796 • El Heraldo Digital – Institucional • Volumen XVI • 16 de mayo del 2021

Entre el Mar Rojo y la Tierra Prometida
“La Educación Cristiana que transforma al pueblo: el propósito de la salvación” - Parte V

Reflexión por el Pastor-Rector: Mizraim Esquilín-García
796 • El Heraldo Digital – Institucional • Volumen XVI • 16 de mayo del 2021

La Biblia define el plan de Dios para el pueblo de Israel como un plan salvífico. Dios tiene en su agenda la salvación de Su pueblo. Los profetas y los salmistas hablaban y cantaban acerca de esto. Algunos ejemplos bíblicos, muy elocuentes, los podemos obtener de la profecía de Isaías.

“3 Sacaréis con gozo aguas de las fuentes de la salvación. 4 Y diréis en aquel día: Cantad a Jehová, aclamad su nombre, haced célebres en los pueblos sus obras, recordad que su nombre es engrandecido. 5 Cantad salmos a Jehová, porque ha hecho cosas magníficas; sea sabido esto por toda la tierra. 6 Regocíjate y canta, oh moradora de Sion; porque grande es en medio de ti el Santo de Israel.” (Isa 12:3-5)

“6 Por tanto, mi pueblo sabrá mi nombre por esta causa en aquel día; porque yo mismo que hablo, he aquí estaré presente. 7 ¡Cuán hermosos son sobre los montes los pies del que trae alegres nuevas, del que anuncia la paz, del que trae nuevas del bien, del que publica salvación, del que dice a Sion: ¡Tu Dios reina! 8 ¡Voz de tus atalayas! Alzarán la voz, juntamente darán voces de júbilo; porque ojo a ojo verán que Jehová vuelve a traer a Sion.”  (Isa 52:6-8)

El Apóstol Pablo asevera que Dios continúa en la consecución  de esa meta:

“25 Porque no quiero, hermanos, que ignoréis este misterio, para que no seáis arrogantes en cuanto a vosotros mismos: que ha acontecido a Israel endurecimiento en parte, hasta que haya entrado la plenitud de los gentiles; 26 y luego todo Israel será salvo, como está escrito: Vendrá de Sion el Libertador, Que apartará de Jacob la impiedad. 27 Y este será mi pacto con ellos, Cuando yo quite sus pecados. 28 Así que en cuanto al evangelio, son enemigos por causa de vosotros; pero en cuanto a la elección, son amados por causa de los padres. 29 Porque irrevocables son los dones y el llamamiento de Dios.” (Rom 11:25-29)

La frase final de esta cita subraya que Dios no se rinde y que sus planes son perfectos. Dios ha dispuesto la salvación de Su pueblo. ¿Cómo y cuándo? Esto pertenece a la dimensión de la soberanía del Eterno. George Whitefield decía en uno de sus sermones que la salvación de los Cristianos es definida en todas las Escrituras como un regalo, un don de Dios, a través de Cristo Jesús nuestro Señor. Esto, no solo porque  Dios la ofrece como Agente Soberano sino porque no existe cosa alguna en los seres humanos que pueda justificar que pueda inducir a Dios a ser misericordioso con nosotros. La justicia de Jesucristo es la única causa para que podamos encontrar el favor de Dios. Esa justicia, la de Jesucristo, hay que aprehenderla por la fe, que es también un don de Dios (Efe 2:8); y esta fe depositada en Cristo Jesús opera por el amor de Dios.

La salvación es recibida mediante el arrepentimiento hacia Dios y nuestra fe en Cristo Jesús como Salvador y Señor nuestro. Sí lo enseña la Santa Palabra y así lo describen la mayoría de las confesiones de fe de las instituciones Cristianas.   La única esperanza de redención del ser humano es a través de la sangre derramada en la Cruz del Calvario por Jesucristo, el Hijo de Dios: “según la esperanza de vida eterna por el lavamiento de la regeneración, la renovación del Espíritu Santo y la justificación por la gracia a través de la fe.”


Ahora bien, ya sabemos que la Biblia señala que el mensaje de la salvación tiene que ser revelado al ser humano. Es el Espíritu Santo el que revela a Cristo al corazón de los seres humanos. Es muy interesante este dato porque aunque este principio es un neotestamentario, podemos encontrar evidencias de esta revelación en algunos textos del Antiguo Testamento.

Uno de esos textos ha formado parte de otra batería de reflexiones que compartimos dos (2) veces por semana otra de las plataformas de comunicaciones de nuestra Iglesia. Se trata del análisis del verso 16 del Salmo 91:

“16 Lo saciaré de larga vida, Y le mostraré mi salvación.”  (Sal 91:16)

Este verso dice que Dios ha prometido mostrarnos su salvación. El verbo que se traduce aquí como “mostraré” (“râʼâh”, H7200)  implica poder ser capaces de contemplar esa salvación, de considerarla, de discernirla, de disfrutarla, de experimentarla, de mirarla fijamente, de prestarle atención, de considerarla con certeza. Ese verbo implica poder considerarla con gozo, señalarla, percibirla, conocerla, clavar la mirada en ella, pensar en ella, ver esa salvación. No obstante, este verbo también puede ser traducido como “tener la experiencia de”  , o tener visiones espirituales (Isa 6:10; 29:18; 42:18; 44:18; Jer 5:21) o demostraciones, señales de Dios (Det 29:3; Eze 12:2). También se utiliza para describir el ejercicio de desarrollar imágenes mentales, procesos de análisis como en la expresión de un Isaac ciego que dice “mira, el olor de mi hijo” (Gn 27:27c).

Otros ejemplos muy útiles para este análisis son los siguientes:

“14 En el día del bien goza del bien; y en el día de la adversidad considera. Dios hizo tanto lo uno como lo otro, a fin de que el hombre nada halle después de él.” (Ecl 7:14, “considera”)

“32 por tanto, así ha dicho Jehová: He aquí que yo castigaré a Semaías de Nehelam y a su descendencia; no tendrá varón que more entre este pueblo, ni verá el bien que haré yo a mi pueblo, dice Jehová; porque contra Jehová ha hablado rebelión.” (Jer 29:32, “verá”)

“9 La ira de Jehová soportaré, porque pequé contra él, hasta que juzgue mi causa y haga mi justicia; él me sacará a luz; veré su justicia.” (Miq 7:9, “veré”)

“18 Entonces os volveréis, y discerniréis la diferencia entre el justo y el malo, entre el que sirve a Dios y el que no le sirve.” (Mal 3:18, “discerniréis”)

A base de esta información podemos concluir que la bendición que Dios ofrece en el verso 16 del Salmo 91 trasciende a nuestra definición castellana de lo que es el verbo mostrar. La promesa que comunica este verso puede estar diciendo lo siguiente:

-Le daré la capacidad para ver la salvación.
-Le daré la capacidad para recibir la revelación de la salvación.
-Le daré la capacidad de ver lo que trae consigo la salvación.
-Le daré la experiencia de la salvación.
-Le daré visiones acerca de lo que es la salvación.
-Le daré demostraciones de lo que es la salvación.
-Le daré señales celestiales de la salvación.
-Le permitiré analizar y desarrollar modelos mentales de lo que es la salvación.
-Le conduciré a considerar lo que es la salvación.
-Le haré discernir lo que es la salvación.
-Le invitaré a tomar decisiones y a desarrollar el propósito de mi salvación en él.

O sea, que el verso 16 del Salmo 91 valida que la salvación tiene que ser mostrada, revelada por Dios. Algunos recursos académicos enfatizan que la acción que define este verbo requiere que se haga con un propósito que es seguido por una acción. Un ejemplo bíblico de esto es el momento en que la Biblia dice que el Señor descendió para ver lo que sucedía en Babel (Gn 11:5-6). Otro ejemplo bíblico lo encontramos en el libro de Levítico cuando se describe lo que tenía que hacer el sacerdote luego de haber visto y examinado las lesiones en la piel de aquellos que se acercarían para consultarle (Lev 13:3, 5, 17).

Otro ejemplo bíblico lo encontramos cuando Hiram el rey de Tiro salió a ver las ciudades que el rey Salomón le había dado (1 Rey 9:10-13).

O sea, que hay que hacer algo con esa revelación de la salvación. Dios espera nuestras reacciones a base del cumplimiento de esa promesa. Estos planteamientos nos obliga a detenernos para analizar lo siguiente: ¿para qué nos salvan? ¿Cuáles son las responsabilidades que nos adscribe la salvación?

El boletín de El Heraldo del 2 de mayo del corriente nos permitió describir la respuesta que ofreció el profeta Isaías para esta pregunta en el capítulo 61 de su libro:

•La salvación nos llama ser separados y/o consagrados para predicar el mensaje de las buenas nuevas de salvación, vendar, publicar, abrir puertas, proclamar, consolar, y ordenar gloria para los afligidos y los enlutados.
•La salvación nos llama a predicar a los abatidos, a los deprimidos en sus mentes o en sus circunstancias, a los pobres, a los humildes y a todos los que están en necesidad.
•La salvación nos llama a llevar vendajes con nosotros. Esto es llevar herramientas que ayuden a detener la hemorragia de los heridos del alma, a dirigir a aquellos que no tienen dirección, a ayudarlos a sanar y/o ser estabilizados. Ayudar a aquellos que están hechos pedazos, destruidos, heridos, exprimidos y/o que necesitan ser ayudados en sus procesos de manejo del dolor.
•La salvación nos llama a publicar libertad a los cautivos.
•La salvación nos comisiona a abrir las puertas de los presos del pecado.
•La salvación nos comisiona la tarea de la proclamación de un nuevo tiempo; el tiempo de la salvación que Dios nos ofrece en Cristo Jesús. El tiempo de la buena voluntad del Señor.
•La salvación nos llama a consolar a los desconsolados.
•La salvación nos llama a reorganizar la vida de los enlutados y de los afligidos
  • Gloria en lugar de ceniza,
  • Oleo de gozo en lugar de luto,
  • Manto de alegría en lugar del espíritu angustiado
  • Enseñarles que todos ellos serán llamados:
árboles de justicia,
plantío de Jehová

El Nuevo Testamento sintetiza estas tareas. Es el Apóstol Pedro el que dice que nosotros hemos
sido llamados como linaje escogido, real sacerdocio, como nación santa, y como pueblo adquirido por Dios, para que para anunciar las virtudes de Aquel que nos llamó de las tinieblas a su luz admirable
(1 Ped  2:9). El Apóstol Pablo dice que hemos sido llamados para testificar que somos hechura de Dios, creados en Cristo Jesús para dar testimonio desarrollando las buenas obras que Dios preparó de antemano para que nosotros nos involucráramos, anduviésemos en ellas (Efe 2:10).

Es muy interesante el dato de que el Apóstol Pablo aprovechara la carta a la Iglesia que estaba en la ciudad de Éfeso para señalar que aquellos que disfrutamos de la salvación tenemos la responsabilidad de dar a conocer la multiforme sabiduría de Dios. Él añade a esto que ese es el propósito eterno que Dios plasmó en Cristo Jesús. Veamos como lo dice ese pasaje bíblico de la carta a los Efesios:


“10 para que la multiforme sabiduría de Dios sea ahora dada a conocer por medio de la iglesia a los principados y potestades en los lugares celestiales, 11 conforme al propósito eterno que hizo en Cristo Jesús nuestro Señor,”   (Efe 3:10-11)

“10 El fin de todo esto es que la sabiduría de Dios, en toda su diversidad, se dé a conocer ahora, por medio de la iglesia, a los poderes y autoridades en las regiones celestiales, 11 conforme a su eterno propósito realizado en Cristo Jesús nuestro Señor.”  (NIV)

Los principados y las potestades son títulos que se usan comúnmente e la Biblia para describir a las fuerzas del mal; los demonios, las legiones y los espíritus malignos que poseen rangos de autoridad en esas dimensiones espirituales.

“12 Porque no tenemos lucha contra sangre y carne, sino contra principados, contra potestades, contra los gobernadores de las tinieblas de este siglo, contra huestes espirituales de maldad en las regiones celestes.”  (Efe 6:12)

Esos versos del capítulo tres (3) de la carta del Apóstol Pablo a la Iglesia en Éfeso colocan a la Iglesia de frente a esas autoridades del mal. Ese verso dice que la Iglesia, los salvados que la componen han recibido autoridad para hacer conocer (“gnōrizō”, G1107) la declaración del consejo secreto, misterioso de Dios acerca la salvación. Así definen el uso de este concepto algunos de los recursos académicos consultados.  Este es el énfasis de Efesios 1:9; 3:5,10; 6:18-19 y Col 1:26-27. Veamos las últimos dos (2) referencias bíblicas:

“18 orando en todo tiempo con toda oración y súplica en el Espíritu, y velando en ello con toda perseverancia y súplica por todos los santos; 19 y por mí, a fin de que al abrir mi boca me sea dada palabra para dar a conocer con denuedo el misterio del evangelio,”  (Efe 6:18-19)

“26 el misterio que había estado oculto desde los siglos y edades, pero que ahora ha sido manifestado a sus santos, 27 a quienes Dios quiso dar a conocer las riquezas de la gloria de este misterio entre los gentiles; que es Cristo en vosotros, la esperanza de gloria,” (Col 1:26-27)

Se desprende de los pasaje citados que el misterio al que se hace referencia es que Cristo es la esperanza de gloria, que Él es el Señor y el Salvador del mundo. La Iglesia tiene el mandato de hacerle saber esto al mismo infierno. Es interesante el dato de que en casi todos los pasajes citados también aparezca el señalamiento de los principados (Efe 1:21; 3:10; 6:12; Col 1:16). La Iglesia ha recibido ese mandato  lo puede ejecutar sin temor alguno porque ella tiene la plenitud de Cristo y Él es la cabeza de la Iglesia. La Iglesia opera bajo esa autoridad; la de Cristo le dio esa autoridad a la Iglesia.

“20 cuando resucitó a Cristo y lo hizo sentar a su derecha en el cielo, 21 poniéndolo por encima de todo poder, autoridad, dominio y señorío, y por encima de todo lo que existe, tanto en este tiempo como en el venidero. 22 Sometió todas las cosas bajo los pies de Cristo, y a Cristo mismo lo dio a la iglesia como cabeza de todo. 23 Pues la iglesia es el cuerpo de Cristo, de quien ella recibe su plenitud, ya que Cristo es quien lleva todas las cosas a su plenitud.”  (Efe 1:20-23, DHH)

Además, los principados fueron despojados de su autoridad en la Cruz del Calvario.

“13 Y a vosotros, estando muertos en pecados y en la incircuncisión de vuestra carne, os dio vida juntamente con él, perdonándoos todos los pecados, 14 anulando el acta de los decretos que había contra nosotros, que nos era contraria, quitándola de en medio y clavándola en la cruz, 15 y despojando a los principados y a las potestades, los exhibió públicamente, triunfando sobre ellos en la cruz.” (Col 2:13-15, RV 1960)  





Referencias:
[1] Whitefield, G. (1999). Selected Sermons of George Whitefield. Oak Harbor, WA: Logos Research Systems, Inc.
[2] La declaración de las Verdades Fundamentales de Las Asambleas de Dios sirven como un ejemplo de lo antes dicho   https://ag.org/Beliefs/Statement-of-Fundamental-Truths.
[3] https://ag.org/es-ES/Beliefs/Statement-of-Fundamental-Truths.
[4] Whitaker, R., Brown, F., Driver, S. R. (Samuel R., & Briggs, C. A. (Charles A. (1906). The Abridged Brown- Driver-Briggs Hebrew-English Lexicon of the Old Testament: from A Hebrew and English Lexicon of the Old Testament by Francis Brown, S.R. Driver and Charles Briggs, based on the lexicon of Wilhelm Gesenius. Boston; New York: Houghton, Mifflin and Company.
[5] Bultmann, R. (1964–). γινώσκω, γνῶσις, ἐπιγινώσκω, ἐπίγνωσις, καταγινώσκω, ἀκατάγνωστος, προγινώσκω, πρόγνωσις, συγγνώμη, γνώμη, γνωρίζω, γνωστός. G. Kittel, G. W. Bromiley, & G. Friedrich (Eds.), Theological dictionary of the New Testament (electronic ed., Vol. 1, p. 718). Grand Rapids, MI: Eerdmans.



Colaboradores:
Reflexión Pastoral: Rev. Mizraim Esquilín-García, PhD.  / Pastor de Comunicaciones: Mizraim Esquilín-Carrero, Jr. / Webmaster: José Braiden / social media & pauta al App/AMECCDA: Hna. Frances González • Revisión final montaje y curadora en MSWord Reflexión Heraldo Digital Institucional: Hna. Eunice Esquilín-voluntaria / Fotografías gratuitas: Recuperadas de Unsplash.com. Creación de la Imagen foto-editada para número 796. Diseñada en Photoshop CC para el APP-AMECCDA: Dra. Eunice Esquilín López ITDE EdD – voluntaria 16 de mayo del 2021.

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