[792] 18 de abril del 2021 Entre el Mar Rojo y la Tierra Prometida: “La Educación Cristiana que transforma al pueblo: desarrollo del carácter ”/ Parte II

Entre el Mar Rojo y la Tierra Prometida:
“La Educación Cristiana que transforma al pueblo: desarrollo del carácter ”/ Parte II


Reflexión por el Pastor-Rector: Mizraim Esquilín-García
792 • El Heraldo Digital – Institucional • Volumen XVI • 18 de abril del 2021

Nuestra reflexión anterior nos permitió analizar la figura de Cristo como la expresión del carácter de Dios; la expresión exacta de su naturaleza.  

“3 Él es el resplandor de su gloria y la expresión exacta de su naturaleza, y sostiene todas las cosas por la palabra de su poder. Después de llevar a cabo la purificación de los pecados, se sentó a la diestra de la Majestad en las alturas,”  (Heb 1:3, La Biblia de Las Américas)

Decíamos allí que ese verso no dice que Cristo tiene el carácter de Dios. Este verso dice que Cristo es la expresión del carácter de Dios. Cristo es quien le da identidad a todo lo que el Padre hace. También decíamos allí que una meta central de la Educación Cristiana es provocar que los  creyentes aceptemos que no vivimos para nosotros, sino para Cristo:

“20 Con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí; y lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí.”  (Gál 2:20)

Esa meta incluye que el poder de Cristo repose sobre nosotros:

“9 Y me ha dicho: Bástate mi gracia; porque mi poder se perfecciona en la debilidad. Por tanto, de buena gana me gloriaré más bien en mis debilidades, para que repose sobre mí el poder de Cristo.
10 Por lo cual, por amor a Cristo me gozo en las debilidades, en afrentas, en necesidades, en persecuciones, en angustias; porque cuando soy débil, entonces soy fuerte.”  (2 Cor 12:9-10)

Esa meta requiere que seamos capaces de permitir que Cristo sea formado en nosotros. O como dice el Apóstol Pablo, hasta que “todos lleguemos a la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, a un varón perfecto, a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo;” (Efe 4:13). Todo esto,  aun cuando represente tener que trabajar con nuestras debilidades.

Ahora bien, nuestra reflexión anterior nos condujo a entender que el dolor, las pruebas y las vicisitudes son algunas de las herramientas más efectivas en la formación del carácter. Como ha dicho Gary D. Preston, el carácter se forja a través del conflicto . Hace varios años (2003) Naveen Balakrishnan, Pastor de Hopewell Baptist Church en Adams Run, Carolina del Sur, decidió aplicar esta aseveración al Salmo 23; particularmente el verso cuatro (4). Ese verso dice de la siguiente manera:

“4 Aunque ande en valle de sombra de muerte, No temeré mal alguno, porque tú estarás conmigo; Tu vara y tu cayado me infundirán aliento.”

El Pastor Balakrishnan insistía en su alocución que hay varias razones que validan que este verso predica que el carácter se desarrolla en medio del conflicto. Una de ellas es que la literatura sapiencial postula que las pruebas son usadas por el Señor para esto. Hay que aceptar que las pruebas por las que atravesamos no son desconocidas para Dios y por ende el resultado final que se espera es sublime. Un ejemplo de esto lo encontramos en el libro de Job, particularmente cuando este patriarca decía lo siguiente acerca de esto:

“10 Mas él conoce mi camino; Me probará, y saldré como oro.” (Job 23:10)

Otra razón de peso es el mensaje que comunican las cartas pastorales. Una de ellas dice que todos los creyentes que quieren vivir piadosamente van a padecer persecuciones y aflicciones. El contexto en el que se encuentran estas expresiones describe características que forman  parte del carácter del creyente.

“10 Pero tú has seguido mi doctrina, conducta, propósito, fe, longanimidad, amor, paciencia,
11 persecuciones, padecimientos, como los que me sobrevinieron en Antioquía, en Iconio, en Listra; persecuciones que he sufrido, y de todas me ha librado el Señor. 12 Y también todos los que quieren vivir piadosamente en Cristo Jesús padecerán persecución;”  (2 Tim 3:10-12)


La fe, la paciencia, el amor y la fortaleza para soportar las persecuciones y los sufrimientos, son duda elementos esenciales de carácter del creyente. El valle de sombra de muerte que describe el Salmo 23 es un buen ejemplo de esto. Es muy cierto que tener que caminar en medio de los escenarios que producen más preguntas que respuestas requiere la presencia de Dios. No obstante, es igualmente cierto que esos escenarios presentan una excelente oportunidad para desarrollar la fe, la paciencia, el amor y la fortaleza para soportar los sufrimientos y las persecuciones que en ocasiones ensamblan las angustias.

Los conflictos que más efectos producen sobre el desarrollo del carácter son los escenarios en los que podemos sentir que somos rechazados. El Pastor Balakrishnan apuntaba al Evangelio de Juan para explicar esto último:

“18 Si el mundo os aborrece, sabed que a mí me ha aborrecido antes que a vosotros. 19 Si fuerais del mundo, el mundo amaría lo suyo; pero porque no sois del mundo, antes yo os elegí del mundo, por eso el mundo os aborrece. 20 Acordaos de la palabra que yo os he dicho: El siervo no es mayor que su señor. Si a mí me han perseguido, también a vosotros os perseguirán; si han guardado mi palabra, también guardarán la vuestra. 21 Mas todo esto os harán por causa de mi nombre, porque no conocen al que me ha enviado.”  (Jn 15:18-20)

La relación entre este conflicto y el verso cuatro (4) del Salmo 23 estriba en la soledad que se experimenta en ambos casos; el del valle de sombra de muerte y en el del rechazo. En el primero a veces parece que nos ha rechazado el gozo y que hemos sido rechazados por la vida misma. Sin embargo, el Buen Pastor aparece en la escena, no para cancelar la fuente de dolor sino para estar con nosotros.

“….porque tú estarás conmigo;” (Sal 23:4c)

Es tan fuerte este paralelismo que el Salmo 23 no describe a un grupo de creyentes transitando por ese valle. Ese salmo describe a una sola persona; cada uno de aquellos que transita por este valle.
Podemos encontrar una familia numerosa experimentando la pérdida de un ser muy querido. Es muy poco probable que encontremos a dos (2) de ellos viviendo la misma experiencia emocional y espiritual. Cada ser humano parece transitar solo por esos escenarios, aunque esté acompañado de muchas personas.
 
Lo mismo sucede con el rechazo. Cada ser humano lo maneja con las herramientas que tiene a la mano y de la manera que ha aprendido a utilizarlas. Tenemos que conceder que en muchas ocasiones estas herramientas no son utilizadas de la manera correcta. Es precisamente aquí que el conflicto se convierte en escuela. Estos escenarios promueven la necesidad de la presencia activa del Maestro, del Varón de gran dolor, del Experimentado en quebrantos, del Vencedor de la tumba, del Señor de señores: “tu vara y tu cayado me infundirán aliento” (Sal 23:4d).

Otro elemento que la Palabra de Dios ofrece para que comprobemos que los conflictos son utilizados por el Señor para formar el carácter es lo que dice el Apóstol Pablo en su carta a Los Romanos.  

“3 Y no solo en esto, sino también en nuestros sufrimientos, porque sabemos que el sufrimiento produce perseverancia; 4 la perseverancia, entereza de carácter; la entereza de carácter, esperanza. 5 Y esta esperanza no nos defrauda, porque Dios ha derramado su amor en nuestro corazón por el Espíritu Santo que nos ha dado.”  (Rom 5:3-4, NVI)

La “prueba” que aparece en la versión Reina Valera proviene del griego “dokimē” (G1382). Este concepto significa literalmente experiencia: entereza de carácter. Es esto lo que produce esperanza, esa esperanza que no avergüenza. Los dolores experimentados en el valle de sombra de muerte traen con sus gérmenes que producen temor muchas oportunidades para desarrollar esta esperanza. Tal y como dice el Apóstol Santiago, esa clase de exposición tiene como meta que nuestra paciencia tenga su obra completa para que podamos se perfectos y cabales,

“2 Hermanos míos, ustedes deben tenerse por muy dichosos cuando se vean sometidos a pruebas de toda clase. 3 Pues ya saben que cuando su fe es puesta a prueba, ustedes aprenden a soportar con fortaleza el sufrimiento. 4 Pero procuren que esa fortaleza los lleve a la perfección, a la madurez plena, sin que les falte nada.”   (Stgo 1:2-4, DHH)

Un componente vital de los conflictos es que casi siempre estos logran echar por la borda nuestras zonas de seguridad. Un síntoma de que esto está sucediendo es que experimentamos cambios hasta en la forma de hablar acerca de la vida y que nuestros bastiones de seguridad y confianza se estremecen. Muy pocas cosas en la vida dibujan escenarios como estos. La pérdida de un ser muy querido es capaz de lograrlo.

Es aquí que adquieren un sitial de honor las palabras del Señor Jesús en el Evangelio de Mateo:

“17 Y guardaos de los hombres, porque os entregarán a los concilios, y en sus sinagogas os azotarán;
18 y aun ante gobernadores y reyes seréis llevados por causa de mí, para testimonio a ellos y a los gentiles. 19 Mas cuando os entreguen, no os preocupéis por cómo o qué hablaréis; porque en aquella hora os será dado lo que habéis de hablar. 20 Porque no sois vosotros los que habláis, sino el Espíritu de vuestro Padre que habla en vosotros.”  (Mat 10:18-20 RV)


El Espíritu Santo nos honra en momentos como estos produciendo en nosotros tanto el querer como el hacer (Fil 2:13), así como ensenándonos a confiar en Él y no en nuestra propia prudencia (Pro 3:5; Jn 7:18). Hay muy pocas escuelas tan específicas y efectivas para el desarrollo del carácter.

El conflicto provocado por las amenazas a nuestra propia vida no está fuera de esta discusión. El temor a la muerte no es necesariamente el más cruel de los conflictos ni de los temores. El más cruel de los conflictos y el más cruel de los temores surge cuando tenemos que hacerle frente a la realidad de ésta creyendo que no hemos completado muchas de las tareas de vida que teníamos asignadas. El mensaje del Evangelio sigue siendo vital para el manejo de esta escuela:

“24 Entonces Jesús dijo a sus discípulos: Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, y tome su cruz, y sígame. 25 Porque todo el que quiera salvar su vida, la perderá; y todo el que pierda su vida por causa de mí, la hallará. 26 Porque ¿qué aprovechará al hombre, si ganare todo el mundo, y perdiere su alma? ¿O qué recompensa dará el hombre por su alma? 27 Porque el Hijo del Hombre vendrá en la gloria de su Padre con sus ángeles, y entonces pagará a cada uno conforme a sus obras.” (Mat 16:24-27)

El desarrollo del carácter a través de esta clase de conflictos nos debe conducir a depositar nuestra confianza en la soberanía de Dios. Esta clase de conflictos puede ser manejado con gracia y con sabiduría cuando aceptamos y confiamos en la voluntad divina y decidimos proclamar que Dios no comete errores. Es más, que Dios está haciendo valer en nosotros las palabras del Apóstol Pablo.

“8 Pues sí vivimos, para el Señor vivimos; y si morimos, para el Señor morimos. Así pues, sea que vivamos, o que muramos, del Señor somos.”  (Rom 14:8, RV 1960)

“3 Alabado sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, pues él es el Padre que nos tiene compasión y el Dios que siempre nos consuela. 4 Él nos consuela en todos nuestros sufrimientos, para que nosotros podamos consolar también a los que sufren, dándoles el mismo consuelo que él nos ha dado a nosotros. 5 Porque así como los sufrimientos de Cristo se desbordan sobre nosotros y nosotros sufrimos con él, así también por medio de Cristo se desborda nuestro consuelo. 6 Pues si nosotros sufrimos, es para que ustedes tengan consuelo y salvación; y si Dios nos consuela, también es para que ustedes tengan consuelo y puedan soportar con fortaleza los mismos sufrimientos que nosotros padecemos.”  (2 Cor 1:3-5, DHH)

La ruptura de esas zonas de confort o de seguridad es vital para el desarrollo de nuestro carácter.

Por último, el Pastor Balakrishnan apuntaba en el 2003 que el desarrollo del carácter necesitaba algo adicional al manejo correcto del conflicto y de la desaparición de nuestras zonas de seguridad. Se trata de la capacidad para la toma de decisiones difíciles. Cuando los conflictos son manejados de forma correcta, decía él, nos condicionan para tomar las decisiones correctas. Estas decisiones son aquellas que nos conducen a parecernos más a Cristo.

La Biblia enseña que cuando no logramos hacer esto es porque no hemos aprendido a Cristo como tenemos que hacerlo (Efe 4:20). Es aleccionador  el modo en que lo presenta la versión bíblica Dios Habla Hoy:

“20 Pero ustedes no conocieron a Cristo para vivir así, 21 pues ciertamente oyeron el mensaje acerca de él y aprendieron a vivir como él lo quiere, según la verdad que está en Jesús.” (Efe 4:20-21)

Sabiendo que la meta es conseguir que Cristo sea formado en nosotros, ser conformados en la imagen de Cristo (Fil 2:5-11), entonces podemos aceptar lo que enseña la Palabra en la Primera Carta del Apóstol Juan:

“1 Mirad cuál amor nos ha dado el Padre, para que seamos llamados hijos de Dios; por esto el mundo no nos conoce, porque no le conoció a él. 2 Amados, ahora somos hijos de Dios, y aún no se ha manifestado lo que hemos de ser; pero sabemos que cuando él se manifieste, seremos semejantes a él, porque le veremos tal como él es. 3 Y todo aquel que tiene esta esperanza en él, se purifica a sí mismo, así como él es puro.”  (1 Jn 3:1-3).

La promesa que tenemos es que seremos semejantes a Cristo. Por lo tanto, ese es el blanco al que apuntamos, la meta del supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús (Fil 3:14). Esto promueve entonces que nuestras decisiones no afecten nuestra pureza, nuestra santidad, nuestra relación con Cristo. Es por esto que decidimos de antemano a quién vamos a servir con nuestras decisiones (Jos 24:15); porque sabemos a quién le hemos creído.

“12 Por lo cual asimismo padezco esto; pero no me avergüenzo, porque yo sé a quién he creído, y estoy seguro que es poderoso para guardar mi depósito para aquel día.” (2 Tim 3:12)

Hay que observar que este texto no dice “en quién hemos creído.” Esa expresión posee otra clase de énfasis (Hch 11:17); el Mensajero. Este pasaje hace énfasis en la frase “a quién” porque apunta al mensaje. Esto es, convicción del mensaje aceptado. Esto matiza las decisiones que tomamos. El Salmo 23 predica esto en el verso cuatro (4). El salmista es el que dice que ha decidido que no temerá mal alguno porque hay convicción en él. El salmista ha creído el mensaje de que el Mensajero, el Verbo Encarnado, el Anciano de Días, la Rosa de Sarón estará con nosotros.

Las palabras del Apóstol Pablo a la Iglesia en Corinto se presentan ante nosotros como un modelo impecable de decisiones bien tomadas. Esto es, desde la perspectiva que ofrece el carácter que ha sido desarrollado en medio de conflictos, el abandono de las zonas de seguridad y el aprendizaje de la toma de decisiones cónsonas con el mensaje de la Cruz:

“19 Aunque no soy esclavo de nadie, me he hecho esclavo de todos, a fin de ganar para Cristo el mayor número posible de personas. 20 Cuando he estado entre los judíos me he vuelto como un judío, para ganarlos a ellos; es decir, que para ganar a los que viven bajo la ley de Moisés, yo mismo me he puesto bajo esa ley, aunque en realidad no estoy sujeto a ella. 21 Por otra parte, para ganar a los que no viven bajo la ley de Moisés, me he vuelto como uno de ellos, aunque realmente estoy sujeto a la ley de Dios, ya que estoy bajo la ley de Cristo. 22 Cuando he estado con los que son débiles en la fe, me he vuelto débil como uno de ellos, para ganarlos también. Es decir, me he hecho igual a todos, para de alguna manera poder salvar a algunos. 23 Todo lo hago por el evangelio, para tener parte en el mismo. 24 Ustedes saben que en una carrera todos corren, pero solamente uno recibe el premio. Pues bien, corran ustedes de tal modo que reciban el premio. 25 Los que se preparan para competir en un deporte, evitan todo lo que pueda hacerles daño. Y esto lo hacen por alcanzar como premio una corona que en seguida se marchita; en cambio, nosotros luchamos por recibir un premio que no se marchita. 26 Yo, por mi parte, no corro a ciegas ni peleo como si estuviera dando golpes al aire. 27 Al contrario, castigo mi cuerpo y lo obligo a obedecerme, para no quedar yo mismo descalificado después de haber enseñado a otros.” (1 Cor 9:l9-27)


Referencias:
 [1] Preston, G. D. (1999). Character forged from conflict: staying connected to God during controversy. Minneapolis, MN: Bethany House.

Colaboradores:

Reflexión Pastoral: Rev. Mizraim Esquilín-García, PhD.  / Pastor de Comunicaciones: Mizraim Esquilín-Carrero, Jr. / Webmaster: Hno. Abner García y José Braiden / Social-Media- Curadora: Hna. Frances González • Montaje Reflexión-web/curadora Heraldo Digital Institucional-WordPress: Hna. Eunice Esquilín-voluntaria / Diseñadora-Curadora El Heraldo Institucional Edición Impresa Interactiva en InDesign CC: Dra. Eunice Esquilín-voluntaria / Fotografías gratuitas: Recuperadas de Unsplash.com por: Ben White/ Timothy Eberly. Imagen foto-editada en Photoshop CC: Dra. Eunice Esquilín López ITDE EdD – voluntaria 18 de abril del 2021.

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