786 • Entre el Mar Rojo y la Tierra Prometida: “La Educación Cristiana que sana al pueblo: el objetivo de la Palabra de Dios como revelación.” • El Heraldo Institucional del 7 de marzo del 2021 • Volumen XVI

Entre el Mar Rojo y la Tierra Prometida
“La Educación Cristiana que sana al pueblo: el objetivo de la Palabra de Dios como revelación.”


Reflexión por el Pastor/Rector: Mizraim Esquilín- García

 “
8 Y ¿qué nación grande hay que tenga estatutos y juicios justos como es toda esta ley que yo pongo hoy delante de vosotros? 9 Por tanto, guárdate, y guarda tu alma con diligencia, para que no te olvides de las cosas que tus ojos han visto, ni se aparten de tu corazón todos los días de tu vida; antes bien, las enseñarás a tus hijos, y a los hijos de tus hijos.” (Det 4:8-9)

El análisis de las narrativas bíblicas acerca de los procesos educativos que el pueblo de Israel comenzó a desarrollar en el desierto nos ha permitido ver que este poseía varios objetivos. Ya sabemos que el más importante era la transformación de ese pueblo en pueblo de Dios; en un reino de sacerdotes y gente santa (Éxo 19:5-6).

Este modelo se encontró con la bendición de que Dios puso a la disposición del Pueblo una herramienta invaluable, un recurso insustituible. Ese recurso es la Palabra de Dios revelada; en este caso, la Ley que Dios le reveló a Moisés. El objetivo de esa Palabra revelada, de sus instrucciones, de sus estatutos y de sus juicios era la práctica. La Ley que Dios le reveló a Moisés tenía como objetivo que el pueblo pudiera poner en práctica un estilo de vida que rindiera muchos frutos en esa vida nueva.[1]

Es cierto que la primera generación que se expuso a esta relación fracasó. Esta es la generación que casi siempre se describe con la frase “mala generación” (Dt 1:35) o “vuestros padres” (Núm 32; 8, 14; 33:54). No obstante, este modelo educativo tenía que ser capaz de capacitar a la próxima generación para que esta pudiera vivir esa clase de vida transformada que Dios esperaba de su pueblo. Veamos una descripción que la Biblia nos regala de la generación inicial y de esa nueva generación que tenía que ser educada con este modelo:

35 No verá hombre alguno de estos, de esta mala generación, la buena tierra que juré que había de dar a vuestros padres, 36 excepto Caleb hijo de Jefone; él la verá, y a él le daré la tierra que pisó, y a sus hijos; porque ha seguido fielmente a Jehová. 37 También contra mí se airó Jehová por vosotros, y me dijo: Tampoco tú entrarás allá. 38 Josué hijo de Nun, el cual te sirve, él entrará allá; anímale, porque él la hará heredar a Israel. 39 Y vuestros niños, de los cuales dijisteis que servirían de botín, y vuestros hijos que no saben hoy lo bueno ni lo malo, ellos entrarán allá, y a ellos la daré, y ellos la heredarán. (Dt 1:35)
39 En cuanto a sus hijos pequeños, que todavía no saben distinguir entre el bien y el mal, y de quienes ustedes pensaron que servirían de botín, ellos sí entrarán en la tierra y la poseerán, porque yo se la he dado.” (NVI)

Un dato muy interesante que encontramos en este pasaje bíblico es que la nueva generación de israelitas es descrita aquí como “hijos que no saben hoy lo bueno ni lo malo” (RV 1960)  o “hijos pequeños, que todavía no saben distinguir entre el bien y el mal” (NVI). O sea, que este modelo educativo estaba enfocado en formar niños menores de edad, niños que todavía no tenían la capacidad para discernir y que aún no contaban con una instrucción formal. A estos, a sus hijos y a los hijos de sus hijos había que enseñarles a practicar, a guardar, a proteger, a preservar y observar las enseñanzas recibidas en esa Palabra revelada. El fracaso de sus padres tenía que servirle como un estímulo y una advertencia. Es obvio que el precio que se paga cuando uno no sigue la instrucción de la Palabra de Dios es uno muy alto.

Repetimos, nunca es muy temprano para comenzar a educar a nuestros hijos en las enseñanzas de la fe. En el caso de la Iglesia Cristiana, el reclamo de Dios es el mismo; hay que instruir a los niños desde la cuna. Además, este reclamo está sustentado por tres (3) cosas que el pueblo de Israel no tenía. En primer lugar, la redención, el perdón de pecados (Efe 1:7; Col 1:14), la salvación (Hch 4:11-12; 2 Tim 2:10; Tit 2:11), la justificación (Rom 5:16; 1 Cor 1:30), la propiciación (Rom 3:25; 1 Jn 4:10) y la adopción como hijos de Dios (Rom 8:15; Gal 4:5) producida por el sacrificio de Cristo en la Cruz. En segundo lugar, la regeneración (Tit 3:5), la santificación (2 Tes 2:13), la glorificación de Cristo en la vida del creyente (Jn 16:7) y el empoderamiento producido por el Espíritu Santo (Hch 1:7-8). En tercer lugar, la revelación de una colección de 66 libros que llamamos Palabra de Dios (2 Tim 3:15). Esta Palabra es “inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia, a fin de que el hombre de Dios sea perfecto, enteramente preparado para toda buena obra.” (2 Tim 3:16-17).

El primer punto es la puerta de entrada al estudio del tema de la salvación (soteriología). El segundo punto es la puerta de entrada al estudio de la obra del Espíritu Santo (pneumatología). El tercer punto es la puerta de entrada al estudio de la Palabra como regla de autoridad, de fe y de conducta del creyente.

La profesión de la fe del pueblo de Israel se demostraría caminando, peregrinando, desarrollando la vida diaria. La llegada a la Tierra Prometida les sorprendería haciendo esto. El reclamo de este modelo educativo no se centraba en la práctica de una espiritualidad religiosa; la imitación de una vida piadosa. Este modelo procuraba que el pueblo de Israel internalizara y pusiera en acción un estilo de vida.

Este modelo educativo práctico procuraba que el pueblo entendiera que Dios era el Maestro y que ellos eran sus discípulos. Este modelo también estaba predicado desde la base de la renuncia a la idolatría. La definición de idolatría que el pueblo de Israel recibió no estaba circunscrita a la adoración de otras deidades o dioses paganos. Esa definición incluía no “servir” (Dt 7:16, “ʽâbad”, H5647), no dejarse esclavizar, no trabajar, no convertirse en un siervo, no adorar, no inclinarse ante ellos. Estas instrucciones describen que ellos solo podían adorar. Sin embargo, al mismo tiempo implican que ellos no podían permitir que esos dioses afectaran el estilo de vida que ellos tenían que practicar.

La profesión de fe del Cristiano también se demuestra caminando. Es por esto que los primeros Cristianos eran conocidos como los del Camino (Hch 9:2,3; 16:17; 18:25-26; 19:9, 23; 22:4;  24:14, 22; Heb 10:19-20). El Evangelio es un estilo de vida que es el producto de la salvación que produce la sangre de Cristo y la transformación y santificación que el Espíritu Santo opera en el ser humano.  Caminamos en Cristo hasta que nos sorprenda el regreso de nuestro Señor o que Él nos llame a Su Presencia como propiedad adquirida a precio de sangre (Efe 1:l) Cristo Jesús es nuestro Señor, nuestro Salvador y nuestro Maestro. Él prometió que enviaría al Espíritu Santo para estar con nosotros y continuar estos procesos educativos hasta el fin de los tiempos.

El Discipulado Cristiano expande la definición de la idolatría que recibió el pueblo de Israel. Además de todo lo que hemos expuesto acerca de esto, se considera que un ídolo puede ser cualquier placer que obstaculice, distraiga o detenga el plan que Dios tiene para nuestra vida. Esto es así porque por definición esto lo convierte en un placer ilegítimo. Este es el principio de “Gedeón;” la acción de detenerse a beber agua con comodidad cuando hay un peligro inminente y hay que poner en acción el plan que Dios ha revelado (Jue 7:1-8). En este caso se describe el modelo en el que las necesidades básicas son colocadas por encima de la dirección divina. O sea, que están usurpando el lugar de Dios.

El Discipulado Cristiano también define la idolatría como cualquier placer que ponga en riesgo el derecho sagrado tal como la justicia, la dignidad, etc. Este es un placer ilícito porque pone en riesgo la vida de otros en la búsqueda de la satisfacción de unos pocos. Este es el principio “David”; la acción de unos miembros de sus escuadra personal de ir a buscarle agua de un pozo en Belén (2 Sam 23:14-17). En este caso se describe el modelo de los anhelos de complacer a otro ser humano poniendo en riesgo elementos sacramentales tales como la vida. O sea, hemos colocado a estos seres humanos en pedestales  que están por encima de todos los demás.

Todas estas definiciones son también congruentes con la definición de pecado. Las definiciones de lo que es el pecado, la ofensa (“châṭâʼ”, H2398), la rebeldía contra los preceptos de Dios (“chaṭṭâʼâh”, H2403), errar en el blanco (“hamartía”, G266) forman parte de los currículos educativos que de Moisés y del Evangelio.

Susana Wesley fue la madre de Juan y Carlos Wesley, insignes predicadores y compositores Cristianos. Susana era muy escueta en sus definiciones de lo que es el pecado. Algunos biógrafos de Juan Wesley han reseñado que una ocasión él le preguntó a su progenitora qué cosa era el pecado, que cómo podía él definirlo. He aquí la definición que ella le ofreció a su hijo:

Cualquier cosa que debilite nuestra capacidad para razonar, impida la ternura y sensibilidad de nuestra conciencia, obscurezca nuestra conciencia de la presencia de Dios, ponga en entredicho los principios bíblicos y me aleje del propósito de Dios, eso es pecado y hay que alejarse de este.”[2](Traducción libre)
 
Es muy importante desglosar la definición que ella nos ofreció
Cualquier cosa que debilite nuestra capacidad para razonar:

Es por esto que la Educación Cristiana es una pieza insustituible para el desarrollo de la fe, Esta nos provee herramientas para fortalecer nuestra fe y nuestra capacidad para razonar el Evangelio. Un dato que sustenta esta aseveración es el énfasis que se hace en el Nuevo Testamento para que los creyentes aprendan a pensar.
  • Pensar sobre el amor de Dios (2 Cor 4:14).
  • Pensar sobre las estructuras de la fe que nos ayudan a mantener la paz y la cordura en tiempos de tribulación (Fil 4:8).
  • A ser maduros en este proceso (1 Cor 14:20).
  • A no permitir que seamos movidos con facilidad de nuestra forma de pensar (2 Tes 2:2)
  • Pensar acerca de uno mismo con cordura (Rom 12:3)
  • A tener el mismo modo de pensar de Cristo (Fil 2:5, “phroneō”, G5426)
  • A tener la mente de Cristo (1 Cor 2:16).

El Señor dice en Su Palabra que Él ha prometido poner Su Palabra en nuestras mentes (Heb 8:10). Esto transforma la mente que era enemiga de Dios (Col 1:21; 2:18) en una que ha sido transformada y renovada (Ef 4:23). Esto no significa que el Evangelio se puede desarrollar a base de ejercicios mentales. Lo que esto significa es que los creyentes que han sido lavados por la sangre de Cristo tienen que experimentar la renovación de su entendimiento (Rom 12:1-2)

Impida la ternura y sensibilidad de nuestra conciencia

La Educación Cristiana tiene que producir conciencias libres de acusación (Jn 8:9) como un resultado insustituible de sus procesos. Además, tiene que provocar que el creyente valore poder aprender a vivir su vida con buena conciencia (Hch 23:1; 1 Tim 1:5); sin ofensa ante Dios y ante los hombres (Hch 24:16). Esto es, una conciencia que de testimonio en el Espíritu Santo (Rom 9:1). La Biblia dice que esto nos ayuda a guardar el misterio de la fe (1 Tim 2:9).

Obscurezca nuestra conciencia de la presencia de Dios

La Educación Cristiana tiene como norte definir parámetros que ayuden al creyente a reconocer lo que es una conciencia cauterizada (1 Tim 4:2); lo que es una conciencia corrompida (Tito 1:15). Es vital poder recibir un nivel de enseñanza que provoque al creyente a querer conducirse bien en todo; con buena conciencia (Heb 13:18).  Ese modelo educativo tiene que reforzar el uso de las disciplinas espirituales y la comprensión de los postulados de fe de modelo que los creyentes puedan anhelar acercarse al Señor como dice la Palabra:

22 acerquémonos con corazón sincero, en plena certidumbre de fe, purificados los corazones de mala conciencia, y lavados los cuerpos con agua pura. 23 Mantengamos firme, sin fluctuar, la profesión de nuestra esperanza, porque fiel es el que prometió.24 Y considerémonos unos a otros para estimularnos al amor y a las buenas obras;”  (Heb 10:22-24)

Ponga en entredicho los principios bíblicos

Sabemos que una educación transformadora tiene que ser intencional y no puede improvisarse. Pero además, esa educación tiene que estar basada en fundamentos firmes (2 Tim 2:19). Sabemos que nadie puede poner otro fundamento que el que está puesto: Jesucristo (1 Cor 3:11). Los creyentes que son educados en modelo de Educación Cristiana con estas características atesoran ese fundamento (1Tim 6:18) porque reconocen que sus vidas están edificadas sobre ese fundamento apostólico en el que Cristo es la principal piedra del ángulo (Isa 28:16; Efe 2:20). Hay que capacitar al creyente para que sea capaz de identificar cualquier cosa que ponga en entredicho esto. Además, hay que proveerle las herramientas para que pueda vencer sus efectos.

Me aleje del propósito de Dios.

La Educación Cristiana requiere que sus currículos provoquen la convicción en el creyente de que separados del Señor, nada podemos hacer (Jn 15:5).
Referencias:
[1]  Lange, J. P., Schaff, P., & Schröeder, W. J. (2008). A commentary on the Holy Scriptures: Deuteronomy (pp. 70–71). Bellingham, WA: Logos Bible Software.
[2]  Susanna Wesley: The Complete Writings, ed. by Charles Wallace Jr, (New York: Oxford University Press, 1997), 109.
Colaboradores:

Reflexión pastoral: Rev. Mizraim Esquilín-García, PhD.  /  Pastor de Comunicaciones: Mizraim Esquilín-Carrero, Jr. / Webmaster: Hno. Abner García  /  Social-Media- Curadora: Hna. Frances González •  Montaje reflexión-web/curadora Heraldo Digital Institucional-WordPress: Hna. Eunice Esquilín-voluntaria  /  Diseñadora-Curadora El Heraldo Institucional Edición Impresa Interactiva en InDesign CC: Dra. Eunice Esquilín-voluntaria  /  Fotografías gratuitas: Recuperadas de Unsplash.com por: Janko Felic / Rod Long  / David Boca / Diego PH / Ben White/Priscilla Du Preez /Mathew-Schwartz /Monika Grabkowska/ Annie Spratt. Imagen foto-editada en Photoshop CC: Dra. Eunice Esquilín López – voluntaria 7 de marzo del 2021.

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