Reflexiones de Esperanza: Efesios - la estructura de la primera oración en esta carta (Parte XXIV)

“según la operación del poder de su fuerza...” (Efesios 1:19b, RV 1960)

“according to the working of his mighty power…”(KJV)
 
La Carta del Apóstol Pablo a la Iglesia que estaba localizada en la ciudad de Éfeso nos ha insertado en el análisis del poder de Dios. El análisis de la primera oración que Pablo nos regala en esta carta nos ha permitido ver que el Apóstol pide a Dios que esa Iglesia pudiera recibir revelación divina para entender, para conocer ese poder. Su oración específica, conocer el poder que levantó a Cristo de entre los muertos.

Es muy interesante el dato de que la composición gramatical de esta carta nos permite concluir que la petición que Pablo hace es para el presente. Esto es, no es para que la Iglesia pudiera conocer ese poder en el futuro escatológico que nos aguarda. La oración paulina implica que la Iglesia necesitaba recibir esa revelación en el escenario que ella estaba viviendo. Es un secreto a voces que la Iglesia de la posmodernidad necesita recibir esa revelación hoy.

El capítulo uno (1) de esa carta dice que el mismo poder que levantó a Jesús de entre los muertos está disponible para nosotros hoy. Nuestras vidas pueden y deben ser impactadas por ese poder. Cristo venció, ganó la batalla contra el pecado, contra la muerte, contra Satanás y contra el mundo. Nosotros somos los recipientes de los beneficios directos e indirectos de esa victoria. Por lo tanto, los creyentes en Cristo como Señor y Salvador no enfrentamos la vida para conquistar o ganar esas batallas. Nosotros hemos sido llamados a operar desde esos escenarios de victoria.  Esta es una de las razones por las que Pablo destaca en esta carta que la Iglesia debe operar desde esa victoria y desde el asiento que ella ocupa:

“6 y juntamente con él nos resucitó, y asimismo nos hizo sentar en los lugares celestiales con Cristo Jesús,”  (Efesios 2:6, RV 1960)
           
La Iglesia del Señor no ha sido llamada a operar desde el poder político, el poder económico, el educativo ni el institucional. La Iglesia no ha sido llamada a operar desde las sillas que ofrecen estos poderes. Es muy cierto que tenemos una gran responsabilidad con la justicia social aquí en la tierra. Sin embargo, no es menos cierto que dejamos de ser relevantes y de ser capaces de cumplir con nuestra misión profética y bíblica cuando intentamos hacer esto desde otro asiento que no sea el del poder que resucitó a Cristo de entre los muertos. De hecho, la historia ha demostrado a la saciedad que la Iglesia ha fracasado en cada uno de los intentos que ha procurado desarrollar desde algún asiento diferente al descrito por el Señor en Su Palabra.

Recordamos la inserción del “Evangelio Social” (finales del siglo 19 y principos del siglo 20) predicado por algunos teólogos entre los que encontramos a Washington Gladden, William Dwight Porter Bliss, y a Walter Rauschenbusch. Este último, comenzaba la exposición de sus principios sociales lamentando la ausencia de la “praxis” en la enseñanza Cristiana. La reinterpretación del mensaje del profeta Miqueas se convirtió en eje central de esa teología.

“8 Oh hombre, él te ha declarado lo que es bueno, y qué pide Jehová de ti: solamente hacer justicia, y amar misericordia, y humillarte ante tu Dios.”  (Miqueas 6:8)

Este movimiento comenzó bien, pero poco a poco fue abandonando el asiento, la silla desde la que opera la Iglesia y terminó con unas interpretaciones bíblicas que se alejaron de la fe Cristiana.

Una de las críticas que se le ha hecho a este movimiento no es que su idealismo esté lejos del compromiso de justicia social que la Iglesia posee. La crítica más severa es que su énfasis terminaba reduciendo la teología a una rama de la sociología. No se puede ocultar que muchos de esos escritos, los del Evangelio Social, están plagados de frases denigrantes de los grupos Católicos y Judíos y que estaba acompañada de una visión victoriana de las mujeres. No obstante, tal y como dijo H. Richard Niebuhr, el escritor de una obra magna titulada “Christ and Culture”,[1]  la teología del Evangelio Social predicado por Raushenbusch y por sus compañeros no necesitaba la presencia de un salvador. Un periodista del Wall Street, Joseph Loconte, escribió una columna en mayo del 2007 en la que señalaba que ese movimiento se fue separando poco a poco de las enseñanzas bíblicas hasta el punto de no tener claridad en sus exposiciones acerca del pecado, del sacrificio de Cristo y de la redención. [2]
 
H. Richard Niebuhr decía que de sus análisis de esa teología se puede concluir que un Dios sin airarse ante el pecado de los seres humanos, trajo a seres humanos sin pecado a un reino en el que no hay juicio a través de la ministración de un Cristo sin una Cruz. Según el Evangelio Social, el problema del ser humano no es el pecado. El problema está en las estructuras sociales y las injusticias que estas patrocinan. Desde estas perspectivas, la solución de nuestros problemas se encuentra en la transformación cultural y no en el Calvario. Para esta teología, la salvación social es más importante que la salvación individual.[3]
 
Uno de los errores más grandes de esta teología fue creer que el poder de la persuasión era más importante que el poder de la predicación del mensaje del Evangelio de la Cruz.[4] El movimiento comenzó a desaparecer cuando los inmigrantes a los que intentaban persuadir decidieron no prestarles atención.
 
Lo que hemos planteado hasta aquí no cancela la responsabilidad que tenemos como Iglesia de asistir al necesitado y de destacar que en Cristo Jesús no hay diferencias sociales, raciales, sexuales ni étnicas. Rick Warren ha apuntado que no se trata de escoger entre la restauración de la relación del ser humano con Dios y la restauración cultural. Ambas pueden y tienen que ser accedidas pero con Cristo en el centro, bajo el poder de la resurrección de Jesucristo nuestro Redentor y nuestro Señor.
 
Repetimos que este movimiento comenzó bien, pero terminó mal.
 
Una de las razones por las que presentamos este ejemplo de la historia Cristiana reciente, es porque este ha regresado a la palestra Cristiana vestido del manto de Critical Race Theory, Cancel Culture   y el movimiento “Woke” (alerta a las inequidades sociales). Este ha sido insertado por partidos políticos en el corazón de muchas organizaciones eclesiásticas importantes para procurar dividirlas y frenar sus programas conservadores. No podemos llamarnos a engaño: la Iglesia del Señor es el último frente que queda en el planeta para defender la familia, a los niños y los valores centrales de la vida y de la humanidad. Fragmentar la Iglesia es una estrategia de incalculable valor para aquellos que no respetan aquellas cosas que la Biblia nos llama a respetar. Tampoco podemos obviar que la Iglesia se hace vulnerable cuando decide defender estos frentes y desarrollar su tarea fuera del asiento celestial que predica el mensaje de la Cruz, el de la resurrección y el del poder de Dios. La noticia más triste es que algunas de estas organizaciones han comenzado a dividirse. Un dato que lo hace aún más doloroso es que la Iglesia permitió que esos movimientos se insertaran en el seno de muchas de nuestras organizaciones.
 
Les invitamos a ver una presentación audiovisual que ofrece detalles acerca de lo antes expuesto: “By What Standard”[5]. Además, unas entrevistas con el Dr. Josh Buice, Pastor de Pray’s Mill Baptist Church en Douglasville, Georgia, acerca de la necesidad de dejar a las Iglesias Bautistas del Sur. [6],[7] Repetimos que estas noticias son muy dolorosas, particularmente por lo mucho que la Iglesia Cristiana moderna le debe a los hermanos de esa hermosa organización eclesiástica.
 
¿Cómo pues debemos operar¿ ¿Cuál debe ser nuestra respuesta? La respuesta no puede ser político partidista. Nuestra respuesta no puede ser económica ni institucional. Nuestra respuesta no puede ser académica. El Apóstol Pablo nos dice categóricamente que la única manera de operar como creyentes en Cristo y como Iglesia del Señor es bajo el poder de la resurrección, desde la óptica celestial que se le ha concedido a la Iglesia. Él, Pablo, utiliza una frase para describir este modo de operación: “según la operación del poder de su fuerza...” (Efe 1:19b, RV 1960).
 
Repetimos que el mensaje paulino es que ese poder está disponible para todos aquellos que creemos en Jesús como nuestro Señor y nuestro Salvador. Una Iglesia que opera bajo ese poder, reconoce que está sentada en los lugares celestiales y no admite transacciones con sus postulados de fe, con sus doctrinas ni con su mensaje.
 
Pablo añade que ese poder no está disponible para exhibición ni como un artículo de lujo. Pablo dice en esta misma carta, la Carta a los Efesios, que ese poder está diseñado para que seamos investidos y vestido por este.
  
“10 Por lo demás, hermanos míos, fortaleceos en el Señor, y en el poder de su fuerza.”
 (Efesios 6:10, RV 1960)
 
“10 Y ahora, hermanos, busquen su fuerza en el Señor, en su poder irresistible.” (DHH)
 
“10 Por último, fortalézcanse con el gran poder del Señor.” (NVI)
 
“10 Finalmente, confíen en el gran poder del Señor para fortalecerse.” (PDT)
 
“10 Por último, recuerden que su fortaleza debe venir del gran poder del Señor.” (NBV)
               
Es muy interesante el hecho de que la primera ocasión en la que Pablo utiliza esta expresión es durante el primer ejercicio de oración que él levanta a favor de la Iglesia en esa ciudad, la de Éfeso. Él la utiliza señalando que el poder que está disponible para el creyente es supereminentemente grande y que este ha sido dispuesto para actuar en nosotros “según la operación del poder de su fuerza.”
             
Una de las traducciones anglosajonas lo recoge de la siguiente manera:
  
“…according to the working of his mighty power…” (KJV)
             
Tenemos que detenernos a analizar el vocabulario que Pablo utiliza en estos dos (2) versos bíblicos (Efe 1:19b; Efe 6:10). Es la única manera que tenemos a la mano para poder entender el significado de estas expresiones. La primera, de estas, la que encontramos en el verso 19 del capítulo uno (1) de la Carta a los Efesios, posee tres (3) conceptos que son extraordinarios. Estos son, “operación” o “working”, poder o “mighty” y fuerza o “power.”
 
Los conceptos griegos traducidos aquí son los siguientes: “energeia”, (G1753),  “kratos”, (G2904) e “ischus”, (G2479). El primero es traducido como “operación”. El segundo es traducido como “poder.” El tercero es traducido como “fuerza.”
 
Creemos que todo este “trabalenguas” es mucho más fácil de entender si lo analizamos de atrás hacia adelante. Dios tiene toda la fuerza (“ischus”, G2479). Él no tiene que ir a ningún lugar para conseguirla o para ser más fuerte. Dios no tiene que ir a un gimnasio para ser fuerte. Dios no necesita de vitaminas ni de suplementos para ser fuerte. Dios posee toda la fortaleza. Es por esto que Dios es nuestra fortaleza. No se trata de que Él se limite a darnos fuerzas: Él es nuestra fortaleza (Sal 18:1,2; 22:19; 27:1) la fortaleza de Su pueblo (Salmos 28:7-8).
 
Esta es una de las razones detrás del cántico celestial que encontramos en el libro del Apocalípsis:
 
“11 Y todos los ángeles estaban en pie alrededor del trono, y de los ancianos y de los cuatro seres vivientes; y se postraron sobre sus rostros delante del trono, y adoraron a Dios, 12 diciendo: Amén. La bendición y la gloria y la sabiduría y la acción de gracias y la honra y el poder y la fortaleza, sean a nuestro Dios por los siglos de los siglos. Amén.” (Apoc 7:11-12)
 
Esa fuerza tiene que ser puesta en acción. De lo contrario sería una fuerza pasiva. Esa fuerza puesta en acción se llama poder (“kratos”, G2904). Dios es el Todopoderoso. Él es el “shadday” (H7706), el “pantokratōr” (H3841); el Todopoderoso. Así se le reveló a Abraham.
 
“1 Era Abram de edad de noventa y nueve años, cuando le apareció Jehová y le dijo: Yo soy el Dios Todopoderoso; anda delante de mí y sé perfecto. 2 Y pondré mi pacto entre mí y ti, y te multiplicaré en gran manera.”  (Genesis 17:1-2)
               
Así también lo celebra el libro del Apocalípsis:
 
“8 Yo soy el Alfa y la Omega, principio y fin, dice el Señor, el que es y que era y que ha de venir, el Todopoderoso.”   (Apocalipsis 1:8)
 
“8 Y los cuatro seres vivientes tenían cada uno seis alas, y alrededor y por dentro estaban llenos de ojos; y no cesaban día y noche de decir: Santo, santo, santo es el Señor Dios Todopoderoso, el que era, el que es, y el que ha de venir.”  (Apocalipsis 4:8)
 
Ahora bien, la porción o la cantidad de ese poder en acción se llama operación (“energeia”, G1753). O sea, que el concepto “operación” sirve para describir que cantidad o cuantía del poder de Dios es el que está en acción. Dicho de otro modo, la resurrección de Jesucristo sólo necesitó una porción (“energeia”) del poder (“ischus”) de Dios puesto en acción (“kratos”).
 Veámoslo una vez más bajo el lente de un comentario bíblico muy conservador:[8]
 
  •  Fuerza, “ischus”, es el estado o la eficiencia simple de este atributo de Dios.
  •  Poder, “kratos”, es esa fuerza o eficiencia en acción.
  •  Operación, “energeia”, es el quantum de fuerza, el “momentum”, o la velocidad con el que ese poder es aplicado.
 
El Apóstol Pablo pide en su oración que la Iglesia pueda recibir revelación para aprender, para entender cómo vivir bajo ese poder: “según la operación del poder de su fuerza...” (Efe 1:19b, RV 1960).
Referencias
   
[1] H. Richard Niebuhr. 1951. Christ and Culture. NY: Harper & Row.  
   
[2] https://paw.princeton.edu/article/rereading-social-gospel#:~:text=Over the years, more conservative,little need of a savior.
   
[3] https://tifwe.org/three-fallacies-of-the-social-gospel/
   
[4] Nelson, Janet R. “WALTER RAUSCHENBUSCH AND THE SOCIAL GOSPEL: A Hopeful Theology for the Twenty-First Century Economy.” CrossCurrents 59, no. 4 (2009): 442–56. http://www.jstor.org/stable/24461589.
   
[5] https://founders.org/cinedoc/
   
[6] https://www.youtube.com/watch?v=CktfZj_xWPI.
   
[7] https://www.youtube.com/watch?v=O2A0NVE6vEc
   
[8]  Adam Clarke’s Commentary on the New Testament. Electronic Edition STEP Files Copyright © 1999, Parsons Technology, Inc., all rights reserved.

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