. Nuestras posesiones espirituales (en Cristo (1:4-14)
b. Oración de iluminación (1: 15-23)
c. Nuestra posición espiritual en Cristo (2:1-22)
d. Oración por capacitación (3:1-21)
i. Paréntesis ministerial (3:2-13)
II. Tarea: nuestras responsabilidades en Cristo (Efe 4-6 )
a. Andar en unidad (4:1-16)
b. Andar en pureza (4:17-5:17)
c. Andar en harmonía (5:18-6:9)
d. Andar en victoria (6:10-24)6

Existen otros bosquejos que estaremos compartiendo según avancemos en el análisis de esta carta.

A lo largo y a lo ancho de esta carta el Apóstol insiste entre otras cosas, que Dios continúa trabajando en su gran propósito para la humanidad, llamando seres humanos a Cristo y formando en Cristo una sociedad nueva y redimida. El Apóstol hace referencia de muchas maneras a esa sociedad redimida que constituye el nuevo pueblo de Dios. Por ejemplo, entre otras cosas él les llama santos y fieles (1:1-2), herencia de Dios (1:11), edificio de Dios (2:19-20), Cuerpo de Cristo (1:22-23), esposa de Cristo (5:22-31), Iglesia (3:10, 21), nuevo hombre (2:14-15; 4:24) e imitadores de Dios (5:1). Sólo con estos datos podemos llegar a la conclusión de que la declaración más comprehensiva de esta carta es el eterno propósito de Dios y el lugar de Cristo y de su pueblo en ese propósito. Estos nombres metafóricos sirven para describir diferentes manifestaciones del carácter de la Iglesia de cara a los retos que ella enfrenta mientras alcanza ese propósito.

En los primeros 6 versos del capítulo 1 podemos sintetizar varios temas poderosísimos relacionados a Dios el Padre, a Cristo su Hijo y al Espíritu Santo. También podemos sintetizar algunos conceptos relacionados a esos creyentes a quienes el Apóstol llama santos y fieles. El primero de ellos: que nuestra vida tiene significado en Cristo. El segundo: que en Cristo somos suficientes. El tercero: que en Cristo estamos seguros. Estas aseveraciones serán expandidas en nuestras próximas reflexiones.

Tal y como hemos señalado antes, el Apóstol abre esta carta identificando a los creyentes como “santos.” Este es un excelente concepto para describir a los creyentes. Ese concepto viene del griego “hagios” (G40), que literalmente significa “santos” o “separados.” No podemos dejarnos confundir con el uso que se le ha dado a ese concepto con el pasar del tiempo. Un “santo” no es un anciano memorable ya fallecido cuyos cuadros o estatuas ocupan lugares de preponderancia en algunos templos y/o en algunos hogares. En el Nuevo Testamento los creyentes somos llamados “santos” y eso es lo que somos en Cristo.

De acuerdo con Dios, los creyentes somos santos no por el resultado de nuestras obras o nuestra justicia, sino por lo que Cristo hizo por nosotros. La Biblia dice que nuestra justicia es como “trapo de inmundicia” (Isa 64:6). Nosotros somos santos porque Jesucristo murió por nosotros en la Cruz para que pudiésemos recibir su justicia y su justificación (2 Cor 5:21). Cuando Cristo muere en la Cruz, él pagó por nosotros las penalidades que teníamos que pagar por nuestros pecados. Pero no solo pagó esas penalidades, sino que nos perdonó, y nos dio vida juntamente con él y en él. Según nos rendimos a Cristo, él nos da su vida a cambio de la nuestra, él se convierte en nuestra vida, en nuestra esperanza, y en nuestra gloria. Esto es, nosotros vivimos por su vida. Él es en nosotros y nosotros estamos en él. Viviendo en esa dimensión de la vida de Cristo, su justicia se hace nuestra justicia, (nos convertimos en justicia de Dios en él), de tal manera que cuando Dios nos mira, ve en nosotros a Cristo.

Esta es la verdad encerrada en esa declaración de lo que somos en Cristo. Es por esto que somos significativos. Es por esto que nuestra vida tiene significado y sentido; porque lo que somos lo somos en Cristo. “Nuestra vida tiene significado en Cristo.”

En el verso 3 encontramos base para sustentar el segundo concepto relacionado a los creyentes; “en Cristo somos suficientes.”

“3 Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos bendijo con toda bendición espiritual en los lugares celestiales en Cristo,” (Efe 1:3)

Ese verso no postula que nos van a bendecir. No se trata de una promesa para el tiempo escatológico. Se trata de un “negocio” cerrado, una promesa de campaña cumplida; una realidad. Ese verso postula que ya nos han bendecido con toda bendición espiritual en los lugares celestiales en Cristo. Esto indica que Dios nos ha dado suficiencia en Cristo. ¿Qué significado posee esa suficiencia en Cristo? Esa respuesta forma parte del temario de estas reflexiones.

Sin embargo, si se examina bien ese verso, encontraremos que esa realidad posee dos elementos insustituibles y únicos. El primero, que todo esto es y solo puede ser en Cristo. El segundo, que esa realidad posee una fuente de procedencia; los lugares celestiales. Entonces, de acuerdo a lo analizado hasta aquí, el estar en Cristo presupone que el creyente no carezca de nada de lo necesario para vivir una vida plena en Cristo. Es como si alguien decidiera hacer depósitos automáticos y frecuentes en nuestra cuenta de cheques, garantizando así que nunca se nos acaben los fondos.

Lo único, que hay que aclarar es que en este caso no se trata de riquezas materiales sino de aquello necesario para vivir una vida plena en Cristo. Desde esta perspectiva cada creyente es rico en Cristo (aunque no tenga un (1) centavo en el bolsillo).

Uno de los problemas que confrontamos con frecuencia es que existen creyentes que no hacen uso de esas riquezas en los lugares celestiales. En muchas ocasiones encontramos creyentes que alegan no tener lo necesario para desarrollar las tareas y los llamados que Dios le ha hecho. Esas declaraciones son absolutamente falsas. Si cometemos el error de darlas por ciertas, hacemos mentirosos a Pablo y al Espíritu Santo que le inspiró.

Estas reflexiones nos conducirán a entender que el creyente en Cristo es descrito en esta carta como alguien que está sentado en lugares celestiales con Cristo Jesús (Efe 2:6). Esta es una frase que implica que hemos sido capacitados por el Espíritu Santo para ver la vida desde la misma perspectiva que la ve Dios. Estos, sin duda alguna, son los espejuelos correctos para ver el mundo y los retos de una sociedad post-Covid.
Referencias

[1] Moule, H.C.G.: Studies in Ephesians, Kregel Popular Commentary Series, Grand Rapids, MI, Kregel Pub., 1977, (p. 10).
 
[2] https://www.ecured.cu/Templo_de_Diana_en_Éfeso
 
[3] Hodge, C. (1858). A commentary on the Epistle to the Ephesians (pp. v–vi). New York: Robert Carter and Brothers.
 
[4] Hendriksen, G.: Exposición de Efesios, Comentario al Nuevo Testamento, Grand Rapids, MI, Libros Desafío, 1984, (pp. 68-70).

[5] Piccardo, H. R. (2006). Introducción al cuerpo epistolar del Nuevo Testamento: Tomo 2 (pp. 82-89). Buenos Aires, Argentina: Ediciones del centro.

[6] Wiersbe, Warren W.. Be Rich (Ephesians): Gaining the Things That Money Can't Buy (The BE Series Commentary) (p. 18). David C. Cook. Kindle Edition.

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