787 • Entre el Mar Rojo y la Tierra Prometida: “La Palabra de Dios como instrumento para la trasformación del creyente y la creación de un testimonio vivo.” • El Heraldo Institucional del 14 de marzo del 2021 • Volumen XVI • 787

Entre el Mar Rojo y la Tierra Prometida: “La Palabra de Dios como instrumento para la trasformación del creyente y la creación de un testimonio vivo.”
Reflexión por el Pastor/Rector: Mizraim Esquilín-García


5 Mirad, yo os he enseñado estatutos y decretos, como Jehová mi Dios me mandó, para que hagáis así en medio de la tierra en la cual entráis para tomar posesión de ella. 6 Guardadlos, pues, y ponedlos por obra; porque esta es vuestra sabiduría y vuestra inteligencia ante los ojos de los pueblos, los cuales oirán todos estos estatutos, y dirán: Ciertamente pueblo sabio y entendido, nación grande es esta. 7 Porque ¿qué nación grande hay que tenga dioses tan cercanos a ellos como lo está Jehová nuestro Dios en todo cuanto le pedimos?” (Det 4:5-7)

El libro del Deuteronomio[1] es un registro de los acontecimientos que vivió el pueblo de Israel cuando estos se encontraban en la frontera de la tierra prometida: Canaán. En este libro, Moisés aprovecha este contexto geográfico para recordarle al pueblo la historia de la liberación, de los procesos por los que atravesaron como pueblo, los eventos más significativos, los conflictos y las razones que provocaron todas estas cosas. Sus discursos, además, poseen instrucciones finales y bendiciones para el pueblo.

El punto focal de Moisés en este libro es que el Éxodo ya era historia pasada (Det 1:6; 5:6). El Señor ya los había sacado de la tierra de Egipto y de ese período de servidumbre. Era entonces necesario estar preparados para poseer la Tierra que Dios les había prometido.

Hay que destacar que este libro señala que esta era la segunda ocasión en que ese pueblo se encontraba en esa frontera. El libro de Deuteronomio dice que el pueblo de Israel había llegado a esa frontera por la ruta de Seir hasta llegar a Cades-barnea (Dt 1:2, 19). Este lugar probablemente sea el descubierto por Rowland en 1842; (“Ain Kades”), [2] probablemente muy cerca de Petra. Ellos habían obedecido el mandato del Señor al grado de que habían alcanzado llegar a la frontera de la Tierra Prometida en tan solo 11 días de peregrinación (Det 1:2).

En esa ocasión el pueblo de Israel demostró que no estaba preparado para entrar a la Tierra Prometida. El fracaso en Cades-Barnea, o “Desierto de un fugitivo” (H6947) (Det 1:19-46) fue el producto de la desobediencia del pueblo de Israel. Ellos comenzaron bien, pero no fueron capaces de mantenerse obedientes a los mandatos del Señor El pueblo de Israel se rebeló contra Dios cuando escuchó el informe de 10 de los 12 espías que habían sido enviados a explorar la Tierra que el Señor les había prometido. El pueblo dijo que no entraría a esa tierra. El Dr. Roberto Lloyd destaca cuatro (4) acciones rebeldes del pueblo de Israel en esa ocasión

El texto menciona cuatro acciones rebeldes: no quisieron (v. 26a), fueron rebeldes (v. 26b), murmuraron (vv. 27–28) y no creyeron (v. 32).”[3]

El escritor de la Carta a Los Hebreos nos dice que esa generación no entró en la “Tierra Prometida a causa de su desobediencia y de su incredulidad:

6 Quiénes fueron los que, habiendo oído, le provocaron? ¿No fueron todos los que salieron de Egipto por mano de Moisés? 17 Y con quiénes estuvo él disgustado cuarenta años? ¿No fue con los que pecaron, cuyos cuerpos cayeron en el desierto? 18 Y a quiénes juró que no entrarían en su reposo, sino a aquellos que desobedecieron? 19 Y vemos que no pudieron entrar a causa de incredulidad.” (Heb 3:16–19)

Hay un dato muy interesante en todo esto. La desobediencia y la incredulidad del Pueblo de Israel en todos estos eventos, es descrita en el libro de Deuteronomio como una respuesta a la cobardía, al miedo. Las narrativas bíblicas  indican que el problema principal fue la cobardía del pueblo. Moisés les había recordado que no debían temer y que debían proceder a entrar a poseer esa tierra y ellos prefirieron enviar exploradores (Det 1:21). La respuesta de 10 de esos exploradores les produjo temor, miedo (vv. 28–33).

Esta es una lección muy importante: el miedo puede provocar que el ser humano no quiera obedecer los mandatos de Dios. La confianza en sí mismos destruyó las esperanzas de esa generación. Así mismo le puede ocurrir a cualquier persona. El miedo le puede colocar de espaldas a Dios y a sus mandatos.

Un pueblo fracasado tuvo que retirarse de esa frontera para comenzar una larga y penosa peregrinación por el desierto. Esa peregrinación se extendió por 40 años; hasta que esa generación, la generación fracasada desapareció y le dio paso a una nueva[4].

Cuarenta años más tarde, otra generación de Israelitas se encontraba contemplando la misma oportunidad que había tenido la primera. Moisés tenía que hacer buen uso de ese momento para poner en las manos de ellos algunas herramientas que les pudieran ayudar a no perderla. Moisés les tuvo que recordar que no serían las capacidades  ni las fortalezas que ellos poseían las que garantizarían el éxito de esta misión. Ellos tenían que acudir a confiar y a obedecer a Jehová, al Señor, al Creador de todo o que existe.

El pueblo que llegó a disfrutar la segunda oportunidad para entrar a la Tierra Prometida se encontraba ahora frente al Mar Rojo, entre Parán, Tofel, Labán, Hazerot y Dizahab (Det 1:1). El pueblo que llegó hasta allí ha sido clasificado como el pueblo preparado. El libro de Deuteronomio nos presenta un resumen de los preparativos y las enseñanzas finales para completar esa preparación.

Hacemos un paréntesis para destacar que uno de los datos más significativos de este libro, el del Deuteronomio, es que Cristo lo citó como parte de sus enseñanzas. Por ejemplo, la cita acerca del mandamiento más grande que hay en la Ley (Mat 22:36, 38; Mcs 6:29-31) es la que encontramos en el capítulo seis (6) del libro de Deuteronomio (Det 6:4-5).

La razón por la compartimos toda esta información es porque el pueblo de Israel aprendió en el camino las bendiciones que existen en la obediencia. En este caso, cuando uno es obediente a Dios. Tal y como dice el Dr. Warren W. Wiersbe,  ellos aprendieron que el amor de Dios hace provisión para que el pueblo de Dios pueda ser equipado para obedecer sus mandatos (Palabra). O sea, mientras más se internaliza el amor de Dios, anhelamos más querer complacerlo. ¿Cómo se logra esto?: leyendo estudiando, memorizando y compartiendo la Palabra. Wiersbe añade que no podemos olvidar que la Palabra de Dios es sobrenatural (2 Tim. 3:16–17; Heb. 4:11–12).[5]

Wiersbe continua señalando en su análisis del libro de Deuteronomio que como parte de la preparación de este pueblo para poder entrar a la Tierra Prometida, ellos tenían que escuchar los últimos discursos, las últimas enseñanzas que Moisés había de entregarles. Wiersbe añade que luego de que Moisés repasara con ellos su historia como nación (Det 1-3), este patriarca procedió a recordarles cuál es el carácter del Dios de Israel y cómo es que debían responderle[6].

Es en este contexto que el pueblo de Israel recibe las palabras que encontramos en el epígrafe de esta reflexión.

5 ¡Miren! Les he enseñado las normas y leyes así como el SEÑOR mi Dios me ha ordenado, para que ustedes las pongan en práctica en la tierra que van a ocupar. 6 Deberán ser cuidadosos en obedecer fielmente estas leyes porque esa será la prueba de su sabiduría y entendimiento para las otras naciones que oirán de estas leyes y dirán: «Realmente, esta gran nación es de gente sabia e inteligente». 7 ¿Qué gran nación hay en la que su dios esté tan cerca como el SEÑOR lo está de nosotros, que viene cuando le pedimos ayuda?” (Det 4:5-7, PDT)

Estos versos pertenecen a un segmento del primer discurso de Moisés en el que él hace énfasis en la gloria y la grandeza de Dios (Det 4-5). Un bosquejo simple de los capítulos cuatro (4) y cinco (5) a los que hacemos referencia en esta reflexión podría ser el siguiente:

  • Dios habla - escúchenlo (Det 4:1-2)
  • Dios es santo - témanlo (Det 4:3-4)
  • Dios es sabio – aprendan de Él (Det 4:5-9)
  • Solo Dios es Dios- adórenle (Det 4:10-43)
    • La experiencia del pueblo de Israel en Sinaí (vv. 10-19)
    • La liberación de Egipto (v. 20)
    • La experiencia de Moisés en Cades (vv. 21-24)
    • El Pacto amoroso de Dios (vv. 25-31)
    • El amor de Dios (vv. 32-43)
  • Dios es Señor de Todo- obedézcanle (4:44-5:33)

Este bosquejo ha sido extraído del análisis que nos ofrece el Dr. Wiersbe.[7]

Ahora bien, ¿cuáles son los elementos centrales del mensaje que Moisés le comunica al pueblo de
Israel en el pasaje que encabeza esta reflexión? En primer lugar, que él les había enseñado (“lâmad”, H3925) estatutos (“chôq”, H2706) y decretos (“mishpâṭ”, H4941). Esto era lo que Dios le había ordenado que hiciera; un mandato divino (“tsâvâh”, H6680). En segundo lugar, que esas enseñanzas eran las que había que poner en práctica, obedecerlas (“ʽâśâh”, H6213), y guardarlas (“shâmar”, H8104).

El resultado de esas acciones es que esto se convertiría en la prueba, el testimonio de la sabiduría (“châkâm”, H2450) de ellos como pueblo así como de su inteligencia (“bı̂yn”, H995). Estos dos (2) elementos operarían a favor de ellos frente a las naciones, a los pueblos que tendrían que enfrentar.

Estamos convencidos de que esos dos (2) versos (Det 4:5-6) poseen las claves para definir por qué es que la Palabra de Dios es un instrumento para la transformación del creyente y para la creación de testimonios vivos. Los conceptos que se utilizan en estos dos (2) versos son esas claves. El análisis de estos produce varias conclusiones de suma importancia.

En primer lugar, vemos aquí que Moisés recibió un mandato divino para enseñar. Los mandatos de Dios (“tsâvâh”, H6680) han estado presentes en la Biblia desde la misma creación del ser humano. Es este mismo concepto el que se usa con Adán cuando se le ordenó que podía comer de todos los árboles que había en el Huerto del Edén, con la excepción del árbol del bien y del mal (Gn 2:16). Es este concepto el que se utiliza para hacerle saber a Adán que la desobediencia a ese mandato (Gn 3:11, 17) era lo que le había costado la ruptura de su relación con Dios así como su permanencia en ese huerto. Es ese concepto el que se utiliza con Noé para que construyera el Arca (Gn 6:22), así como con Abraham cuando se le ordenó que circuncidara a Isaac (Gn 21:4).

Este concepto se define como una imposición, algo que se establece, se constituye, una comisión.[8] Además, trae consigo la carga de ser una designación y la de colocar al que la recibe como el comandante para ejecutar lo ordenado.[9] Dicho de otro modo, no se fue que Moisés entendió o concluyó que tenía que enseñar, que tenía que educar al pueblo de Israel. La educación del pueblo de Israel fue un mandato divino. Podemos decir que Dios le impuso a Moisés esa necesidad; la de enseñar a Su pueblo (1 Cor 9:16).

El ministerio de la enseñanza y del discipulado en la Iglesia del Señor opera bajo la misma autoridad. Cristo el Señor le ordenó a la Iglesia que hiciera (“haced”) discípulos (Mat 28:19) y que se les enseñara qué era lo que tenían que guardar (v.20). Estos dos (2) mandatos, el de hacer (“mathēteuō”, G3100) discípulos y el de enseñarles (“didaskō”, G1321) están ligados y condicionados a que las personas acepten el mensaje de salvación (Mcs 10:15).

Sabiendo esto, tenemos que concluir que la Iglesia no puede considerar la Educación Cristiana como un elemento aleatorio a la fe y mucho menos como una de sus opciones. La Iglesia tiene que ver los procesos educativos que hemos recibido de parte de Jesús como u mandato; una orden divina.

Los versos que hemos citado del capítulo cuatro (4) del libro de Deuteronomio nos dicen que el mandato que Moisés recibió fue para enseñar (“lâmad”, H3925). Este es un concepto que se traduce como adiestramiento, que implica sumisión y aceptación del que está siendo adiestrado. Además, que este adiestramiento puede ser formal o informal con enfoque en la información que será recibida.[10]

Hay mucho más en este concepto hebreo. Este se utiliza para describir la vara de castigo o para disciplinar al ganado (Ose 10:11) y el adiestramiento para la batalla (1 Cró 5:18; Cant 3:8). A esto hay que añadir que (“lâmad”, H3925) es el concepto que se utiliza para describir la costumbre o el adiestramiento para hablar de una forma particular (Jer 9:14).[11]

Las implicaciones que se desprenden de toda esta información son asombrosas. De entrada hay que considerar que es obvio que este concepto no tiene en mente un salón de clases. Este concepto implica una enseñanza viva, disciplinada, estructurada, con la sumisión del adiestrado, con información clara y precisa y capaz de preparar al que la recibe para ir al combate. Se trata de un adiestramiento constante que puede ocurrir en tanto en marcos o escenarios formales como en los no formales.

El alcance de estas aseveraciones bíblicas en el marco de la fe Cristiana es incalculable.
Nuestras próximas reflexiones serán dedicadas al análisis de los otros conceptos que encontramos en esos versos del capítulo cuatro (4) del libro de Deuteronomio. Invitamos a los lectores a reflexionar sobre los datos y la información que hemos provisto aquí. Además, a pedir en oración y ruego que el Espíritu Santo nos ayude como Iglesia Cristiana a desarrollar modelos educativos que sean cónsonos con las definiciones bíblicas que poseemos.
Referencias
[1] Ese nombre significa “segunda Ley."
[2] Lange, J. P., Schaff, P., & Schröeder, W. J. (2008). A commentary on the Holy Scriptures: Deuteronomy (p. 49). Bellingham, WA: Logos Bible Software .
[3] Lloyd, R. (1994). Estudios Bı́blicos ELA: Al este de la frontera (Deuteronomio) (p. 16). Puebla, Pue., México: Ediciones Las Américas, A. C.
[4] Lloyd, R. (1994). Estudios Bı́blicos ELA: Al este de la frontera (Deuteronomio) (pp. 5-18). Puebla, Pue., México: Ediciones Las Américas, A. C.
[5] Wiersbe, Warren W.. Be Equipped (Deuteronomy): Acquiring the Tools for Spiritual Success (The BE Series Commentary) (p. 9). David C Cook. Kindle Edition
[6]  Wiersbe, Warren W.. Be Equipped (Deuteronomy): Acquiring the Tools for Spiritual Success (The BE Series Commentary) (pp. 33-34). David C Cook. Kindle Edition.
[7] Ibid. (pp. 32-42). David C Cook. Kindle Edition.
[8] Whitaker, R., Brown, F., Driver, S. R. (Samuel R., & Briggs, C. A. (Charles A. (1906). The Abridged Brown - Driver-Briggs Hebrew-English Lexicon of the Old Testament: from A Hebrew and English Lexicon of the Old Testament by Francis Brown, S.R. Driver and Charles Briggs, based on the lexicon of Wilhelm Gesenius. Boston; New York: Houghton, Mifflin and Company.
[9] Chávez, M. (1992). Diccionario de hebreo bı́blico (1. ed., p. 572). El Paso, Tx: Editorial Mundo Hispano.
[10]   Swanson, J. (1997). Dictionary of Biblical Languages with Semantic Domains : Hebrew (Old Testament) (electronic ed.). Oak Harbor: Logos Research Systems, Inc.
[11] Gesenius, W., & Tregelles, S. P. (2003). Gesenius’ Hebrew and Chaldee lexicon to the Old Testament Scriptures (p. 439). Bellingham, WA: Logos Bible Software.
Colaboradores:
Reflexión pastoral: Rev. Mizraim Esquilín-García, PhD.  / Pastor de Comunicaciones: Mizraim Esquilín-Carrero, Jr. / Webmaster: Hno. Abner García  /  Social-Media- Curadora: Hna. Frances González •  Montaje Reflexión - web/curadora Heraldo Digital Institucional-WordPress: Hna. Eunice Esquilín-voluntaria  /  Diseñadora-curadora El Heraldo Institucional Edición impresa interactiva en InDesign CC: Dra. Eunice Esquilín-voluntaria  /  Fotografías gratuitas: Recuperadas de Unsplash.com por: Janko Felic / Rod Long  / David Boca / Diego PH / Ben White/Priscilla Du Preez /Mathew-Schwartz /Monika Grabkowska/ Annie Spratt/ Jon Tyson/ Fuu J. / Imagen foto-editada en Photoshop CC: Dra. Eunice Esquilín López – voluntaria 14 de marzo del 2021.

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