Reflexiones de Esperanza: Efesios: Análisis de las peticiones de la segunda oración de Pablo en la Carta a los Efesios (Parte X)

 “14 Por esta causa doblo mis rodillas ante el Padre de nuestro Señor Jesucristo, 15 de quien toma nombre toda familia en los cielos y en la tierra, 16 para que os dé, conforme a las riquezas de su gloria, el ser fortalecidos con poder en el hombre interior por su Espíritu; 17 para que habite Cristo por la fe en vuestros corazones, a fin de que, arraigados y cimentados en amor, 18 seáis plenamente capaces de comprender con todos los santos cuál sea la anchura, la longitud, la profundidad y la altura, 19 y de conocer el amor de Cristo, que excede a todo conocimiento, para que seáis llenos de toda la plenitud de Dios. 20 Y a Aquel que es poderoso para hacer todas las cosas mucho más abundantemente de lo que pedimos o entendemos, según el poder que actúa en nosotros, 21 a él sea gloria en la iglesia en Cristo Jesús por todas las edades, por los siglos de los siglos. Amén.”  (Efesios 3:14-21)

La habitación de las actitudes del corazón ocupa el centro de esta reflexión. Este análisis forma parte de nuestras reflexiones acerca de la segunda oración paulina que encontramos en la Carta a los Efesios (Efe 3:14-21); particularmente la segunda petición. Esta petición suplica lo siguiente: “que habite Cristo por la fe en vuestros corazones” (Efe 3:17a).

El análisis de la habitación de las actitudes fue desarrollado en reflexiones anteriores. Para esto utilizamos unos pasajes bíblicos de los Evangelios, pasajes en los que Cristo señaló a la dureza del corazón (Mat 19:7-9; Mcs 16: 12-14). En esas reflexiones aprendimos que esto no es otra cosa sino una enfermedad del ser interior: “sklērokardia” (G4641). Decíamos en una de esas reflexiones que desde el punto de vista bíblico esto se trata de la esclerosis del corazón. Sabemos que Cristo no estaba identificando la patología, o la enfermedad física del corazón. Cristo estaba describiendo la enfermedad almática que sufrimos todos los seres humanos. Esto es, el endurecimiento patológico de las entretelas del alma o del asiento de nuestra identidad y de nuestras emociones.

El concepto “actitud” describe la manera de estar alguien dispuesto a comportarse u obrar. La actitud es la forma en la que un individuo se adapta de forma activa a su entorno. El aspecto de la adaptación es importante en esta definición. También ha sido definida como un estado de la disposición nerviosa y mental que se organiza a partir de las vivencias y que orienta o dirige la respuesta de un sujeto ante determinados acontecimientos. Es por esto que es vista como una motivación social antes que una motivación biológica. A partir de la experiencia, las personas adquieren una cierta predisposición que les permite responder ante los estímulos.[1]
 
“Una actitud es la forma en la que un individuo se adapta de forma activa a su entorno y es la consecuencia de un proceso cognitivo, afectivo y conductual.”[2]
 
Según la rama de la psicología, la actitud es el comportamiento habitual que se produce en diferentes circunstancias. Estas pueden determinar la vida anímica de cada individuo. De hecho, esta rama de la conducta y de la salud mental describe las actitudes como una forma adaptativa que está patentada por las reacciones repetidas de una persona. Es por esto que las actitudes son relevantes en el estudio y en la definición del carácter, ya sea como algo innato, adquirido, para sentir y para actuar de una manera determinada.
 
Desde el punto de vista de la pedagogía, la actitud es una disposición subyacente que contribuye para determinar nuestros comportamientos y hasta para la afirmación de nuestras convicciones y de nuestros sentimientos acerca de estas. En este campo del saber se describe que la formación de actitudes favorables es considerada como algo útil para el equilibrio de la persona y para el desarrollo de la sociedad como uno de los objetivos de la educación.
 
En el campo de la sociología “la actitud consiste en un sistema de valores y creencias, con cierta estabilidad en el tiempo, de un individuo o grupo que se predispone a sentir y reaccionar de una manera determinada ante algunos estímulos.”[3]
 
Los especialistas en este campo nos han dicho que hay actitudes positivas, negativas, críticas y filosóficas. Hay actitudes egoístas, manipuladoras, altruistas y emocionales. Las actitudes egoístas se caracterizan porque el interés primordial de aquellos que las desarrollan es el de conseguir satisfacer sus propias necesidades sin prestar interés en las necesidades de los demás. En el caso de las actitudes manipuladoras, las personas que se dejan controlar por estas suelen ser egoístas, pero además gustan de utilizar a los demás como sus instrumentos, como herramientas para alcanzar satisfacer sus propias necesidades.
 
Las personas con actitudes altruistas son todo lo opuesto a los casos mencionados anteriormente. El interés primordial de ellos no es el beneficio propio, si no el de los demás. El nivel de empatía y de comprensión que tiene para los demás suele ser muy alto en estas personas. Por otro lado, aquellos que desarrollan actitudes emocionales suelen interesarse en los sentimientos y el estado emocional de las otras personas. Su interés primordial no es satisfacer sus necesidades. Su interés primordial es ser considerados, afectivos y sensibles con los demás. Hay un excelente artículo en las redes acerca de esto en la siguiente dirección electrónica: https://concepto.de/actitud/.
 
Hay otras fuentes que clasifican estas mismas categorías, pero con otra nomenclatrura, otros nombres, a saber: las actitudes desinteresadas, interesadas, integradoras.
 
Hay que añadir a esto que todas las fuentes consultadas coinciden en que las actitudes se aprenden. Esto es, recibimos información de la que decidimos aprender sentimientos, acciones y pensamientos que pueden estar relacionados a eso que hemos captado.
 
Algunos especialistas han concluido que “las actitudes son adquiridas y aprendidas a lo largo de la vida y adquieren una dirección hacia un determinado fin. Esto las diferencia de caracteres biológicos, como el sueño o el hambre.”[4] Algunos de estos especialistas han identificado tres componentes esenciales que conforman las actitudes:
  
  • El elemento conductual: este elemento refiere al modo en que son expresados las emociones o pensamientos.
  • El elemento emocional: este elemento refiere a los sentimientos que cada persona tiene.
  • El elemento cognitivo: este elemento hace referencia a lo que el individuo piensa.[5]
 
Hay otro concepto que se confunde con frecuencia con el de la actitud. Se trata de la aptitud. A continuación una cita de un ensayo que nos permitirá establecer las diferencias entre ambos conceptos:
  
La aptitud es el potencial de una persona para hacer ciertas cosas debido a la habilidad innata o al conocimiento y experiencia acumulados. Dado que tiene más que ver con la inteligencia, se puede adquirir y mejorar a través del entrenamiento y la experiencia.
  
Algunos ejemplos de aptitud son la inteligencia emocional, la comunicación asertiva, el trabajo en equipo y la resolución de problemas complejos.
  
La actitud es la forma en que una persona comprende, percibe y responde a determinadas situaciones. Es más un aspecto conductual y se puede mejorar gradualmente mediante la introspección y la automotivación. No se puede cuantificar.
  
Algunos ejemplos de actitud son: Actitud proactiva, actitud positiva o negativa, actitud reactiva, manipuladora, pasiva o integradora.
  
Varios elementos juegan un papel vital para lograr el éxito, pero todo comienza donde la actitud se encuentra con la aptitud. Si tienes la actitud correcta pero careces de la aptitud necesaria, el éxito puede ser difícil. Por ejemplo:
  
  • La actitud define cómo trabajas o procedes hacia tu objetivo.
  • La aptitud, por otro lado, define cuánto potencial tienes para aprender habilidades específicas o adquirir conocimientos que te ayudarán a lograr tu objetivo.” [6]
  
Necesitamos presentar una definción adicional de la actitud como un concepto. Algunas fuentes la han definido como la voluntad o disposición que posee un individuo para realizar una determinada actividad.[7]
 
Ahora bien, es importante destacar que la Biblia identifica actitudes correctas y actitudes incorrectas, proactivas y reactivas. Las correctas son identificadas como aquellas que emanan del amor, del deseo de servir, del de perdonar y el de perseverar. Las actitudes incorrectas emanan de nuestra naturaleza pecaminosa. Las actitudes proactivas nacen del amor a Dios, tal como lo expresa el salmista cuando pide que el Señor lo examine y que le indique la perversidad que pueda haber en su corazón para desembarazarse de esta (Salmo 139). Las reactivas, nacen del arrepentimiento que nos conduce a humillarnos y a pedir perdón  o de la soberbia que nos conduce a la rebelión y la exaltación de la concupiscencia.
 
Ahora bien, el griego del Nuevo Testamento utiliza varios conceptos para hablar acerca de las actitudes. Uno de estos es el concepto “ennoia” (G1771). Este es un concepto compuesto que casi siempre es utilizado para describir la manera de pensar, la actitud (1 Ped 4:1), la intención, o el propósito como resultado del pensamiento (Heb 4:12). [8]  

El Diccionario Teológico Kittel destaca que la “ennoia” es lo que se levanta en la mente, en el pensamiento mediante los procesos de liberación y de consideración. Para estos especialistas la actitud, la “ennoia” es una idea un concepto. Los estocios eran especialistas en asignarle un significado fijo. Estos decían que no se podía adquirir un conocimiento verdadero sin el desarrollo de un pensamiento conceptual y que esto no era posible sin el desarrollo de la experiencia y de la observación. Los estoicos  decían que ese aspecto de la observación deliberada permitía el desarrollo de los conceptos. Su definición de lo que llamamos conceptos era lo que ellos llamaban “ennoia.”[9]

El Apóstol Pedro utiliza este concepto para describir algo que la versión Reina Valera (1960) traduce como pensamientos, pero que en la realidad significa actitudes.

“1 Puesto que Cristo ha padecido por nosotros en la carne, vosotros también armaos del mismo pensamiento; pues quien ha padecido en la carne, terminó con el pecado, 2 para no vivir el tiempo que resta en la carne, conforme a las concupiscencias de los hombres, sino conforme a la voluntad de Dios.”  (1 Pedro 4:1-2, RV 1960)

En este caso, Pedro indica que se trata de algo de lo que uno se arma, se equipa (“hoplizō”, G3695). O sea, que Pedro lo ve como una herramienta o un arma de combate. Así es que él interpreta el “ennoia”, las actitudes.

El modelo bíblico entonces nos permite entrever que esta es sin duda alguna una de las intersecciones entre las actitudes y los pensamientos. Para Pedro, armarse de una actitud comienza armándose de un pensamiento.

Pablo también bebe de este acercamiento cuando nos invita a que procuremos mantener el mismo tipo de pensamiento que hubo en Cristo Jesús.

“5 Haya, pues, en vosotros este sentir que hubo también en Cristo Jesús, 6 el cual, siendo en forma de Dios, no estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse, 7 sino que se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres; 8 y estando en la condición de hombre, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz. 9 Por lo cual Dios también le exaltó hasta lo sumo, y le dio un nombre que es sobre todo nombre, 10 para que en el nombre de Jesús se doble toda rodilla de los que están en los cielos, y en la tierra, y debajo de la tierra; 11 y toda lengua confiese que Jesucristo es el Señor, para gloria de Dios Padre.” (Filipenses 2:5-11)

Sabemos que la versión Reina-Valera recoge estos versos dando la impresión que esta solicitud emana de un sentir. El problema con esta interpretación es que parte de una premisa equivocada. La versión RV 1960 traduce como “sentir” un concepto griego que es mucho más que un sentir: “phroneō” (G5426). Este concepto se traduce como tener una actitud, una consideración (Fil 2:5); poner la atención en (Col 3:2); sostener un punto de vista, sostener una idea (Gál 5:10). También se traduce como honrar, reconocer la posición elevada de otro (Rom 14:6) y hasta ser altivo (Rom 11:20; 12:16)[10]
 
O sea, que Pablo está indicando que nosotros debemos desarrollar la misma actitud, la misma consideración, sostener el mismo punto de vista, poner la misma atención que Cristo Jesús le puso a la vida mientras estaba en su condición de hombre.
       
Lo que el Apóstol Pedro comparte en su Primera Carta es que aquellos que se apropian de estas actitudes no solo poseen la percepción y el conocimiento adecuado para la vida, sino que desarrollan una vinculación ética con Cristo.
 
Analizando lo que dice el escritor de la Carta a los Hebreos encontramos que él utiliza este concepto, “ennoia”, para referirse a las intenciones del corazón:
 
“12 Porque la palabra de Dios es viva y eficaz, y más cortante que toda espada de dos filos; y penetra hasta partir el alma y el espíritu, las coyunturas y los tuétanos, y discierne los pensamientos y las intenciones del corazón.” (Hebreos 4:12)
 
El escritor de esta Carta nos revela que la Palabra de Dios posee la capacidad para discernir las intenciones, las “ennoiomón” del corazón. Algunas versiones bíblicas traducen esta frase como los deseos más íntimos (NVI). Reiteramos que este escritor utiliza el concepto “ennoia” para describir estas intenciones y que dice que estas se encuentran en el corazón del ser humano. Esto nos conduce a la conclusión de que los pensamientos y las intenciones (actitudes) poseen habitaciones en el corazón del ser humano.
             
Este verso bíblico afirma que la Biblia posee la capacidad para discernir los espacios y los lugares más recónditos del corazón del ser humano.
 
Es acerca de esto que Pablo decide clamar de rodillas delante del Señor; para que Dios se inserte, habite, haga “katoikeō” (G2730) en los corazones de los creyentes. En otras palabras, entre otras cosas, Pablo está pidiendo que Cristo sea el Dueño y el Señor de la habitación del corazón en la que residen nuestras actitudes.
 Referencias

[1] https://definicion.de/actitud/
   
[2] https://definicion.de/actitud/#un-estado-de-la-mente-y-los-nervios
   
[3] https://www.significados.com/actitud/
   
[4] https://concepto.de/actitud/
   
[5] Ibid.
   
[6] https://blog.uvirtual.org/actitud-y-aptitud-diferencias-e-importancia,
   
[7] https://www.significados.com/actitud/
   
[8] Swanson, J. (1997). In Diccionario de idiomas bı́blicos: Griego (Nuevo testamento) (Edición electrónica.). Logos Bible Software.

[9] Behm, J., & Würthwein, E. (1964–). νοέω, νοῦς, νόημα, ἀνόητος, ἄνοια, δυσνόητος, διάνοια, διανόημα, ἔννοια, εὐνοέω, εὔνοια, κατανοέω, μετανοέω, μετάνοια, ἀμετανόητος, προνοέω, πρόνοια, ὑπονοέω, ὑπόνοια, νουθετέω, νουθεσία (noéo, nous, nóema, anóetos, anoia, disnóetos, dianoia, dianóema, ennoia, eunoéo, eunoia, katanoéo, metanoéo, metánoia, ametanóetos, pronoéo, prónoia, huponoéo, hupónoia, nouthetéo,  nouthesía). G. Kittel, G. W. Bromiley, & G. Friedrich (Eds.), Theological dictionary of the New Testament (electronic ed., Vol. 4, pp. 968–971). Eerdmans.

[10] Swanson, J. (1997). In Diccionario de idiomas bı́blicos: Griego (Nuevo testamento) (Edición electrónica.). Logos Bible Software.

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