Reflexiones de Esperanza: Efesios - Cristo como hombre y como Señor de la Iglesia

“20 la cual operó en Cristo, resucitándole de los muertos y sentándole a su diestra en los lugares celestiales, 21 sobre todo principado y autoridad y poder y señorío, y sobre todo nombre que se nombra, no sólo en este siglo, sino también en el venidero; 22 y sometió todas las cosas bajo sus pies, y lo dio por cabeza sobre todas las cosas a la iglesia, 23 la cual es su cuerpo, la plenitud de Aquel que todo lo llena en todo.”  (Efesios 1:18-23)

Hemos estado analizando los acercamientos paulinos al tema de la esperanza, de la herencia de los santos y del poder de la resurrección de Jesús. Todo esto como parte de nuestros análisis de la primera oración que Pablo nos ofrece en la Carta a los Éfesios (Efe 1:15-23).  Luego de esto, el Apóstol procede a hablarnos de Cristo y a ofrecernos algunas descripciones de sus funciones como “Theantropos” (Dios encarnado o Dios hecho hombre). Un poco más adelante, Pablo nos ofrece algunas definiciones de lo que es la Iglesia.

“19 Verán también lo grande que es el poder que Dios da a los que creen en él. Es el mismo gran poder 20 con el que Dios resucitó a Cristo de entre los muertos y le dio el derecho de sentarse a su derecha en el cielo. 21 Dios ha puesto a Cristo por encima de cualquier gobernante, autoridad, poder y dominio, tanto de este mundo como del que está por venir. 22 Dios puso todo bajo sus pies y lo nombró como cabeza de todo para bien de la iglesia, 23 la cual es su cuerpo. Cristo, quien llena todo en todo momento, llena la iglesia con su presencia.” (Efesios1:19-23, PDT)

“19 También pido en oración que entiendan la increíble grandeza del poder de Dios para nosotros, los que creemos en él. Es el mismo gran poder 20 que levantó a Cristo de los muertos y lo sentó en el lugar de honor, a la derecha de Dios, en los lugares celestiales.21 Ahora Cristo está muy por encima de todo, sean gobernantes o autoridades o poderes o dominios o cualquier otra cosa, no solo en este mundo sino también en el mundo que vendrá. 22 Dios ha puesto todo bajo la autoridad de Cristo, a quien hizo cabeza de todas las cosas para beneficio de la iglesia. 23 Y la iglesia es el cuerpo de Cristo; él la completa y la llena, y también es quien da plenitud a todas las cosas en todas partes con su presencia.” (NTV)
 
El acercamiento paulino a Cristo como Dios y a Cristo como Dios encarnado requiere varias baterías de reflexiones intensas. Este tema, que es el tema de nuestra canción como creyentes que hemos sido redimidos, perdonados y reconciliados con Dios, es uno muy intenso e inagotable. Esto es así porque existen diferencias operacionales entre una naturaleza y la otra. No olvidemos que Cristo es cien por ciento Dios y al mismo tiempo cien por ciento hombre. La teología llama unión hipostática a la relación entre estas dos naturalezas.[1]
 
La teología Cristiana proclama que ninguna de estas naturalezas está por encima de la otra, siendo esto una doctrina fundamental de nuestra fe. La fe Cristiana se fundamenta en que un hombre hecho a la imagen y semejanza de Dios (Adán) se convirtió en actor independiente del Creador y esto produjo que cayera de la gracia sempiterna. Nuestra fe se fundamenta en que esa acción, que llamamos pecado, consiguió que todos estemos destituidos de la gloria de Dios (Rom 3:23).
 
Nuestra fe predica que la única solución para este dilema era que otro hombre creado a la imagen y semejanza de Dios, sin pecado, esto es Cristo como hombre, como Dios encarnado, pudiera recuperar lo que Adán perdió. Esto lo haría ofreciéndose como el único sacrificio aceptable ante el Padre. Cristo como hombre es el segundo Adán (l Cor 15:22, 45). Cristo se encarnó en el vientre de la virgen María para perdonarnos y reconciliarnos con el Padre. Al mismo tiempo, el segundo Adán recuperó lo que el primero había perdido: la comunión con Dios y su lugar como corona de la creación (Sal 8:5).
 
Algunos pensadores Cristianos han llegado a decir que la naturaleza divina de Cristo impedía que su naturaleza humana pudiera pecar. Estas posiciones fueron condenadas por la Iglesia en los Concilios de Éfeso (431 DC), el de Calcedonia (451 DC), y el Segundo y el Tercer Concilio de Constantinopla (553, 680 DC). Fueron reprendidas como parte de la condena al Nestorianismo, al Monofisismo y específicamente al Monotelismo.
             
El Nestorianismo es una herejía del siglo V que enseñaba la existencia de dos personas separadas en Cristo encarnado: una divina (el Hijo de Dios); otra humana (el hijo de María), unidas con una voluntad común. Esta herejía toma su nombre de Nestorio, patriarca de Constantinopla, quien fue el primero en difundir la doctrina. Uno de los grandes problemas con esta posición teológica es describía las dos (2) naturalezas de Cristo como algo que surgió de manera análoga y desarrollando dos (2) sujetos o personas distintas. Para Nestorio, estas dos (2) personas se hallan ligadas entre sí por una simple unidad accidental o moral. Para los defensores de esta definición Cristo como hombre no es Dios, sino portador de Dios.
             
Veamos una definición de Monotelismo:
 
“Monofisismo

Herejía desarrollada por el monje Eutiques (m. 454). Se propagó principalmente entre los siglos V y VI. Enseñó que solo había una naturaleza en la persona de Cristo, la divina.  Se oponía a la doctrina del Concilio de Calcedonia (451) sobre las dos naturalezas de Cristo. Surge en parte como una reacción contra el nestorianismo. A pesar de haber sido condenado en el Segundo Concilio de Constantinopla (553), el monofisismo encontró apoyo en Siria, Armenia y especialmente entre los cristianos coptos en Egipto en dónde todavía existe incluso con una estructura ordenada en las Iglesias Armenias y Coptas entre otras.”[2]
 
“Monotelismo (Solo y agente en griego.) Movimiento teológico. Los monotelistas sostenían la creencia en una sola voluntad en Cristo. Fue un intento por reconciliar a ciertos elementos en la iglesia y lograr el apoyo de los monofisitas sin apartarse de ciertos conceptos del Concilio de Calcedonia (451) sobre las dos naturalezas de Cristo. A tal efecto, Sergio, patriarca de Constantinopla, siguiendo las instrucciones del emperador bizantino Heraclio, propuso una fórmula estableciendo la tesis de que el Verbo hecho carne, Jesús, lo hizo todo mediante la acción de una sola energía divino-humana. Después se eliminó lo de “energí­a” y se afirmó la existencia de una sola voluntad en el Cristo, divino y humano al mismo tiempo. Para ellos si Cristo tenía, como afirmaba la ortodoxia, dos naturalezas, existían dos voluntades, pero la humana actuaba siempre de acuerdo con la divina. El monotelismo fue condenado en el Concilio de Constantinopla (680) que estableció el diotelismo, es decir, la creencia en dos voluntades.”[3]
               
Existen varias publicaciones responsables acerca de este tema. Una de estas es la de Enrique Dussel. Veamos una cita de este libro:
 
“«El verbo se hizo carne», pero no carne absoluta sino relativa: en Israel, como judío, como miembro de un país colonial de un determinado imperio, hablando una determinada lengua, teniendo concretos padres. El monofisismo hace siglos que ha sido condenado, pero hay eclesiologías monofisistas, al pretender la autonomía absoluta de la Iglesia de las instituciones históricas  (que pueden o no ser de institución divina).”[4]
 
Si Cristo no hubiera sido capaz de pecar no hubiera sido la ofrenda perfecta para la expiación ante el Padre. La ofrenda aceptable requería que un hombre exactamente igual a Adán, capaz de escoger rebelarse ante el Creador, decidiera no hacerlo por amor a nosotros.
 
La Cristología enseña que Cristo como hombre es el único que podía pagar el precio por nuestra salvación, por nuestra justificación, nuestra expiación, por nuestra transgresión y nuestra reconciliación con Dios.
 
Al mismo tiempo, Cristo como hombre ocupa la posición de Sumo Sacerdote según el orden de Melquisedec. La Biblia dice lo siguiente acerca de esto:
 
“8 Aunque era Hijo, mediante el sufrimiento aprendió a obedecer; 9 y, consumada su perfección, llegó a ser autor de salvación eterna para todos los que le obedecen, 10 y Dios lo nombró sumo sacerdote según el orden de Melquisedec.” (Hebreos 5:8-10, NVI)
 
“19 Tenemos como firme y segura ancla del alma una esperanza que penetra hasta detrás de la cortina del santuario, 20 hasta donde Jesús, el precursor, entró por nosotros, llegando a ser sumo sacerdote para siempre, según el orden de Melquisedec.” (Hebreos 6:19-20, NVI)
 
“13 En efecto, Jesús, de quien se dicen estas cosas, era de otra tribu, de la cual nadie se ha dedicado al servicio del altar. 14 Es evidente que nuestro Señor procedía de la tribu de Judá, respecto a la cual nada dijo Moisés con relación al sacerdocio. 15 Y lo que hemos dicho resulta aún más evidente si, a semejanza de Melquisedec, surge otro sacerdote 16 que ha llegado a serlo no conforme a un requisito legal respecto a linaje humano, sino conforme al poder de una vida indestructible. 17 Pues de él se da testimonio: «Tú eres sacerdote para siempre, según el orden de Melquisedec».[
5]” (Hebreos 7:13-17, NVI)
             
La función sacerdotal descrita aquí no es una divina; es una función humana. Es por esto que Cristo intercede por nosotros delante del Padre.
 
“¿34 Quién es el que condenará? Cristo es el que murió; más aún, el que también resucitó, el que además está a la diestra de Dios, el que también intercede por nosotros.” (Romanos 8:34, RV 1960)
 
Esto no significa en manera alguna que Cristo no es Dios. Cristo siempre ha sido Dios. La Biblia dice en la misma Carta a los Romanos que Cristo es Dios.
 
“3 Porque deseara yo mismo ser anatema, separado de Cristo, por amor a mis hermanos, los que son mis parientes según la carne; 4 que son israelitas, de los cuales son la adopción, la gloria, el pacto, la promulgación de la ley, el culto y las promesas; 5 de quienes son los patriarcas, y de los cuales, según la carne, vino Cristo, el cual es Dios sobre todas las cosas, bendito por los siglos. Amén.” (Romanos 9:3-5)
 
¡Cristo es Dios! La Biblia lo afirma de muchas maneras. Hay versos bíblicos que afirman que Cristo es pre-existente (Fil 2:5-7) y que Dios fue manifestado en carne (1 Tim 3:16). Ellos afirman que Cristo es el Creador de todo lo que existe (Jn 1:1, 3; Col 1:16). Estos versos afirman que Cristo es uno con el Padre (Jn 10:30-33). Estos versos afirman que Cristo es Dios con nosotros: Emanuel (Mat 1:23). Estos versos declaran que la encarnación, la muerte y la resurrección de Cristo fue profetizada muchos siglos antes de que ocurriera (Isa 9:6; 53:1-12). Desde entonces se le identificaba con todos los nombres de Dios. Estos versos dicen que la justicia que alcanzamos es la de Dios nuestro Salvador; y Cristo es el Salvador del mundo (2 Ped 1:1). Estos versos dicen que la venida de Cristo que esperamos los creyentes es la venida de Dios (Tito 2:13). ¡Cristo es cien por ciento Dios!
 
Cristo es también  cien por ciento hombre. Pablo dice en la Carta a los Efesios que Cristo como hombre ocupa un sitial de honor al lado del Padre.
 
“Ese poder es la fuerza grandiosa y eficaz 20 que Dios ejerció en Cristo cuando lo resucitó de entre los muertos y lo sentó a su derecha en las regiones celestiales,”  (Efesios 1:19b-20, NVI)
 
Ese es un lugar de prestigio que los reyes de la antigüedad le concedían a aquellos a quienes querían honrar o que estaban asociados a ellos en sus conquistas y en sus dominios.[6] Es interesante el hecho de que Pablo aprovecha esta carta para indicar que Cristo ha sentado a los creyentes en esos lugares celestiales (Efe 2:6). Es mucho más interesante cuando vemos que el escritor del Apocalípisis nos dice que aquellos que venzan serán sentados en el trono que Cristo ocupa con el Padre.
 
“21 Al que venciere, le daré que se siente conmigo en mi trono, así como yo he vencido, y me he sentado con mi Padre en su trono.” (Apocalipsis 3:21, RV 1960)
 
O sea, que Cristo recuperó el sitial que Adán había perdido. Lo sabemos porque la Biblia dice que ningún ángel u otra cosa creada ha ocupado ese lugar.
 
“13 Pues, ¿a cuál de los ángeles dijo Dios jamás: Siéntate a mi diestra, Hasta que ponga a tus enemigos por estrado de tus pies?” (Hebreos 1:13)
             
Pablo dice en la Carta a Los Efesios que además de ese sitial de honor, Cristo posee toda la autoridad “…por encima de cualquier gobernante, autoridad, poder y dominio, tanto de este mundo como del que está por venir. 22 Dios puso todo bajo sus pies y lo nombró como cabeza de todo para bien de la iglesia,” (Efe 1:21-22, PDT). Estas expresiones validan la preminencia de Cristo sobre todas las cosas. Cristo es Rey, Señor y Rector de la época pre-mesiánica, la pos-mesiánica, y de los mundos terrestres y celestiales.
 
Esta declaración se repite en otros pasajes bíblicos tales como 1 Corintios 15:24, Efesios 3:10 y en Colosenses 1:16.
 
Pero hay más: esos versos afirman que Cristo es la cabeza de la Iglesia. O sea, que la unión mística que existe entre Cristo y la iglesia es descrita aquí con la metáfora de un cuerpo. Él es la cabeza de la Iglesia por ser supremo, y por su roles primarios en nuestra creación y en nuestra redención. Cristo fundó la Iglesia, la estableció; la iglesia es suya (Mat 16:18). La Iglesia como cuerpo de Cristo continúa  con el trabajo de la salvación. El Señor habla, actúa, trabaja y se manifiesta a través de Su iglesia. Es por eso que Él la llena con Su plenitud; para que la iglesia pueda desarrollar sus funciones al mismo tiempo que disfruta de la presencia del Eterno.
 
Esto último será el punto de arranque de nuestra próxima reflexión.
Referencias

[1] https://www.vidaeterna.org/esp/preguntas/dos_naturalezas.htm
   
[2] https://www.religionenlibertad.com/blog/47903/las-dos-naturalezas-de-jesus-como-puede-ser-jesus-tanto-dios.html
   
[3] https://www.biblia.work/diccionarios/monotelismo/.
   
[4] Dussel, Enrique. 1983. Historia General de la Iglesia en América Latina I/1: Introducción General. Ediciones Sígueme.
   
[5] Cita del Salmo 110:4
   
[6] Hodge, C. (1858). A commentary on the Epistle to the Ephesians (pp. 81–92).  Robert Carter and Brothers.

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