Reflexiones de Esperanza: Salmo 91: la agenda de transformación (Parte X)

“14 Por cuanto en mí ha puesto su amor, yo también lo libraré; Le pondré en alto, por cuanto ha conocido mi nombre. 15 Me invocará, y yo le responderé; Con él estaré yo en la angustia; Lo libraré y le glorificaré. 16 Lo saciaré de larga vida, Y le mostraré mi salvación.” (Salmo 91:14-16)

Los versos del epígrafe describen a los creyentes que han decidido habitar al abrigo del Altísimo y han escogido morar bajo la sombra del Omnipotente. Las reflexiones anteriores nos han permitido analizar siete (7) de estas características:

- Son creyentes que aman a Dios (v.14).
- Son creyentes que conocen quién es Dios (v.14).
- Son creyentes que poseen una vida de oración eficaz; dependencia absoluta de Dios (v. 15).
- Son creyentes que saben que el Señor les acompaña en medio de los procesos que producen angustia (v. 15).
- Son creyentes liberados, vestidos, adiestrados para recibir y seguir instrucciones celestiales
(v. 15).
- Son creyentes que Dios honra y que exhibe como hijos en los cuales Él tiene contentamiento
(v. 15)
- Son creyentes que viven vidas productivas y llenas de satisfacción porque el Todopoderoso se
los ha prometido (v.16)

Hemos estado analizando la octava de estas en las reflexiones anteriores. Hasta el momento hemos podido identificar que son creyentes que han recibido revelación de lo que es la salvación. Es por esto que saben discernir la salvación, están siendo capacitados para considerar la anchura, la largura, la altura y la profundidad de esta y aman la presencia de Aquél que nos ha salvado.

Todas estas conclusiones han sido derivadas del análisis textual de la segunda parte del verso 16, particularmente del análisis del verbo que se traduce como “mostraré”; “râʼâh” (H7200).[1], [2]

Hay al menos dos (2) declinaciones verbales que ofrece el verbo “râʼâh” (H7200) que no hemos considerado. La primera es la traducción de ese verbo como demostración de respeto3. El profeta Isaías lo utiliza así en el capítulo 26 de su libro para describir la falta de respeto que tienen los malvados. El profeta dice en ese verso que estos no consideran, no respetan, no reconocen la majestad de Dios. El profeta señala allí que esa actitud ocasionará la destrucción de estos.

“Aunque al malvado se le tenga compasión, no aprende lo que es justicia; en tierra de rectitud actúa con iniquidad, y no reconoce la majestad del Señor. Levantada está, Señor, tu mano, pero ellos no la ven. ¡Que vean tu celo por el pueblo, y sean avergonzados; que sean consumidos por el fuego destinado a tus enemigos!” (Isa 26:10-11, NVI)

“10 Se mostrará piedad al malvado, y no aprenderá justicia; en tierra de rectitud hará iniquidad, y no mirará a la majestad de Jehová. 11 Jehová, tu mano está alzada, pero ellos no ven; verán al fin, y se avergonzarán los que envidian a tu pueblo; y a tus enemigos fuego los consumirá”  (Isa 26:10-11, RV 1960)

El mensaje que obtenemos cuando le aplicamos esta definición a la frase que aparece en el verso 16 del Salmo 91 es insondable. La frase “le mostraré mi salvación” convierte al que la recibe en un creyente que respeta la salvación que Dios le ha regalado y revelado.

Hay varios significados que se desprenden de la expresión “respetar la salvación”? Uno de ellos tiene que ver con el consejo paulino a la Iglesia que estaba en la ciudad de Filipo:

“12 Por tanto, amados míos, como siempre habéis obedecido, no como en mi presencia solamente, sino mucho más ahora en mi ausencia, ocupaos en vuestra salvación con temor y temblor, 13 porque Dios es el que en vosotros produce así el querer como el hacer, por su buena voluntad.” (Fil 2:12)

Pablo le dice a esa Iglesia que hay una tarea que hay desarrollar, una labor que hay que cumplir, una responsabilidad acerca de la salvación que hay que completar. El Apóstol utiliza el verbo griego “katergazomai” (G2716) para decir esto. Él añade aquí que se trata de la salvación de cada uno de nosotros (vuestra: “heautou”, G1438). El Apóstol Pablo enfatiza que todo esto hay que hacerlo con temor y temblor. Es obvio lo que él está describiendo aquí implica el respeto que le debemos a esa salvación y a nuestro Señor y Salvador.

El escritor del Salmo 91 dice que Dios ha prometido transformar al creyente en uno que pueda realizar esta tarea con temor y temblor; con respeto.

Otro de ellos tiene que ver con las expresiones del escritor de la carta a Los Hebreos:

“3¿cómo escaparemos nosotros, si descuidamos una salvación tan grande? La cual, habiendo sido anunciada primeramente por el Señor, nos fue confirmada por los que oyeron,” (Heb 2:3)

La expresión “descuidamos” que aparece en ese verso es la traducción del concepto griego “ameleo” (G272). Este concepto es la combinación del sufijo “a” (G1), que convierte en negativo el prefijo que le acompaña. El prefijo que le acompaña es “melō” (G3199). Este concepto significa cuidar de, velar por, interesar, preocupar, que le importa, entre otros[4].

O sea, que “ameleo” significa ser descuidado, no pensar en, no responder apropiadamente, desatender, abandonar, no tener en cuenta, no prestar atención, no preocuparse por, no interesarse por, ser negligente con. Estas son tan solo algunas de las traducciones de ese verbo que ofrecen los recursos citados al pie de esta página. [5],[6],[7]

A continuación algunos ejemplos de su uso bíblico. En Mateo 22:5 se traduce “sin hacer caso.” En 1 Timoteo 4:14 aparece como “no descuides”. En Hebreos 8:9 aparece como “me desentendí”.

Cuando aplicamos todos estos datos a la frase que nos regala el escritor de la carta a Los Hebreos tenemos una aseveración que puede estar diciendo lo siguiente:

- ¿Cómo escaparemos si no pensamos en una salvación tan grande?
- ¿Cómo escaparemos si no respondemos apropiadamente a una salvación tan grande?
- ¿Cómo escaparemos si desatendemos una salvación tan grande?
- ¿Cómo escaparemos si abandonamos una salvación tan grande?
- ¿Cómo escaparemos si no tenemos en cuenta en una salvación tan grande?
- ¿Cómo escaparemos si no prestamos atención a una salvación tan grande?
- ¿Cómo escaparemos si somos descuidados con una salvación tan grande?
- ¿Cómo escaparemos si somos negligentes con una salvación tan grande?

¿De qué tenemos que escapar mediante la salvación? El contexto de estas expresiones describe que de lo que tenemos que escapar es de la justa retribución que merecemos por ser desobedientes, por ser transgresores de la voluntad de Dios. O sea, que no podemos escapar del justo juicio de Dios si desatendemos, si no valoramos, si abandonamos, si no prestamos atención, si descuidamos la salvación que Dios nos ha regalado.

Todo esto implica que la salvación se puede perder. Sabemos que este tema ha sido uno de los que ha generado las discusiones más intensas dentro del Cristianismo. Intentar resolverlo en un ensayo laico como este puede ser hasta presuntuoso. Pero la dura realidad es que la salvación se puede perder. La Biblia dice que nuestros nombres pueden ser borrados del libro de la vida (Apoc 3:5).

El deseo de Dios es que nadie se pierda; así lo dice la Palabra.

“9 El Señor no retarda su promesa, según algunos la tienen por tardanza, sino que es paciente para con nosotros, no queriendo que ninguno perezca, sino que todos procedan al arrepentimiento.” (2 Pedro 3:9)

Este verso de la Segunda Carta del Apóstol Pedro dice que Dios no quiere que ninguno perezca. Esa expresión “no queriendo” es la traducción del verbo “boulómenós”, (G1014), un verbo conjugado en este verso como un participio presente medio o pasivo o un nominativo masculino singular. Esta conjugación se utiliza en griego entre otras cosas para describir que el sujeto de la oración tiene la capacidad para hacer lo que se está proponiendo. En otras palabras, que el uso de esta conjugación explica que Dios tiene la capacidad para que ninguno perezca (“tinas”,G5100, pronombre indefinido acusativo masculina plural).

Entonces, ¿por qué hay personas que se pierden? ¿Es que acaso Dios quiere una cosa que Él puede hacer y decide hacer otra? Esto describiría a Dios como un ser neurótico. ¿Es que acaso Dios quiere, pero no tiene el poder para lograr esto? Que quede meridianamente claro que Dios es omnipotente. Además, Pedro hubiera tenido que utilizar aquí otra conjugación verbal.

La única alternativa que nos queda es que Dios quiere y tiene el poder para que ninguno perezca, pero que el ser humano posee la libertad para escoger si acepta ese regalo o si decide rechazarlo.

Al mismo tiempo, ese verso dice que el deseo de Dios es que todos (“pantas”, G3956) procedan (“xorésai”, G5562). Este último es un verbo conjugado como un infinitivo de aoristo activo. O sea, que se puede decir que la oportunidad para proceder sigue activa y sin límite de tiempo. Todos los seres humanos poseen la oportunidad de ser salvos

Ese verso dice que la respuesta que espera Dios es el arrepentimiento (“metanoia”, G3341). Este concepto se define entre otras como cambio de mente o de forma de pensar, adoptar otra perspectiva o punto de vista, cambio en la resolución o en el propósito y/o cambio de dirección.

El Diccionario Teológico Kittel dice que esta clase de cambio se deriva del reconocimiento de que la posición anterior que uno había asumido era tonta, insensata o imprudente, y que se experimenta pesar, arrepentimiento o remordimiento. [8]

Es obvio que esta es una decisión que toma la persona que experimenta la “metanoia”. Por lo tanto, este verso dice que el ser humano no sólo posee la capacidad para tomar esta decisión sino que posee la libertad para hacerlo. O sea, Dios nunca retira el regalo de la salvación, pero nosotros podemos decidir no aceptarlo o peor aún, descuidarlo, no respetarlo.

Además, la gracia que produce la salvación puede ser rechazada, Jesús lo demostró así llorando por la ciudad de Jerusalén:

“37 ¡Jerusalén, Jerusalén, que matas a los profetas, y apedreas a los que te son enviados! ¡Cuántas veces quise juntar a tus hijos, como la gallina junta sus polluelos debajo de las alas, y no quisiste!”  (Mat 23:37)

Vemos aquí, una vez más, que el deseo de Dios y el resultado final son distintos. Dios continua siendo Omnipotente. Sin embargo, su deseo de salvar a Jerusalén y el resultado final no fueron los mismos. Por lo tanto, la única respuesta que posee esta disyuntiva es la libertad que tenemos para aceptar el regalo de la salvación.

Es por esto que la Traducción en Lenguaje Actual nos regala ese pasaje, el de Hebreos 2:3, de la siguiente manera:

“3 con más razón seremos castigados nosotros si no reconocemos el gran valor de la salvación que él nos ofrece. Porque el Señor Jesús mismo fue el primero en comunicar el mensaje de salvación, y después, los que oyeron ese mensaje nos demostraron que era verdad.” (Heb 2:3, TLA)

Tenemos el privilegio de reconocer ese valor, de aceptarlo, de rechazarlo o de descuidarlo.
Examinemos otro pasaje bíblico.

“3 Porque esto es bueno y agradable delante de Dios nuestro Salvador, 4 el cual quiere que todos los hombres sean salvos y vengan al conocimiento de la verdad. 5 Porque hay un solo Dios, y un solo mediador entre Dios y los hombres, Jesucristo hombre, 6 el cual se dio a sí mismo en rescate por todos, de lo cual se dio testimonio a su debido tiempo.” (1 Tim 2:4)

En esta carta paulina dirigida a Timoteo, uno de sus hijos espirituales, Pablo dice que el deseo de Dios es “os pantas anthropous thelei sothenai kai eis epignosin aletheias elthein” (el cual quiere que todos los hombres sean salvos y vengan al conocimiento de la verdad.v.4). La frase “pantas anthropous” solo puede ser traducida como “todos los hombres”. O sea, que no deja fuera ni excluye a ningún ser humano. Al mismo tiempo, el deseo de Dios, lo que Dios “quiere,” está expresado como un verbo conjugado en un presente indicativo activo en tercera persona singular (“thelei”, G2309). Esto implica acciones cotidianas de Dios tanto para el presente como para el futuro. O sea que el querer de Dios para el presente y para el futuro es que todos los hombres sean salvos y vengan voluntariamente (“elthein”, G2064, un aoristo infinitivo activo) a conocer la verdad. Esto es, a Cristo (Jn 14:7), porque Cristo es la verdad.

Una vez más, esto presentaría un problema muy grande para Dios si Él hubiese ya escogido a aquellos que se van a salvar. Otra vez, esto es así porque la orden y el deseo de Dios serían distintos al resultado final.

Examinemos otro pasaje bíblico:

“26 Y de una sangre ha hecho todo el linaje de los hombres, para que habiten sobre toda la faz de la tierra; y les ha prefijado el orden de los tiempos, y los límites de su habitación; 27 para que busquen a Dios, si en alguna manera, palpando, puedan hallarle, aunque ciertamente no está lejos de cada uno de nosotros. 28 Porque en él vivimos, y nos movemos, y somos; como algunos de vuestros propios poetas también han dicho: Porque linaje suyo somos. 29 Siendo, pues, linaje de Dios, no debemos pensar que la Divinidad sea semejante a oro, o plata, o piedra, escultura de arte y de imaginación de hombres. 30 Pero Dios, habiendo pasado por alto los tiempos de esta ignorancia, ahora manda a todos los hombres en todo lugar, que se arrepientan; 31 por cuanto ha establecido un día en el cual juzgará al mundo con justicia, por aquel varón a quien designó, dando fe a todos con haberle levantado de los muertos.”
(Hch 17:26-31)

En este pasaje Pablo le dice a los ciudadanos de Atenas que Dios el Creador de todo el linaje de la humanidad. Dice además que el deseo de Dios es que todo ese linaje le busque de alguna manera y que

Dios no está lejos; que puede ser encontrado. A renglón seguido, el Apóstol cita unos pedazos de la poesía griega: “28 Porque en él vivimos, y nos movemos, y somos; como algunos de vuestros propios poetas también han dicho: Porque linaje suyo somos” (v.28). Esas expresiones poéticas pertenecen a dos (2) poetas griegos. El primero es un poema de Aratus, poema dedicado a Zeus (Júpiter) y el segundo de Cleantes de Lycia en uno de sus himnos. O sea, que Pablo le está haciendo saber a los griegos, a los estoicos y a los epicúreos, que él no es un palabrero ni un neófito. Pablo conocía muy bien la literatura y la cultura helénica.

Es aquí que Pablo añade que el deseo y la orden de Dios (“paraggellō”, G3853) es que se arrepientan “todos los hombres en todo lugar”. Esto presentaría un problema muy grande para Dios si Él hubiese ya escogido a aquellos que se van a salvar. Esto es así porque el Señor estaría dando una orden que Él ya habría imposibilitado y porque cancelado la orden y el deseo de Dios expresados aquí son distintos al resultado final.

La solución para todo esto es que el creyente pueda aprender a respetar la salvación, a cuidar de esta, a pensar en esta, a responder apropiadamente a los requisitos de esta. La solución está en no desatender la salvación, no abandonar la salvación, tener en cuenta la salvación, interesarse por esta y no ser negligente con esta.

El verso 16 del Salmo 91 nos dice que la revelación que Dios da de la salvación puede convertir al creyente en uno que respeta esa salvación. El requisito para hacerlo es decidir habitar al abrigo del Altísimo y morar bajo la sombra del Omnipotente.
Referencias
[1] Gesenius, W., & Tregelles, S. P. (2003). Gesenius’ Hebrew and Chaldee lexicon to the Old Testament Scriptures (pp. 748–750). Bellingham, WA: Logos Bible Software.

[2] Brown, F., Driver, S. R., & Briggs, C. A. (1977). Enhanced Brown-Driver-Briggs Hebrew and English Lexicon (pp. 906–909). Oxford: Clarendon Press.

[3] Strong, J. (2009). A Concise Dictionary of the Words in the Greek Testament and The Hebrew Bible (Vol. 2, p. 106). Bellingham, WA: Logos Bible Software.

[4] Louw, J. P., & Nida, E. A. (1996). Greek-English lexicon of the New Testament: based on semantic domains (electronic ed. of the 2nd edition., Vol. 1, p. 355). New York: United Bible Societies.

[5] Tuggy, A. E. (2003). Lexico griego-español del Nuevo Testamento (p. 604). El Paso, TX: Editorial Mundo Hispano.

[6] Swanson, J. (1997). Diccionario de idiomas bı́blicos: Griego (Nuevo testamento) (Edición electrónica.). Bellingham, WA: Logos Bible Software.

[7] Tuggy, A. E. (2003). Lexico griego-español del Nuevo Testamento (p. 47). El Paso, TX: Editorial Mundo Hispano.

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