843 • El Heraldo Digital – Institucional • Volumen XVII • 10 de abirl 2022

La Entrada triunfal: perspectivas bíblicas 843 • El Heraldo Digital – Institucional • Volumen XVII • 10 de abirl 2022
 
1 Cuando se acercaron a Jerusalén, y vinieron a Betfagé, al monte de los Olivos, Jesús envió dos discípulos, 2 diciéndoles: Id a la aldea que está enfrente de vosotros, y luego hallaréis una asna atada, y un pollino con ella; desatadla, y traédmelos. 3 Y si alguien os dijere algo, decid: El Señor los necesita; y luego los enviará. 4 Todo esto aconteció para que se cumpliese lo dicho por el profeta, cuando dijo: 5 Decid a la hija de Sion: He aquí, tu Rey viene a ti, Manso, y sentado sobre una asna, Sobre un pollino, hijo de animal de carga. 6 Y los discípulos fueron, e hicieron como Jesús les mandó; 7 y trajeron el asna y el pollino, y pusieron sobre ellos sus mantos; y él se sentó encima. 8 Y la multitud, que era muy numerosa, tendía sus mantos en el camino; y otros cortaban ramas de los árboles, y las tendían en el camino. 9 Y la gente que iba delante y la que iba detrás aclamaba, diciendo: ¡Hosanna al Hijo de David! ¡Bendito el que viene en el nombre del Señor! ¡Hosanna en las alturas! 10 Cuando entró él en Jerusalén, toda la ciudad se conmovió, diciendo: ¿Quién es éste?   (Mateo 21:1-9)
 
Es de todos conocido que la celebración que describe la Entrada triunfal forma parte del andamiaje que conduce a Jesucristo a su muerte en la Cruz del Calvario y a Su resurrección. Hemos dicho en otras ocasiones que esto es así porque el significado y el impacto de este evento se intensifican con cada una de sus interconexiones con el cumplimiento de las profecías. También, con las interconexiones del mensaje y el propósito del Evangelio y con las de los sucesos que conforman el evento en sí mismo. La suma de todas estas interconexiones convierte la Entrada triunfal de Jesús en un evento trascendental, que provoca y facilita el camino de Jesucristo hacia el Calvario. Además, este evento se encarga de colocar en el centro de todos sus análisis una de las preguntas más importantes de nuestra fe en Cristo Jesús: “¿quién es este?”  (Lcs 8:25).

Es muy interesante ver en estos pasajes que Cristo celebra el establecimiento del Reino antes de llegar a la Cruz. Él lo hace frente a tres (3) grupos: el grupo que vio la resurrección de Lázaro, el grupo de Galilea y el grupo de los Judíos que vivían en Jerusalén. Este evento es además una invitación a los discípulos a contemplar unas nuevas dimensiones del milagro que había ocurrido en Betania: la resurrección de Lázaro.
Una de las interconexiones con el cumplimiento de la profecía que posee este evento la encontramos al comprobar que la entrada de Cristo a Jerusalén es el cumplimiento de la profecía de Zacarías:
“9 Alégrate mucho, hija de Sion; da voces de júbilo, hija de Jerusalén; he aquí tu rey vendrá a ti, justo y salvador, humilde, y cabalgando sobre un asno, sobre un pollino hijo de asna.”(Zac 9:9)
Además, es también el cumplimiento de varias profecías Mesiánicas que están diseminadas en el Antiguo Testamento. Algunos ejemplos de esto lo encontramos en los Salmos y en libro del Génesis.
“25 Oh Jehová, sálvanos  ahora, te ruego; Te ruego, oh Jehová, que nos hagas prosperar ahora. 26 Bendito el que viene en el nombre de Jehová; Desde la casa de Jehová os bendecimos. ”
(Sal 118:25-26)

           
“10 No será quitado el cetro de Judá, Ni el legislador de entre sus pies, Hasta que venga Siloh ; Y a él se congregarán los pueblos. 11 Atando a la vid su pollino, Y a la cepa el hijo de su asna, Lavó en el vino su vestido, Y en la sangre de uvas su manto. ” (Gn 49:10-11)
Una de las frases relevantes de toda esta saga es la siguiente: “el Señor lo necesita….” (Mat 21:3). El reclamo del pollino hijo de asna es una metáfora de los reclamos eternos del Evangelio. Como diría el Rdo. Dr.  Roberto Amparo Rivera, el siempre recordado Pastor y Maestro que se encuentra en la Presencia del Señor: “Dios sigue buscando burros.”

Las interconexiones con los sucesos que dan vida a este evento son impactantes. Por ejemplo; ¿qué elementos se requirieron para esta celebración?: burros listos, saber gozarse en el Señor, mantos en el suelo, palmeras en el piso, gritos de alabanza y de reconocimiento de la Majestad y el Señorío de Cristo y una vez más, la respuesta a la pregunta más importante que se formula en este pasaje bíblico: “¿Quién es este?”

Debemos ampliar el análisis de esta expresión. De entrada, tenemos que señalar que nos detuvimos a analizar este evento, el de la entrada triunfal de Jesús, el 29 de marzo de 2015. Decíamos allí que la Biblia nos habla de la antesala a este evento. Se trata de una fiesta que se celebró en Betania seis (6) días antes de la Pascua (Jn 12:1-9). O sea, menos de una semana antes de que Jesús fuera crucificado en el Monte Calvario.
“1 Seis días antes de la pascua, vino Jesús a Betania, donde estaba Lázaro, el que había estado muerto, y a quien había resucitado de los muertos. 2 Y le hicieron allí una cena; Marta servía, y Lázaro era uno de los que estaban sentados a la mesa con él. 3 Entonces María tomó una libra de perfume de nardo puro, de mucho precio, y ungió los pies de Jesús, y los enjugó con sus cabellos; y la casa se llenó del olor del perfume. 4 Y dijo uno de sus discípulos, Judas Iscariote hijo de Simón, el que le había de entregar:    5 Por qué no fue este perfume vendido por trescientos denarios, y dado a los pobres? 6 Pero dijo esto, no porque se cuidara de los pobres, sino porque era ladrón, y teniendo la bolsa, sustraía de lo que se echaba en ella. 7 Entonces Jesús dijo: Déjala; para el día de mi sepultura ha guardado esto. 8 Porque a los pobres siempre los tendréis con vosotros, mas a mí no siempre me tendréis. 9 Gran multitud de los judíos supieron entonces que él estaba allí, y vinieron, no solamente por causa de Jesús, sino también para ver a Lázaro, a quien había resucitado de los muertos.” (Jn 12:1-9, RV 1960)
Betania era una villa, una aldea pequeña localizada como a 1.7 millas al este de Jerusalén. El Evangelio de Mateo nos dice que esta fiesta se celebró en la casa de Simón el Leproso (Mat 26:1-16). Sin embargo, el Evangelio de Juan nos da la impresión de que esta fiesta se celebró en la casa de Lázaro.[2] El pasaje dice que Jesús vino a Betania en donde estaba Lázaro.  
 El pasaje dice que había mucha gente en esa fiesta. El grupo de los doce y los que acompañaban a Jesús a todas partes garantizaban casa llena. Esta fiesta se celebró alrededor de dos (2) personas. El primero de ellos era Jesús, a quien todo el mundo quería agasajar porque acababa de resucitar a Lázaro. El segundo era Lázaro, que acababa de ser resucitado y es lógico pensar que mucha gente quería verlo y hablar con él.

 Basta imaginar ese grupo recostado alrededor de la mesa, comiendo, riendo y hablando, mientras Marta y María servían sin ansiedad. Basta imaginar las preguntas que le formulaban a Lázaro: “¿Qué recuerdas? ¿Qué se siente cuando uno se muere? ¿Qué sucede después? ¿Viste algo? ¿Recuerdas algo?”  No podemos soslayar que el tema de la muerte y lo que sucede después de esta siempre levanta inquietudes e interrogantes. Es obvio que todo esto acontecía mientras se escuchaban muchas voces haciendo bromas, contando anécdotas, pidiendo que alguien pasare algún condimento, otros pidiendo pan y quizás alguno que otro protestando porque Pedro se había adueñado de una pata del cordero que asaron o de algo similar. Se trataba de una fiesta de amigos que se habían reunido para celebrar juntos.

 El pasaje juanino nos deja entrever que de pronto, se escuchó un ruido pequeño que fue seguido de un aroma muy peculiar. Alguien había roto un alabastro que contenía una fragancia de un olor único y muy rico. El aroma de un perfume de mucho valor había inundado todo el recinto. Y cuando todos buscaban entender qué era lo que estaba sucediendo, todas las miradas tropezaron con el cuadro que dibujaba una mujer que estaba postrada a los pies de Jesús, ungiéndole con ese perfume, mezclándolo con sus lágrimas, y secándolos con su cabello.
 Juan nos dice que el nombre de esta mujer era María, una de las hermanas de Lázaro. Ella había hecho todo esto porque amaba a Jesús y su corazón le decía que tenía que hacer algo por Él. Esta era una invitación del Espíritu de Dios que no podía esperar. Había que derramar ese perfume inmediatamente, había que servir así al Señor; había que ungirlo para su sepultura.

 O sea, que Jesús es ungido para Su sepultura antes de Su entrada triunfal a la ciudad de Jerusalén: seis (6) días antes. Esta demostración de amor le valió a esta mujer el reconocimiento más grande que Jesús le diera a un ser humano:
  “12 Porque al derramar este perfume sobre mi cuerpo, lo ha hecho a fin de prepararme para la sepultura. 13 De cierto os digo que dondequiera que se predique este evangelio, en todo el mundo, también se contará lo que ésta ha hecho, para memoria de ella.”  (Mat 26:12-13)
  Compartimos en el 2015  que mientras toda esta experiencia se desataba en el interior de la casa, otra escena se desarrollaba en el exterior de esta. En el patio exterior de esa casa había una asna que no hacía mucho tiempo había parido un pollino y ambos estaban ajenos a lo que estaba sucediendo en esa residencia. El perfume, el Agasajado, la autoridad salvífica y profética que se estaba desatando allí eran imperceptibles para estas dos bestias nobles.

 Muy poco podía imaginar el burro (si es que los burros tienen imaginación) que ellos también serían requeridos por el Maestro para una tarea que tampoco podía esperar. Esta tarea traía consigo dos funciones. La primera de ellas era llevar a Jesús durante todo el trayecto de su entrada gloriosa a Jerusalén. La segunda función era la de acercar a Jesús al cumplimiento de su misión aquí entre nosotros.

 La tarea que le tocaba realizar a ese burro era tan importante que aparece descrita en los cuatro (4) Evangelios (Mat. 21:1-11; Mcs 11:1-10; Lcs 19:29-38; Jn 12:12-16). Es más, esta tarea era tan importante que ya hemos visto que esta fue profetizada muchos siglos antes de que sucediera (Zac 9:9).

 La Biblia dice que cuando Jesús envióa a buscar ese pollino, dijo que lo encontrarían en la aldea que estaba frente a la aldea de Betfagé (Mt 12:1). Esa aldea era Betania: la aldea en la que Jesús tenía muchos amigos que no cuestionarían su petición.
 Aunque parezca irrisorio, la perspectiva de ese burro es entonces muy importante. Lo es porque este pollino hijo de asna forma parte de las profecías acerca de la entrada y la re-entrada del Rey de reyes. La primera entrada de Jesús dirige la atención a su segunda entrada. Esto es, cuando Él regrese como Señor de señores.

  Primera entrada                                              Segunda entrada

1. Sobre un pollino.                                           1. Sobre un Gran Caballo Blanco (Apoc 19:11,19)
 2. Entra sólo                                                     2. Entra con los santos y Sus ángeles.
3. Entra para una corona de espinas.                  3. Trae consigo la corona del Vencedor.
4. Lo llaman Rey de los Judíos.                          4. Lo llaman Rey de reyes.
5. No posee dinero para pagar impuestos.        5. Es dueño de todo lo que existe en la Creación.
6. Se mofan de él y lo ridiculizan                       6. Temen y tiemblan ante Él.
7. Entra como hombre.                                      7. Entra como Dios.
8. Actúa en humildad y mansedumbre.              8. Viene con poder y gloria.
9. Hay clavos en sus manos y pies.                     9. Tiene un cetro en sus manos.
10. Es colgado en la cruz.                                  10. Se sienta en su Trono.
11. Es juzgado por Pilato y Herodes.                  11. Es el Juez de toda la Tierra
12. Entra como cordero.                                     12. Es el León de la Tribu de Judá.
 
¿Cuáles son las características de ese burro? ¿Qué lecciones nos ofrece ese pollino? La reflexión
 publicada en el año 2015 sirvió para compartir una reflexión del Pastor Jerry Shirley, Pastor de Grace Baptist Church en Decatour, Illinois. Esa reflexión responde estas preguntas.
 En primer lugar, dice el Pastor Shirley, tenemos que aceptar que Dios tenía un plan con el burro. La importancia detrás de esta aseveración es que si Dios puede tener planes con un burro, ¿qué proyectos podrá tener con nosotros que somos la corona de su creación? No olvidemos que el profeta Jeremías nos dice que los planes que Dios tiene con nosotros son planes de bendición.
  “11 Porque yo sé los pensamientos que tengo acerca de vosotros, dice Jehová, pensamientos de paz, y no de mal, para daros el fin que esperáis.” (Jer 29:11).
  Basta incluir en este análisis lo que dice Juan 3:16:


  “Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna.”


Recordemos que ese burro era importante para el cumplimiento de esa profecía. No obstante, Jesús no murió en la Cruz por un burro. Él murió allí por ti y por mí.
             
En segundo lugar, este burro fue seleccionado por Dios, con señalamientos proféticos para esta misión.

 El Pastor Jerry Shirley destaca esto en su reflexión. El Pastor Shirley aprovecha ese momento para señalar lo que dicen los Apóstoles Juan y Pablo acerca de nuestra relación con el Dios que selecciona. El primero, Juan, dice que nosotros fuimos elegidos y puestos por Dios para ir, para llevar fruto, para que ese fruto sea permanente y para recibir de la mano del Padre todo lo que le pidamos en el nombre del Hijo (Jn 15:16). El segundo, Pablo, dice que nosotros somos hechura (“poiema”, G4161) de Dios, fabricados, manufacturados, creados (“ktizô,” G2936). Él dice que somos una nueva creación en Cristo Jesús para realizar tareas y trabajos beneficiosos, que Dios preparó de antemano para que nosotros los ejecutáramos (Efe 2:10). A ambas cosas le llamamos “propósito de Dios.”

 Aunque podamos encontrar similitudes entre algunas de esta cosas y el burro, Dios no ha llamado poema suyo a ningún burro. En cambio lo ha hecho con todo aquel que reconoce a Cristo como Señor y Salvador de su alma.

             En tercer lugar, la Biblia dice que a este burro lo vistieron para que Jesús pudiera sentarse encima de este. La Biblia dice que le pusieron mantos (Mat 21:7; Mcs 11:7; Lcs 19:35). En otras palabras, que se necesitaba un vestido distinto al que el burro tenía para poder llevar a Jesús. San Pablo nos dice que esto no ha cambiado. Nosotros hemos sido revestidos de Cristo en el bautismo en Cristo (Gal 3:27). En otras palabras, Cristo es nuestro nuevo vestido. Él nos dice que hemos sido vestidos con la coraza de justicia (Efe 6:14). Pero eso no es todo: Juan dice que los lavados con la sangre del Cordero de Dios llegan al cielo vestidos de ropas blancas (Apoc 7:9), de lino fino, limpio y resplandeciente (Apoc 19:7-8) ¡Ningún burro se ha vestido así jamás!

             En cuarto lugar, el Pastor Shirley destaca que para formar parte del plan, el burro tenía que aceptar ir por la ruta que se le dirigía. Creo que no hace falta explicar que los burros no entienden acerca de metas; tan solo deben obedecer las directrices que se les dan para seguir en la ruta.

 Estas expresiones apuntan al tema de la obediencia. Si un burro puede ser capaz de obedecer a Dios, ¿entonces? Claro está, la Biblia dice que hay momentos en los que parece que los burros lucen con más inteligencia y capacidad que los seres humanos.

 “3 El buey conoce a su dueño, y el asno el pesebre de su señor; Israel no entiende, mi pueblo no tiene conocimiento.” (Isa 1:3).
  ¿Qué importancia tiene la obediencia en toda la estructura divina? Basta preguntarle a Abraham cuánto significado tuvo la obediencia de él en la prueba a la que fue sometido cuando se le pidió sacrificar a su hijo Isaac (Gn 22:1-18). La obediencia de Abraham le condujo a recibir unas bendiciones extraordinarias. La Biblia dice que una de estas bendiciones incluía que de su descendencia nacería el Salvador del mundo, Cristo el Señor.

             Un detalle final: la labor más importante que el burro tenía que realizar era la de asegurar que Jesús tuviera más visibilidad. Es Jesús el que tenía que ser completamente visible ante la multitud. Es Jesús el que debía ser exhibido. Es Jesús el que debía ser reconocido. El Pastor Shirley señala que Cristo se hace más visible a los otros cuando nosotros decidimos humillarnos. Jesús dijo que cuando fuera levantado de la tierra, atraería a todos a sí mismo (Jn 12:32) Claro está, en ningún lugar Jesús estuvo tan alto como en la Cruz del Calvario.

 Un aspecto fundamental de esta reflexión es que el burro no sospechaba nada de esto cuando se estaba celebrando la fiesta en Betania. Las características del burro en esa fiesta eran las siguientes: estaba fuera de la fiesta (Efe 2:12), estaba atado, no había sido montado ni domado, se limitaba a la vida de un burro. La comida, los testimonios que se celebraban allí, el perfume derramado y el significado de éste eran irrelevantes para el burro.

 Sin embargo, cuando llegó la palabra, la instrucción de Jesús, el burro fue desatado (Jn 8:32), fue traído a Jesús (Mt 21:7; Mcs 11:7; Lcs 19:35), y este no se resistió al llamado de Jesús. El Señor Jesús lo montó y era la primera persona en hacerlo. Este burro fue usado para la gloria de Dios. Esto es, facilitó que la gente dijera “¡Hosanna! ¡Bendito el que viene en el nombre del Señor, el Rey de Israel!”(Mat 21:9) y se sometió a la voluntad del Salvador. O sea, que el burro fue llevado por la ruta que el Señor Jesús había escogido.

 Jesús quiere que todos podamos participar de su entrada triunfal en cada corazón. ¡Alabado sea Dios por esto! Para que esto se convierta en realidad hace falta que seamos capaces de aceptar que cuando estamos sin Cristo Jesús estamos fuera de la fiesta, estamos atados, no hemos sido domados, nuestra vida se limita a una vida animal y terrenal (Stg 3:14-15). La comida celestial, los testimonios que se celebran, el perfume derramado y el significado de la palabra profética pueden parecernos hasta irrelevantes.

 Sin embargo, cuando llega la Palabra de vida, el mensaje de salvación, y lo aceptamos, somos desatados (Jn 8:32), somos traídos a Jesús (Mt 21:7; Mcs 11:7; Lcs 19:35). Y si no nos resistimos al llamado de Jesús,  Jesús nos “ensilla” con su poder, nos usa para la gloria de Dios (facilitamos que la gente vea a Jesús) y nos sometemos a la voluntad del Salvador. Esto es, nos convierten en hechura (“poiema”, G4161) de Dios, creados (“ktizô,” G2936) como una nueva creación en Cristo Jesús (2 Cor 5:17) para realizar tareas y trabajos beneficiosos, que Dios preparó de antemano para que nosotros los ejecutáramos (Efe 2:10).
 Cuando esto sucede, el perfume derramado deja de ser irrelevante e imperceptible….
 

[1] Newman, B. M., & Stine, P. C. (1992). A handbook on the Gospel of Matthew (p. 636). United Bible Societies.
[2] El Evangelio de Juan no dice que era la casa de Lázaro. Tan solo nos dice que Lázaro estaba allí y que sus hermanas servían. Es probable que haya sido la casa de Lázaro. Otra posibilidad es que la fiesta haya sido en casa de Simón y que Marta y María pudieran servir allí por vivir en la misma aldea. Otra posibilidad es que Simón haya sido el esposo de Marta, que esta sea su casa y que por esto es que él conoce el trasfondo de María. Estas dudas se aclararán en el cielo.

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