Reflexiones de Esperanza: Los ángeles de Dios: Las bendiciones que garantiza la presencia del Todopoderoso (Pt III) (Parte 23)

"12 En las manos te llevarán, Para que tu pie no tropiece en piedra. (Salmo 91:12)

El análisis del Salmo 91 nos ha permitido conocer algunas funciones de los ángeles. El estudio de las expresiones del verso 11 de este salmo nos revela que los ángeles del Señor tienen instrucciones de hacer algo que va más allá de guardarnos en el camino. El análisis de los conceptos que se utilizan en ese verso nos condujo a varias conclusiones. Una de ellas que la orden que describe el escritor de este salmo se extiende e incluye instrucciones de protegernos, de guardarnos, de construir un sistema para nuestra protección, de prestarnos atención, de observarnos, de reservarnos (para el propósito de Dios), de preservarnos y vigilarnos. Vimos en la reflexión anterior que el análisis textual de ese verso revela que la orden descrita allí incluye hacer todo esto en todos nuestros caminos. O sea, durante el curso de nuestra vida, con nuestros modos de acción, nuestras peregrinaciones, nuestras costumbres y hasta con aquello que yace a los costados de nuestras jornadas.

El verso 12 de este salmo amplía las órdenes que han recibido los ángeles. En primer lugar, parece como si el escritor del Salmo 91 estuviera explicando que esas órdenes poseen matices de un cuidado personalizado y delicado: “En las manos te llevarán”. En segundo lugar, se utiliza el verso 12 para describir la meta que se tiene que alcanzar con esta protección: “Para que tu pie no tropiece en piedra.”

El estudio de la teología que se desarrolla con rigor académico permite encontrar muchas explicaciones teológicas para el primer punto que hemos propuesto, el del cuidado personalizado y delicado. Uno de estos fue propuesto por Karl Barth. Barth señala, argumentando sobre el Salmo 91, que no podemos negar que un argumento sólido de la angelología (estudio de los ángeles) es que ellos tienen que proteger a los creyentes[1]. Al mismo tiempo, en otra reflexión acerca del trato de Dios con los creyentes, Barth señala que cada uno de los seres humanos es “sui generis”: un original único en su clase. Barth dice allí que eso se debe a que la relación “Thou-I” (Tú y yo, en relación a Dios) que se establece desde el Calvario entre el ser humano y Dios, convoca el alma del ser humano a ser ella misma. Esto es, para aquellos que viven por el Espíritu de Dios.[2] Estas expresiones nos permiten concluir que la relación del ser humano con Dios que Cristo restablece en la Cruz amplía solidifica el cuidado personal que se describe en el Salmo 91. O sea, que hay una protección más amplia y más personalizada para aquellos que acuden a la Cruz de Cristo el Señor.

La meta establecida en el verso 12 de este salmo es que los pies de los creyentes no tropiecen en piedra. ¿Cómo podemos interpretar esta expresión? Con toda probabilidad el salmista está echando mano o confirmando aseveraciones populares y sapienciales que el pueblo de Israel ya conocía. Un ejemplo de este conocimiento lo encontramos en el libro de Proverbios.

"23 Entonces andarás por tu camino confiadamente, Y tu pie no tropezará. 24 Cuando te acuestes, no tendrás temor, Sino que te acostarás, y tu sueño será grato. 25 No tendrás temor de pavor repentino, Ni de la ruina de los impíos cuando viniere, 26 Porque Jehová será tu confianza, Y él preservará tu pie de quedar preso."  (Proverbios 3:23-26)

Hay que destacar que el proverbista señala en el capítulo que acabamos de citar de ese libro que existen condiciones para recibir esta protección. Esas condiciones están descritas en los versos anteriores a los que hemos citado:

“19 Jehová con sabiduría fundó la tierra; Afirmó los cielos con inteligencia. 20 Con su ciencia los abismos fueron divididos, Y destilan rocío los cielos. 21 Hijo mío, no se aparten estas cosas de tus ojos; Guarda la ley y el consejo, 22 Y serán vida a tu alma, Y gracia a tu cuello.”  (Proverbios 3:19-22)

Es obvio que esta protección depende de al menos tres (3) cosas. La primera es la relación que establecemos y mantenemos con Dios. La segunda es el apego a la sabiduría y a la inteligencia que vienen de Dios. La tercera es el compromiso de guardar, obedecer el consejo que nos ofrece la Palabra de Dios. El proverbista dice que esto nos lleva a conservar siempre el buen juicio y a no perder de vista la discreción. Él dice en ese capítulo que estas cosas serán para nosotros fuente de vida y que nos adornarán como un collar. (Versión Dios Habla Hoy)
Es entonces que él procede a declarar lo siguiente:

23 Podrás andar confiado por el camino y jamás tropezarás. 24 Cuando descanses, no tendrás que temer; cuando te acuestes, dormirás tranquilo. 25 No temerás a los peligros repentinos ni a la ruina que vendrá sobre los malvados, 26 porque el Señor te infundirá confianza y evitará que caigas en alguna trampa. (DHH)

El escritor del Salmo 91 nos hace saber que él conoce estos principios.

Sabemos que hay riquezas insondables en la aseveración que nos ofrece el verso 12 de ese salmo. Basta considerar los resultados que arrojan los análisis de los conceptos utilizados aquí por el salmista. Esos resultados catapultan ese verso a otras dimensiones.

Para comenzar, la traducción del verso 12 nos dice que los ángeles nos llevan (“nâsâh”, H5375) en sus manos (“kaph”, H3709). Este verso sirve para evidenciar que el salmista necesitaba echar mano de una visión antropomórfica de los ángeles. Esto es, describir los ángeles con conceptos físicos que poseen los seres humanos. La realidad es que los seres celestiales, espirituales no poseen un cuerpo físico como el nuestro.

Habiendo dicho esto, hay que señalar que la traducción de estos dos conceptos, “nâsâh” (llevar) y “kaph” (mano), amplían el mensaje que encontramos en el verso 12. Es correcto afirmar que el concepto que se traduce aquí como “manos” está muy bien traducido. No hay duda alguna de esto. No obstante, este concepto también implica una curvatura y los filólogos hebreos nos han dicho que puede traducirse como “el hueco,” [3]la idea de protección porque que hay ausencia de seguridad[4], y poder. [5] O sea, que podemos estar hablando de unas manos, del hueco de esas manos y/o del poder de esos seres celestiales.

Al mismo tiempo, el concepto que se traduce como “llevarán” posee una cantidad impresionante de posibilidades textuales. Entre ellas encontramos la acción de levantar, avanzar, ayudar, cargar, sostener facilitar y de recoger. Por ejemplo, se ha traducido Génesis 7:17como “alzaron”; en la narrativa acerca del Arca y del diluvio. Se ha traducido como “alzó” en la narrativa acerca de la separación que ocurrió entre Abram y Lot; para describir la acción de este último cuando quería ver la tierra; en Génesis 13:10. Así mismo en Génesis 18:2: “alzó.” Es además traducido como “recibido” en la narrativa acerca del diálogo que establece el ángel con Lot cuando este último le suplica poder escapar a una ciudad y no a un monte; en Génesis 19:21 (“recibido también…”). Un último ejemplo, este concepto es traducido en Génesis 32:20 como “acepto” (recibido con bondad) en la narrativa en la que Jacob está organizando los regalos que le presentará a su hermano Esaú para que él lo acepte de regreso a la tierra de sus padres y sin hacerle daño.

Conociendo estos datos podemos establecer que la primera parte del verso 12 del Salmo 91 nos está comunicando que los ángeles de Dios tienen instrucciones para hacer lo siguiente:

- Levantar a los creyentes.             -  Recoger a los creyentes      
- Ayudar a los creyentes                 -  Sostener a los creyentes      
- Facilitar a los creyentes                -  Cargar a los creyentes
- Recibir con bondad a los creyentes

Los ángeles tienen que hacer todo esto y mucho más con sus manos, en el hueco de sus manos y/o con el poder de Dios que se les ha conferido. Es por esto que podemos encontrar versiones bíblicas que dicen lo siguiente:
Te levantarán con sus manos para que no tropieces con piedra alguna.”  (Salmo 91:12 Dios Habla Hoy)

Te sostendrán con sus manos para que ni siquiera te lastimes el pie con una piedra. (NTV)

Te llevarán en las palmas de sus manos para que tu pie no tropiece en la piedra. (La Palabra [España, BLP])

Es glorioso saber que Dios ha dispuesto esta clase de cuidado para aquellos que han decidido habitar al abrigo del Altísimo y morar bajo la sombra del Omnipotente.

La segunda parte de ese verso dice que el resultado esperado es que nuestro pie (“regel”, H7272) no tropiece (“nâgaph”, H5062) en piedra (“ʼeben”, H68). El primer concepto, el que es traducido como pie ha sido traducido como jornada o llegada (Gn 30:30), y como “cuanto tenían” (o posesiones; Dios Habla Hoy, Deuteronomios 11:6). El segundo concepto, el que se traduce como “tropezar” implica algo que se inflige, que derrama sangre, que se machuca, que nos hace tropezar, que nos golpea o nos castiga y hasta que nos puede matar.

O sea que los ángeles pueden estar cuidando a los creyentes de tropiezos que van más allá de los tropiezos físicos, operacionales y funcionales. Hay tropiezos de proyectos, de jornadas, de manejo de posesiones, del manejo del tiempo, etc.

Hay que añadir a esto que este verso puede entonces estar diciendo que los ángeles tienen instrucciones de cuidar a los creyentes de que esas jornadas y esos proyectos estén libres de derramamiento de sangre. Ellos tienen que cuidar que esos proyectos y esas jornadas estén libres de interrupciones infligidas.

Nos parece que el Acusador conocía todo esto y que esta es la razón por la que él escogió no citarle a Jesús esta parte del Salmo 91 cuando lo tentaba en el desierto (Mateo 4:1-11; Lucas 4:1-13).

Cabe aquí formularnos algunas preguntas. La más severa de ellas es ¿porqué es que muchos creyentes experimentan tantos tropiezos significativos en la vida cuando contamos con estas promesas? La respuesta a esta pregunta puede ser muy complicada y escueta. Esa respuesta tiene que ver por un lado con la soberanía de Dios y por el otro, con el libre albedrío que Dios nos ha otorgado. No se trata aquí de que la soberanía de Dios sea incuestionable. Job es un buen ejemplo de un ser humano a quien Dios llamó perfecto, recto, apartado del mal y temeroso de Dios que pasa gran parte del libro que lleva su nombre cuestionando aspectos de esa soberanía. El resultado final de ese libro nos permite ver a Job reconociendo esa soberanía y los resultados misericordiosos que ella siempre trae consigo.

Ahora bien, es importante destacar que Dios en su soberanía decidió otorgarnos libertad para escoger. Esto es así porque no hacerlo colocaría a Dios en el rango de ser un dios temeroso. Esto es, un dios que tenía temor de que sus hijos no pudieran o no quisieran escoger amarle y honrarle y por eso decidió por ellos. Además, la ausencia de esa libertad colocaría a Dios como un prisionero de una historia monolítica, decidida sin opciones. Dios no es un Dios temeroso y tampoco puede ser prisionero de nada ni de nadie. Esto incluye no ser prisionero de Su historia.

La publicación de El Heraldo del 6 de septiembre de 2020[6] fue dedicada a trabajar con este tema; el de la libertad que Dios nos da. A continuación algunos párrafos de esa publicación:

Los llamados a experimentar lo que Warren W. Wiersbe ha calificado como “la libertad de”, “la libertad en” y “la libertad para” que experimentó Israel,[7] encuentran un paralelismo en el mensaje del Nuevo Testamento. Claro está, estipulando que la sangre de Cristo establece un Nuevo Pacto que es superior al Pacto del Sinaí (Heb 8:6-13). Es superior porque el sacrificio de Cristo cancela el pecado. Es superior porque nosotros contamos con la participación del Espíritu Santo para guiarnos constantemente.

La discusión de este tema nos llevó de manera inexorable a la discusión del libre albedrío. Una de nuestras conclusiones destacó una verdad fundamental para nuestra fe; los seres humanos tenemos libre albedrío. Dios nos creó con la libre capacidad para escoger. Esa fue la experiencia de Adán y Eva. Esa fue también la experiencia que recogemos en el Pacto del Sinaí. Dios le propuso esquemas condicionales a Israel como parte de ese Pacto: “si diereis oído a mi voz, y guardareis mi pacto” (Éxo 19:5b).

Del texto hebreo se desprende que esta es una cláusula condicional. Ese texto dice lo siguiente (Fonética):

Ve ata eem shamóa  tish me oo bekoli  oosh mar tem et berití. (Si diereis oído a mi voz y guardareis mi pacto)

La palabra “eem” es lo que se traduce aquí como “si” (en inglés se traduciría “if”); lo que convierte esa frase en una cláusula condicional. O sea, el pueblo de Israel tenía ante sí la oportunidad de escoger (aceptar o rechazar la oferta de Dios). De hecho, ese pueblo ha internalizado esta libertad como parte de sus normas teológicas. Reiteramos lo dicho por el Rabino Akiva ben Joseph entre el primero y el segundo siglo de la Era Cristiana:

All is foreseen, yet freedom of choice is given (Misna, Avot 3:15) (Todo ha sido previsto, pero la libertad para escoger ha sido dada)

Hay un trabajo excelente acerca del tema del libre albedrío. Se trata de un libro escrito por el Dr. Ken Wilson: “The Foundation of Agustinian-Calvinism”[8]. Este libro es un resumen de la tesis doctoral que este profesor sometió en Oxford en el 2012: “Augustine's Conversion from Traditional Free Choice to 'non-Free Free Will': A Comprehensive Methodology”[9].

Para este trabajo académico Wilson leyó todos los trabajos, las cartas, y los sermones de Agustín de Hipona, de forma cronológica. Además, comparó estos con las creencias religiosas y filosóficas acerca del destino y del libre albedrío desde el 2000AC hasta el año 400 de la Era Cristiana. Una de sus conclusiones es que la Iglesia rechazó la doctrina de Agustín sobre la ausencia del libre albedrío. Otra conclusión sólida es que Agustín de Hipona no basó sus conclusiones siguiendo la doctrina del Apóstol Pablo. Este es un trabajo que debe ser estudiado con mucha atención.

El texto del epígrafe [Romanos 6:16-23] describe uno de los fundamentos de nuestra fe Cristiana: el sacrificio de Jesucristo en la Cruz del Calvario operó nuestra liberación del poder del pecado (Romanos 6:22). El beneficio de esa liberación es un regalo que nosotros recibimos con tan solo decidir creer en Cristo. [Tal y] como lo recoge el verso 17, gracias a Dios, aunque éramos esclavos del pecado decidimos obedecer (“hupekousate”, primer aoristo act. indicativo en segunda persona plural)[10] la  enseñanza que hemos recibido.

Esto no debe ser sorpresa para nadie toda vez que el verso 16 apunta a la misma línea de interpretación cuando dice que uno se hace esclavo de todo aquello que “decide” obedecer. Es por eso que ahora podemos decir con mucha alegría y gozo que hemos decidido ser esclavos de Cristo (vv. 18-19). Esa liberación, la liberación del yugo del pecado, de su sentencia de muerte (v. 23), del poder de las tinieblas (Efesios 5:8; Colosenses 1:13), esa es “la libertad de”. Esa liberación fue producida sin que nosotros tuviésemos que hacer cosa alguna para ganarla. Sin embargo, esta es diferente del ejercicio de la libertad con el que nosotros escogemos lo que hacemos después de haber recibido esa liberación.

No obstante, lo que nosotros hacemos con esa libertad es lo que hemos llamado “libertad en.” La Biblia dice lo siguiente acerca de esto

31 Dijo entonces Jesús a los judíos que habían creído en él: Si vosotros permaneciereis en mi palabra, seréis verdaderamente mis discípulos; 32 y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres. 33 Le respondieron: Linaje de Abraham somos, y jamás hemos sido esclavos de nadie. ¿Cómo dices tú: Seréis libres? 34 Jesús les respondió: De cierto, de cierto os digo, que todo aquel que hace pecado, esclavo es del pecado. 35 Y el esclavo no queda en la casa para siempre; el hijo sí queda para siempre. 36 Así que, si el Hijo os libertare, seréis verdaderamente libres.  (Juan 8:31-35)

Es muy interesante que el vocabulario juanino seleccionado aquí para hablar de esa libertad que Cristo nos ofrece incluya el concepto “eleutheroō” (G1659). El Diccionario Teológico del Nuevo Testamento Kittle define este concepto diciendo que ser “eleutheroō”, es ser libre siendo dueño de lo que uno disponga.[11] O sea, que Cristo nos liberta de pecado, pero nosotros quedamos siendo dueños de lo que hacemos con esa libertad. De hecho, este es el mismo concepto que Pablo utiliza en Romanos 6:18, 22 para decirnos que hemos sido libertados del pecado.

La libertad que ofrece Cristo, el  “eleutheroō”, es lo que nos hace libres de la ley de pecado (Romanos 8:2) y de la libertad que disfrutará la creación de la esclavitud de la corrupción, para alcanzar la “eleutheria” (G1657) gloriosa de los hijos de Dios (Romanos 8:21).
 
La “libertad en” es entonces el ejercicio de lo que escogemos hacer con lo que Cristo nos ha regalado. Es por esto que el Apóstol Pablo nos conmina a mantenernos firmes en esa libertad con que Cristo nos ha hecho libres (Gálatas 5:1). O sea, que hay que perseverar en esa libertad.”

El resumen de todo este análisis es el siguiente: el ejercicio de escoger lo que hacemos con la libertad que Cristo nos da nos puede llevar a rechazar el cuidado de Dios. Esta puede ser una explicación, una respuesta para la interrogante que nos hemos formulado: ¿por qué hay persona que nos experimentan el cuidado de los ángeles. Por un lado, la soberanía de Dios. Por el otro, lo que hacemos con la libertad que Dios nos ha regalado.
Referencias

[1] Barth, Karl. Church Dogmatics, “The Doctrine of Creation,” Vol. III.3, p. 518, Hendrickson Publishers (2010).
[2] Barth, Karl. Church Dogmatics, “The Doctrine of Creation,” Vol. III.4, p. 386, Hendrickson Publishers (2010).
[3] Landes, G. M. (2001). Building your Biblical Hebrew vocabulary: learning words by frequency and cognate (Vol. 41, p. 135). Atlanta, GA: Society of Biblical Literature.
[4] Gesenius, W., & Tregelles, S. P. (2003). Gesenius’ Hebrew and Chaldee lexicon to the Old Testament Scriptures (p. 409). Bellingham, WA: Logos Bible Software.
[5] Strong, J. (1995). Enhanced Strong’s Lexicon. Woodside Bible Fellowship.
[6]   El Heraldo, 6 de septiembre del 2020 • Volumen XV • No. 760
[7] Wiersbe, Warren W.. Be Delivered (Exodus): Finding Freedom by Following God (The BE Series Commentary)  (p. 120). David C Cook. Kindle Edition.
[8] Wilson, Ken. 2019. The Foundation of Agustinian-Calvinism. Regula Fidei Press.
[9]   ISBN-13:978-3161557538. Mohr Siebrek Ek (May 1, 2018)
[10]   Mis disculpas a nuestros lectores habituales. Algunos académicos que nos conceden el privilegio de leer estas cuartillas necesitan estos datos.
[11] Schlier, H. (1964–). ἐλεύθερος, ἐλευθερόω, ἐλευθερία, ἀπελεύθερος. G. Kittel, G. W. Bromiley, & G. Friedrich (Eds.), Theological dictionary of the New Testament (electronic ed., Vol. 2, p. 487). Grand Rapids, MI: Eerdmans.

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